(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer clic en los enlaces.)
DICHOSOS LOS QUE CREEN
* La incredulidad de muchos de los que conocían a Jesús desde su infancia nos indica que el Señor creció y se desarrolló como cualquier niño de esa generación; sólo que nadie sospechaba que, mientras crecía, jugaba, aprendía junto a su padre el oficio de carpintero, y se fortalecía, también "se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios lo acompañaba" (Lc 2::40 NVI), porque Él era el Ungido de Jehová.
Tan normal fue su infancia y adolescencia, que la incredulidad mostrada por los vecinos también afectaba a sus hermanos de sangre, con los cuales compartió el hogar familiar mientras crecía. Juan, en su evangelio, nos cuenta sobre el escepticismo de ellos, quienes, no con buenas intenciones, decían a Jesús: "¡Sal de aquí y vete a Judea, donde tus seguidores puedan ver tus milagros! ¡No puedes hacerte famoso si te escondes así! Si tienes poder para hacer cosas tan maravillosas, ¡muéstrate al mundo!" (Jn 7:3-4 NTV). Juan cierra, diciendo: "Pues ni siquiera sus hermanos creían en él" (Jn 7:5 NTV).
Pero según las Escrituras, la incredulidad de sus hermanos no fue para siempre. De hecho, la tradición atribuye a dos de ellos las epístolas que conocemos con sus nombres "Santiago" y "Judas". Así también, vemos que, después que Jesús ascendió al cielo, sus hermanos de sangre y su madre María se reunían con los apóstoles para orar. Es probable que dicha conversión no sucedió, sino hasta que lo vieron resucitado. Lo que sí nos consta, por los relatos que hacen Pablo y Lucas en sus escritos, y testimonios extrabíblicos, como los de los padres de la iglesia y del historiador judío Josefo, es que su hermano Santiago (Jacobo) es el apóstol conocido como Santiago el Justo, líder de la iglesia en Jerusalén.
** Hay que tener cuidado en cómo se interpreta el que Jesús no haya hecho muchos milagros entre los nazarenos por causa de la incredulidad de ellos. Según los del falso evangelio de la prosperidad, Jesús no hizo muchos milagros, debido a que su creencia negativa fue mayor que su creencia positiva (lo que ellos llaman fe), lo cual "impidió" que pudieran ser hechos. Eso es una herejía, porque ningún hijo de Adán tiene la capacidad de frenar el poder del Espíritu Santo ni de obstaculizar sus propósitos.
La Escritura dice: "Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra y al que llama, se le abre" (Mt 7:8-9 NVI); "Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento" (Stg 1:6 NVI). La realización de un milagro es la respuesta de Dios a una petición hecha con fe en el dador; es decir, no se trata de creer en el milagro en sí, sino en el que hace los milagros. Como dice el autor de la carta a Hebreos: "sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad" (He 11:6 NTV).
Evidentemente, la mayoría de los nazarenos, al no creer en su corazón que Jesús era quien decía ser, lo despreciaron y, aunque probablemente estaban llenos de problemas, y necesitaban varios milagros, no recurrieron a Él, o se acercaron a él dudando. De hecho, Jesús sí pudo conceder milagros a unos pocos de ellos: con seguridad a los que con fe y mansedumbre recurrieron a Él, porque el Señor no desprecia un corazón contrito y humillado, y sus oídos están atentos al clamor de los justos.
LOS APÓSTOLES SON ENVIADOS A EVANGELIZAR
Después Jesús llamó a sus doce discípulos más íntimos, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. Les dijo que no llevaran nada para el camino: ni dinero, ni pan, ni muda de ropa, ni alforja, sólo su bordón. Y les dijo: "Cuando entren en una casa, quédense allí hasta que salgan del pueblo". "Si en algún lugar no los reciben bien o no los escuchan, salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies, como un testimonio contra ellos" (NVI). Con estas instrucciones, los doce iniciaron su recorrido, y predicaban a todos que se arrepintieran; echaban fuera demonios, ungían con aceite a los enfermos y los sanaban. (6:7-13)
* Al final del versículo 11 de este capítulo, la RVR 60 dice: "De cierto os digo que, en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad". Pero ese texto no aparece en los manuscritos más antiguos de Marcos que se han hallado; consecuentemente, se habría agregado posteriormente, con el fin de hacerlo coincidir con la versión que sobre este evento narra Mateo, que sí incluye ese comentario de Jesús al final del pasaje.
** La responsabilidad de llevar el evangelio al mundo recae sobre todos los creyentes, y un medio que permite financiar las obras destinadas a acercar la iglesia al pueblo es la ofrenda voluntaria de parte de los miembros de la iglesia. Jesús mandó a sus doce apóstoles que no llevaran ni pan ni dinero con ellos. En el evangelio según San Mateo, el Señor justificó esta orden, diciendo: "porque el obrero es digno de su alimento" (Mt 10:10).
Si bien es cierto, no es lícito cobrar por evangelizar, es un derecho otorgado por Dios a los hombres que dedican su vida a pastorear, el percibir de las ofrendas un salario justo para el sustento de su casa. Porque lo ideal es que el Pastor de la iglesia sea un hombre que dedique su vida exclusivamente a guiar y a apacentar las ovejas que fueron puestas bajo su cuidado, y no que se distraiga de su labor por tener que trabajar para su sustento.
** No deja de sorprender que, entre estos doce apóstoles que recibieron autoridad sobre los espíritus inmundos, que sanaban enfermos, que predicaban el evangelio, etc. estaba Judas Iscariote, el traidor que entregó a Jesús en manos de quienes le querían dar muerte. Él, igual que los otros once del círculo más íntimo de Jesús, fue iluminado y probó del don celestial; fue hecho partícipe del Espíritu Santo, y gustó de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero; sin embargo, es evidente que, para él, las cosas del mundo seguían teniendo un lugar de mayor preponderancia en su corazón que las que no se ven, que son eternas. Fue la dureza de su corazón la que lo llevó a extraviarse al punto de la condenación, cuando transó la vida del Hijo de Dios por unas cuantas monedas de plata.
MUERTE DE JUAN BAUTISTA
Llegó a oídos del rey Herodes la fama de Jesús, pues, su nombre se había hecho notorio. Algunos decían que Jesús era Elías o algún otro profeta, pero el rey Herodes, por causa de los milagros que Jesús hacía, creía que Juan Bautista, a quien él había mandado decapitar, había resucitado de los muertos. El hecho había ocurrido por causa de su mujer Herodías, quien se había divorciado de Felipe, hermano de Herodes, para casarse con él, adulterio que Juan condenaba públicamente. Herodías, muy molesta con las recriminaciones del profeta, lo acechaba, y quería darle muerte, pero Herodes lo protegía, pues le temía, convencido de que Juan era un hombre justo y santo, a quien escuchaba con entusiasmo. Un día, cuando Herodes celebraba su cumpleaños, Salomé, hija de Herodías, danzó para el rey, lo que agradó grandemente al soberano, quien quiso premiarla ofreciéndole cumplir cualquier deseo de ella, incluso ofreció darle la mitad de su reino. Pero Salomé, antes de responder, consultó con su madre: "¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Juan el Bautista". Enseguida, fue hasta el rey, y le pidió: "Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista". Muy a su pesar, y a fin de no quedar mal con los asistentes que habían sido testigos de la promesa hecha por el rey a su hijastra, accedió a la petición, y ordenó la muerte del profeta. En cuanto los discípulos supieron que Juan estaba muerto, vinieron, tomaron el cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro. (6:14-29)
* Éste era Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, quien, a la muerte de su padre, reinó en Galilea y Perea. Su hermano Herodes Arquelao, por su parte, fue rey en Judea, Samaria e Idumea. Felipe, primer esposo de Herodías (v.17), sería Herodes Filipo I, hijo de Herodes el Grande, medio hermano de Antipas.
EL PAN DE VIDA
Habiendo regresado los apóstoles de su misión evangelizadora, contaron a Jesús todas las maravillas que habían hecho, y Jesús, viendo que estaban agotados, los invitó a ir en la barca a un lugar desierto, lejos de la multitud que los asediaba, donde pudieran descansar y alimentarse. Sin embargo, cuando llegaron al lugar, ya la gente los estaba esperando, y al ver una gran multitud, Jesús "tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor", y comenzó a enseñarles muchas cosas. El tiempo transcurrió, y se hizo tarde, entonces los discípulos pidieron a Jesús que despidiera a la gente, para que fueran a los campos aledaños, y pudieran comprar alimento, pero Jesús les dijo: "Dadles vosotros de comer". Ellos inmediatamente reaccionaron, diciendo que el dinero que tenían no les alcanzaba para ir a comprar pan para esa multitud. Jesús les preguntó cuántos panes tenían, y ellos respondieron: "Cinco, y dos peces". Les mandó, entonces, que dijeran a la multitud que se recostaran en la hierba verde. Así lo hicieron, distribuyéndose en grupos de cien y de cincuenta personas. "Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, los bendijo. Luego partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los repartieran a la gente. También repartió los dos pescados entre todos" (NVI). Todos comieron y se saciaron. "Y los que comieron eran cinco mil hombres". Por último, con los restos que quedaron, llenaron doce canastas. (6:30-44)
* "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4:4). El verdadero pan es el que Jehová nos envió del cielo. Jesús dijo: "mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás" (Jn 6:32-35). Comer el pan de vida es conocer y creer en Aquél que Jehová envió del cielo. El Señor no nos pide que hagamos obras para ser salvos, sino que creamos en la obra que Jesús hizo por nosotros. Todo el que cree que Jesús es el Señor tendrá vida eterna.
** Si bien es cierto, este milagro hecho por Jesús permitió alimentar de pan de trigo a miles de personas, el mensaje es que cada creyente tiene el don y la misión de alimentar del pan espiritual a muchos. Nunca debemos menospreciar el poder que tiene un pequeño mensaje acerca del evangelio en un corazón hambriento de vida espiritual, porque el que hace la obra de conversión es Dios. Dice la Escritura que "el Señor (no nosotros) añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hch 2:47), pero hay que hacerse disponible, porque un solo mensajero del evangelio puede ser usado por Dios para que muchos reciban la vida eterna.
Un ejemplo fue el primer discurso de Pedro, luego de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés. Dicen las Escrituras que, cuando Pedro anunció a los judíos que estaban reunidos, que Jesús era el Ungido de Dios prometido a Israel, del cual hablaron los profetas, al cual ellos habían dado muerte crucificándolo; pero al que, habiéndolo resucitado al tercer día, YHWH lo hizo Señor y Cristo, muchos creyeron, y "aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas" (Hch 2:41 NVI). Como podemos ver, una sola persona habló: Pedro; suficiente como para que unas tres mil personas fueran salvadas.
El Señor nos manda a continuar su ministerio, y hacer discípulos en todo el mundo, poniendo a disposición de todos, sin discriminación, la buena noticia de la salvación por gracia, y enseñándoles a obedecer todo lo que el Señor manda.
*** Cuando Jesús vio a la muchedumbre, se compadeció, porque eran como ovejas sin pastor (v.34). En la profecía de Zacarías leemos: "Porque los terafines han dado vanos oráculos, y los adivinos han visto mentira, han hablado sueños vanos, y vano es su consuelo; por lo cual el pueblo vaga como ovejas, y sufre porque no tiene pastor" (Zac 10:2). Las palabras del profeta siguen vigentes. En estos tiempos se han levantado todo tipo de gurúes y engañadores que envuelven a la gente con falsas creencias; que tergiversan las Escrituras, y la acomodan a sus falsas doctrinas para obtener ganancias. Muchas de sus víctimas son gente con vidas espirituales vacías que, con tal de escapar de la ansiedad que les consume, reciben cualquier palabra que les endulce los oídos, y terminan divagando, apartándose de la verdadera sabiduría, extraviados como oveja sin pastor.
Es lamentable decirlo, pero ellos no son sólo víctimas de los inescrupulosos, sino también de su propia concupiscencia. La pereza, la codicia, la vanidad, el amor propio, etc. contribuyen para que no puedan ver al Buen Pastor que es el único que tiene autoridad y poder para guiarlos a la vida eterna. Sólo en Jesús pueden encontrar la paz que tanto anhelan.
DIOS SOBRE LAS AGUAS
Jesús mandó a sus discípulos subir a la barca, para que se le adelantaran camino a Betsaida que estaba en la otra orilla, pues, Él se iba a quedar despidiendo a la multitud, para luego subir al monte a orar. Siendo alrededor de las tres de la mañana, desde la playa vio la barca en medio del mar, y a sus discípulos remar con gran dificultad, porque el viento les era contrario. Entonces, fue hasta la barca caminando sobre las aguas, con la intención de ir delante de ellos. Cuando los discípulos lo vieron, pensaron que se trataba de un fantasma, y gritaron turbados, pero Él les dijo: "¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!", y subió a la barca, y los vientos se calmaron. Los discípulos no podían creer lo que sus ojos veían. De hecho, aún no lograban asimilar la experiencia de la multiplicación de los panes, por cuanto sus corazones estaban endurecidos. (6:45-52)
* En el libro de Job, hay un versículo que se relaciona con este pasaje que, hablando del poder soberano de Jehová, dice: "Él solo extendió los cielos, y anda sobre las olas del mar" (Job 9:8). Y aquí vemos a Jesús caminando sobre las aguas, como queriendo mostrar que Él era Dios en medio de los hombres, cuya presencia divina nunca nos abandona.
En el Antiguo Testamento leemos: "Jehová es mi pastor; nada me faltará" (Sal 23:1); y en el Nuevo Testamento, Jesús dice: "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas" (Jn 10:11); porque Dios, en la persona de Su Hijo Jesús, se hizo carne, para rescatarnos de nuestra "vana manera de vivir" (1Pe 1:18), y guiarnos a la vida eterna, "no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya provisto desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado al final de los tiempos por amor..." (1Pe 1:18-20 RVR77).
El versículo de Job antes citado también dice que Jehová "solo extendió los cielos...", de lo cual concluimos que no hay otro, aparte de Él, que haya creado todo. Sin embargo, Pablo, en Colosenses, hablando de Jesús, dice que, "por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él" (Col 1:16 NVI). Lo que parece una contradicción, no lo es, pues, sabemos por las Escrituras que Jesús es el Logos de Dios que se encarnó, es decir, que la Palabra por medio de la cual el Altísimo creó todo lo que existe, se hizo hombre. Como podemos ver, una vez más, el versículo de Job y lo descrito por Marcos en este pasaje confirman que Jesucristo y Jehová son Uno.
Lo anterior se refuerza con la forma en que Jesús se identifica a sí mismo para tranquilizar a los que estaban en la barca: "Yo Soy, no temáis"... Recordemos que "Yo Soy" es el nombre con que Jehová se presentó ante Moisés, y con el cual dijo que debía ser recordado por siempre (ver Éxodo 3:13-15). No es el único lugar donde Jesús usa el nombre "Yo Soy" para referirse a quién Él era. Lo vemos diciendo: "Yo Soy la resurrección y la vida" (Jn 11:25); "Yo Soy la luz del mundo" (Jn 8:12); "Yo Soy el buen Pastor" (Jn 10:11); "Yo Soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14:6), entre otros.
** Otro significado que podemos obtener del pasaje estudiado (6:45-52) tiene que ver con el cuidado que Dios tiene de su creación, y en especial de su pueblo santo. Hay varias ocasiones en que, para referirse a mucha gente, las Escrituras usa el comparativo de muchas aguas. Ya dijimos que Jesús es Emanuel, esto es, Dios con nosotros. Él, como el Padre Celestial, camina sobre las aguas, su pueblo escogido, "amparando, librando, preservando y salvando" (Is 31:5). De Jehová, dice la Escritura: "Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas" (Dt 32:11).
A veces parece que luchamos solos contra las tempestades que se nos presentan, pero el Señor nunca abandona. Lo que sí puede suceder es que nuestros pecados estorben nuestras oraciones. Por tanto, en medio de las aflicciones, debemos estar atentos y examinarnos a ver si nuestra voluntad está alineada con la Voluntad de Dios, expresada en las Escrituras; si descubrimos que nos hemos alejado de Dios, arrepintámonos, pidamos perdón, y avancemos.
Si queremos saber cuál es la Voluntad de Dios, y conocer el sabio consejo del Señor, debemos estudiar la Biblia. No hay otro lugar más seguro donde podamos estar, pues, sólo permaneciendo en Su Palabra, alcanzaremos sabiduría para tener vidas plenas. Dice el Señor: "Hijo mío, si haces tuyas mis palabras y atesoras mis mandamientos; si tu oído inclinas hacia la sabiduría y de corazón te entregas a la inteligencia; si la llamas y pides entendimiento; si la buscas como a la plata, como a un tesoro escondido, entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento e inteligencia brotan de sus labios. Él reserva el éxito para los íntegros y es escudo a los de conducta intachable. Él cuida el sendero de los justos y protege el camino de sus fieles" (Pr 2:1-8 NVI).
Antes de partir, Jesús prometió que estaría con nosotros hasta el fin del mundo, y, aunque no lo podemos ver, tenemos Su presencia en nosotros por medio del Santo Espíritu que nos dio cuando creímos, quien nos guía por Su Palabra. Eso es todo lo que necesitamos para vivir confiados.
* Jesús no desprecia a nadie, y "si pedimos cualquier cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye" (1Jn5:14 NBLA).
No hay ningún pasaje bíblico que diga que alguien pidió a Jesús riquezas o bienes materiales, y que Jesús se los haya concedido. De hecho, cuando en una ocasión un hombre le pidió a Jesús que dijera a su hermano que compartiera la herencia con él, Jesús le respondió que Él no era juez o árbitro para resolver esa situación, y advirtió a todos los que escuchaban: "Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee" (Lc 12:15).
Las Escrituras sí nos muestran, de manera persistente, a Jesús sanando de enfermedades, echando fuera demonios, y resucitando personas. Esto, porque el propósito de Dios no es que seamos ricos materialmente, sino espiritualmente, es decir, Su Voluntad es la santificación de aquéllos que vienen a Él con fe. Como ya hemos dicho de forma reiterada, todas las enfermedades que Jesús sanó en el mundo físico representan los males que nos aquejan espiritualmente. Por su parte, la expulsión de demonios habla del rescate de que somos objeto por la resurrección de Jesús, quien nos libra del poder de Satanás, y nos traslada a Su Luz admirable. Incluso los milagros de resurrección que hizo en algunos eran para demostrar que, el que en Él cree pasa de estar muerto en delitos y pecados a una nueva vida en Cristo, es decir, hablan de la regeneración del creyente.
Con todo, las riquezas materiales pueden venir si el Señor así lo quiere, pero aquél que las posee, debe cuidarse de no caer en avaricia. Cuando hay prosperidad material, el creyente debe procurar que su vida espiritual también sea abundante. Como dijo Juan a uno de sus discípulos: "yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma" (3Jn 2).
En la carta a Hebreos, leemos: "Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré" (He 13:5).
LO QUE CONTAMINA AL HOMBRE
* Hay tantas cosas que las religiones han exaltado por sobre la Verdad (vv. 2-13). Muchos ponen más énfasis en las formas, que en el fondo. Nuevamente decimos que la voluntad de Dios para su iglesia es la santificación, es decir, que cada miembro sea transformado a la imagen del primogénito de la resurrección, que es Cristo Jesús. La santificación es un proceso paulatino de transformación que, con la guía del Espíritu Santo, día tras día el creyente va experimentado, y cuyos resultados se reflejan en el fruto del Espíritu que éste comienza a manifestar para la gloria de Dios. Si bien es cierto que sin el Espíritu Santo es imposible que alguien llegue a dar fruto que perdure, el creyente no está exento de responsabilidad en el proceso, pues, el anhelo y la voluntad abandonados a la voluntad del Señor son esenciales para que el Espíritu pueda obrar en el nuevo creyente el cambio que éste requiere, de manera sobrenatural y permanente.
Muy parecido al pecado de los fariseos, que enseñaban doctrinas a conveniencia (vv. 9-13), es la codicia que domina en estos días a algunos grupos que dicen ser cristianos, quienes, a fin de mantener cautivas a las personas que les proveen de recursos económicos, les predican sólo lo que ellos quieren oír. En sus sermones, omiten cualquier enseñanza que hable de sacrificios y renuncia, de pruebas y tribulaciones, de pecado y arrepentimiento para salvación. En consecuencia, al enseñar parcialmente las Escrituras, hablando sólo del amor de Dios y de Sus promesas, pero no de la responsabilidad del creyente, ni de la necesidad que tiene éste de humillarse y someterse al Señorío de Jesucristo, en vez de guiar al rebaño del Señor a la santidad, confrontándolo con su pecado según las Escrituras, lo mantienen cautivo de sus pasiones, a través de un mensaje diluido y poco consistente, que difícilmente alcanza para rescatar del fuego eterno a aquéllos que llegan buscando saciar su sed y hambre espiritual.
** Santiago dijo: "la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. ¡Miren cómo un fuego tan pequeño incendia un bosque tan grande! Y la lengua es un fuego; es un mundo de maldad" (Stg 3:5-6 RVA). A eso se refiere Jesús cuando dice que no son los alimentos que entran al cuerpo los que contaminan al hombre, sino lo que sale de él (v.15).
Ésta es una invitación a poner atención a las palabras que salen de nuestra boca, y a revisar nuestro corazón para descubrir las motivaciones que hay tras las "obras piadosas" que hacemos, y tras los cuestionamientos que hacemos de lo que otros hacen. Si nos examinamos bien, descubriremos que mucho de lo que hacemos está motivado por el orgullo, para ser vistos, para justificarnos, etc.; y que, de lo que criticamos en los otros, mucho tiene su origen en nuestra arrogancia, porque nos creemos mejores, o pensamos que lo podemos hacer mejor, o por celos y envidia. ¡Oh, que el Señor nos ayude a detectar y limpiarnos de tanta inmundicia oculta en nuestros corazones! Que nunca olvidemos que, lo que sea que hagamos, debe ser hecho como para Dios, y no para quedar bien con los hombres.
* "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida" (Pr 4:23). El corazón es el núcleo central en el hombre, donde yacen la voluntad, el intelecto y los sentimientos. Si el corazón no se ha rendido a Jesucristo es un corazón duro que, incluso cuando pretende hacer el bien, lo hace con fines egoístas, para quedar bien consigo y con el mundo. Antes de venir a Cristo, esa era la condición de nuestro corazón, hasta que el Señor despertó nuestro oído para que escucháramos su Palabra, y comenzáramos a creer. Así nuestro corazón fue convencido de pecado, y se rindió para salvación. Y el Señor, que es rico en misericordia, nos acogió, y nos dio un corazón moldeable, capaz de amarle en espíritu y en verdad, y una nueva vida en Cristo Jesús, porque cuando nuestro corazón se rinde al Señor, el Espíritu de Dios nos recrea a través de su presencia viva en nuestro interior, transformándonos poco a poco a la imagen y semejanza del Hijo de Dios, el Señor. Es lo que se conoce como regeneración.
Es cierto que, a partir de ese momento, se inicia una lucha dentro de nosotros, porque el pecado residual, que aún mora en nuestra carne, intentará seguir dominando, pero debemos ignorarlo y, en cambio, debemos escoger oír a Dios. Si escogemos seguir viviendo según nuestro viejo corazón, el camino a la eternidad será de mucho dolor. En cambio, cuando el corazón escoge obedecer a Dios, es fortalecido, saciado en todo, y la paz que sobrepasa todo entendimiento comienza a reinar, a pesar de las aflicciones que el mundo nos presenta.
** Marcos, al comentar: "Con esto Jesús declaraba limpios todos los alimentos" (v.19 NVI), estaba diciendo que Jesús estaba poniendo fin a un paradigma que había dominado por siglos la vida de los hebreos, y que tenía que ver con los alimentos puros e impuros. Dicha prohibición fue impuesta como parte de la preparación del pueblo escogido para que aprendieran a sujetarse a la Ley de Dios, pero también porque cada uno de los animales prohibidos simbolizaba algo en el mundo espiritual. El cerdo es el ejemplo más conocido, del cual ya hemos hablado, que se refiere a la relación del hombre con el pecado, el cual, igual que los cerdos, ama revolcarse en la inmundicia; y si logra quedar limpio por un tiempo, disfruta volver a ella.
Pero, habiendo Cristo pagado por nuestro pecado, y habiendo muerto y resucitado, todo cambió, pues, es Él mismo quien, con Su sangre, nos limpia de una vez y para siempre, y por su Espíritu en nosotros, nos guía a la santidad perpetua. Teniendo en cuenta este conocimiento, Pablo escribió a los creyentes: "Coman de todo lo que se vende en la carnicería, sin preguntar nada por motivos de conciencia, porque «del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella»" (1Co 10:25-26 NVI); "Porque todo lo que Dios ha creado es bueno y nada es despreciable si se recibe con acción de gracias, pues la palabra de Dios y la oración lo santifican" (1Tim 4:4-5 NVI).
LUZ EN TIERRA DE GENTILES
* Como vemos, la respuesta de la mujer demostró que su fe en Jesús era una fe viva; es decir, ella no vino hasta Él dudando, sino convencida de que Jesús era el Hijo de Dios, capaz de sanar a su hija. En el evangelio según san Mateo, leemos que ella lo llama "Hijo de David", nombre con el cual el pueblo judío identificaba a su Mesías.
Éste es un muy buen ejemplo de lo que quiso decir el escritor de la epístola a los Hebreos, cuando escribió: "sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan" (He 11:6 NVI). Ella, por lo que dijo, agradó al Señor, pues, sin ser judía, dio prueba de que creía en su corazón que Aquél era el Ungido prometido por Dios a Israel.
Esta mujer no es la única gentil en recibir respuesta a su fe durante el ministerio de Jesús en la tierra. También conocemos al centurión, cuya fe fue alabada por Jesús, pues dijo que no había visto tanta fe entre los de su pueblo.
** Cuando Jesús dijo: "Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos" (V.27), nuevamente, Jesús está confirmando que los hijos de Israel, "a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas, de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo, el cual está sobre todas las cosas" (Ro 9:4-5 NBLA), debían ser los primeros en conocer y recibir el evangelio de salvación, que es el nuevo pacto de la Gracia de Dios, que, en aquel tiempo, estaba por ser instituido con la sangre del Cordero de Dios.
Hasta antes de la glorificación de Jesucristo, los pueblos gentiles (no judíos) eran considerados "perrillos" por la comunidad que había sido educada en los principios divinos, lo que cambió con el evangelio, pues, "Cristo reconcilió a ambos grupos (judíos y gentiles creyentes) con Dios en un solo cuerpo por medio de su muerte en la cruz, y la hostilidad que había entre nosotros quedó destruida"; "Ahora todos podemos tener acceso al Padre por medio del mismo Espíritu Santo gracias a lo que Cristo hizo por nosotros" (Ef 2:16, 18 NTV). Ya no hay perrillos entre los creyentes, todos somos hijos por medio de Jesucristo.
La evangelización a los gentiles se inició después de la glorificación de Jesucristo tras la resurrección, y fue un mandato entregado primeramente a Pablo, a quien Dios nombró Apóstol de Jesucristo para las naciones. Más adelante, el Señor le mostraría a Pedro, apóstol a los judíos, que no debía discriminar a los gentiles, los cuales también serían santificados y hechos pueblo suyo por la fe en Jesucristo.
* Jesús estaba dando cumplimiento a las profecías que hablaban de que el Mesías vendría a dar vista a los ciegos; a hacer que los sordos oyeran; que los mudos hablaran, y que los cojos caminaran. Pero, si bien es cierto, aquí vemos a Jesús obrando milagros de sanidad en enfermos físicamente afectados, el verdadero propósito de su venida tendría cumplimiento después de su resurrección, cuando, por medio de su Espíritu, comenzó a sanar las enfermedades del corazón de los que están siendo llamados a salvación, quitando ese denso velo que lo cubre, que impide a los hombres conocer lo verdadero. En otras palabras, El Hijo de Dios fue enviado para abrir nuestros ojos y oídos espirituales que, por causa del pecado, estaban imposibilitados de ver y comprender las profundidades de Dios. De este modo, teniendo ojos para ver y oídos para oír, ahora somos capaces de trazar caminos rectos para nuestros pies, y de ocupar nuestras manos en las obras de Dios.
Los que hemos recibido la luz del evangelio, y tenemos el Espíritu Santo del Señor viviendo en nuestro interior "tenemos la mente de Cristo" (1Co 2:16), es decir, nuestra cosmovisión (visión o concepción global del mundo) es la cosmovisión de Dios, debido a que estamos siendo guiados y enseñados por Jehová, a través de su Espíritu, y de Su Palabra, (la cual, por obra del Espíritu, se convierte, de manera sobrenatural para los creyentes, en una necesidad sin la cual no podemos estar; de hecho, un síntoma común entre los nuevos convertidos a Cristo es tener un deseo inusual - muy parecido al hambre - por conocer Su Palabra).
Por medio de la Palabra de Dios, que es espíritu y vida, los creyentes vamos siendo transformados cada día, para ya no ver las cosas como las ve el mundo, ni andar como andan los del mundo. Nuestra lengua se desata, y ya no habla como lo hacen los incrédulos, sino conforme a las verdades espirituales; nuestros pies, aunque a veces tropiezan, comienzan a caminar por sendas derechas que, con la guía del Espíritu, vamos construyendo de conformidad a la Voluntad de nuestro Señor, "para que lo cojo (es decir, el remanente de pecado que queda en nuestra carne) no se salga del camino, sino que sea sanado" (He 12:13); y nuestras manos, antes esclavas de nuestra naturaleza pecaminosa, ahora se esfuerzan por practicar las obras que "Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" (Ef 2:10). De ese modo, las verdaderas enfermedades que aquejan al ser humano son curadas en Cristo Jesús.
"Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen" (2Co 3:18 NTV)
JESÚS MULTIPLICA LOS PANES Y PECES
En esos días, se juntó una gran multitud en torno a Jesús, y no tenían qué comer, entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: "tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer", y agregó: "si los despido sin comer a sus casas, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos" (NBLA). Sus discípulos le dijeron: "¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?". Jesús les preguntó cuántos panes tenían, y respondieron que siete. Entonces mandó a la multitud que se recostara en tierra, y tomando los panes, dio gracias, y los dio a sus discípulos para que los ofrecieran a la multitud. También bendijo unos pececillos que tenían, y les mandó que los pusieran a disposición de la gente. "Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas". Los que se alimentaron en esa ocasión fueron unos cuatro mil. Luego de despedir a la gente, subieron a la barca, y partieron a la región de Dalmanuta. (8:1-10)
* Tanto en el milagro donde más de cinco mil personas recibieron pan y peces para alimentarse, así como en este milagro, Jesús mandó que la gente se tendiese en la hierba, para tomar el alimento que hizo disponible para ellos.
Ninguno de los miles de reunidos movió un dedo para ganarse el alimento, lo que nos enseña que recibir la bendición de la salvación no depende de esfuerzos personales, sino que es un regalo que recibimos de pura gracia: pues, es Dios quien abre nuestros oídos para que seamos receptivos a su Palabra, y es por oír su Palabra que viene la fe, y es por fe que somos convencidos de pecado, para que nos arrepintamos y nos rindamos a los pies de Cristo. Todo proviene de Dios por medio de su Hijo.
** Otra enseñanza que se desprende de este pasaje, tiene que ver con la importancia del discipulado; es decir, de la necesidad que cada nuevo creyente tiene de ser enseñado y guiado una vez que ha recibido el evangelio.
A Jesús le preocupaba que, aquellos que habían recibido la buena Palabra, se devolvieran y desmayaran en el camino por no tener qué comer. Lo mismo sucede con cada nuevo creyente. Así como un niño necesita de la leche materna para sobrevivir, si el nuevo hijo de Dios no se alimenta de la Palabra de Dios adecuadamente, podrá sucumbir fácilmente ante cualquier prueba. Con mayor razón, si ese nuevo creyente ha recibido la Palabra con entusiasmo, pero no ha llegado al punto de arrepentirse para salvación, difícilmente tendrá las fuerzas para perseverar ante las dificultades que le presente la vida, y podría terminar apostatando. Acompañar a los nuevos creyentes a dar sus primeros pasos con Cristo es una responsabilidad que Jesús dio a su iglesia, cuando mandó: "id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mt 28:19-20).
LA MENTE EN LAS COSAS DEL ESPÍRITU
Vinieron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús. Poniéndolo a prueba, le pedían que les diera una señal del cielo. Entonces Jesús, gimiendo en su espíritu, dijo: "¿Por qué pide señal esta generación?", y agregó: "De cierto os digo que no se dará señal a esta generación". Y alejándose, se subió a la barca, y se fue a la otra orilla. (8:11-13)
* Todas las cosas Jesús las hizo públicamente, y en todas las ocasiones había fariseos, saduceos y escribas, que lo seguían con la intención de hallar algún motivo para condenarle. A pesar de ser testigos de los milagros, y de exponerse a las prédicas del Señor, los corazones endurecidos de estos líderes judíos no les permitían ver el cumplimiento de las profecías en Jesús.
La única señal reservada para ellos iba a ser la resurrección de Jesús, sin embargo, luego de la resurrección, perseveraron en negar lo innegable, e hicieron todo lo posible por ocultar las evidencias.
* Jesús hablaba a los discípulos en términos espirituales, pero ellos seguían pensando terrenalmente, y prueba de ello era que estaban inquietos por haber olvidado llevar pan, siendo que, junto a ellos, estaba el dueño de la tierra y su plenitud, quien nunca los iba a dejar pasar hambre ni necesidad, lo cual debieron haber entendido al presenciar los milagros de la multiplicación de los panes y peces. Llevaban tanto tiempo conviviendo y compartiendo con el Hijo de Dios, sin embargo, la inmadurez de sus corazones era evidente, pues, en vez de ver las cosas desde una óptica más elevada, eterna, en sus pensamientos seguían predominando las cosas de la vida cotidiana. En resumidas cuentas, debiendo ser maestros, aún pensaban como niños espirituales, necesitando cada día que se les volviera a instruir sobre los rudimentos de las cosas celestiales.
Es lo mismo que ocurre con muchos de los creyentes: si bien es cierto que el crecimiento espiritual no depende de nosotros, sino de Dios, cada uno de los que ha rendido su vida al Señor debe procurar vivir proveyendo para el espíritu y no para la carne, de manera de hacer morir los deseos de la carne por la ejercitación en las obras del Espíritu. La fe, por ejemplo, es un don que aumenta cuando nuestro corazón se llena del conocimiento del Señor.
** En su versión de este pasaje del evangelio, Lucas aclara que la levadura de los fariseos es su hipocresía. Jesús expuso esta idea a sus discípulos de esta manera: "Los maestros de la ley religiosa y los fariseos son los intérpretes oficiales de la ley de Moisés. Por lo tanto, practiquen y obedezcan todo lo que les digan, pero no sigan su ejemplo. Pues ellos no hacen lo que enseñan" (Mt 23:2-3 NTV). Estos líderes judíos no eran más que hombres pretenciosos, que sólo buscaban ser venerados, pero que por dentro estaban corrompidos. Con su actuar, cerraban el reino de los cielos a los hombres, y no entraban ellos, ni dejaban entrar a los demás.
JESÚS DA VISTA A UN CIEGO
* Tanto en el caso del tartamudo como en el de este hombre ciego, Jesús hizo el milagro por medio de su saliva, un elemento que sale de su boca. Contrario a lo que sucede con "lo que del hombre sale", que "contamina al hombre" (Mr 7:20), lo que sale de Dios tiene el poder de sanar, de restaurar, de dar vida.
Hay estudiosos que piensan que, siendo Jesús el hombre perfecto en toda su humanidad, incluida la salud de su cuerpo físico, dio parte de su integridad para completar aquello de que carecían estos hombres que él quiso sanar. Lo mismo sigue haciendo en el ámbito espiritual con cada uno de los que está llamando al Reino de su Padre: de sí mismo, Él da al que quiere ojos para ver y oídos para oír; suelta nuestra lengua, y pone palabra en nuestra boca; fortalece nuestros pies para que andemos en Sus caminos y, nuestras manos para que hagamos Sus obras.
** Así como este ciego no podía ver claramente al principio, todo nuevo creyente, que está recién conociendo los rudimentos del evangelio, no es capaz de discernir claramente las cosas espirituales, pero, si persevera en leer las Escrituras y meditar en la Palabra, no tardará en alcanzar madurez para entender las profundidades de la vida en el Espíritu, hasta que comience a ver el mundo con los lentes de la Verdad.