sábado, 22 de mayo de 2021

MARCOS III - La Fe que Agrada al Señor (Mr 6 a 8:26)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer clic en los enlaces.)


(Comenzar en el Estudio de Marcos I)



DICHOSOS LOS QUE CREEN


Jesús volvió junto a sus discípulos a Nazaret, donde había crecido, y un día de reposo comenzó a enseñar en la sinagoga. Muchos que le habían visto crecer se asombraban al escucharlo, y se preguntaban: "¿De dónde sacó toda esa sabiduría y el poder para realizar semejantes milagros?" (NTV), y contrariados, decían: "Es un simple carpintero, hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón. Y sus hermanas viven aquí mismo entre nosotros" (NTV). Entonces Jesús les dijo: "En todas partes se honra a un profeta, menos en su tierra, entre sus familiares y en su propia casa" (NVI). En efecto, Jesús no pudo hacer muchos milagros allí, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes imponía las manos. Asombrado de su incredulidad, continuó su camino, enseñando en las aldeas aledañas. (6:1-6)

* La incredulidad de muchos de los que conocían a Jesús desde su infancia nos indica que el Señor creció y se desarrolló como cualquier niño de esa generación; sólo que nadie sospechaba que, mientras crecía, jugaba, aprendía junto a su padre el oficio de carpintero, y se fortalecía, también "se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios lo acompañaba" (Lc 2::40 NVI), porque Él era el Ungido de Jehová. 
 
Tan normal fue su infancia y adolescencia, que la incredulidad mostrada por los vecinos también afectaba a sus hermanos de sangre, con los cuales compartió el hogar familiar mientras crecía. Juan, en su evangelio, nos cuenta sobre el escepticismo de ellos, quienes, no con buenas intenciones, decían a Jesús: "¡Sal de aquí y vete a Judea, donde tus seguidores puedan ver tus milagros! ¡No puedes hacerte famoso si te escondes así! Si tienes poder para hacer cosas tan maravillosas, ¡muéstrate al mundo!" (Jn 7:3-4 NTV). Juan cierra, diciendo: "Pues ni siquiera sus hermanos creían en él" (Jn 7:5 NTV). 
 
Pero según las Escrituras, la incredulidad de sus hermanos no fue para siempre. De hecho, la tradición atribuye a dos de ellos las epístolas que conocemos con sus nombres "Santiago" y "Judas". Así también, vemos que, después que Jesús ascendió al cielo, sus hermanos de sangre y su madre María se reunían con los apóstoles para orar. Es probable que dicha conversión no sucedió, sino hasta que lo vieron resucitado. Lo que sí nos consta, por los relatos que hacen Pablo y Lucas en sus escritos, y testimonios extrabíblicos, como los de los padres de la iglesia y del historiador judío Josefo, es que su hermano Santiago (Jacobo) es el apóstol conocido como Santiago el Justo, líder de la iglesia en Jerusalén.

** Hay que tener cuidado en cómo se interpreta el que Jesús no haya hecho muchos milagros entre los nazarenos por causa de la incredulidad de ellos. Según los del falso evangelio de la prosperidad, Jesús no hizo muchos milagros, debido a que su creencia negativa fue mayor que su creencia positiva (lo que ellos llaman fe), lo cual "impidió" que pudieran ser hechos. Eso es una herejía, porque ningún hijo de Adán tiene la capacidad de frenar el poder del Espíritu Santo ni de obstaculizar sus propósitos. 

La Escritura dice: "Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra y al que llama, se le abre" (Mt 7:8-9 NVI); "Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento" (Stg 1:6 NVI). La realización de un milagro es la respuesta de Dios a una petición hecha con fe en el dador; es decir, no se trata de creer en el milagro en sí, sino en el que hace los milagros. Como dice el autor de la carta a Hebreos: "sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad" (He 11:6 NTV).  

Evidentemente, la mayoría de los nazarenos, al no creer en su corazón que Jesús era quien decía ser, lo despreciaron y, aunque probablemente estaban llenos de problemas, y necesitaban varios milagros, no recurrieron a Él, o se acercaron a él dudando. De hecho, Jesús sí pudo conceder milagros a unos pocos de ellos: con seguridad a los que con fe y mansedumbre recurrieron a Él, porque el Señor no desprecia un corazón contrito y humillado, y sus oídos están atentos al clamor de los justos


LOS APÓSTOLES SON ENVIADOS A EVANGELIZAR

Después Jesús llamó a sus doce discípulos más íntimos, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. Les dijo que no llevaran nada para el camino: ni dinero, ni pan, ni muda de ropa, ni alforja, sólo su bordón. Y les dijo: "Cuando entren en una casa, quédense allí hasta que salgan del pueblo". "Si en algún lugar no los reciben bien o no los escuchan, salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies, como un testimonio contra ellos" (NVI). Con estas instrucciones, los doce iniciaron su recorrido, y predicaban a todos que se arrepintieran; echaban fuera demonios, ungían con aceite a los enfermos y los sanaban. (6:7-13

* Al final del versículo 11 de este capítulo, la RVR 60 dice: "De cierto os digo que, en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad". Pero ese texto no aparece en los manuscritos más antiguos de Marcos que se han hallado; consecuentemente, se habría agregado posteriormente, con el fin de hacerlo coincidir con la versión que sobre este evento narra Mateo, que sí incluye ese comentario de Jesús al final del pasaje

** La responsabilidad de llevar el evangelio al mundo recae sobre todos los creyentes, y un medio que permite financiar las obras destinadas a acercar la iglesia al pueblo es la ofrenda voluntaria de parte de los miembros de la iglesia. Jesús mandó a sus doce apóstoles que no llevaran ni pan ni dinero con ellos. En el evangelio según San Mateo, el Señor justificó esta orden, diciendo: "porque el obrero es digno de su alimento" (Mt 10:10). 

Si bien es cierto, no es lícito cobrar por evangelizar, es un derecho otorgado por Dios a los hombres que dedican su vida a pastorear, el percibir de las ofrendas un salario justo para el sustento de su casa. Porque lo ideal es que el Pastor de la iglesia sea un hombre que dedique su vida exclusivamente a guiar y a apacentar las ovejas que fueron puestas bajo su cuidado, y no que se distraiga de su labor por tener que trabajar para su sustento. 

** No deja de sorprender que, entre estos doce apóstoles que recibieron autoridad sobre los espíritus inmundos, que sanaban enfermos, que predicaban el evangelio, etc. estaba Judas Iscariote, el traidor que entregó a Jesús en manos de quienes le querían dar muerte. Él, igual que los otros once del círculo más íntimo de Jesús, fue iluminado y probó del don celestial; fue hecho partícipe del Espíritu Santo, y gustó de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero; sin embargo, es evidente que, para él, las cosas del mundo seguían teniendo un lugar de mayor preponderancia en su corazón que las que no se ven, que son eternas. Fue la dureza de su corazón la que lo llevó a extraviarse al punto de la condenación, cuando transó la vida del Hijo de Dios por unas cuantas monedas de plata.


MUERTE DE JUAN BAUTISTA

Llegó a oídos del rey Herodes la fama de Jesús, pues, su nombre se había hecho notorio. Algunos decían que Jesús era Elías o algún otro profeta, pero el rey Herodes, por causa de los milagros que Jesús hacía, creía que Juan Bautista, a quien él había mandado decapitar, había resucitado de los muertos. El hecho había ocurrido por causa de su mujer Herodías, quien se había divorciado de Felipe, hermano de Herodes, para casarse con él, adulterio que Juan condenaba públicamente. Herodías, muy molesta con las recriminaciones del profeta, lo acechaba, y quería darle muerte, pero Herodes lo protegía, pues le temía, convencido de que Juan era un hombre justo y santo, a quien escuchaba con entusiasmo. Un día, cuando Herodes celebraba su cumpleaños, Salomé, hija de Herodías, danzó para el rey, lo que agradó grandemente al soberano, quien quiso premiarla ofreciéndole cumplir cualquier deseo de ella, incluso ofreció darle la mitad de su reino. Pero Salomé, antes de responder, consultó con su madre: "¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Juan el Bautista". Enseguida, fue hasta el rey, y le pidió: "Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista". Muy a su pesar, y a fin de no quedar mal con los asistentes que habían sido testigos de la promesa hecha por el rey a su hijastra, accedió a la petición, y ordenó la muerte del profeta. En cuanto los discípulos supieron que Juan estaba muerto, vinieron, tomaron el cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro. (6:14-29)

* Éste era Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, quien, a la muerte de su padre, reinó en Galilea y Perea. Su hermano Herodes Arquelao, por su parte, fue rey en Judea, Samaria e Idumea. Felipe, primer esposo de Herodías (v.17), sería Herodes Filipo I, hijo de Herodes el Grande, medio hermano de Antipas.

 

EL PAN DE VIDA

Habiendo regresado los apóstoles de su misión evangelizadora, contaron a Jesús todas las maravillas que habían hecho, y Jesús, viendo que estaban agotados, los invitó a ir en la barca a un lugar desierto, lejos de la multitud que los asediaba, donde pudieran descansar y alimentarse. Sin embargo, cuando llegaron al lugar, ya la gente los estaba esperando, y al ver una gran multitud, Jesús "tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor", y comenzó a enseñarles muchas cosas. El tiempo transcurrió, y se hizo tarde, entonces los discípulos pidieron a Jesús que despidiera a la gente, para que fueran a los campos aledaños, y pudieran comprar alimento, pero Jesús les dijo: "Dadles vosotros de comer". Ellos inmediatamente reaccionaron, diciendo que el dinero que tenían no les alcanzaba para ir a comprar pan para esa multitud. Jesús les preguntó cuántos panes tenían, y ellos respondieron: "Cinco, y dos peces". Les mandó, entonces, que dijeran a la multitud que se recostaran en la hierba verde. Así lo hicieron, distribuyéndose en grupos de cien y de cincuenta personas. "Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, los bendijo. Luego partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los repartieran a la gente. También repartió los dos pescados entre todos" (NVI). Todos comieron y se saciaron. "Y los que comieron eran cinco mil hombres". Por último, con los restos que quedaron, llenaron doce canastas. (6:30-44)

* "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4:4). El verdadero pan es el que Jehová nos envió del cielo. Jesús dijo: "mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás" (Jn 6:32-35). Comer el pan de vida es conocer y creer en Aquél que Jehová envió del cielo. El Señor no nos pide que hagamos obras para ser salvos, sino que creamos en la obra que Jesús hizo por nosotros. Todo el que cree que Jesús es el Señor tendrá vida eterna.
 
** Si bien es cierto, este milagro hecho por Jesús permitió alimentar de pan de trigo a miles de personas, el mensaje es que cada creyente tiene el don y la misión de alimentar del pan espiritual a muchos. Nunca debemos menospreciar el poder que tiene un pequeño mensaje acerca del evangelio en un corazón hambriento de vida espiritualporque el que hace la obra de conversión es Dios. Dice la Escritura que "el Señor (no nosotros) añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hch 2:47), pero hay que hacerse disponible, porque un solo mensajero del evangelio puede ser usado por Dios para que muchos reciban la vida eterna. 
 
Un ejemplo fue el primer discurso de Pedro, luego de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés. Dicen las Escrituras que, cuando Pedro anunció a los judíos que estaban reunidos, que Jesús era el Ungido de Dios prometido a Israel, del cual hablaron los profetas, al cual ellos habían dado muerte crucificándolo; pero al que, habiéndolo resucitado al tercer día, YHWH lo hizo Señor y Cristo, muchos creyeron, y "aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas" (Hch 2:41 NVI). Como podemos ver, una sola persona habló: Pedro; suficiente como para que unas tres mil personas fueran salvadas.  
 
El Señor nos manda a continuar su ministerio, y hacer discípulos en todo el mundo, poniendo a disposición de todos, sin discriminación, la buena noticia de la salvación por gracia, y enseñándoles a obedecer todo lo que el Señor manda. 

*** Cuando Jesús vio a la muchedumbre, se compadeció, porque eran como ovejas sin pastor (v.34). En la profecía de Zacarías leemos: "Porque los terafines han dado vanos oráculos, y los adivinos han visto mentira, han hablado sueños vanos, y vano es su consuelo; por lo cual el pueblo vaga como ovejas, y sufre porque no tiene pastor" (Zac 10:2). Las palabras del profeta siguen vigentes. En estos tiempos se han levantado todo tipo de gurúes y engañadores que envuelven a la gente con falsas creencias; que tergiversan las Escrituras, y la acomodan a sus falsas doctrinas para obtener ganancias. Muchas de sus víctimas son gente con vidas espirituales vacías que, con tal de escapar de la ansiedad que les consume, reciben cualquier palabra que les endulce los oídos, y terminan divagando, apartándose de la verdadera sabiduría, extraviados como oveja sin pastor. 

Es lamentable decirlo, pero ellos no son sólo víctimas de los inescrupulosos, sino también de su propia concupiscencia. La pereza, la codicia, la vanidad, el amor propio, etc. contribuyen para que no puedan ver al Buen Pastor que es el único que tiene autoridad y poder para guiarlos a la vida eterna. Sólo en Jesús pueden encontrar la paz que tanto anhelan.


DIOS SOBRE LAS AGUAS

Jesús mandó a sus discípulos subir a la barca, para que se le adelantaran camino a Betsaida que estaba en la otra orilla, pues, Él se iba a quedar despidiendo a la multitud, para luego subir al monte a orar. Siendo alrededor de las tres de la mañana, desde la playa vio la barca en medio del mar, y a sus discípulos remar con gran dificultad, porque el viento les era contrario. Entonces, fue hasta la barca caminando sobre las aguas, con la intención de ir delante de ellos. Cuando los discípulos lo vieron, pensaron que se trataba de un fantasma, y gritaron turbados, pero Él les dijo: "¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!", y subió a la barca, y los vientos se calmaron. Los discípulos no podían creer lo que sus ojos veían. De hecho, aún no lograban asimilar la experiencia de la multiplicación de los panes, por cuanto sus corazones estaban endurecidos. (6:45-52)

* En el libro de Job, hay un versículo que se relaciona con este pasaje que, hablando del poder soberano de Jehová, dice: "Él solo extendió los cielos, y anda sobre las olas del mar" (Job 9:8). Y aquí vemos a Jesús caminando sobre las aguas, como queriendo mostrar que Él era Dios en medio de los hombres, cuya presencia divina nunca nos abandona. 
 
En el Antiguo Testamento leemos: "Jehová es mi pastor; nada me faltará" (Sal 23:1); y en el Nuevo Testamento, Jesús dice: "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas" (Jn 10:11); porque Dios, en la persona de Su Hijo Jesús, se hizo carne, para rescatarnos de nuestra "vana manera de vivir" (1Pe 1:18), y guiarnos a la vida eterna, "no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya provisto desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado al final de los tiempos por amor..." (1Pe 1:18-20 RVR77).  
 
El versículo de Job antes citado también dice que Jehová "solo extendió los cielos...", de lo cual concluimos que no hay otro, aparte de Él, que haya creado todo. Sin embargo, Pablo, en Colosenses, hablando de Jesús, dice que, "por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él" (Col 1:16 NVI). Lo que parece una contradicción, no lo es, pues, sabemos por las Escrituras que Jesús es el Logos de Dios que se encarnó, es decir, que la Palabra por medio de la cual el Altísimo creó todo lo que existe, se hizo hombre. Como podemos ver, una vez más, el versículo de Job y lo descrito por Marcos en este pasaje confirman que Jesucristo y Jehová son Uno 
 
Lo anterior se refuerza con la forma en que Jesús se identifica a sí mismo para tranquilizar a los que estaban en la barca: "Yo Soy, no temáis"...  Recordemos que "Yo Soy" es el nombre con que Jehová se presentó ante Moisés, y con el cual dijo que debía ser recordado por siempre (ver Éxodo 3:13-15). No es el único lugar donde Jesús usa el nombre "Yo Soy" para referirse a quién Él era. Lo vemos diciendo: "Yo Soy la resurrección y la vida" (Jn 11:25); "Yo Soy la luz del mundo" (Jn 8:12); "Yo Soy el buen Pastor" (Jn 10:11); "Yo Soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14:6), entre otros
   
** Otro significado que podemos obtener del pasaje estudiado (6:45-52) tiene que ver con el cuidado que Dios tiene de su creación, y en especial de su pueblo santo. Hay varias ocasiones en que, para referirse a mucha gente, las Escrituras usa el comparativo de muchas aguas. Ya dijimos que Jesús es Emanuel, esto es, Dios con nosotros. Él, como el Padre Celestial, camina sobre las aguas, su pueblo escogido, "amparando, librando, preservando y salvando" (Is 31:5). De Jehová, dice la Escritura: "Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas" (Dt 32:11). 

A veces parece que luchamos solos contra las tempestades que se nos presentan, pero el Señor nunca abandona. Lo que sí puede suceder es que nuestros pecados estorben nuestras oraciones. Por tanto, en medio de las aflicciones, debemos estar atentos y examinarnos a ver si nuestra voluntad está alineada con la Voluntad de Dios, expresada en las Escrituras; si descubrimos que nos hemos alejado de Dios, arrepintámonos, pidamos perdón, y avancemos. 

Si queremos saber cuál es la Voluntad de Dios, y conocer el sabio consejo del Señor, debemos estudiar la Biblia. No hay otro lugar más seguro donde podamos estar, pues, sólo permaneciendo en Su Palabra, alcanzaremos sabiduría para tener vidas plenas. Dice el Señor: "Hijo mío, si haces tuyas mis palabras y atesoras mis mandamientos; si tu oído inclinas hacia la sabiduría y de corazón te entregas a la inteligencia; si la llamas y pides entendimiento; si la buscas como a la plata, como a un tesoro escondido, entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento e inteligencia brotan de sus labios. Él reserva el éxito para los íntegros y es escudo a los de conducta intachable. Él cuida el sendero de los justos y protege el camino de sus fieles" (Pr 2:1-8 NVI).   

Antes de partir, Jesús prometió que estaría con nosotros hasta el fin del mundo, y, aunque no lo podemos ver, tenemos Su presencia en nosotros por medio del Santo Espíritu que nos dio cuando creímos, quien nos guía por Su Palabra. Eso es todo lo que necesitamos para vivir confiados  

Habiendo terminado su recorrido, llegaron a tierra en Genesaret, y atracaron en la orilla. La gente reconoció en seguida a Jesús, y donde quiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, le traían enfermos postrados, y "ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos". (6:53-56)

* Jesús no desprecia a nadie, y "si pedimos cualquier cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye" (1Jn5:14 NBLA).  
 
No hay ningún pasaje bíblico que diga que alguien pidió a Jesús riquezas o bienes materiales, y que Jesús se los haya concedido. De hecho, cuando en una ocasión un hombre le pidió a Jesús que dijera a su hermano que compartiera la herencia con él, Jesús le respondió que Él no era juez o árbitro para resolver esa situación, y advirtió a todos los que escuchaban: "Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee" (Lc 12:15).  
 
Las Escrituras sí nos muestran, de manera persistente, a Jesús sanando de enfermedades, echando fuera demonios, y resucitando personas. Esto, porque el propósito de Dios no es que seamos ricos materialmente, sino espiritualmente, es decir, Su Voluntad es la santificación de aquéllos que vienen a Él con feComo ya hemos dicho de forma reiterada, todas las enfermedades que Jesús sanó en el mundo físico representan los males que nos aquejan espiritualmente. Por su parte, la expulsión de demonios habla del rescate de que somos objeto por la resurrección de Jesús, quien nos libra del poder de Satanás, y nos traslada a Su Luz admirable. Incluso los milagros de resurrección que hizo en algunos eran para demostrar que, el que en Él cree pasa de estar muerto en delitos y pecados a una nueva vida en Cristo, es decir, hablan de la regeneración del creyente. 

Con todo, las riquezas materiales pueden venir si el Señor así lo quiere, pero aquél que las posee, debe cuidarse de no caer en avaricia. Cuando hay prosperidad material, el creyente debe procurar que su vida espiritual también sea abundante. Como dijo Juan a uno de sus discípulos: "yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma" (3Jn 2). 

En la carta a Hebreos, leemos: "Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré" (He 13:5).

 

LO QUE CONTAMINA AL HOMBRE


Provenientes de Jerusalén, los fariseos y escribas se reunieron alrededor de Jesús, y al ver que los discípulos comían el pan sin haberse lavado las manos, los condenaban. Entonces preguntaron al Señor por qué sus discípulos no respetaban la tradición de los ancianos, y comían el pan con las manos inmundas (pues, los judíos, aferrándose a la tradición, no comen si antes no se han lavado las manos. Y había muchas otras cosas que habían convertido en normas a guardar, como era el lavado de vasos, jarros, utensilios y mobiliario). Y Jesús les respondió, diciendo: "Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres."(cita de Is 29:13). Entonces les hizo ver cómo se aferraban más a la tradición de los hombres que a los mandamientos de Dios, cuando, por ejemplo, se justificaban diciendo que no podían ayudar financieramente a sus padres, porque lo que tenían estaba reservado como "corbán", es decir, como ofrenda a Dios; así, por seguir la tradición, estaban invalidando los mandamientos que dicen: "Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente" (ver Dt 5:16; Ex 21:17; Lv 20:9). Luego, dirigiéndose a la multitud, Jesús dijo "No hay nada fuera del hombre que, por entrar en él, lo pueda contaminar. Pero lo que sale del hombre es lo que contamina al hombre" (RVA). Concluyó diciendo: "Si alguno tiene oídos para oír, oiga". (7:1-16)

* Hay tantas cosas que las religiones han exaltado por sobre la Verdad (vv. 2-13). Muchos ponen más énfasis en las formas, que en el fondo. Nuevamente decimos que la voluntad de Dios para su iglesia es la santificación, es decir, que cada miembro sea transformado a la imagen del primogénito de la resurrección, que es Cristo Jesús. La santificación es un proceso paulatino de transformación que, con la guía del Espíritu Santo, día tras día el creyente va experimentado, y cuyos resultados se reflejan en el fruto del Espíritu que éste comienza a manifestar para la gloria de Dios. Si bien es cierto que sin el Espíritu Santo es imposible que alguien llegue a dar fruto que perdure, el creyente no está exento de responsabilidad en el proceso, pues, el anhelo y la voluntad abandonados a la voluntad del Señor son esenciales para que el Espíritu pueda obrar en el nuevo creyente el cambio que éste requiere, de manera sobrenatural y permanente.
 
Muy parecido al pecado de los fariseos, que enseñaban doctrinas a conveniencia (vv. 9-13), es la codicia que domina en estos días a algunos grupos que dicen ser cristianos, quienes, a fin de mantener cautivas a las personas que les proveen de recursos económicos, les predican sólo lo que ellos quieren oír. En sus sermones, omiten cualquier enseñanza que hable de sacrificios y renuncia, de pruebas y tribulaciones, de pecado y arrepentimiento para salvación. En consecuencia, al enseñar parcialmente las Escrituras, hablando sólo del amor de Dios y de Sus promesas, pero no de la responsabilidad del creyente, ni de la necesidad que tiene éste de humillarse y someterse al Señorío de Jesucristoen vez de guiar al rebaño del Señor a la santidad, confrontándolo con su pecado según las Escrituras, lo mantienen cautivo de sus pasiones, a través de un mensaje diluido y poco consistente, que difícilmente alcanza para  rescatar del fuego eterno a aquéllos que llegan buscando saciar su sed y hambre espiritual. 

** Santiago dijo: "la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. ¡Miren cómo un fuego tan pequeño incendia un bosque tan grande! Y la lengua es un fuego; es un mundo de maldad" (Stg 3:5-6 RVA). A eso se refiere Jesús cuando dice que no son los alimentos que entran al cuerpo los que contaminan al hombre, sino lo que sale de él (v.15). 

Ésta es una invitación a poner atención a las palabras que salen de nuestra boca, y a revisar nuestro corazón para descubrir las motivaciones que hay tras las "obras piadosas" que hacemos, y tras los cuestionamientos que hacemos de lo que otros hacen. Si nos examinamos bien, descubriremos que mucho de lo que hacemos está motivado por el orgullo, para ser vistos, para justificarnos, etc.; y que, de lo que criticamos en los otros, mucho tiene su origen en nuestra arrogancia, porque nos creemos mejores, o pensamos que lo podemos hacer mejor, o por celos y envidia. ¡Oh, que el Señor nos ayude a detectar y limpiarnos de tanta inmundicia oculta en nuestros corazones! Que nunca olvidemos que, lo que sea que hagamos, debe ser hecho como para Dios, y no para quedar bien con los hombres.  

 
Luego, estando solo con sus discípulos en la casa, éstos le preguntaron el significado de lo que había dicho, y Él respondió: "¿No comprenden que nada de lo que entra en el hombre desde fuera lo puede contaminar? Porque no entra en su corazón sino en su estómago, y sale a la letrina" (con estas palabras - escribió Marcos - Jesús estaba declarando limpios todos los alimentos), y continuó diciendo: "Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque desde adentro, del corazón del hombre, salen los malos pensamientos, las inmoralidades sexuales, los robos, los homicidios, los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la sensualidad, la envidia, la blasfemia, la insolencia y la insensatez. Todas estas maldades salen de adentro y contaminan al hombre" (RVA). (7:17-23)

* "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida" (Pr 4:23). El corazón es el núcleo central en el hombre, donde yacen la voluntad, el intelecto y los sentimientos. Si el corazón no se ha rendido a Jesucristo es un corazón duro que, incluso cuando pretende hacer el bien, lo hace con fines egoístas, para quedar bien consigo y con el mundo. Antes de venir a Cristo, esa era la condición de nuestro corazón, hasta que el Señor despertó nuestro oído para que escucháramos su Palabra, y comenzáramos a creer. Así nuestro corazón fue convencido de pecado, y se rindió para salvación. Y el Señor, que es rico en misericordia, nos acogió, y nos dio un corazón moldeable, capaz de amarle en espíritu y en verdad, y una nueva vida en Cristo Jesús, porque cuando nuestro corazón se rinde al Señor, el Espíritu de Dios nos recrea a través de su presencia viva en nuestro interior, transformándonos poco a poco a la imagen y semejanza del Hijo de Dios, el Señor. Es lo que se conoce como regeneración.
 
Es cierto que, a partir de ese momento, se inicia una lucha dentro de nosotros, porque el pecado residual, que aún mora en nuestra carne, intentará seguir dominando, pero debemos ignorarlo y, en cambio, debemos escoger oír a Dios. Si escogemos seguir viviendo según nuestro viejo corazón, el camino a la eternidad será de mucho dolor. En cambio, cuando el corazón escoge obedecer a Dios, es fortalecido, saciado en todo, y la paz que sobrepasa todo entendimiento comienza a reinar, a pesar de las aflicciones que el mundo nos presenta.

** Marcos, al comentar: "Con esto Jesús declaraba limpios todos los alimentos" (v.19 NVI), estaba diciendo que Jesús estaba poniendo fin a un paradigma que había dominado por siglos la vida de los hebreos, y que tenía que ver con los alimentos puros e impuros. Dicha prohibición fue impuesta como parte de la preparación del pueblo escogido para que aprendieran a sujetarse a la Ley de Dios, pero también porque cada uno de los animales prohibidos simbolizaba algo en el mundo espiritual. El cerdo es el ejemplo más conocido, del cual ya hemos hablado, que se refiere a la relación del hombre con el pecado, el cual, igual que los cerdos, ama revolcarse en la inmundicia; y si logra quedar limpio por un tiempo, disfruta volver a ella. 

Pero, habiendo Cristo pagado por nuestro pecado, y habiendo muerto y resucitado, todo cambió, pues, es Él mismo quien, con Su sangre, nos limpia de una vez y para siempre, y por su Espíritu en nosotros, nos guía a la santidad perpetua. Teniendo en cuenta este conocimiento, Pablo escribió a los creyentes: "Coman de todo lo que se vende en la carnicería, sin preguntar nada por motivos de conciencia, porque «del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella»" (1Co 10:25-26 NVI); "Porque todo lo que Dios ha creado es bueno y nada es despreciable si se recibe con acción de gracias, pues la palabra de Dios y la oración lo santifican" (1Tim 4:4-5 NVI).

 

LUZ EN TIERRA DE GENTILES


Yendo a la región de Tiro y de Sidón, se hospedó en una casa deseando pasar inadvertido, pero no fue posible, porque una mujer griega, de nacionalidad sirofenicia, al saber que Jesús se hallaba en la región, vino ante Él y se postró, rogándole que echara de su hija un espíritu inmundo que la estaba atormentando. El Señor, (viendo que no era judía), le dijo: "Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos"; a lo que ella respondió: "Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos". Entonces Jesús le dijo "Por haberme respondido así, puedes irte tranquila; el demonio ha salido de tu hija" (NVI). Cuando ella regresó a su casa, encontró a su hija sana, acostada en su cama. (7:24-30)

* Como vemos, la respuesta de la mujer demostró que su fe en Jesús era una fe viva; es decir, ella no vino hasta Él dudando, sino convencida de que Jesús era el Hijo de Dios, capaz de sanar a su hija. En el evangelio según san Mateo, leemos que ella lo llama "Hijo de David", nombre con el cual el pueblo judío identificaba a su Mesías.  
 
Éste es un muy buen ejemplo de lo que quiso decir el escritor de la epístola a los Hebreos, cuando escribió: "sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan" (He 11:6 NVI). Ella, por lo que dijo, agradó al Señor, pues, sin ser judía, dio prueba de que creía en su corazón que Aquél era el Ungido prometido por Dios a Israel. 
 
Esta mujer no es la única gentil en recibir respuesta a su fe durante el ministerio de Jesús en la tierra. También conocemos al centurión, cuya fe fue alabada por Jesús, pues dijo que no había visto tanta fe entre los de su pueblo. 

** Cuando Jesús dijo: "Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos" (V.27), nuevamente, Jesús está confirmando que los hijos de Israel, "a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas, de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo, el cual está sobre todas las cosas" (Ro 9:4-5 NBLA), debían ser los primeros en conocer y recibir el evangelio de salvación, que es el nuevo pacto de la Gracia de Dios, que, en aquel tiempo, estaba por ser instituido con la sangre del Cordero de Dios 

Hasta antes de la glorificación de Jesucristo, los pueblos gentiles (no judíos) eran considerados "perrillos" por la comunidad que había sido educada en los principios divinos, lo que cambió con el evangelio, pues, "Cristo reconcilió a ambos grupos (judíos y gentiles creyentes) con Dios en un solo cuerpo por medio de su muerte en la cruz, y la hostilidad que había entre nosotros quedó destruida"; "Ahora todos podemos tener acceso al Padre por medio del mismo Espíritu Santo gracias a lo que Cristo hizo por nosotros" (Ef 2:16, 18 NTV). Ya no hay perrillos entre los creyentes, todos somos hijos por medio de Jesucristo.

La evangelización a los gentiles se inició después de la glorificación de Jesucristo tras la resurrección, y fue un mandato entregado primeramente a Pablo, a quien Dios nombró Apóstol de Jesucristo para las naciones. Más adelante, el Señor le mostraría a Pedro, apóstol a los judíos, que no debía discriminar a los gentiles, los cuales también serían santificados y hechos pueblo suyo por la fe en Jesucristo.


Saliendo de Tiro, fueron por Sidón hacia el mar de Galilea, y pasaron por la región de Decápolis. Allí le trajeron un sordo y tartamudo, rogándole que pusiera sus manos sobre él. Jesús lo tomó aparte, y "le metió los dedos en las orejas y, con su saliva, le tocó la lengua; luego levantó los ojos al cielo, y lanzando un suspiro le dijo: «¡Efata!», es decir, «¡Ábrete!»" (RVC). Inmediatamente, los oídos del hombre se abrieron y su lengua se soltó, y comenzó a hablar bien. A pesar de que Jesús pidió a los presentes que no divulgaran el milagro, ellos más y más lo hacían, y la gente maravillada comentaba: "Todo lo hace bien. Hasta puede hacer que los sordos oigan y que los mudos hablen" (RVC). (7:31-37)

* Jesús estaba dando cumplimiento a las profecías que hablaban de que el Mesías vendría a dar vista a los ciegos; a hacer que los sordos oyeran; que los mudos hablaran, y que los cojos caminaran. Pero, si bien es cierto, aquí vemos a Jesús obrando milagros de sanidad en enfermos físicamente afectados, el verdadero propósito de su venida tendría cumplimiento después de su resurrección, cuando, por medio de su Espíritu, comenzó a sanar las enfermedades del corazón de los que están siendo llamados a salvación, quitando ese denso velo que lo cubre, que impide a los hombres conocer lo verdadero. En otras palabras, El Hijo de Dios fue enviado para abrir nuestros ojos y oídos espirituales que, por causa del pecado, estaban imposibilitados de ver y comprender las profundidades de Dios. De este modo, teniendo ojos para ver y oídos para oír, ahora somos capaces de trazar caminos rectos para nuestros pies, y de ocupar nuestras manos en las obras de Dios
 
Los que hemos recibido la luz del evangelio, y tenemos el Espíritu Santo del Señor viviendo en nuestro interior "tenemos la mente de Cristo" (1Co 2:16), es decir, nuestra cosmovisión (visión o concepción global del mundo) es la cosmovisión de Dios, debido a que estamos siendo guiados y enseñados por Jehová, a través de su Espíritu, y de Su Palabra, (la cual, por obra del Espíritu, se convierte, de manera sobrenatural para los creyentes, en una necesidad sin la cual no podemos estar; de hecho, un síntoma común entre los nuevos convertidos a Cristo es tener un deseo inusual - muy parecido al hambre - por conocer Su Palabra). 
 
Por medio de la Palabra de Dios, que es espíritu y vida, los creyentes vamos siendo transformados cada día, para ya no ver las cosas como las ve el mundo, ni andar como andan los del mundo. Nuestra lengua se desata, y ya no habla como lo hacen los incrédulos, sino conforme a las verdades espirituales; nuestros pies, aunque a veces tropiezan, comienzan a caminar por sendas derechas que, con la guía del Espíritu, vamos construyendo de conformidad a la Voluntad de nuestro Señor, "para que lo cojo (es decir, el remanente de pecado que queda en nuestra carne) no se salga del camino, sino que sea sanado" (He 12:13); y nuestras manos, antes esclavas de nuestra naturaleza pecaminosa, ahora se esfuerzan por practicar las obras que "Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" (Ef 2:10). De ese modo, las verdaderas enfermedades que aquejan al ser humano son curadas en Cristo Jesús. 
 
"Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen" (2Co 3:18 NTV)

 

JESÚS MULTIPLICA LOS PANES Y PECES

En esos días, se juntó una gran multitud en torno a Jesús, y no tenían qué comer, entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: "tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer", y agregó: "si los despido sin comer a sus casas, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos" (NBLA)Sus discípulos le dijeron: "¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?". Jesús les preguntó cuántos panes tenían, y respondieron que siete. Entonces mandó a la multitud que se recostara en tierra, y tomando los panes, dio gracias, y los dio a sus discípulos para que los ofrecieran a la multitud. También bendijo unos pececillos que tenían, y les mandó que los pusieran a disposición de la gente. "Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas". Los que se alimentaron en esa ocasión fueron unos cuatro mil. Luego de despedir a la gente, subieron a la barca, y partieron a la región de Dalmanuta. (8:1-10)

Tanto en el milagro donde más de cinco mil personas recibieron pan y peces para alimentarse, así como en este milagro, Jesús mandó que la gente se tendiese en la hierba, para tomar el alimento que hizo disponible para ellos. 
 
Ninguno de los miles de reunidos movió un dedo para ganarse el alimento, lo que nos enseña que recibir la bendición de la salvación no depende de esfuerzos personales, sino que es un regalo que recibimos de pura gracia: pues, es Dios quien abre nuestros oídos para que seamos receptivos a su Palabra, y es por oír su Palabra que viene la fe, y es por fe que somos convencidos de pecado, para que nos arrepintamos y nos rindamos a los pies de Cristo. Todo proviene de Dios por medio de su Hijo.

** Otra enseñanza que se desprende de este pasaje, tiene que ver con la importancia del discipulado; es decir, de la necesidad que cada nuevo creyente tiene de ser enseñado y guiado una vez que ha recibido el evangelio.  

A Jesús le preocupaba que, aquellos que habían recibido la buena Palabra, se devolvieran y desmayaran en el camino por no tener qué comer. Lo mismo sucede con cada nuevo creyente.  Así como un niño necesita de la leche materna para sobrevivir, si el nuevo hijo de Dios no se alimenta de la Palabra de Dios adecuadamente, podrá sucumbir fácilmente ante cualquier prueba. Con mayor razón, si ese nuevo creyente ha recibido la Palabra con entusiasmo, pero no ha llegado al punto de arrepentirse para salvación, difícilmente tendrá las fuerzas para perseverar ante las dificultades que le presente la vida, y podría terminar apostatando. Acompañar a los nuevos creyentes a dar sus primeros pasos con Cristo es una responsabilidad que Jesús dio a su iglesia, cuando mandó: "id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mt 28:19-20).

 

LA MENTE EN LAS COSAS DEL ESPÍRITU

Vinieron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús. Poniéndolo a prueba, le pedían que les diera una señal del cielo. Entonces Jesús, gimiendo en su espíritu, dijo: "¿Por qué pide señal esta generación?", y agregó: "De cierto os digo que no se dará señal a esta generación". Y alejándose, se subió a la barca, y se fue a la otra orilla. (8:11-13)

* Todas las cosas Jesús las hizo públicamente, y en todas las ocasiones había fariseos, saduceos y escribas, que lo seguían con la intención de hallar algún motivo para condenarle. A pesar de ser testigos de los milagros, y de exponerse a las prédicas del Señor, los corazones endurecidos de estos líderes judíos no les permitían ver el cumplimiento de las profecías en Jesús. 
 
La única señal reservada para ellos iba a ser la resurrección de Jesús, sin embargo, luego de la resurrección, perseveraron en negar lo innegable, e hicieron todo lo posible por ocultar las evidencias.

 

Estando en la barca, los discípulos se dieron cuenta de que habían olvidado llevar pan, y sólo tenían uno. En ese momento Jesús les dijo: "Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes". Ellos pensaron que Jesús les decía esto, debido a que no habían traído pan. Pero el Señor, dándose cuenta de lo que discutían entre ellos, les dijo: "¿Por qué están hablando de que no tienen pan? ¿Todavía no ven ni entienden? ¿Tienen el corazón endurecido? ¿Es que tienen ojos, pero no ven, y oídos, pero no oyen?" (NVI). Entonces les recordó cuando de cinco panes alimentó a cinco mil y, en otra oportunidad, de siete panes, alimentó a cuatro mil, y de cuántas canastas llenaron con lo que sobró. Y les dijo: "¿Cómo aún no entendéis?". (8:14-21)

* Jesús hablaba a los discípulos en términos espirituales, pero ellos seguían pensando terrenalmente, y prueba de ello era que estaban inquietos por haber olvidado llevar pan, siendo que, junto a ellos, estaba el dueño de la tierra y su plenitud, quien nunca los iba a dejar pasar hambre ni necesidad, lo cual debieron haber entendido al presenciar los milagros de la multiplicación de los panes y peces. Llevaban tanto tiempo conviviendo y compartiendo con el Hijo de Dios, sin embargo, la inmadurez de sus corazones era evidente, pues, en vez de ver las cosas desde una óptica más elevada, eterna, en sus pensamientos seguían predominando las cosas de la vida cotidiana. En resumidas cuentas, debiendo ser maestros, aún pensaban como niños espirituales, necesitando cada día que se les volviera a instruir sobre los rudimentos de las cosas celestiales.  
 
 
** En su versión de este pasaje del evangelio, Lucas aclara que la levadura de los fariseos es su hipocresía. Jesús expuso esta idea a sus discípulos de esta manera: "Los maestros de la ley religiosa y los fariseos son los intérpretes oficiales de la ley de Moisés. Por lo tanto, practiquen y obedezcan todo lo que les digan, pero no sigan su ejemplo. Pues ellos no hacen lo que enseñan" (Mt 23:2-3 NTV). Estos líderes judíos no eran más que hombres pretenciosos, que sólo buscaban ser venerados, pero que por dentro estaban corrompidos. Con su actuar, cerraban el reino de los cielos a los hombres, y no entraban ellos, ni dejaban entrar a los demás.


JESÚS DA VISTA A UN CIEGO


Estando en Betsaida, le trajeron un ciego, y le rogaban que lo tocase para sanarlo. Jesús lo llevó de la mano fuera de la aldea, y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. El hombre respondió: "Veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan" (RVA). El Señor volvió a poner sus manos sobre los ojos del ciego, y le hizo mirar nuevamente. En seguida, el hombre fue restablecido, y podía ver a todos de lejos claramente. Jesús le dijo que se fuera a su casa directamente, que no volviera a la aldea. (8:22-26)

* Tanto en el caso del tartamudo como en el de este hombre ciego, Jesús hizo el milagro por medio de su saliva, un elemento que sale de su boca. Contrario a lo que sucede con "lo que del hombre sale", que "contamina al hombre" (Mr 7:20), lo que sale de Dios tiene el poder de sanar, de restaurar, de dar vida. 
 
Hay estudiosos que piensan que, siendo Jesús el hombre perfecto en toda su humanidad, incluida la salud de su cuerpo físico, dio parte de su integridad para completar aquello de que carecían estos hombres que él quiso sanar. Lo mismo sigue haciendo en el ámbito espiritual con cada uno de los que está llamando al Reino de su Padre: de sí mismo, Él da al que quiere ojos para ver y oídos para oír; suelta nuestra lengua, y pone palabra en nuestra boca; fortalece nuestros pies para que andemos en Sus caminos y, nuestras manos para que hagamos Sus obras 

** Así como este ciego no podía ver claramente al principio, todo nuevo creyente, que está recién conociendo los rudimentos del evangelio, no es capaz de discernir claramente las cosas espirituales, pero, si persevera en leer las Escrituras y meditar en la Palabra, no tardará en alcanzar madurez para entender las profundidades de la vida en el Espíritu, hasta que comience a ver el mundo con los lentes de la Verdad.

miércoles, 7 de abril de 2021

MARCOS II - Tener Oídos para Oír (Mr 4 - 5)

 (Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer clic en los enlaces.)


(Comenzar en el Estudio de Marcos I)



EL REINO EN PARÁBOLAS


Nuevamente Jesús comenzó a enseñar junto al mar, y se reunió tanta gente que el Señor decidió entrar en una barca para, desde el mar, hablar a la gente que estaba en la playa. Muchas cosas les enseñaba en parábolas; y entre sus enseñanzas, les contó la historia de un sembrador, diciendo: "El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron junto al camino y las aves llegaron y se las comieron". "Otras cayeron en un terreno rocoso, sin mucha tierra. Pronto germinaron, porque la tierra no era profunda; pero como no tenían raíces, cuando salió el sol ardiente, las marchitó y murieron". "Algunas semillas cayeron entre espinos que, al crecer, ahogaron las plantas y no pudieron dar frutos". "Pero algunas de las semillas cayeron en buena tierra y brotaron, crecieron y produjeron treinta, sesenta y hasta cien semillas por cada una sembrada" (NBV). Concluyó, diciendo: "El que tiene oídos para oír, oiga". (4:1-9)

* Una parábola es una narración que pretende enseñar a través de una ilustración. Jesús contaba historias usando ejemplos terrenales para comunicar un mensaje espiritual; sin embargo, muchos se quedaban sólo con la historia terrenal, porque no tenían el don para comprender su profundidad. Esa comprensión no era común en aquel tiempo, debido a que el Espíritu Santo aún no había sido derramado sobre los santos (apartados para Dios), porque Jesús aún no había sido glorificadoy sólo aquéllos a los que Jesús tenía cerca tendrían el privilegio de entender.  El apóstol Pablo, dijo: "El que no tiene el Espíritu no puede aceptar lo que viene del Espíritu de Dios, pues le parece una locura. No lo puede entender, porque hay que discernirlo con la ayuda del Espíritu" (1Co 2:13-14 NBV)

Gracias a la obra de Jesús en la cruz, ahora es diferente, porque, una vez glorificado por Dios el Padre, Jesucristo nos da de Su Espíritu cuando creemos que Él es nuestro Redentor. Los creyentes ahora sí podemos entender las Escrituras, que es palabra viva, cuando las leemos, porque el Espíritu de Cristo en nosotros es quien nos da oídos para oír (v.9), es decir, la capacidad de entender las cosas espirituales. 

 

Cuando Jesús quedó solo, los doce que Él había escogido y los que estaban cerca de Él le preguntaron qué había querido decir con la parábola, y Él les respondió: "A ustedes se les permite entender el secreto del reino de Dios; pero utilizo parábolas para hablarles a los de afuera, para que se cumplan las Escrituras" (NTV), que dicen (citando a Isaías): "por mucho que vean, no perciban; por mucho que oigan, no entiendan; no sea que se conviertan y sean perdonados" (NVI). En seguida, les explicó la parábola, diciendo: "el sembrador siembra la palabra"; los de junto al camino son aquéllos que oyen la Palabra, pero "tan pronto como la oyen, viene Satanás y les quita la palabra sembrada en ellos". La siembra que cae en terreno pedregoso, son aquéllos que "cuando oyen la palabra, de inmediato la reciben con alegría, pero como no tienen raíz, duran poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, enseguida se apartan de ella". La semilla que cae entre espinos, son los que "oyen la palabra, pero las preocupaciones de esta vida, el engaño de las riquezas y muchos otros malos deseos entran hasta ahogar la palabra, de modo que esta no llega a dar fruto". Pero aquella semilla que cae en buen terreno, son los que "oyen la palabra, la aceptan y producen una cosecha que rinde treinta, sesenta y hasta cien veces más" (NVI). (4:10-20)

* Si leemos bien, podemos concluir que, lamentablemente, la mayoría de los ejemplos no se refieren a incrédulos, sino a personas que creen cuando se les habla la Palabra, sin embargo, por las razones explicadas por el Señor, no todos dan fruto, y terminan perdiéndose. Estas palabras también las dijo Jesús: "muchos son llamados y pocos escogidos" (Mt 22:14). 

Los del camino son como los descritos por Pablo en su segunda epístola a los corintios, cuando dijo: "si todavía nuestro evangelio está velado, para los que se pierden está velado, en los cuales el dios de este mundo (Satanás) ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios" (2Co 4:3 NBLA). 

En cambio, los que fueron sembrados en pedregales y entre espinos, Jesús dijo que recibieron la palabra con gozo, pero evidentemente nunca llegaron a ser salvos, porque la recibieron de manera superficial, y no con un corazón dispuesto a ser transformado por ella. El Apóstol Juan, refiriéndose a algunos que habían apostatado de la fe, escribió: "salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros" (1 Jn 2:19), afirmando con esto que la salvación se tiene o no se tiene, pero no se pierde.

Un ejemplo bíblico, donde queda claro que no basta con creer, es la historia de Simón, el mago de Samaria que, habiendo creído la palabra predicada por Felipe, fue bautizado en el Nombre de Jesús, junto a otros que también creyeron; sin embargo, dice la Escritura, que ninguno de los bautizados había recibido aún el Espíritu Santo, que es el sello de garantía que nos da Dios, que indica que somos suyos; consecuentemente, aunque estaban bautizados, ninguno era salvo todavía. De hecho, cuando Simón vio que, por la imposición de manos de los apóstoles, todos recibían el Espíritu Santo, él quiso comprar ese poder, lo que motivó que Pedro lo reprendiera fuertemente diciéndole: "Tu dinero perezca contigo" (Hch 8:20), y lo exhortó a arrepentirse, y a rogar a Dios por si quizás recibiera perdón por esos pensamientos perversos. Puesto que el Espíritu Santo no había venido a Él, porque su corazón no era recto, es evidente que Simón no estaba arriesgando perder su salvación, ya que, aunque había creído, e incluso fue bautizado, no era salvo. 

** Reflexionando en las palabras de Jesús, cuando dijo que los misterios del reino sólo se dan a conocer a los que creen (v.11), podemos comprender por qué muchos de los incrédulos desechan la Biblia, argumentando que no la entienden. Pero los planes de Dios son perfectos, y ése no es motivo para alguien se pierda, porque, cuando Dios llama, al mismo tiempo que llama, cura la ceguera y sordera del corazón, abriendo el entendimiento para que, el que oye el evangelio, crea y sea movido al arrepentimiento para perdón de pecados. Como dice la Escritura: "Despierta además el oído de ellos para la corrección, y les dice que se conviertan de la iniquidad. Si oyeren, y le sirvieren, acabarán sus días en bienestar, y sus años en dicha. Pero si no oyeren, serán pasados a espada, y perecerán sin sabiduría" (Job 36:10-12). Ahora bien, es cierto que un nuevo creyente va a tener dificultades para entender todo lo que lee en las Escrituras, pero puede estar tranquilo, porque el Espíritu que Dios ha hecho morar en él, no lo dejará estar ocioso, y lo empujará a buscar, y le irá abriendo el entendimiento, de modo que, si el creyente es manso y se deja guiar, perseverando todos los días, con el tiempo se llenará de sabiduría de lo alto y de fe.  

En ese sentido oraba Pablo por los nuevos creyentes, diciendo: "Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos..." (Ef 1:18-19 NBLA); "le ruego (al Padre) que Él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder por Su Espíritu en el hombre interiorde manera que Cristo habite por la fe en sus corazones. También ruego que, arraigados y cimentados en amor, ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios." (Ef 3:16-19 NBLA).


También dijo Jesús:  "¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero?, y añadió: "no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz". Volvió a decir que "Si alguno tiene oídos para oír, oiga". Por último, les dijo que pusieran atención a las palabras que le oían hablar, porque "con la medida con que ustedes midan, se les medirá, y aun más se les dará. Porque al que tiene, se le dará más, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará". (4:21-25)

* Me encanta cómo la Biblia Nueva Traducción Viviente traduce los versículos 24-25, pues, a mi parecer, ése es el significado exacto de los dichos de Jesús: "Cuanto más atentamente escuchen, tanto más entendimiento les será dado, y se les dará aún más. A los que escuchan mis enseñanzas se les dará más entendimiento, pero a los que no escuchan, se les quitará aun lo poco que entiendan" (Mr 4:24-25 NTV). En aquel tiempo, era común que los relatos se hicieran de forma oral, por eso Jesús habla de "escuchar atentamente", pero, en estos tiempos no sólo podemos escuchar la Palabra de Dios, sino leerla. En el fondo, lo que Jesús quiere decir es que, mientras más interés ponga el creyente en buscar las cosas espirituales, más entendimiento le será dado. Por el contrario, la indiferencia producirá sequía del corazón. 

Así dice la Biblia: "Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra" (2Tim 3:16-17 NBLA). Es decir, Dios no nos dio su Palabra para que nos llenemos de conocimiento intelectual, sino para que vivamos según ella, y así sea evidente que somos cristianos. Ése es el significado del versículo que habla de la luz que no se debe esconder, y a eso nos exhorta el Señor, cuando dice: "Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos (los que aún no viven bajo el señorío de Jesucristo) puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos" (Mt 5: 16 NVI).     

También dijo Jesús: "... todo lo que está escondido tarde o temprano se descubrirá y todo secreto saldrá a la luz" (v.22 NTV). Este versículo es muy similar al que dice: "por sus frutos los conoceréis" (ver Mt 7:17-20). Por tanto, si no nos sentimos incómodos cuando actuamos de manera contraria a lo que el Señor nos manda, es motivo de preguntarnos si en verdad somos de Él. Si tenemos dudas, ésta debe ser nuestra oración diariamente: "Examíname, Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Señálame lo que en mí te ofende, y guíame por la senda de la vida eterna" (Sal 139:23-24 NBV).

 

Luego, Jesús explicó: "El reino de Dios es como un agricultor que esparce semilla en la tierra. Día y noche, sea que él esté dormido o despierto, la semilla brota y crece, pero él no entiende cómo sucede. La tierra produce las cosechas por sí sola. Primero aparece una hoja, luego se forma la espiga y finalmente el grano madura. Tan pronto como el grano está listo, el agricultor lo corta con la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha"(NTV). (4:26-29) 

* Cada uno de los creyentes hemos sido llamados a ser sembradores de la semilla de la Palabra, pero Dios es el que da el crecimiento. A veces nos angustiamos cuando vemos que las personas a las que hablamos del Evangelio no parecen haber sido impactadas, pero sólo Dios sabe si la semilla plantada dará fruto. El Señor es el que llama; nosotros somos sus obreros, y no debemos dejar de sembrar, aunque a nuestros ojos pareciera que estuviéramos sembrando en el desierto.  


Y continuó diciendo: "¿Cómo puedo describir el reino de Dios? ¿Qué relato emplearé para ilustrarlo?" (NTV). Entonces comenzó a decir:  "Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra". (4:30-32) 

* A veces, unas pocas palabras que salgan de nuestra boca, que hablen de la cruz, de la fe, de la salvación que tenemos en Jesús, del perdón de pecados, de la vida eterna, serán como pequeñas semillas que quedarán plantadas en el corazón de quienes oyen, las que quizás lleguen a convertirse en un árbol que da mucho fruto para el Reino de los cielos. 


El Señor siempre habló en parábolas para enseñar, usando ejemplos que sus oyentes eran capaces de entender, "Sin parábolas no les hablaba. En cambio, cuando estaba a solas con sus discípulos les explicaba todo." (NBV). (4:33-34)


JESÚS CALMA LA TEMPESTAD

Al llegar la noche, mientras aún estaba en la barca, Jesús propuso a sus discípulos pasar a la otra orilla, así que, habiendo despedido a la gente, salieron en la barca; y otras barcas les seguían.  Durante el trayecto, Jesús se acomodó en la popa, y se durmió sobre el cabezal. De pronto, se inició una gran tempestad de viento, y las olas azotaban la barca, por lo cual comenzaron a anegarse. Los discípulos desesperados, despertaron al Maestro, diciéndole: "¿no tienes cuidado que perecemos?". Entonces Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: "Calla, enmudece", y todo volvió a la calma. Dirigiéndose a los discípulos, les dijo: "¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?". Entonces se llenaron de temor, y se preguntaban unos a otros: "¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?" (4:35-41)

* La fe no nos exime de vivir aflicciones; tener fe significa que, ya sea que estemos bien o en medio de la aflicción, confiamos en la soberanía de nuestro Rey, convencidos de que Él está obrando conforme a sus perfectos propósitos. Las aflicciones del creyente son para santificación; en cambio, los que están en rebelión contra Dios obtienen lo que temen. En otras palabras, si es necesario, los creyentes padeceremos tribulaciones, porque a través de ellas seremos perfeccionados y afirmados en la fe, pero debemos tener la tranquilidad de que ningún padecimiento será en vano, y Dios dará la salida. Quizá no lo comprenderemos en esta vida, pero sin dudas, hay un propósito superior en cada aflicción de un hijo de Dios.

** Jesús vino como un ser humano de carne y sangre, y se cansaba, por eso se durmió profundamente mientras navegaban (v.38); pero también era Dios con nosotros, porque ¿Quién puede tener control sobre la naturaleza, sino su Creador?  Y también sabemos, porque las Escrituras lo dicen, que Jesús es el Logos por medio del cual el Gran Yo Soy creó todo. Nada está fuera del control de Jehová; Él es soberano sobre toda su creación.


UN EJEMPLO DE SALVACIÓN

Viniendo en la barca, llegaron a la región de los gadarenos, donde había un hombre endemoniado que vivía en los sepulcros. De día y de noche recorría los sepulcros y los montes gritando, e hiriéndose con piedras. Cada vez que la gente lo encadenaba, él lograba quitarse las cadenas, y desmenuzar los grillos. Cuando el hombre poseído divisó a Jesús a lo lejos, corrió hacia Él, y se arrodilló diciendo: "¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes", porque Jesús ordenaba al espíritu inmundo salir del hombre. Entonces Jesús le preguntó por su nombre, y el demonio contestó "Legión me llamo; porque somos muchos". Cerca del monte donde se encontraban, había un gran hato de cerdos paciendo; entonces los demonios rogaron a Jesús que no los echase de esa región, y que les permitiera entrar en los cerdos, que eran como dos mil. Jesús les autorizó entrar en los cerdos, y en cuanto lo hicieron, los cerdos se precipitaron al mar, y se ahogaron. Entonces, los que apacentaban a los cerdos, al ver lo sucedido, corrieron a dar aviso a los de la ciudad y los del campo, y les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y los cerdos. Impresionados de ver que el hombre que había estado endemoniado ahora estaba vestido y en juicio cabal, tuvieron miedo, y todos rogaban a Jesús que se fuera. Mas el que había sido sanado, le rogaba al Señor que le permitiese permanecer con Él, pero Jesús le respondió: "Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti". El hombre hizo lo que Jesús le mandó, y todos se maravillaban de escuchar su testimonio. (5:1-20)

* Este evento no es una parábola, sino el relato de uno de los tantos milagros que Jesús realizó, sin embargo, quedó escrito, porque contiene un profundo mensaje espiritual: 

El endemoniado representa el estado de la humanidad antes de tener una relación íntima con el Hijo de Dios. Todos nacimos bajo la potestad de Satanás, dominados por el pecado, y ninguno de nosotros tenía ni la capacidad ni el interés de dejar lo que éramos, hasta que Dios abrió nuestros oídos para que oyéramos su llamado, y nuestros ojos para que viéramos a Jesucristo nuestro Salvador, "el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén" (Ro 9:5).

Quizás, muchas veces en el pasado, sentimos la necesidad de liberarnos de hábitos pecaminosos que nos hacían daño, pero no teníamos el poder para hacerlo, porque Satanás nos mantenía cautivos, y sólo oíamos su voz: estábamos muertos en delitos y pecados, influenciados por las cosas del mundo, que es semejante a vivir en medio de los sepulcros, donde este endemoniado tenía su morada (vv.2-3), pero gracias a Jesucristo, fuimos resucitados de entre los muertos por el pecado, y nos fue dada una nueva vida en el espíritu, mediante la fe.

El hato de cerdos (vv.11-13), de acuerdo a lo que hemos aprendido de las Escrituras, simboliza a aquéllos que no conocen la Verdad, porque, igual que los cerdos, no les incomoda vivir en la inmundicia. Dice la Escritura: "Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo..." (Mt 12:43). Un lugar seco es un lugar donde no está la presencia del Espíritu Santo. Es decir, el o los espíritus inmundos no desaparecen cuando son expulsados, sino que salen a buscar un lugar que les acomode para hacer su morada, como es el corazón de un incrédulo que ama vivir en pecado, tal como los cerdos aman sus porquerizas. 

Otra enseñanza que deja esta historia es que muchos rechazan a Jesús (vv. 14-17), porque no quieren abandonar sus estilos de vida llenos de pecado. Sin embargo, afirmamos con convicción que, dejar una vida de pecado no requiere gran esfuerzo cuando uno ha abierto su corazón a Jesús, porque es el mismo Espíritu Santo, que ha venido a morar en el creyente, el que lo empuja a desechar lo que le hace mal, y a adoptar nuevos hábitos que le harán crecer espiritualmente. Con todo, no somos objetos pasivos en el proceso de santificación, porque es nuestra la responsabilidad de escoger obedecer el consejo de Dios antes que seguir permitiendo ser engañados por las promesas de placer que ofrece el mundo. Además, ya no tenemos justificación para inclinarnos hacia el pecado, porque en Cristo ahora somos libres para escoger lo que nos conviene, pues, ya no somos esclavos de las tinieblas como para que estemos obligados a obedecerlas. Es un hecho que, el que llegó a Cristo con un corazón arrepentido, estará deseoso de abandonar lo que antes lo esclavizaba. En este pasaje, lamentablemente, los que apacentaban a los cerdos, habiendo sido testigos del milagro hecho por Jesús, en vez de dar gracias a Dios, y rogar a Jesús que permaneciera con ellos más tiempo, le pidieron que se fuera, porque mayor que el milagro presenciado, era el dolor de haber perdido a sus cerdos, lo que representa el apego a las cosas mundanas.

Por último, el hombre que fue liberado de los espíritus inmundos deseaba estar donde estuviera Jesús (vv.18-20), pero su misión era quedarse en el mismo lugar, a fin de compartir con los suyos el mensaje de la transformación que Jesús había hecho en él. Todos los que hemos sido justificados en la Sangre de Jesús quisiéramos ir donde está Él, pero, aunque ya no somos del mundo, debemos seguir aquí como sus testigos, porque es necesario que muchos más conozcan el evangelio de la salvación por gracia. Como decía el Apóstol Pablo: "Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Ahora bien, si seguir viviendo en este cuerpo representa para mí un trabajo fructífero, ¿qué escogeré? ¡No lo sé! Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que yo permanezca en este cuerpo" (Fil 1:21-24 NVI). 

Igual como Jesús venció al mundo, nosotros, por su Espíritu, podemos vencerlo también 


TRANSITANDO DEL PACTO MOSAICO AL PACTO DEL ESPÍRITU

Volvieron a la barca, y atravesaron a la otra orilla y, estando junto al mar, se reunió una gran multitud a su alrededor. Entonces, vino hasta Jesús uno de los líderes de la sinagoga, llamado Jairo, quien se postró ante él, rogándole que sanara a su hija que agonizaba, diciendo: "ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá". Mientras se dirigían a casa de Jairo, una gran multitud les seguía y apretujaba. Fue cuando una mujer, que hacía doce años sufría de hemorragias, quien había gastado todo lo que tenía para sanarse, pero sólo había conseguido empeorar su condición, vino por detrás, y tocó el manto de Jesús, pensando para sí: "Si tocare tan solamente su manto, seré salva". Tan pronto tocó a Jesús, la fuente de su flujo se secó, y fue sanada. Jesús, sintiendo que había salido poder de Él, preguntó: "¿Quién ha tocado mis vestidos?". La mujer, muy asustada, confesó que había sido ella, y Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote". Mientras ocurría esto, vinieron de la casa de Jairo para avisarle que su hija había muerto, pero Jesús le dijo: "No temas, cree solamente", y pidió que nadie más los acompañara, excepto Pedro, Juan y Jacobo. Cuando llegaron a casa de Jairo, Jesús vio a los que endechaban, y les mandó dejar de hacer alboroto, porque "la niña no está muerta, sino duerme", les dijo. Todos comenzaron a burlarse, así que los echó fuera, y llevó a la habitación de la niña a sus padres y a los discípulos que lo acompañaban; y tomando la mano de la niña, dijo: "Talita cumi", que quiere decir: "niña, a ti te digo, levántate". Y la niña, que tenía doce años, se levantó, y andaba por todas partes. Jesús les encomendó que no divulgaran este milagro, y les pidió que alimentaran a la niña. (5:21-43)

* Estos dos milagros deben relatarse juntos, porque el Espíritu los usa no sólo para exaltar y recordarnos las maravillas que hizo Jesús durante su ministerio terrenal, confirmando que Él era el Mesías, sino porque también guardan un mensaje espiritual. Si bien es cierto, de ambos milagros podemos extraer hermosas enseñanzas sobre la fe en Jesucristo, que tanto la mujer como el padre de la niña mostraron, por lo cual se les concedieron sus deseos, esta vez, iremos más profundo aún, para ver lo que el Espíritu estaba anunciando a través de ellos. 

Marcos dice que la agonizante hija del líder de la sinagoga tenía doce años (v.42); como doce años también llevaba la mujer padeciendo de hemorragias. El número doce estaría señalando a la nación de Israel con sus doce tribus. Tanto la agonía y posterior muerte de la niña, así como la enfermedad de la mujer, indicaban que al pacto mosaico no le quedaban muchos días, y estaba próximo a ser reemplazado por el nuevo y mejor Pacto, anunciado por los profetas, que promete salvar a Israel no por obras que hubieran hecho, sino por la fe en su Mesías, quien ya se encontraba entre ellos. Aquí están los argumentos:

No más sacrificios de sangre

El Pacto instituido en el monte Horeb demandaba el constante derramamiento de sangre de animales puros, a fin de expiar los pecados de Israel para ser justificados ante Jehová. Estas ceremonias se realizaban periódicamente, y no podían cesar, porque la sangre de los animales no tiene el poder de purificar para siempre. Para que el sacrificio tuviera valor perpetuo, se demandaba el sacrificio de un hombre perfecto, sin pecado, para que derramara su sangre como sustituto de los pecadores; esto, porque sólo el ser humano fue hecho a imagen y semejanza de Dios 

La mujer con flujo de sangre representa esas ceremonias, las cuales, con la venida del Mesías, llegaban a su fin, lo que se confirma con la sanidad instantánea que experimentó la mujer al tocar a Jesús (vv.28-29). Porque Jehová envió a su Hijo Unigénito para que se ofreciera en sacrificio como el Inmaculado Cordero de Dios, cuya sangre preciosa iba a ser derramada a favor de los pecadores. Ningún otro humano podía hacerlo, porque sólo Jesús fue concebido sin pecado, motivo por el cual sólo Su sangre tiene el poder de expiar de una vez y para siempre los pecados de los descendientes de Abraham según la fe, que no son sólo el remanente de los hijos de Israel, llamados a ser salvos por gracia, sino, como dice la promesa, gente de "todas las naciones de la tierra" (Gn 18:18), que son bendecidas en Abraham, porque creen que Jesús es el Salvador de sus almas, pues, "los verdaderos hijos de Abraham son aquellos que viven por la fe" (Ga 3:7 NVI).  

No más obras, sólo fe

En cuanto a la niña que agonizaba, no se trataba de cualquier niña; era la hija de uno de los principales de la sinagoga; por tanto, la niña representa la doctrina que por siglos se había enseñado a los judíos, de que, si cumplían lo que la Ley mandaba, iban a ser justificados delante de Jehová, y tendrían vida eterna. Pero lo cierto es que "nadie llegará jamás a ser justo ante Dios por hacer lo que la ley manda" (Ro 3:20 NTV), "porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos" (Stg 2:10). Por tanto, puesto que nadie puede cumplir toda la Ley, en vez de salvar, la Ley condena. Pero esto no significa que Dios hubiera fallado en su plan; las Escrituras lo dicen: la Ley mosaica no fue dada para salvar, sino para mostrar "lo pecadores que somos" (Ro 3:20 NTV); "la ley fue nuestra maestra que nos condujo a Cristo, para que fuésemos justificados por medio de la fe" (Ga 3:24 NBV).

De modo que, "Dios hizo lo que la ley no podía hacer, y, llegado el tiempo propicio, envió a su propio Hijo en un cuerpo como el que nosotros los pecadores tenemos; y en ese cuerpo, mediante la entrega de su Hijo como sacrificio por nuestros pecados, Dios declaró el fin del dominio que el pecado tenía sobre nosotros" (Ro 8:3 NTV). Debido a que "era imposible que la muerte lo mantuviera bajo su dominio" (Hch 2:24 NVI), por cuanto, durante toda su vida "Él no cometió ningún pecado ni hubo engaño en su boca" (1Pe 2:22 NVI), a los tres días Dios lo resucitó, y ahora vive, y está "sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos" (He 8:1 NBLA). Por tanto, habiendo muerto y resucitado como nuestro sustituto, Jesús ha cancelado "el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz" (Col 2:14 NBLA), y nos hizo libres, nuevas criaturas, pues, "mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte. De modo que, así como Cristo resucitó por el glorioso poder del Padre, también nosotros andemos en una vida nueva" (Ro 6:4 NVI).

En resumen, el nuevo Pacto se trata de que Dios nos salva por gracia, no por obras; es decir, por la fe, que "es don de Dios" (Ef 2:8)"El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él" (Jn 3:36 NBLA).   

Mientras el pueblo judío no reconozca a Jesús como su Mesías, está en la misma condición de esta niña, quien estuvo muerta hasta que oyó la voz de su Redentor. Pero si se arrepiente de su pecado de incredulidad, también los hijos de Jacob resucitarán a una nueva vida de la mano de Jesucristo 

** Luego de resucitar a la niña, Jesús mandó que le dieran alimento; esto es, porque todo nuevo recién nacido necesita ser alimentado para crecer. El alimento que todos los resucitados en Cristo necesitamos cada día es la enseñanza de la Palabra de Dios, para crecer en el conocimiento de Dios y de Aquél que murió en nuestro lugar; de lo contrario, seremos creyentes desnutridos, fáciles de engañar, y de derribar ante las aflicciones.  "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4:4). Creer es sólo el principio, el crecimiento lo da Dios, y su Palabra es el alimento principal.

*** Para finalizar este capítulo, quiero reflexionar en una pregunta que se escucha frecuentemente en los medios cristianos: ¿Por quién murió Jesús? ¿Sólo por los creyentes o por todo el mundo? 

El Apóstol Juan parece resolver ese dilema al decir que Jesús "es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo" (1Jn 2:2). Sin embargo, no sabemos si al decir "nosotros", hablaba como judío o como cristiano. Si hablaba como judío, "todo el mundo" puede referirse al resto de las naciones; pero si hablaba como cristiano, "todo el mundo" significa "todo el mundo".

Pero, para evitar enredarnos, creo que hay que separar dos conceptos: la ofrenda por los pecados, y la fe que salva. Para ponerlo en palabras simples: si alguien te envía un regalo, pero tú lo rechazas, ya no podrás hacer uso de él; por el contrario, si al ver el regalo, lo estimas invaluable, porque sabes que no lo mereces; lo recibes con humildad y gratitud, postrándote ante quien te lo da, y comienzas a disfrutarlo. 

La sangre derramada por Jesús en la cruz tiene poder para expiar los pecados de toda la humanidad, no obstante, para que nuestros pecados sean perdonados, debemos creer y rendirnos ante Aquél que se ofrendó por nosotros

Hay quienes rechazan el regalo de Jesucristo, y hay quienes lo reciben con júbilo. Esto último es la salvación por fe  
 
Dios envió a su Hijo "para que todo el que crea en él tenga vida eterna" (Jn 3:15)



(Continuar Estudio en Marcos Tercera Parte)