sábado, 14 de agosto de 2021

MARCOS IV - Morir es Vivir (Mr 8:27 - 10)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer clic en los enlaces.)


(Comenzar en el Estudio de Marcos I)


JESÚS ES EL MESÍAS


Yendo de camino por las aldeas de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?". Y respondieron que algunos decían que él era Juan Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. Entonces les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?", y respondiendo Pedro, dijo: "Tú eres el Cristo". Oyéndole, Jesús les mandó que no lo dijeran a nadie. (8:27-30)

* El Evangelio según San Mateo ahonda más en la respuesta de Jesús a la confesión de Simón Pedro, diciendo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos" (Mt 16:17 NBLA). También dijo "tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no podrán vencerla" (Mt 16:18 RVC). 

La iglesia se edifica "sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor" (Ef 2:20-21 NBLA). La confesión de Pedro (v.29) contiene la piedra fundamental sobre la cual se sustenta la casa espiritual de Dios: la fe en Jesucristo. "El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo único de Dios" (jN 3:18 NVI).

Dice la Escritura: "Si declaras con tu boca que Jesús es el Señor y crees de corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, Dios te salvará. Porque a quien cree de corazón, Dios lo da por justo; y a quien reconoce a Jesús, Dios lo salva" (Ro 10:9-10 NBV). 

Como podemos ver, la iglesia (ekklesía en griego) no es el edificio hecho por manos humanas, sino un templo espiritual que Dios está levantando sobre "la piedra viva, desechada por los seres humanos, pero escogida y preciosa ante Dios" (1Pe 2:4 NVI), que es Cristo, y con nosotros que, como piedras vivas, también estamos siendo "edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo" (1Pe 2:5).  

Recordemos que, antes de partir, Jesús prometió que iba a preparar lugar para nosotros, y lo está haciendo por medio de su Espíritu Santo en su iglesia, la morada de los santos, por la cual Él se entregó en sacrificio "para hacerla santa, y la purificó lavándola con agua por medio de la Palabra. Lo hizo así a fin de presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, sin manchas ni arrugas ni nada semejante, sino santa e intachable" (Ef 2:26-27 NBV).  

Tal como Pedro confesó que Jesús era el Cristo (v.29) por revelación divina, "nadie puede decir: «Jesús es el Señor» sino por el Espíritu Santo" (1Co 12:3 NVI). Es decir, no es un acto de iniciativa humana, sino una decisión soberana de Dios, que es quien llama. El que oye el llamado, sólo tiene que rendirse ante Aquél que lo llama. 

Entonces Jesús comenzó a enseñarles "que el Hijo del hombre tendría que sufrir mucho, y que sería rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Les dijo que lo iban a matar, pero que resucitaría a los tres días" (NBV). Al oír esto, Pedro lo tomó aparte, y trató de convencerlo de no permitir que semejantes cosas le sucedieran, pero Jesús, volviéndose, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: "Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres". (8:31-33)

Es impresionante ver en la persona de Pedro la permanente lucha entre el bien y el mal que se da en los creyentesEn este pasaje vemos a Pedro siendo tentado por Satanás, probablemente, unos pocos minutos después de haber sido llamado bienaventurado, debido a que había recibido revelación de Dios sobre la identidad de Jesús 
 
Del mismo modo en que Satanás engañó a Eva, para que probara el fruto del árbol que Jehová les había prohibido comer, valiéndose de argumentos engañosos con aparente buenas intenciones, lo vemos ahora usando a Pedro para disuadir al Hijo de Dios de dar cumplimiento al propósito para el cual había sido enviadoRecordemos que Jesús fue enviado por el Padre, precisamente para ofrendarse y morir en nuestro lugar, a fin de pagar por nuestros pecados, y liberarnos de la condena a muerte en el fuego que no se apaga, y así darnos vida eterna en Él.  
 
Es muy alentador saber que, aquéllos que hemos renacido del Espíritu de Dios, gracias a Su obra regeneradora en nosotros, ahora podemos escoger a quién escuchar y obedecer, porque antes de la regeneración, éramos esclavos del mal, y sólo teníamos oídos para escuchar la voz de Satanás -la antigua serpiente que aún domina a los del mundo-, pero ahora, que nos fueron dados oídos para oír, tenemos el deseo de seguir a nuestro Pastor, quien nos compró "no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación" (1Pe 1:18-19).


MORIR PARA VIVIR 


Y dirigiéndose a la gente y a sus discípulos, dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará". Explicó que de nada le sirve al hombre ganarse todo el mundo si pierde su alma, ni nadie puede pagar una recompensa a cambio de su alma. Concluyó diciendo: "Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles" (NVI). (8:34-38)

* ¿Qué significa negarse a sí mismo y tomar su propia cruz?  

Un comentarista escribió una definición que comparto plenamente. Él dijo que, negarse a sí mismo significa decidir hacer la voluntad de Dios cuando existe conflicto entre lo que Dios manda y lo que yo deseo. 

El principal mandamiento dice: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente" (Mt 22:37), es decir, con todo lo que somos, renunciando a nosotros mismos. Y el que sigue en importancia, dice: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 22:39); en otras palabras, no cabe duda de que nos amamos a nosotros mismos más que a nadie, y eso debe cambiar. Por lo tanto, cada vez que nos hallemos en la disyuntiva de escoger qué hacer, debemos pensar, primero, si lo que vamos a hacer está de acuerdo con la Palabra de Dios y, segundo, si eso no afectará negativamente a las personas a nuestro alrededor. "Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes; porque en eso se resumen la ley y los profetas" (Mt 7:12 NBLA), dijo el Señor.

Tomar la cruz significa mortificar la carne, es decir, hacer morir nuestro viejo yo. En palabras de Pablo, significa: "quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos" (Ef 4:22 NVI), y ser renovados en la actitud de la mente, poniéndonos "el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad" (Ef 4:24 NVI). Es decir, que nuestro carácter sea transformado conforme al carácter de Jesús, quien nos dejó ejemplo: Él, por amor a nosotros, "aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2:6-8 NBLA). 
 
** Querer ganar el mundo es estéril (v.35), no sólo porque las cosas terrenales envejecen, se corrompen o destruyen, sino porque nada de lo que obtengamos aquí en la tierra nos servirá para el mundo venidero. En cambio, si buscamos "el reino de Dios por encima de todo lo demás" (Mt 6:33 NTV), llevando una vida justa, el Señor nos dará todo lo que necesitamos (no siempre lo que deseamos) aquí en este mundo. El llamado es, entonces, a hacernos "tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar" (Mt 6:20 NVI), y buscar a Jesucristo y su evangelio, pues, Él prometió: "El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Jn 5:24).
  

Por último, les dijo: "hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder". (9:1)

* Muchos interpretan que, de entre los que escuchaban a Jesús, había algunos que no morirían, sino hasta que vieran el regreso del Señor en gloria; sin embargo, es más probable que Jesús se estaba refiriendo a las poderosas manifestaciones que el Espíritu Santo comenzó a hacer por medio de los apóstoles y discípulos, a partir del día de Pentecostés, que se celebró luego de la resurrección de Jesús, cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu de Dios. A partir de entonces, se hicieron muchas señales y prodigios en el Nombre de Jesucristo, que confirmaban la veracidad del evangelio que ellos predicaban.
 
Con todo, otra posibilidad es que El Señor hacía alusión al extraordinario evento que estaba por suceder unos pocos días después, que iba a ser presenciado por tres de sus discípulos más cercanos...


UN ANTICIPO DE JESUS GLORIFICADO

Seis días después, Jesús condujo a Pedro, Jacobo y Juan hasta un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron resplandecientes, tan blancos como la nieve. "Después aparecieron Elías y Moisés y comenzaron a conversar con Jesús" (NTV). Pedro, espantado por lo que sus ojos veían, y no sabiendo lo que decía, propuso construir tres enramadas, una para cada uno. Entonces vino una nube que cubrió todo, desde la cual se oyó una voz decir: "Este es mi Hijo amado; a él oíd". Cuando volvieron a mirar, Jesús estaba solo con ellos. Mientras descendían, Jesús les mandó que "a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos". Así que guardaron en secreto lo vivido, sin embargo, entre ellos se preguntaban qué quería decir el Maestro cuando hablaba de "resucitar de los muertos". (9:2-10)

* Cuando se habla de la Ley y los profetas, se está hablando de toda la Biblia hebrea; es decir, lo que conocemos como el Antiguo Testamento. Aquí vemos a Jesús, representante del evangelio o Nuevo Testamento, conversando con Moisés, en representación de la Ley, y con Elías, representante de los profetas. Es decir, todo el Consejo de Dios expuesto en la gloriosa visión de tres figuras humanas.
 
Hasta antes de Jesucristo, la vida de los judíos había sido guiada por un conjunto de ordenanzas rígidas que ellos trataban de cumplir, pero que no podían, principalmente, porque no entendían cuál era el fondo de tantas reglas. Pero nuestro entendimiento ahora, gracias al evangelio, ha sido abierto, y sabemos que "la Ley se resume en un solo mandamiento: «Ama a tu prójimo como a ti mismo»" (Ga 5:14). Ya, previamente, habíamos citado a Jesús diciendo que, en hacer a los demás como queremos que hagan con nosotros, "se resumen la ley y los profetas" (Mt 7:12 NBLA), lo que se conoce como "la regla de oro".
 
No sólo estos discípulos fueron testigos de la imagen gloriosa de Jesús junto a estos icónicos profetas, sino que, además, estos hombres, criados bajo la ley, tuvieron el privilegio de escuchar la voz desde el cielo decir: "Este es mi Hijo amado; a él oíd" (v.7). Palabras con las cuales Jehová, primero, les estaba confirmando que Jesús era el descendiente prometido a David, cuyo reinado iba a ser afirmado eternamente, respecto del cual dijo por boca del profeta Natán: "Yo le seré por padre, y él me será por hijo" (1Cr 17:13), (motivo por el cual, todo judío entendía que hablar del "Hijo de Dios" era lo mismo que hablar del Ungido de Dios o "Mesías" en hebreo); y segundo, también estaba señalando que Jesús era el profeta anunciado por medio de Moisés, cuando dijo: "Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis" (Dt 18:15), y "toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo" (Hch 3:23). 
 
Lo más interesante es que, después que la voz del cielo dijo: "Este es mi Hijo amado; a él oíd", sólo Jesús había quedado con los discípulos. Ya no estaban Moisés ni Elías, con lo cual se estaba señalando a Jesús como el único "Mediador entre Dios y los hombres" (1Tim 2:5), a quien, por tanto, debían oír y obedecer, no porque la Ley y los profetas hubieran quedado obsoletos, sino porque "todas las promesas de Dios son en Él (en Jesucristo) Sí, y en Él Amén" (2Co 1:20). Porque Jesús no vino para anular la Ley o los profetas, sino para cumplirlos. De hecho, la Escritura, ya citada previamente, dice que la iglesia se edifica sobre "el fundamento de los apóstoles y profetas, (no sólo de los apóstoles, sino también de los profetas) siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor" (Ef 2:20-22).  
 
** La ley mandaba que, para confirmar un testimonio, era necesaria la presencia de dos o tres testigos. Aquí vemos a tres discípulos de Jesús siendo testigos de la gloriosa transformación de la apariencia del Hijo del Hombre, junto a Moisés y Elías, visión de la cual Pedro, tiempo después de la resurrección de Jesús -cumpliendo así con lo ordenado por Jesús (v.9)-, dio testimonio diciendo: "cuando les dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no seguimos fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de Su majestad. Pues cuando Él recibió honor y gloria de Dios Padre, la Majestuosa Gloria le hizo esta declaración: «Este es Mi Hijo amado en quien me he complacido»" (2Pe 1:16-17 NBLA). 
 
*** En el evangelio de Lucas, el escritor revela de qué hablaban Moisés y Elías con Jesús (v.4): "Y hablaban sobre la partida de Jesús de este mundo, lo cual estaba a punto de cumplirse en Jerusalén" (Lc 9:31 NTV).  

ELÍAS YA VINO

Los discípulos preguntaron a Jesús por qué los maestros de la ley decían que Elías debía venir primero. Jesús les contestó que, efectivamente, "Elías vendrá primero a restaurar todas las cosas; pero lo cierto es que ya vino y la gente lo maltrató, tal como está escrito de él. Y lo mismo está escrito acerca del Hijo del hombre, que sufrirá mucho y que será rechazado" (NBV). (9:11-13)

* La frase "... que Elías venga primero?" (v.11) quiere decir "... antes de la venida del Mesías".  Habiendo recibido desde el cielo confirmación de que Jesús era el Mesías (v.7), era lógico que los discípulos se preguntaran si los escribas habrían estado equivocados en su interpretación de las Escrituras, en lo referente al tiempo en que Elías vendría, ya que a ellos no les constaba que Elías hubiera venido antes que Jesús.  

Al parecer, los judíos esperaban que Elías, de cuya muerte no hay registro, sino sólo de que fue llevado en medio de un torbellino al cielo, se presentaría ante ellos anunciando la venida del Mesías. Pero la profecía no habla de la persona de Elías, sino del espíritu y poder de Elías, que estarían presentes en aquél que vendría a preparar el camino al Hijo de Dios, lo cual se cumple en Juan Bautista, cuyo ministerio consistía en preparar un pueblo bien dispuesto para la venida de Salvador de Israel, llamando a los rebeldes a que se volvieran a Dios.

Podemos ver en acción el espíritu de Elías en el primer libro de Reyes, cuando el profeta vuelve a Samaria, después de tres años de sequía, para demostrar al pueblo de Israel, que se había corrompido siguiendo a Baal, que sólo Jehová era el Dios verdadero. En la ocasión, Elías llama al pueblo a tomar una decisión, diciendo: "¿Hasta cuándo vacilarán entre dos opiniones? Si el Señor es Dios, síganlo; y si Baal, síganlo a él" (1Re 18:21 NBLA); y luego les hace presenciar el poder de Jehová manifestándose de manera elocuente sobre la ofrenda en el altar levantado a Su Nombre, dejando en ridículo a los profetas de Baal, quienes, a pesar de hacer todo tipo de actos frenéticos, no consiguieron que sus falsos dioses respondieran. 

Según el relato que Mateo hace de estos eventos, al oír las palabras de Jesús (v.13), los mismos "discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista" (Mt 17:13 NBV), quien vino para cumplir la profecía que dice: "Voy a enviarles al profeta Elías, antes que llegue el día del Señor, que será un día grande y terrible" (Mal 4:5 DHH). 

** El día de Jehová grande y terrible, como lo describe Malaquías, es, probablemente, el día del juicio, cuando se derramen las copas de la ira de Jehová sobre la tierra, evento que debería suceder después que Jesucristo saque a su iglesia de la tierra, lo que se conoce como "el arrebatamiento", porque las Escrituras afirman que los renacidos en Cristo no sufriremos la ira de Dios. 

Considerando que en Mt 11:12-14, Jesús señala a Juan Bautista como el Elías mencionado por el profeta, podemos concluir que estamos viviendo en medio de esta profecía: porque, "antes que venga el día de Jehová, grande y terrible" (Mal 4:5), Jesucristo está llamando. "¡Ahora es el día de la salvación!" (2Co 6:2 DHH); de modo que, "Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan sus corazones" (He 4:7 DHH), dice la Escritura.  

Para huir de la ira venidera, en la Palabra de Dios leemos "que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y si crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo" (...) "Porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo". (Ver Ro 10:9-13; Jl 2:31-32). 


LA GENERACIÓN INCRÉDULA

Cuando regresaron a donde estaba el resto de los discípulos, Jesús vio una gran multitud alrededor, y escribas que discutían con ellos. Cuando el gentío lo vio venir, corrió hacia Él. Entonces, de en medio de la multitud, salió un hombre que le dijo: "Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo, y siempre que se apodera de él, lo derriba, y echa espumarajos, cruje los dientes y se va consumiendo. Dije a Tus discípulos que expulsaran al espíritu, pero no pudieron" (NBLA). Al escuchar, Jesús exclamó: "¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo". Cuando le trajeron al joven, al ver a Jesús, el espíritu inmundo sacudió con violencia al muchacho, quien cayó al suelo, revolcándose y echando espuma por la boca. El padre contó que esto venía sucediendo desde que era un niño. Que había ocasiones en que el espíritu lo empujaba al fuego, otras, al agua, intentando matarle. Entonces, el padre pidió a Jesús misericordia, y que, si algo podía hacer por él, que lo hiciera. Jesús le respondió: "Si puedes creer, al que cree todo le es posible". El padre clamó: "Creo; ayuda mi incredulidad". Cuando Jesús vio que la gente se agolpaba, reprendió al espíritu, diciendo: "Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él". En ese momento, el espíritu, clamando y sacudiendo con violencia al muchacho, salió de él. El joven quedó tirado como muerto, y muchos pensaron que había muerto, pero Jesús le tomó de la mano y lo levantó. Cuando entraron en la casa, los discípulos le preguntaron por qué ellos no habían podido echarle fuera. Jesús respondió: "Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno". (9:14-29)

Los manuscritos más antiguos hallados en los últimos años, que son tenidos por más confiables, ya que es menos probable que hayan sido intervenidos por terceros, no contienen la expresión "y ayuno" al final del versículo 29. El versículo 21 de Mateo 17, de la RVR60, que dice: "Pero este género no sale sino con oración y ayuno", tampoco aparece en los manuscritos más confiables, y habría sido agregado posteriormente.

Este tipo de faltas suele suceder cuando los copistas, por el motivo que sea, incluyen dentro de las escrituras las anotaciones o comentarios que los estudiosos suelen escribir al margen de los textos sagrados. Lamentablemente, algo que no es poco común encontrar puede tergiversar el sentido del texto original, y llevar a interpretaciones erradas.  

**Parecen duras las palabras del Señor, cuando dijo: "Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar?". Sin embargo, no es la primera ni última vez que veremos a Jesús reprender a los discípulos por su falta de fe

La palabra traducida como "soportar", en griego es "ἀνέχομαι" (anejomai), que también puede traducirse como: "ser paciente con", "sobrellevar", "tolerar", "aceptar como válido o verdadero", "aceptar una queja" (Fuente: Diccionario Griego DIB); "aguantar algo", "abstenerse", "mantenerse en contra" (Fuente: Diccionario Strong). Como sinónimo, el diccionario Strong, entre otros, sugiere "cargar", "levantar", "resistir".

La expresión: "¿Hasta cuándo os he de soportar?" no significa, necesariamente, que Jesús se estuviera lamentando de tener que seguir conviviendo con sus discípulos. Quizás, "soportar" aquí debería entenderse en el sentido "cargar"; es decir, Jesús necesitaba mucha paciencia, pues, veía que, después de todo el tiempo que había estado con sus discípulos, enseñándoles sobre las cosas del Reino, tenía que seguir "sobrellevándolos" o "llevándolos a cuestas" o "cargándolos", como quien lleva a un niño en brazos, pues aún no aprendían a andar solos por fe.

Por otra parte, la falta de fe de los discípulos quedó expuesta no por su incapacidad de echar al demonio, sino debido a que el demonio no los reconoció como autoridad a la cual obedecer, debido a su inmadurez espiritual. Para que nuestra luz surja de en medio de las tinieblas, y realmente seamos temidos por los demonios, debemos vaciarnos de nosotros mismos, y comenzar a vivir como hijos de Luz, de modo que seamos llenos del Espíritu de Dios; porque si intentamos expulsar demonios siendo nosotros mismos participantes de las obras de las tinieblas, no conseguiremos nada más que ser ridiculizados, como lo fueron los exorcistas judíos de los cuales habla Lucas en Hch 19:13-16.

Aunque la palabra "ayuno" no aparecería en el texto original, no está de más decir que, ayunar no solamente significa privarse de alimentos, sino también significa negarse a sí mismo para, a cambio, comenzar a practicar la piedad.

** En cuanto a la petición que hizo el padre a Jesús, diciendo: "ayuda mi incredulidad"; no creo que el hombre estuviera pidiendo a Jesús que le diera "más fe" para que el milagro pudiera ser hecho; más bien, le estaba diciendo "creo en ti, pero si haces el milagro mi fe se afirmará". Recordemos que los milagros que acompañaban el mensaje del evangelio tenían por finalidad que la gente creyera que Jesús era el Mesías. Jesús mismo dijo en una oportunidad: "A menos que vean señales y prodigios, jamás creerán" (Jn 4:48 RVA).

Por otra parte, bueno es reiterar que la fe es como un músculo que debe ser ejercitado, y las pruebas son el medio para fortalecerla. Pedro lo expuso de esta manera: "La fe de ustedes es como el oro que tiene que probarse por medio del fuego. Así también su fe, que vale mucho más que el oro, tiene que probarse por medio de los problemas y, si es aprobada, recibirá gloria y honor cuando Jesucristo aparezca" (1Pe 1:7 NBV).

En otras palabras, si estamos pensando pedir a Dios que aumente nuestra fe, tengamos por seguro que habrá pruebas de por medio. Pero no debemos temer, porque Dios no permitirá que seamos probados más allá de lo que podemos soportar, y siempre dará una salida

 

CRECER COMO DISCÍPULO

Saliendo de allí, caminaron por Galilea, pero Jesús quería pasar inadvertido, pues enseñaba a sus discípulos, y les decía: "El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día". Pero los discípulos no entendían todo lo que Jesús les hablaba, y no se atrevieron a preguntarle. Cuando llegaron a Capernaum, Jesús preguntó a los doce de qué discutían en el camino. Pero ellos guardaron silencio, pues, su discusión se centraba en quién de ellos era el más grande. Entonces, Jesús los reunió, y les dijo: "Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos". Entonces, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, diciendo: "El que reciba en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió". (9:30-37)

* Los discípulos aún eran como niños en las cosas espirituales. Ellos llevaban tiempo compartiendo con el Espíritu Santo, pues, éste moraba en plenitud en Jesús, pero ellos todavía no lo habían recibido, porque Jesús aún no había sido glorificado, y sabemos que las cosas espirituales sólo pueden discernirse por el Espíritu. Es por eso que, cada vez que Jesús hablaba en parábolas, después, en privado, les explicaba el significado de sus palabras. Con todo, en ocasiones Jesús les hablaba como a personas maduras espiritualmente, pues la palabra recibida de su parte debía ya estar dando sus frutos en ellos, pero no siempre recibió las respuestas que esperaba.   

Es muy lamentable ver que, después de oír a Jesús decir que iba a ser entregado en mano de hombres que lo iban a matar, y que iba a resucitar, los discípulos, posiblemente, entendiendo que aquél iba a ser el momento de la liberación de Israel de la opresión romana, en vez de estar tristes por lo que el Maestro iba a padecer, ellos se pusieran a discutir sobre quién de ellos era el más importante, quizás ambicionando obtener puestos de autoridad en el nuevo reino.

Al parecer, el estar recibiendo revelación de parte del Hijo de Dios, de cosas que ningún hombre había oído antes, estaba provocando envanecimiento en ellosJesús necesitaba rescatarlos de esa posición, enseñándoles que ninguno era más que el otro, así como tampoco debían despreciar a los más débiles espiritualmente, lo cual ejemplificó tomando al niño y poniéndolo en el centro (vv.36-37), para que comprendieran que, el que recibiera a pequeños como ese niño, estaba recibiendo a Dios. 

Las Escrituras muchas veces nos advierten que no todos alcanzan la madurez al mismo tiempo, por lo cual, los más fuertes en la fe deben ser pacientes, y no condenar a los más débiles, sino acogerlos y corregirlos con amor. Porque todos llegamos a Cristo como niños indefensos, y el haber alcanzado cierto grado de madurez no es motivo de envanecimiento, sino motivo para glorificar al Señor, porque por su Gracia crecemos, para ser usados como colaboradores suyos para edificación de la iglesia. 

** Muchos pueden pensar erróneamente que Jesús estaba advirtiendo a los que querían estar en las primeras posiciones, que su ambición los iba a conducir al último lugar (v.35), pero no es así; lo que el Señor estaba diciendo era que el más humilde es tenido por el más grande en el reino de DiosDe hecho, cualquiera que crea ser superior a sus hermanos está demostrando que aún es muy pequeño espiritualmente. No pocos son los versículos que nos hablan del valor de la humildad en contraposición con la soberbia, y de cuánto Jehová aborrece a los altivos, los cuales no quedarán sin su paga.

 

EL SEÑOR SABE QUIÉNES SON SUS HIJOS

Entonces, Juan dijo al Señor: "Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía". Y Jesús les respondió: "No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es". También les dijo: "cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa". (9:38-41)

En términos generales, los creyentes somos muy celosos de las denominaciones a las que pertenecemos, y tendemos a descalificar las demás instituciones cristianas. Si bien es cierto, es pecado agregar doctrinas de hombres a la Palabra profética más segura, o ignorar que sólo Jesucristo es intermediario válido entre Dios y los hombres, (como hacen algunas religiones que se definen como cristianas); nosotros no somos los llamados a condenar a las personas por sus creencias, sino, más bien, a mostrarles el evangelio. Sólo el Señor sabe quiénes son sus hijos dentro de esas congregaciones y Él mismo enderezará sus caminos, pues, con seguridad, hay mucho pueblo de Dios en medio de ellas. 

Con todo, los líderes de esas instituciones religiosas que tergiversan la Verdad serán juzgados, y recibirán la paga que su pecado merecepero no son los únicos responsables, pues no hay que desconocer la responsabilidad que cabe a los creyentes que caen en el engaño, debido a que, por su pereza, ignoran las Escrituras.

 

También les dijo Jesús: "si alguien hace pecar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar" (NVI). Dijo también "si tu mano te hace pecar, córtatela. Más te vale entrar en la vida manco que ir con las dos manos al infierno, donde el fuego nunca se apaga" (NVI), y "Y si tu pie te hace pecar, córtatelo. Más te vale entrar en la vida cojo que ser arrojado con los dos pies al infierno". "Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al infierno, donde no morirá el gusano que los devora ni su fuego se apagará" (NVI); "porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal", y agregó: "buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis?". Terminó diciendo: "Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros." (9:42-50) 

* Respecto al versículo 42, donde Jesús habla sobre los pequeños del reino, refiriéndose a los más débiles, ya sea porque son nuevos en la fe, o porque no han madurado, Pablo escribió a los creyentes de Roma, diciendo: "Reciban a cualquier hermano aun cuando su fe sea débil, y no entren en discusiones con él" (Ro 14:1 NBV). Esto, porque había hermanos que sólo comían legumbres y no carne, por ejemplo, o que tenían algunos días por más importantes que otros, conforme a sus creencias pasadas. Pablo decía: "El que guarda un día lo hace para honrar al Señor. El que come de todo, come para el Señor y lo muestra dándole gracias. Pero la persona que no come de todo, de esa manera trata también de agradar al Señor, y también le da las gracias" (Ro 14:6 NBV). De modo que, el llamado de Pablo era a no contender por esos motivos, y a tratar de vivir de tal manera que ningún hermano pequeño en la fe tropezara o cayera por culpa de los que más fuertes. Decía Pablo: "En cuanto a mí, tengo la seguridad absoluta de que podemos comer de todo. Pero si alguien piensa que es malo comer algo, no debe comerlo, porque es malo para él" (Ro 14:14 NBV).

Por último, dijo: "Así que aquello de lo que estés convencido, guárdalo como algo entre Dios y tú. Dichosa la persona a quien su conciencia no la acusa por lo que hacePero si piensa que pudiera ser malo comer algo, al comerlo se condena, ya que lo hace sin estar convencido. Cualquier cosa que se haga fuera de lo que uno cree que es correcto, es pecado" (Ro 14:22-23 NBV). 

*¿Qué significa la sal en las Escrituras? (vv.49-50)

Encontramos diversos ejemplos que nos hablan del uso de la sal en los textos bíblicos: se habla, por ejemplo, que Jehová hizo con Israel un "pacto de sal", cuyos estatutos son perpetuos, y debían ser observados por todo el pueblo y por las generaciones venideras. También se dice que el profeta Eliseo purificó las aguas de la ciudad, que eran malas, y que provocaban que el suelo fuera estéril, vaciando en ellas la sal contenida en una vasija nueva, mientras decía las palabras que Jehová ponía en su boca: "Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad". Pablo dijo a los colosenses que debían andar sabiamente, y que la palabra que salía de sus bocas debía ser "sazonada con sal". 

Concluimos, entonces, que la sal es el celo, el amor, la pasión por las cosas de Dios con que, los que hemos sido limpiados, debemos conducirnos en medio de este mundo: sirviendo a nuestro Señor de modo que nuestra luz realmente brille en medio de las tinieblas, y el Nombre de Dios sea glorificado. La sal se hace insípida cuando nos enfriamos; cuando se pierde el compromiso; cuando andamos según nuestro parecer, y no según la sabiduría de Dios, debido a que no hemos sido diligentes en buscarle. Nuestro Señor Jesucristo reprende a los creyentes de la iglesia de Laodicea por su tibieza, y les manda a arrepentirse, a santificarse y a limpiarse los ojos espirituales para que puedan ver de verdad; en tanto que, a los de Éfeso, les acusa de haber dejado su primer amor, y les manda arrepentirse y a volver a sus primeras obras. Cabe preguntarnos, ¿cómo lo estamos haciendo nosotros? 

*** La expresión hebrea que Jesús usa: "donde el gusano de ellos no muere" (v.48) quiere decir que la mente malvada de los condenados nunca descansará.

 

MARIDO Y MUJER NO SON DOS SINO UNO

Estando en la región de Judea, llegaron los fariseos en medio del gentío que se reunía en torno a Jesús, y para tentarle, le preguntaron si era lícito al marido repudiar a su mujer. Jesús les preguntó qué mandó Moisés al respecto. Le respondieron: "Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla" (ver Dt 24:1-4). Entonces Jesús les aclaró: "Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento", pero "al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios" (ver Gn 1:27; 5:2), por esto "dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno" (ver Gn 2:24); "Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre". Luego, estando a solas con sus discípulos, éstos volvieron a preguntarle sobre el tema, a lo que el Señor respondió: "Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio". (10:1-12)

*  La unión sexual es la consumación de la decisión mutua, entre un hombre y una mujer que se aman, de unir sus vidas en matrimonio, para construir juntos un camino hasta que la muerte los separe; motivo por el cual, dicho acto debería de ser tenido como un regalo muy delicado y precioso, que debe ser protegido como un tesoro de gran valor dentro de la intimidad de la pareja. 

En las Escrituras leemos que, al unirse el hombre a su mujer, "la mujer ya no tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposo. Tampoco el hombre tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposa" (1Co 7:4 NVI). También la Escritura dice que Jehová diseñó el vínculo del matrimonio, porque "de esa unión quiere hijos que vivan para Dios" (Mal 2:15 NTV). Lamentablemente, el hombre caído ha transformado la relación sexual en un mero acto físico destinado a obtener placer. Habiéndose perdido el significado profundo que tiene la unión sexual entre un hombre y una mujer, la sociedad (civil y científica) justifica de mil maneras los pecados de fornicación y adulterio. 

En consideración a que no todos tienen el don de continencia, el apóstol Pablo, con la autoridad de que estaba investido, aconseja (no manda) a los casados no negarse el uno al otro, sino cumplir con los deberes conyugales, en cuanto a las relaciones íntimas, a fin de evitar que, por no tener satisfechas esas necesidades del cuerpo carnal que está caído, alguno ceda a la tentación de buscar satisfacerlas fuera del vínculo matrimonial. 

La Palabra de Dios es eterna e inmutable, y el Señor ha manifestado: "¡tengan cuidado de no ser infieles a la esposa de su juventud! Porque el Señor, el Dios de Israel, dice que odia el divorcio y a los hombres crueles. Por eso, ¡tengan cuidado, no cometan ningún tipo de traición!" (Mal 2:15-16 NBV); y también advierte: "Honren el matrimonio, y los casados manténganse fieles el uno al otro. Con toda seguridad, Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio" (He 13:4 NTV).


SER COMO NIÑOS PARA ENTRAR AL REINO

La gente traía sus niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos reprendían a quienes los presentaban. Indignado, Jesús les dijo: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él", y tomándolos en brazos, ponía sus manos sobre ellos, y los bendecía. (10:13-16)

* Recibir el reino de Dios como un niño significa presentarse ante Jesucristo como una hoja en blanco que necesita ser reescrita con la Verdad. Los niños dependen de sus mayores, y van a aprender de ellos. Jesús es nuestro hermano mayor, y ejemplo en todo, al cual debemos venir dispuestos a ser transformados a su imagen y semejanza, que es la Voluntad de Dios para los hombres. 

Nadie tiene derecho a rechazar a otro por considerarlo indigno de recibir el evangelio, porque quizá esa persona sea uno de estos "pequeños" llamados al reino, al cual se le están cerrando las puertas al cielo por su aparente insignificancia. Para el Señor nadie es insignificante.


LAS RIQUEZAS PUEDEN SER TROPEZADERO

Saliendo de allí, vino hasta Jesús un hombre rico que, hincando la rodilla, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?". Jesús, antes de contestar, le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios", y respondiendo, dijo: "Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre". El hombre le contestó que los había guardado todos desde su juventud. Jesús, mirándolo con amor, le dijo: "Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz". El hombre se afligió, y se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús comentó entre sus discípulos: "¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!". Los discípulos, asombrados, se preguntaban "¿Quién, pues, podrá ser salvo?". A lo que Jesús respondió: "Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios". Entonces Pedro le dijo: "He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido". A lo que Jesús respondió: "no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna". Pero, continuó diciendo: "muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros". (10:17-31)

* Llama la atención que Jesús, el ser humano perfecto, pareciera no aceptar el calificativo de "bueno" para él (vv.17-18), y lo dejara como un atributo sólo de Dios. Quizás, porque Él, siendo igual a Dios, no se aferraba a esa condición mientras estaba en su cuerpo carnal, y actuaba en total dependencia de Dios el Padre, permitiendo que fuera el poder del Padre actuando a través de Él el que hiciera y dijera las cosas. Jesús no vino investido de su divinidad, sino como el siervo mortal de Dios, hecho igual a los hombres

Otro posible motivo, y muy relacionado con el anterior, era que Jesús aún no había sido glorificado, exaltación que iba a recibir del Padre sólo si se mantenía en obediencia absoluta a Él, lo cual cumplió a cabalidad, tras someterse a padecimiento, y humillarse a sí mismo, entregando su vida en la cruz para expiación de los pecados de muchos. Cuando dijo: "Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios", Él aún no había sido perfeccionado por las aflicciones, por tanto, no quería recibir gloria de los hombres.

** Las riquezas son una gran prueba para los hombres. La Biblia nos llama a no envidiar al que tiene riquezas, porque, aunque parece que nada le falta, si no tiene a Cristo en su corazón, es el más pobre y miserable de todos. 

El Salmo 73 nos hace comprender por qué hay soberbios que nunca han tenido que sufrir carencias materiales, a los cuales parece que en todo les va bien, mientras que otros, que son piadosos, parece que nunca dejan de sufrir. Angustiado por estos pensamientos, el salmista entra en el Santuario, y allí comprende que los ricos fueron puestos en deslizaderos, y que en algún momento caerán. Entonces, sacudiéndose de su necedad, alaba al Señor, porque se da cuenta de que, habiendo perseverado en la fe, el Señor siempre lo tomó de la mano para guiarlo según su Consejo, y que su riqueza era saber que tenía la esperanza cierta de que finalmente iba a ser recibido en gloria en el Reino de los cielos. Entonces dijo: "¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? y fuera de ti nada deseo en la tierraMi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre". Ese es el pensamiento correcto de un verdadero hijo de Dios.

*** Jesús puso a este hombre rico ante una encrucijada (vv.21-23), la cual todos los que hemos sido impactados por el evangelio en algún momento debemos enfrentar. Estando allí, debemos escoger si entramos por la puerta estrecha o la puerta ancha; es decir, o seguimos viviendo conforme al sistema del mundo, o comenzamos a vivir para Dios, sirviéndolo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, y con toda nuestra mente, "porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella"; pero "estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan" (Mt 7:13,14); lo cierto es que "nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro." (Mt 6:24 NVI). 

Aunque Jesús dijo que "Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios", también dijo que "para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios". En otras palabras, si Dios escogió salvar a un rico, Él despertará su oído para que oiga el llamado, y le mostrará su pecado; si el rico obedece, y se arrepiente, el Espíritu Santo hará la obra transformadora en él, de la misma forma en que Zaqueo fue convertido tras escuchar a Jesús hablar.  

Con todo, hay que aclarar que Dios no está contra las riquezas; de hecho, muchos de los héroes de la fe del antiguo testamento llegaron a ser inmensamente ricos, porque Jehová los bendecía. El problema no son las riquezas, sino el amor que se tenga a ellas. Dice la Escritura: "el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores" (1Ti 6:10). En la Biblia no se manda a los ricos a desprenderse de sus riquezas, sino a no depender de ellas, y a ser generosos con lo que recibieron de Dios. 

**** Pedro, aprovechando la ocasión, comenta al Señor que ellos habían dejado todo por seguirle (v.28), y según Mateo, además preguntó "¿qué, pues, tendremos?" (Mt 19:27). Nuevamente aflora la inmadurez espiritual de los más cercanos a Jesús, pensando en qué obtendrían a cambio de haber seguido a Jesús. La respuesta de Jesús parece abarcar tanto sus intereses terrenales como los espirituales: "De cierto les digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y en la edad venidera, la vida eterna" (Mr 10:29-30 RVA). Aunque no podemos asegurarlo, posiblemente la primera parte de la respuesta de Jesús se refería a la iglesia, que nacería después de la resurrección de Jesucristo, donde todos somos hermanos, familia de Dios, porque sin dudas, habiéndose conformado la iglesia, las persecuciones comenzaron. 

La respuesta de Jesús no se detuvo allí, pues, el continuó diciendo: "Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros" (v.31), versículo que la NTV tradujo con estas palabras: "Pero muchos que ahora son los más importantes en ese día serán los menos importantes, y aquellos que ahora parecen menos importantes en ese día serán los más importantes". En el fondo, Jesús, sabiendo lo que había en sus corazones, reiteró lo dicho previamente: "Quien quiera ser el primero debe tomar el último lugar y ser el sirviente de todos los demás" (Mr 9:35 NTV). 

 

EL BAUTISMO CONSISTE EN MORIR PARA VIVIR

De camino a Jerusalén, Jesús se les adelantó. Los discípulos estaban perplejos, y los que le seguían sentían temor. Entonces, Jesús nuevamente llevó a los doce aparte, y comenzó a decirles todo lo que estaba por suceder: "He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará". Entonces, se acercaron al Señor los hijos de Zebedeo, Jacobo y Juan, para pedirle: "Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda". Jesús les respondió: "No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?". Ellos respondieron que sí, y Jesús les dijo: "A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado". Los otros discípulos se airaron contra los hermanos, y Jesús les dijo que, en el mundo, los que tienen puestos de liderazgo se enseñorean de los que están bajo su autoridad, pero que no es así en el reino de los cielos, porque allí el mayor es el que está dispuesto a servir a los demás, por tanto, si alguno quería ser el primero tenía que aprender a servir a los demás, así como "el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos". (10:32-45)

* Los discípulos seguían mostrándose como niños espirituales, incluso en un momento tan sensible como el que acababan de vivir. Jesús venía de anunciarles todo el sufrimiento que le aguardaba en Jerusalén, y que resucitaría al tercer día (vv.33-34), pero los hijos de Zebedeo parecían no haber escuchado nada; probablemente, porque venían planificando en sus corazones cómo hacer la petición al Señor, e irrumpieron de manera destemplada ante Jesús para pedirle un lugar de honor cuando llegara el momento de Su exaltación (vv.35-37). 

No tenemos argumentos para afirmar qué fue lo que motivó la reacción airada de los otros diez discípulos (v.41), pero es muy probable que su indignación, hasta cierto punto, tuviera que ver con el hecho de que estos dos se les adelantaron a pedir lo que ellos hubieran deseado pedir para sí mismos. Pero Jesús les hace ver que en el cielo los lugares de privilegio están reservados, no para los que creen ser más de lo que son, y desean ocupar posiciones elevadas, sino para los que están dispuestos a humillarse sirviendo a los demás, de lo cual dio ejemplo cuando, siendo Señor y Maestro, se rebajó a lavar los pies de cada uno de sus doce discípulos.

** Aparte del bautismo en agua que recibió de Juan Bautista, había otro bautizo reservado para Jesús (v.38): El Señor debía beber el cáliz de la ira de Dios por causa de nuestros pecados, y morir en nuestro lugar. Porque para eso vino; para ofrendarse como sustituto nuestro, a fin de liberarnos de la ira que caerá sobre los que no se hayan arrepentido de estar rebeldía contra Dios. 

Jesús había manifestado: "Hay un bautismo que debo recibir, ¡y cómo me angustio esperando que se cumpla!" (Lc 12:50 RVC). Ese bautismo era la prueba de la obediencia que debió pasar el Siervo de Dios, quien se humilló hasta lo sumo, llegando incluso a morir en una cruz como los criminales. 

Pero Él sabía que todo aquello era necesario antes de su exaltación, pues tenía la seguridad de que, habiendo sido obediente a Dios toda su vida, su cuerpo no iba a permanecer en la tumba, ni se corrompería, sino que iba a ser transformado en un cuerpo de gloria al ser resucitado por el Espíritu Santo, convirtiéndose así en el primero (las primicias) de muchos hermanos en ser glorificado para vida eterna.

*** Efectivamente, no sólo Juan y Jacobo tendrían que beber de la copa amarga que Jesús iba a beber (v.38), porque lo cierto es que todos los discípulos de Jesús fueron martirizados, y muchos murieron por causa del Nombre del Señor. Pero sólo la vida de Jesús -no la de sus apóstoles, porque también murió por ellos- podía pagar el precio por nuestra redención, porque sólo Él era sin pecado, el Cordero sin mancha; ofrenda perfecta ofrecida a Dios como propiciación por nuestras iniquidades. Sólo Su sangre impecable tiene el poder de limpiar de obras pecaminosas nuestras conciencias de una vez y para siempre. 

En cuanto al bautismo de Cristo, todos los creyentes fuimos bautizados en Su bautismo, pero sin tener que sufrirlo, porque, siendo nuestro sustituto en la cruz, la ira de Dios que merecíamos cayó sobre Él. La Escritura dice que los creyentes "hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo; y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva" (Ro 6:4 NTV). Esto es lo que la Biblia llama la primera resurrección.

Las Escrituras se refieren a Jesucristo como el primogénito de la creación, porque fue el primer ser humano en morir y resucitar en un cuerpo glorificado para vida eterna. Después le seguiremos los que hemos creído en Él: los renacidos en el Espíritu, cuando se lleve a cabo la segunda resurrección, que será nuestra redención final, cuando nuestro Señor vuelva por su iglesia. Entonces los que hayan muerto en Cristo, resucitarán en cuerpos glorificados, y serán llevados a encontrarse con el Señor en la nube, y los cuerpos de aquéllos que sean de Cristo y aún estén con vida, serán transformados en cuerpos de gloria al mismo tiempo que van ascendiendo a encontrarse con el Señor. 

**** No está de más recordar en este punto que la salvación no es fruto de las obras de los hombres, porque el hombre que no ha recibido a Cristo en su corazón no quiere ni puede sujetarse a la Voluntad de Dios, por tanto, vive separado de Dios, y cuando cree estar haciendo obras de justicia, éstas "son como un trapo sucio" (Is 64:6 DHH) ante los ojos de Jehová. Todo el proceso de redención es obra de Dios, y lo único que demanda el Señor es que creamos en lo que Él hizo por medio de Jesucristo su Hijo.  

La Palabra dice que, si no fuera por la misericordia de Dios, ya habríamos sido todos consumidos. El Apóstol Pablo se lamentaba de que sus hermanos israelitas intentaban ser salvos "perfeccionando" la ley de Dios, agregando más y más preceptos a ella, a fin de no correr el riesgo de errar en lo más mínimo, porque no entendían (y muchos aún no entienden) que la ley no fue dada para que se salvaran por ella, sino para guiarlos hasta su Mesías, quien los iba a salvar por la fe. Pablo argumentaba diciendo que nadie, por mucho que se esfuerce, tiene cómo hacer venir del cielo al Mesías para ser salvo; lo que la Escritura enseña, dijo el apóstol, es muchísimo más simple. Dice: "«El mensaje está a tu alcance, en tu boca y en tu corazón». Si declaras con tu boca que Jesús es el Señor y crees de corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, Dios te salvará. Porque a quien cree de corazón, Dios lo da por justo; y a quien reconoce a Jesús, Dios lo salva" (Ro 10:8-10 NBV).


SÓLO EN JESÚS PODEMOS VER DE VERDAD

Después Jesús y sus discípulos vinieron a Jericó. Ya estaban dejando la ciudad, rodeados de una gran multitud, cuando el ciego Bartimeo, que se encontraba mendigando sentado junto al camino, oyó que Jesús de Nazaret se acercaba. Entonces comenzó a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!". A pesar de que muchos le reprendían, él insistía con más y más fuerzas. Jesús entonces se detuvo, y lo mandó llamar; y cuando lo fueron a buscar, le dijeron: "Ten confianza; levántate, te llama". Entonces Bartimeo, arrojando su capa, se levantó y vino hasta Jesús. El Señor le preguntó. "¿Qué quieres que te haga?". Él respondió: "Maestro, que recobre la vista". Y Jesús le respondió: "Vete, tu fe te ha salvado", y en seguida recobró la vista, y comenzó a seguir a Jesús en el camino. (10:46-52)

* Es un milagro conmovedor, que parece imposible de presenciar en estos días, sin embargo, cada día son muchos los Bartimeos a quienes Jesús está llamando para darles la vista, y que puedan ver la Verdad. 

Todos los creyentes fuimos objetos de los milagros de Jesucristo. Él nos llamó, y abrió nuestros oídos para que oyéramos; nos dio ojos para que viéramos; tocó nuestra lengua para comenzáramos a hablar Su palabra y a alabar al Dios eterno; enderezó nuestros pies para que ya no tropezáramos; tocó nuestras manos para que hiciéramos obras santas, y para que pudiéramos alzarlas hacia el cielo, en dependencia de nuestro Señor. 

Ninguno de nosotros era apto para entrar al Reino de los cielos, pero Dios nos hizo aceptos en Jesucristo, dándonos en Él todo "lo que necesitamos para llevar una vida piadosa. ¡Lo hizo cuando conocimos a Aquel que nos llamó por su propia gloria y excelencia!"(2Pe 1-3 NBV), a fin de que seamos para alabanza de Su gloria.


 

(Continuar Estudio de Marcos V)