(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60. Si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer clic en los enlaces.)
ESTE ES EL DÍA QUE JEHOVÁ HIZO, REGOCIGÉMONOS EN ÉL
El Pollino es Atado a la Vid Verdadera
* La mayoría relaciona este evento sólo con la profecía de Zacarías, cuando dice: "he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna" (Zac 9:9). Sin embargo, la primera vez que la Biblia habla de un pollino (cría de asna) es en el libro de Génesis, cuando el patriarca Jacob, antes de morir, bendice a sus doce hijos. Al referirse a Judá, antepasado de Jesús, entre otras profecías, dice: "Atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna, lavó en el vino su vestido, y en la sangre de uvas su manto" (Gn 49:11).
El asna, animal de carga, y el pollino, sobre el cual nadie había montado, simbolizan a los hijos de los dos pactos respectivamente:
- El asna representa a los hijos del pacto hecho en el Sinaí, quienes llevan la carga de vivir intentando salvarse por cumplir las obras que demanda la Ley mosaica, lo cual es imposible si Cristo no está en ellos por medio de su Espíritu, ya que, "la naturaleza pecaminosa (con la que todos nacemos) es enemiga de Dios siempre. Nunca obedeció las leyes de Dios y jamás lo hará"; de modo que "los que viven de acuerdo con su naturaleza pecaminosa jamás podrán agradar a Dios" (Ro 8:7, 8 NTV). En consecuencia, en tanto los hijos de Israel sigan rechazando a su Mesías, por medio de quien recibimos el Espíritu Santo, ellos seguirán llevando sobre sus hombros la pesadísima carga de los pecados que la ley les mostró que cometían, —pues, "mediante la Ley cobramos conciencia del pecado" (Ro 3:20 NVI)— y, por lo tanto, siguen estando bajo condenación.
En las Escrituras, leemos que Jehová dio la sangre para expiación de pecados. Sin embargo, la purificación hecha con la sangre de animales —que forma parte de las ceremonias del pacto mosaico— sólo limpia las conciencias de manera temporal, pero no tiene el poder de quitar los pecados. De modo que, considerando que la ley no puede salvar debido a la debilidad de la carne, ni la sangre de animales es suficiente, es evidente que se necesitaba un sacrificio superior para expiar los pecados de una vez y para siempre; esto es, la sangre de un hombre sin pecado, que diera su vida en lugar de la de todos los pecadores. Sin embargo, ese hombre no podía ser un hijo de Adán, porque los descendientes de Adán nacemos con su pecado. Tenía que ser uno que, como Adán al principio, fuera engendrado sin pecado.
Cabe preguntarse, entonces, ¿Cuál era el propósito de la Ley si no podía salvar? y ¿qué necesitamos hacer los pecadores para cumplir con lo que Dios exige? Pues, bien, así dice la Escritura: "Esto es lo que Dios pide que hagan: que crean en quien él envió" (Jn 6:29 PDT), es decir, en Jesús el Mesías. En cuanto a la finalidad de la Ley, ésta fue dada para hacer consciente a Israel de su pecado, y que se arrepintiera, de modo que estuviera preparado para la venida de Su Mesías, quien fue enviado para salvarlos por la fe, porque, dice la Escritura: "el justo por su fe vivirá" (Hab 2:4); no por obras, para que nadie se jacte, porque la salvación no se gana, es un regalo de Dios.
Y es que "Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que crea en el Hijo de Dios no será condenado. Pero el que no cree ya ha sido condenado por no haber creído en el Hijo único de Dios" (Jn 3:16-18 PDT).
Jesús es ese hombre que nació sin pecado, porque fue engendrado por el Espíritu Santo en una mujer virgen. El Hijo de Dios, habiéndose mantenido obediente al Dios y Padre durante toda su vida, cumplió toda la ley, por lo cual, se mantuvo sin pecado hasta su muerte. Sólo Él pudo ofrecerse como sustituto nuestro para llevar nuestra carga de iniquidad a lugar inhabitado. Sólo Su sangre preciosa tenía el poder de hacer expiación de una vez y para siempre de los pecados de los que creen (judíos y gentiles). Asimismo, por medio de Su Sangre inmaculada, Jesucristo puso en vigencia el nuevo pacto de la salvación por gracia.
- En cuanto al pollino, éste representa a los creyentes del nuevo pacto, que conforman la iglesia de Jesucristo.
En este punto, bueno es recordar que la iglesia no es, como algunos creen, la iglesia de los gentiles, sino que es el lugar donde judíos y gentiles se vuelven un solo pueblo, unidos por el Espíritu Santo que les fue dado cuando creyeron en Jesucristo. De hecho, los primeros integrantes de la iglesia eran de origen judío, de lo cual hay testimonio en, al menos, los primeros nueve capítulos del libro de los Hechos. Recién, a partir del capítulo 9 de Hechos, Pablo (que antes era Saulo) es llamado a llevar el evangelio a los gentiles, pero, aun siendo así, tenía mandato de hablar, primero, a los hijos de Israel, por lo cual, él siempre entraba a las sinagogas cuando llegaba a una nueva ciudad.
El pollino mencionado en el pasaje que estamos estudiando es un animal que nunca ha llevado carga (v.2), pero que, cuando fue hallado, estaba atado. Esto se refiere al hecho de que, siendo descendientes de Adán según la carne, antes de que Jesús saliera a nuestro encuentro, los hijos del nuevo pacto también estábamos atados a la esclavitud del pecado, igual que todos los seres humanos. Pero, así como Jesús envió a sus discípulos a desatar al pollino y llevarlo a Él (v.2), a los que hemos sido libertado de las ligaduras del pecado, Jesús también nos dio mandato de procurar la libertad de otros, diciendo: "vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñen a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les he dado" (Mt 28:19-20 NTV), porque, cuando conocemos a Cristo, y permanecemos fieles a Sus enseñanzas, siendo verdaderos discípulos, conocemos la Verdad y entonces somos libres.
Se representa a los hijos del nuevo pacto en un pollino hijo de asna, porque la iglesia tiene sus raíces en el judaísmo (el asna), pues, no debemos olvidar que la iglesia se está edificando no sólo sobre el fundamento de los apóstoles, sino también de los profetas, "siendo Cristo mismo la piedra más importante de la construcción" (Ef 2:20 PDT). A diferencia de los hijos del antiguo pacto, que llevan sobre sus lomos la pesada carga de una Ley que no pueden cumplir, por tanto, no los puede salvar, los hijos del nuevo pacto, hallamos en Cristo descanso para nuestras almas, pues, Él cumplió la Ley por nosotros, y ahora Él es nuestra Ley, y Sus mandamientos "no son gravosos" (1Jn 5:3), y Su yugo es fácil de llevar, y ligera es Su carga.
En resumen, la entrada de Jesús en Jerusalén y al templo montado en el pollino estaba mostrando cómo se iba a cumplir la profecía de Jacob en Jesús, quien, al montar el asnillo, se hacía uno con él; es decir, en esa acción, en el ámbito espiritual, Jesús estaba enseñando cómo iba a atar el hijo de la asna a la Vid escogida, que es Cristo mismo, para poder entrar juntos a la Ciudad celestial y al Lugar Santísimo, que es el cielo, por el camino que Él mismo abrió con Su cuerpo y con Su sangre.
Por otro lado, continuando con la alegoría, diremos que el asna, en tanto siga siendo asna, no podrá desprenderse de su carga que la condena. Tiene que morir y nacer de nuevo; es decir, volverse pollino para ser salva.
La Higuera Estéril
Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús tuvo hambre, y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó a ella esperando encontrar algo. Al hallar sólo hojas, pues no era tiempo de higos, la maldijo diciendo: "Nunca jamás coma nadie fruto de ti". Sus discípulos lo escucharon. (11:12-14)
* Hay textos bíblicos donde la higuera simboliza a Israel. Los hijos de Israel fueron escogidos por Jehová, entre todos los pueblos, para ser su pueblo especial, celoso de buenas obras. Ellos fueron llamados a ser los edificadores de la casa de Dios en la tierra; sin embargo, por tener puestos los ojos en las cosas terrenales, no fueron capaces de reconocer la piedra preciosa, escogida por Dios, que iba a convertirse en la piedra angular de todo el edificio, que es Cristo mismo, y la desecharon.
El hambre de Jesús (v.12) tiene que ver con las cosas espirituales. Él había dicho: "Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y terminar su trabajo" (Jn 4:34 DHH). Si bien, no era tiempo de higos, al menos debía haber algo en la higuera que indicara que iba a dar fruto, pero no fue así. Los escribas y fariseos, responsables de mantener viva la llama de la Verdad, se volvieron arrogantes, y se jactaban de ser muy correctos y piadosos, pero, como dijo Jesús, no eran más que sepulcros blanqueados, llenos de putrefacción por dentro; de modo que, si bien de lejos lucían bien, como la higuera cubierta de hojas, de cerca, no se apreciaba señal alguna que indicara que iban a dar fruto. El mismo Señor advirtió a los que le escuchaban: "Los maestros de la ley religiosa y los fariseos son los intérpretes oficiales de la ley de Moisés. Por lo tanto, practiquen y obedezcan todo lo que les digan, pero no sigan su ejemplo. Pues ellos no hacen lo que enseñan" (Mt 23:2-3 NTV); "por fuera dan la impresión de ser justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad" (Mt 23:28 NVI).
Tal como la higuera fue maldecida para que nadie comiera de sus frutos, Jesús dijo a los principales sacerdotes y fariseos: "el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él" (Mt 21:43). También llamó a los hijos de Israel a esforzarse por entrar por la puerta angosta que lleva a la salvación, pues, "Habrá llanto y rechinar de dientes, porque verán a Abraham y a Isaac y a Jacob junto con todos los profetas en el reino de Dios, pero ustedes serán echados fuera. Y vendrán personas de todas partes del mundo—del oriente y del occidente, del norte y del sur—para ocupar sus lugares en el reino de Dios" (Lc 13:28-29 NTV).
Habiendo llegado a Jerusalén, entraron al templo, y Jesús empezó a echar de allí a los que vendían y compraban; volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y no permitía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno, y les enseñaba, diciendo: "¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones" (citando Is 56:7; Jer 7:11). Al oírlo los escribas y sacerdotes, comenzaron a planear cómo matarlo, porque le tenían miedo, debido a que la gente lo admiraba. Al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad. (11:15-19)
* En Isaías 56, Jehová hace un llamado a Israel, a observar el derecho y practicar la justicia, porque Su salvación estaba por llegar, y Su justicia iba a ser pronto revelada, refiriéndose a la venida del Mesías. Pues, bien, cuando ocurrieron los hechos que estamos estudiando, el Mesías, que es Jesús, ya estaba en medio de su pueblo, y lo único que se veía en los líderes era indiferencia ante el sufrimiento, y un gran interés por procurarse sus propias ganancias. Era necesario recordar a Israel su llamado, a través de la purificación del templo, que era su mayor símbolo religioso —y un reflejo de lo que estaba ocurriendo en sus corazones— limpiándolo de toda la inmundicia y contaminación mundana que habían introducido en él. El templo de Jerusalén, en vez de ser casa de oración como Jehová había dicho, en manos de los líderes judíos se había convertido en un mercado donde todo tipo de negocios estaba permitido.
Está escrito: "Mi celo por tu casa arde como un fuego dentro de mí" (Sal 69:9 NBV), pues, aquí vemos El fuego purificador encendiéndose, y al Señor comenzando a usar su aventador para limpiar su era. Si bien es cierto, no era el templo terrenal de los judíos el que iba a convertirse en "casa de oración para todos los pueblos" (Is 56:7), sino la casa que iba a edificarse con gente de todas las naciones llamadas a salvación, que es la iglesia, Jesús estaba dando una señal a Israel de la necesidad que tenían de volverse a los caminos de Jehová.
A la mañana siguiente, mientras pasaban, vieron que la higuera que Jesús había maldecido estaba seca desde las raíces. Entonces Pedro le dijo a Jesús: "Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado", y Él le respondió: "Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá". También dijo: "Cuando estén orando, primero perdonen a todo aquel contra quien guarden rencor, para que su Padre que está en el cielo también les perdone a ustedes sus pecados" (NTV). (11:20-26)
* Es importante destacar que, cuando Jesús dijo: "cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice..." (v.23) lo hizo mientras conversaban sobre la higuera seca. Siendo ése el contexto, probablemente Jesús quería decir, como ya lo había anunciado, que la hora había llegado de entregar la tarea de edificar la casa de Dios a otros obreros que realmente produjeran el fruto esperado (ver Mt 21:43), por tanto, el monte al que Jesús se refiere sería el monte de poder que se había tomado el templo de Jerusalén, amenazando la salvación de Israel, por cuanto sus líderes estaban lejos de los caminos de Jehová. Prontamente, por sobre ese monte, y por sobre todo otro monte, se iba a alzar el verdadero monte de la casa de Jehová que no es terrenal: es el monte de la Jerusalén celestial, cuya cabeza es el Mesías, al cual, como está escrito, correrán todas las naciones, y muchos pueblos vendrán a él.
Es lo que creemos, basándonos en la Palabra de Dios, que dice: "En los últimos días, el monte de la casa del Señor será el más alto de todos, el lugar más importante de la tierra. Se levantará por encima de las demás colinas, y gente del mundo entero vendrá allí para adorar" (Is 2:2 NTV). Aquí el profeta no está hablando de Jerusalén y su templo, sino de la iglesia de Jesucristo, lo cual confirmamos por las palabras del autor de la epístola a los Hebreos, que dijo a los creyentes del Nuevo Pacto: "Ustedes no se han acercado a una montaña que se pueda tocar, a un lugar que arde en llamas, un lugar de oscuridad y tinieblas, rodeado por un torbellino, como les sucedió a los israelitas cuando llegaron al monte Sinaí" (...) "ustedes han llegado al monte Sion, a la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, y a incontables miles de ángeles que se han reunido llenos de gozo. Ustedes han llegado a la congregación de los primogénitos de Dios, cuyos nombres están escritos en el cielo. Ustedes han llegado a Dios mismo, quien es el juez sobre todas las cosas. Ustedes han llegado a los espíritus de los justos, que están en el cielo y que ya han sido perfeccionados. Ustedes han llegado a Jesús, el mediador del nuevo pacto entre Dios y la gente..." (He 12:18, 22-24 NTV).
*** La oración con fe es una de esas armas poderosas que podemos usar no sólo contra los falsos maestros, que se alzan como montes desviándonos del camino, sino también para derribar otro tipo de montes, como son las fortalezas mentales que se formaron en nosotros mientras nos desarrollábamos como individuos, a las cuales les atribuíamos el poder de ser insuperables antes de conocer a Jesucristo. Por ejemplo, si antes éramos esclavos de la ira, el desenfreno, la idolatría, el egoísmo, la falta de perdón, la cobardía, la lujuria, adicciones, etc., ya no tiene que ser así, porque cuando Cristo nos recibe rendidos a sus pies, Él nos hace nacer de nuevo, por tanto, somos nuevas criaturas en Él. Ya no somos esclavos del pecado, como para que tengamos que obedecerle. En consecuencia, si permanecemos en Cristo, orando en todo tiempo para ser transformados, todos esos montes de injusticias pueden ser echados al mar, dejando el camino despejado para sembrarlo de justicia.
"Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2:20 NBLA).
No Todos son Ovejas del Buen Pastor
Cuando volvieron a Jerusalén, mientras andaba por el templo, vinieron a Jesús los principales sacerdotes, escribas y ancianos, y le preguntaron: "¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?" Jesús respondió que les iba a decir con qué autoridad hacía las cosas, si ellos le respondían la siguiente pregunta: "El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?". Ellos comenzaron a discutir entre sí, diciendo: "Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? ¿Y si decimos, de los hombres…?" Entonces, por temor a la gente, que tenía a Juan por un verdadero profeta, dijeron a Jesús: "no sabemos". A lo cual Jesús respondió: "Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas". (11:27-33)
* Hay un refrán que dice que no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír. Los líderes judíos seguían a Jesús por todas partes, buscando encontrar en él cualquier falla que le hiciera tropezar, lo que los convirtió en testigos de primera línea de todos y cada uno de los milagros que Jesús hizo, y de cada palabra que el Maestro pronunció; sin embargo, no vieron ni oyeron lo que para el resto era evidente, y cayeron en pecados imperdonables: rechazaron a su Mesías, y lo entregaron a los gentiles para que lo asesinaran; y atribuyeron a Belzebú los milagros que Jesús hacía por el Espíritu Santo.
Jesús había dicho a los tercos líderes judíos: "ustedes no creen porque no son de mi rebaño. Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen" (Jn 10:26-27 NVI); "El que es de Dios escucha lo que Dios dice. Pero ustedes no escuchan, porque no son de Dios" (Jn 8:47 NVI); "Ustedes son de su padre, el diablo, cuyos deseos quieren cumplir" (Jn 8:44 NVI).
La Viña del Señor
Jesús entonces comenzó a hablarles en parábolas. Contó que un hombre plantó una viña, la cercó, cavó un lagar, edificó una torre y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Cuando llegó el tiempo de la cosecha, envió a uno de sus siervos para recibir su parte de la cosecha, pero los labradores golpearon al siervo, y lo despidieron con las manos vacías. El dueño envió varios otros siervos, pero todos sufrieron igual afrenta, y a unos incluso los mataron. Entonces, el hombre decidió enviar a su hijo amado, pensando que a él lo respetarían, sin embargo, los labradores dijeron: "Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra"; y lo mataron y echaron fuera de la viña. Jesús concluyó la parábola diciendo: "¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros". En seguida, les recordó las Escrituras que decían: "La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo; el Señor ha hecho esto, es cosa maravillosa a nuestros ojos" (ver Sal 118:22-23). Los líderes, comprendiendo que la parábola se refería a ellos, buscaban la manera de prender a Jesús, pero, por temor a la multitud, lo dejaron y se fueron. (12:1-12)
* Esta parábola de la viña es muy similar a la que dijo Isaías, donde cuenta que un hombre plantó una viña esperando recibir uvas dulces, pero recibió uvas silvestres, por lo cual, el hombre la desecha, y le quita las protecciones, dejándola expuesta a ser pisoteada y destruida. Isaías termina diciendo "La nación de Israel es la viña del Señor de los Ejércitos Celestiales. El pueblo de Judá es su agradable huerto. Él esperaba una cosecha de justicia, pero, en cambio, encontró opresión. Esperaba encontrar rectitud, pero, en cambio, oyó gritos de violencia" (Is 5:7 NTV).
Los hijos del pacto de la Ley no dieron el fruto esperado. Sus líderes se habían envanecido y ya no veían más allá de sus propios intereses, por lo cual, el pueblo de Israel, al cual debían estar guiando, también se había extraviado de los caminos de Jehová. La viña del Señor debía ser entregada a otros obreros que realmente rindieran el fruto deseable; pero, para que eso fuera posible, un nuevo pacto debía instituirse, el cual iba a tener un nuevo Mediador: el Mesías, el Hijo de Dios.
Jehová prometió que iba a hacer un nuevo Pacto con Israel, diciendo: "Haré con ellos un pacto eterno, de que Yo no me apartaré de ellos para hacerles bien, e infundiré Mi temor en sus corazones para que no se aparten de Mí" (Jer 32:40 NBLA). Ahora bien, la pregunta que muchos se hacen es: ¿cómo es que Jehová infunde Su temor en el corazón de los de Su pueblo, para que no se aparten de Él, sin convertirlos en autómatas que no pueden decidir por sí mismos? Esto, porque sabemos que el hombre nace en pecado, sin ojos para ver ni oídos para oír la Verdad divina, por tanto, nace en rebeldía contra Dios. Como está escrito, sin la intervención divina, que llama, abre los ojos y despierta el oído, el hombre natural no puede ni quiere hacer la Voluntad de Dios.
Gracias al evangelio, ahora sabemos que, infundir Su temor en los corazones, es la obra para la cual Dios envía Su Espíritu Santo a morar en los creyentes, cuando éstos ponen su fe en la sangre de Jesucristo. Es lo que conocemos como regeneración o nuevo nacimiento. Lo que el Espíritu hace es transformar al individuo desde su interior, haciéndolo, primero, consciente de su pecado para guiarlo al arrepentimiento, y, luego, produciendo en él tanto el querer como el hacer, conforme a la perfecta Voluntad de Dios. No es una obra de coerción, sino un proceso de amor en que el Espíritu concede a los creyentes el poder crecer espiritualmente, produciendo en ellos el interés por ser renovados, y abriendo su entendimiento por medio de la Palabra (que se lee y se escucha), llegando ellos, de este modo, a conocer la grandeza de Dios, así como "la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto" (Ro 12:2 DHH), hasta que, por convicción, gratitud y amor al Señor, aprenden a escoger "lo mejor, para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo" (Fil 1:10 NBLA). A esto se refería Jesús, cuando dijo a Nicodemo, uno de los principales líderes judíos: "en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios"; "Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te asombres de que te haya dicho: «Os es necesario nacer de nuevo»" (Jn 3:3, 6-7 LBLA).
Otra cosa que Israel ignoraba es que el nuevo Pacto no sólo atañe a los hijos de Jacob, sino que es para todas las naciones. Es a través de este pacto —el Pacto de la Gracia— que Jehová cumple la promesa hecha al patriarca Abraham, cuando dijo: "en ti serán benditas todas las familias de la tierra" (Gn 12:3 LBLA). Además, el apóstol Pablo —de origen judío— dijo que "no todos los descendientes de Israel son Israel; ni son todos hijos por ser descendientes de Abraham" (...) "no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa son considerados como descendientes" (Ro 9:6-7, 8 NBLA). En otras palabras: "los que son de la fe son bendecidos con Abraham, el creyente" (Ga 3:9 NBLA).
Como el Apóstol Pablo explica, esto no significa que Dios se haya equivocado, porque "aun en este tiempo ha quedado un remanente (de los hijos de Israel) escogido por gracia" (Ro 11:5). Además, en cuanto a la ley mosaica, como ya dijimos, ésta cumplió exactamente el motivo por el cual Jehová la dio a Israel: enseñar al pueblo escogido la voluntad de Jehová, de manera de prepararlo para la venida de su Mesías, quien los iba a salvar por la fe.
** En cuanto a los siervos afrentados y asesinados de que habla la parábola (vv.2-5), no sólo está señalando a los profetas que, desde tiempos antiguos fueron ignorados y maltratados por los líderes israelitas, (aunque los que discutían con Jesús argumentaban que nunca hubieran matado a los profetas si hubiesen vivido en la época de sus padres, por lo cual el Señor los llamó hipócritas), sino también a la persecución y matanza que estaban por comenzar contra los creyentes, después de matar al Hijo del Señor de la Viña; respecto de lo cual, el Señor les anunció: "he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación" (Mt 23:34-36).
Después de estas palabras, Jesús se lamentó por lo que estaba por ocurrir, diciendo: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor" (Mt 23:37-39). El tiempo para que Israel diera fruto se acababa, pero no todo estaba perdido para ellos, pues a todo judío que reconozca que Jesús es el Cristo, su fe le es contada por justicia.
*** Jesús es la piedra proporcionada por Dios, que fue desechada por los edificadores —los hijos de Israel—, la cual llegó a ser la cabeza del ángulo del edificio (vv. 10-11), pero también se convirtió en piedra de tropiezo que hizo caer a los que habían sido llamados a levantar la casa de Dios en primer lugar; sin embargo, eso no impidió que el edificio espiritual hoy se siga levantando, "sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Ef 2:20), por medio de otros obreros, quienes voluntariamente trabajan bajo el señorío del Hijo de Dios.
LA AUTORIDAD DE JESÚS
En el Mundo, Pero Ciudadanos del Reino Celestial
Se acercaron a Jesús unos fariseos y algunos herodianos, con la intención de hacerle caer en la trampa de decir algo que les diera motivos para hacerlo arrestar. Entonces comenzaron diciendo: "Maestro, sabemos que tú dices la verdad, sin dejarte llevar por lo que diga la gente, porque no hablas para darles gusto. Tú enseñas de veras el camino de Dios" (DHH), y luego le preguntaron: "¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?". Percibiendo la hipocresía de los que preguntaban, Jesús les pidió que le trajeran una moneda para verla, y les preguntó de quién era la imagen tallada en ella. Le respondieron que era de César. Entonces les dijo: "Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios". La respuesta del Señor los dejó asombrados. (12:13-17)
* El pueblo judío estaba sometido a la opresión del imperio romano, y Roma le cobraba tributos a favor de César; incluso contrataba a judíos para hacer esta labor, razón por la cual, estos recaudadores —conocidos como publicanos— eran tenidos por traidores de Israel. Los israelitas tenían sus propias ordenanzas escritas en la ley, y allí se les mandaba pagar el diezmo al templo; por lo cual, ellos detestaban tener que tributar, además, al imperio que los subyugaba. Sin embargo, Jesús no había venido a librar al pueblo judío de la opresión del dictador de turno, ni para llamarlos a una rebelión. Jesús había venido para hacer que los hijos de Israel se volvieran a Jehová, y pudieran ser salvos del mundo.
Igual que en el pasado, en este tiempo, el mandato a los creyentes es a someternos a las autoridades terrenales, y orar por ellas. Lo cierto es que, mientras estemos en este mundo, debemos hacer lo que las leyes del país dicten, a menos que sean contrarias a la ley de Dios. En todas las Escrituras vemos este mandato: cumplir, primeramente, la ley de Dios, sin dejar de hacer lo que nos mandan las autoridades humanas. En otras palabras: dar a César lo que es de César, y a Dios, lo que es de Dios.
La Vida Después de la Resurrección
Luego vinieron los saduceos, que no creían en la resurrección, y citaron la ley de Moisés, donde dice que, si un hombre casado muere sin dejar descendencia, su hermano deberá casarse con la viuda para dar descendencia al hermano fallecido. Entonces le relataron la historia de una familia de siete hermanos, donde el mayor se casó, y murió antes de tener descendencia. El hermano que seguía se casó con la viuda, pero también murió antes de dejar descendencia, y lo mismo ocurrió con el resto de los hermanos: se casaron sucesivamente con la mujer, y murieron sin dejar descendencia. Luego de morir el séptimo hermano, murió también la mujer. Entonces, los saduceos preguntaron a Jesús: "en la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?". Jesús les respondió: "El error de ustedes es que no conocen las Escrituras y no conocen el poder de Dios. Pues, cuando los muertos resuciten, no se casarán ni se entregarán en matrimonio. En este sentido, serán como los ángeles del cielo" (NTV). Y en cuanto a si los muertos resucitan, les preguntó: "¿no han leído en el libro de Moisés, en el pasaje sobre la zarza, cómo Dios le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”?". Terminó diciendo: "Él no es Dios de muertos, sino de vivos. ¡Ustedes andan muy equivocados!" (NVI). (12:18-27)
* Muchas veces nos hemos preguntado ¿cómo va a ser la vida después de la resurrección? La Biblia no dice mucho al respecto. Pero Juan, en Apocalipsis, nos permite tener un pequeño anticipo de lo que será, al describir la visión que el ángel de Jesús le dio, diciendo que vio "un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar"; que Dios "enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte ni llanto, tampoco lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir" (Ap 21:1, 4 NVI); que, en la ciudad Santa, llamada la nueva Jerusalén, "no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos" (Ap 22:3-5). Pero, con respecto a la vida en la tierra nueva; de qué manera serviremos y glorificaremos a Dios y al Cordero, no sabemos más que lo que el Señor nos dice en este pasaje: que seremos como los ángeles, que no se casan ni se dan en casamiento.
** ¿Quiénes son los vivos y los muertos para Dios? (v.27). Cada ser humano que viene al mundo ha sido concebido en pecado, por tanto, aunque es un ser vivo, espiritualmente está muerto, a menos que Dios le dé vida por la fe.
Tanto para los que vivieron bajo el antiguo pacto, como para los del nuevo pacto, la salvación se alcanza por la fe; y la fe verdadera se evidencia en que el que cree, ama hacer la Voluntad de
Dios; por eso la Escritura dice que la fe sin obra está muerta, es justicia, que evidencien que se está produciendo una transformación en el creyente, se trata de una fe estéril. Los creyentes del Antiguo Testamento dieron testimonio de su fe al obedecer a Jehová, y actuar según Dios les mandaba, porque sabían que Jehová es Dios fiel, y que cumple sus promesas. En la epístola a los Hebreos hay un resumen que habla de todos estos hombres y mujeres de fe. Si bien es cierto, todos ellos murieron en la carne, no están muertos para Dios, porque, por su fe, Dios les ha dado vida eterna.decir , si no se ven frutos de
Lo interesante es que, "aunque todos fueron aprobados por su fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Es que Dios tenía preparado algo mejor: los perfeccionará a ellos cuando nosotros (los del nuevo pacto) también lo seamos" (He 11:39-40 NBV). Esto quiere decir que, los creyentes del antiguo pacto y los del nuevo recibiremos la herencia prometida al mismo tiempo, pues, "la promesa que Dios hizo de dar toda la tierra a Abraham y a sus descendientes no se basaba en la obediencia de Abraham a la ley, sino en una relación correcta con Dios, la cual viene por la fe" (Ro 4:13 NTV). Además, la promesa no fue dada a través del pacto mosaico, sino cuatrocientos treinta años antes. "Por lo tanto, Abraham es el padre espiritual de los que tienen fe, pero no han sido circuncidados. A ellos se les considera justos debido a su fe. Y Abraham también es el padre espiritual de los que han sido circuncidados, pero sólo si tienen la misma clase de fe que tenía Abraham antes de ser circuncidado" (Ro 4:11-12 NTV).
En esta era de la Gracia —que corre desde la resurrección de Jesús hasta que Él vuelva—, en tanto no seamos justificados por la fe en Cristo, seguiremos estando muertos, siendo esclavos del príncipe de las tinieblas. Pero Dios quiere que vivamos, y le ha placido dar vida eterna al que cree en el Hijo. Dice su Palabra que, "si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo" (Ro 10:9-10 NVI). Así lo afirma la Escritura: "El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida" (1Jn 5:12). Por tanto, "Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan sus corazones" (He 4:7).
Ésta es la promesa que Jesús dejó escrita tanto para judíos como para gentiles de estos días: "Les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida" (Jn 5:24 NVI); "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?" (Jn 5:25-26 NVI)
Cómo Amar a Dios
Un escriba que había visto a Jesús disputar con los saduceos, y que reconoció que el Señor les había respondido bien, preguntó al Señor: "¿Cuál es el primer mandamiento de todos?". Jesús contestó: "El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas" (ver Dt 6:1-5). Continuó diciendo: "el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos" (ver Lv 19:18). A lo cual, el escriba respondió: "Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios". Entonces Jesús, viendo que había respondido con sabiduría, le dijo: "No estás lejos del reino de Dios". Desde entonces, nadie más se atrevió a hacerle preguntas. (12:28-34)
* Según Mateo, el interés del escriba era poner a prueba a Jesús, quien, reconociendo la sabiduría del Señor, y quizás con la intención de mostrarse superior, dio su aprobación a lo dicho por Jesús, y complementó a sus dichos citando a Oseas y Deuteronomio. A lo cual, el Señor le respondió: "No estás lejos del reino de Dios", evidenciándose que Jesús era la Autoridad, y no el pretencioso intérprete de la ley.
** Para que sepamos qué significa amar a Dios con todo el corazón, y con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (v.30), iremos al diccionario griego de Strong, y a The Lexham English Bible (LEB), que nos ayudarán a comprender la profundidad que hay detrás de cada palabra que hemos destacado:
- Corazón: καρδία (kardia). STRONG: "corazón (figurado), pensamientos o sentimientos (mente)". "En el Nuevo Testamento, usado solamente en sentido figurado"; "el asiento de los deseos, sentimientos, afectos, pasiones, impulsos, es decir, el corazón o la mente". LEB: "Ser interior, no se refiere nunca a la parte del cuerpo llamada literalmente "corazón", se refiere a las áreas del ser interior, incluyendo: la voluntad, la mente, los deseos, etc., aunque la facultad del intelecto puede estar ligeramente enfatizada".
- Alma: ψυχή (psychē). STRONG: "aliento, es decir, (por implicación) espíritu, abstracto o concreto ..."; "persona, ser, vida, muerte, alma, ánimo, corazón". "El alma, esa parte inmaterial que el hombre tiene en común con los animales". LEB: "ser interior, corazón, mente; facultad psicológica; vida, alma, el yo (con frecuencia se lo traduce por el pronombre personal); aquello que está en alguien para dar vida y diferenciación, persona, como ser vivo".
- Mente: διάνοια (dianoia). STRONG: "pensamiento hondo, (propiamente) la facultad (mental o su disposición), (por implicación) su ejercicio: —entendimiento, mente, pensamiento". LEB: "mente, razonamiento, entendimiento, pensamiento, modo de pensar, disposición, manera de pensar, pensamiento, contenido de lo que uno piensa, estar dispuesto a aprender, prepararse para la acción"
- Fuerza: ἰσχύς (ischys). STRONG: "fuerzas, a la fuerza (literal o figurado): — poder, potencia, potente, fuerza". LEB: "capacidad, con la implicación de potencial personal, fuerza, poder".
Entonces, amar a Dios no es algo emocional. El amor a Dios debe ser intencional. Nuestra vida tiene que estar rendida a Él para que podamos amarlo con todo lo que somos: nuestros pensamientos y sentimientos, nuestros deseos, afectos y pasiones. Nuestro intelecto, lo que pensamos, y cómo pensamos, nuestras capacidades, y todo lo que hacemos debe estar consagrado al Señor.
En Deuteronomio, Moisés dijo al Pueblo: "El Señor tu Dios circuncidará tu corazón y el de tus descendientes, para que lo ames con todo tu corazón y con toda tu alma y así tengas vida" (Dt 30:6 NVI). Por tanto, habiendo el Señor circuncidado nuestro corazón por el bautismo en la sangre de Jesucristo, nosotros podemos amarle como Él debe ser amado, pero necesitamos dejarnos llenar del Espíritu Santo, siendo fortalecidos en Su Palabra, para que crezcamos arraigados y cimentados en amor, y que podamos comprender cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, y así seamos llenos de la plenitud de Dios. En otras palabras, necesitamos menguar al yo, y que Cristo sea formado en nosotros. Sólo estando revestidos de Cristo, conoceremos lo que es el verdadero amor.
Así lo resumió el apóstol Juan: "En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos. Y estos no son difíciles de cumplir" (1Jn 5:3 NVI). Recordemos que el apóstol está escribiendo a creyentes que tienen el Espíritu de Cristo morando en ellos, ya que, sin el Espíritu es imposible obrar según la justicia de Dios. De esto habla la Escritura que dice: "Estamos todos infectados por el pecado y somos impuros. Cuando mostramos nuestros actos de justicia, no son más que trapos sucios" (Is 64:6 NTV). El Espíritu es quien nos capacita para amar a Dios.
¿Es Jesucristo Simplemente un Descendiente de David?
Estaba Jesús enseñando en el templo, y preguntaba por qué los escribas llamaban al Mesías "hijo de David", si fue el mismo David quien lo llamó "Señor", cuando, inspirado por el Espíritu Santo, escribió: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies". Si David lo llama "Señor", preguntó: "¿cómo es posible que el Mesías sea su hijo?" (NTV). Y la gente lo escuchaba con entusiasmo. (12:35-37)
* Jesús efectivamente era descendiente de David según la carne, porque nació de María, de ascendencia davídica, y fue adoptado como hijo legítimo por su esposo José, también descendiente de David, (de modo que Jesús gozaba de todos los derechos legales de primogénito, incluso en lo referente a su linaje real según la carne, del cual Mateo hace un exhaustivo resumen en el primer capítulo de su evangelio); pero fue engendrado en ella siendo virgen, por el Espíritu Santo, antes de desposar a José. De modo que, el Mesías no sólo era del linaje de David,
sino también su raíz , porque, s i bien es cierto, según la carne, nació como un día determinado en el tiempo, Su origen no se limita al tiempo, pues, también es el Hijo de Dios, por tanto, igual a Dios, que existía antes de que el mundo fuese. Siendo así, más que hijo es Señor de David.descendiente de David
También Jesús enseñó: "Cuídense de los escribas, a quienes les gusta andar con vestiduras largas, y aman los saludos respetuosos en las plazas, los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes; que devoran las casas de las viudas, y por las apariencias hacen largas oraciones" (NBLA). El Señor terminó diciendo que éstos recibirán mayor condenación. (12:38-40)
*La Escritura dice: "Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad" (Stg 3:1 NVI).
La hipocresía de los líderes judíos de esa época, y de todo aquel que se aprovecha de la grey del Señor el día de hoy, no quedará sin castigo. Éstos son, probablemente, los que, llegada la hora del juicio, dirán a Jesús: "Señor, Señor, ábrenos", y Jesús les dirá "no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad" (Lc 13:25, 27). Porque esos falsos pastores no están cuidando de las ovejas, ni están en los asuntos del reino, sino que se aman a sí mismos; viven ocupados en satisfacer los deseos de su carne, de sus ojos, la vanagloria de la vida. Y sabemos que "nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo" (1Jn 2:16 NTV).
Jesús dijo: "A todo el que se le ha dado mucho se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho se le pedirá aún más" (Lc 12:48 NVI).
Dar Con Corazón Alegre
Estaba Jesús sentado cerca del cofre de las ofrendas, viendo cómo todos echaban dinero, y muchos ricos echaban grandes cantidades de dinero. También vino una viuda pobre que echó sólo dos monedas de poco valor. Entonces Jesús llamó a sus discípulos, y dijo: "De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento". (12:41-44)
* El fundamento de la ofrenda es algo muy difícil de entender por muchos creyentes, y a no pocos les cuesta darla sin cuestionar; en especial, cuando son nuevos en la fe.
La primera ofrenda hecha a Dios, que menciona la Biblia, fue la de los hermanos Caín y Abel, hijos de Adán y Eva. Abel era pastor; Caín, labrador, y sus ofrendas consistieron en dar cada uno del producto de sus trabajos. Sabemos que Jehová vio con buenos ojos la ofrenda de Abel, pero no la de Caín. Aunque las Escrituras no son específicas en lo que motivó el rechazo de la ofrenda de Caín, por las palabras de Jehová, quien, viendo el malestar de Caín, le dijo: "¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo? Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto" (Gn 4:6-7 NVI), entendemos que la ofrenda de Caín, incluso si hubiera sido de sus mejores frutos, no fue hecha con un corazón bueno, quizás, porque le pesó dar las primicias de sus cosechas.
Para una mejor comprensión de la ofrenda, los creyentes, primero, debemos reconocer que todo lo que tenemos y logramos en esta vida es por la Gracia de Dios. Siendo así, el fruto de nuestro trabajo, sean nuestras posesiones, nuestras profesiones, la inteligencia para obrar, etc., proviene del Señor, por tanto, cada vez que ofrendamos, nosotros no estamos dando al Señor de lo nuestro, sino de lo que Él tuvo a bien poner en nuestras manos para que lo administráramos de la mejor manera. De modo que, cuando ofrendamos, lo hacemos como una acción de gracias a Dios por lo que Él ha hecho por nosotros, y por darnos el privilegio de ser copartícipes, con lo que no es nuestro, sino de Dios, de la obra que Él hace a través de la iglesia, para llevar a muchos a la salvación.
Si nos pesa sacar un pequeño porcentaje del fruto de nuestro trabajo para ofrendar al Señor, significa que hemos hecho del dinero un ídolo. No olvidemos las palabras del apóstol Pablo, quien dijo: "El amor al dinero es la raíz de toda clase de mal; y algunas personas, en su intenso deseo por el dinero, se han desviado de la fe verdadera y se han causado muchas heridas dolorosas" (1Ti 6:10 NTV). Examinémonos, por tanto, para ver qué hay en nuestro corazón. "Después de todo, no trajimos nada cuando vinimos a este mundo ni tampoco podremos llevarnos nada cuando lo dejemos" (1Ti 6:7 NTV).
Consecuentemente, cuando ofrendemos, hagámoslo "como un acto de generosidad y no como una imposición..." (2Co 9:5 NVI). "Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría" (2Co 9:7 NVI). Y "recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará" (2Co 9:6 NVI).
EL FIN DE LOS TIEMPOS
* La respuesta de Jesús no sólo se refiere a la destrucción del magnífico templo de piedra de Jerusalén. El Señor, en un breve resumen, hace un recorrido por todo lo que estaba por comenzar en el período que abarca desde su exaltación en los cielos, por haber obedecido a su Dios y Padre, y morir en la cruz por nosotros, hasta cuando regrese, en gloria y majestad, para sacar su iglesia antes de la destrucción del mundo. Este período se conoce como "los últimos tiempos" o "los tiempos postreros"; es un tiempo de gran bendición, pero también de mucha tribulación.
Estamos viviendo los últimos tiempos y, por la Gracia de Dios, el Espíritu Santo está siendo abundantemente derramado sobre los hombres que confiesan a Cristo como su Señor y Redentor, sellándolos para vida eterna. Pero, junto con esta salvación masiva, también comenzaron tiempos violentos, de los cuales todos estamos siendo testigos.
Luego de la última cena, en el aposento alto, Jesús oró al Padre por sus discípulos, para que fueran guardados del mal. Si consideramos las palabras que dijo el Señor en este capítulo, la oración del aposento alto no era para que Dios los librara de la persecución que estaba por comenzar contra ellos, sino más bien para que Dios guardara sus almas de no caer en apostasía por la persecución, y otras pruebas que debían padecer por causa del Nombre. De hecho, casi todos sus apóstoles murieron martirizados, excepto Juan, que probablemente murió de muerte natural, pero que no se eximió de sufrir en su carne por el evangelio, pues, las últimas revelaciones (Apocalipsis) de parte de Jesucristo las recibió estando preso en la isla de Patmos, en Grecia. Todos estuvieron, no sólo dispuestos, sino gozosos de padecer y morir por el evangelio, pues, su fe les aseguraba que ningún sufrimiento en esta vida es comparable a la dicha de la vida eterna junto al Rey de Reyes y Señor de Señores
** En lo referente a la destrucción del templo (vv.1-2), esta profecía se cumplió en el año 70 d.C., casi cuatro décadas después de que Jesús lo anunciara. El imperio romano, en manos del ejército comandado por Tito, destruyó el edificio del templo durante la primera guerra judía contra el poderío romano, ocurrida entre los años 66 y 73 d.C. El templo fue saqueado y quemado. Su principal vestigio es el muro de las lamentaciones, correspondiente al muro occidental del que otrora fuera un magnífico edificio de grandes bloques de piedra.
*** El cumplimiento de otra profecía de Jesús, cuando dijo a sus discípulos que serían entregados a las sinagogas, y ante autoridades y reyes, lo cual daría pie para que el evangelio también les fuera anunciado a ellos (v.9), lo podemos ver en el libro de los Hechos. En el mismo tratado, escrito por Lucas, podemos ver el poder de la Gracia del Señor obrando a través de los apóstoles (v.11), luego de ser sellados con el Espíritu Santo en Pentecostés, y cómo ellos, llenos del Espíritu, comenzaron a predicar el Evangelio con valentía, ante todos los que encontraban por el camino, no importando su rango o condición, pues, ya no temían a lo que pudieran sufrir en la carne, ya que tenían los ojos puestos en el gozo de la gloria eterna.
También el Señor dijo que, cuando vean "la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (ver Dn 9:27; 11:31; 12:11), puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes"; que "el que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa". Dijo también que será especialmente lamentable para las que estén encinta y que críen hijos en aquellos días. Por último, les dijo: "Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno". (13:14-18)
* Aquí Jesús vuelve a referirse a los hechos que culminaron con la destrucción del templo. Lo creemos así, porque Lucas, en su versión de estos hechos, en vez de usar la expresión "la abominación desoladora", que usan Mateo y Marcos, utiliza las siguientes palabras: "cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado" (Lc 21:20 RVR), lo que coincide con los hechos ya narrados, ocurridos en el 70 d.C.
La Segunda Venida del Hijo del Hombre
Jesús dijo: "aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá". Agregó que "si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas, por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días". Reiteró que no hay que creer si alguien dice que Cristo vino y anda por tal o cual lugar, porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, que "harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos". Agregó que todo esto lo dice para que estemos alerta. (13:19-23)
* Como dijimos, los últimos tiempos ya están corriendo desde que entró en vigencia el segundo pacto, por medio del cual Dios salva por gracia, por la fe en Jesucristo, el cual fue instituido con la sangre que Jesús derramó en la cruz.
Aunque el libro del Apocalipsis es de muy difícil interpretación, creo que hay cosas que ya comenzaron a cumplirse a partir de la exaltación de Jesús, quien, habiendo sido perfeccionado por la aflicción, y cumplido con lo que el Padre le había pedido, fue hallado digno de recibir, de la mano del Todopoderoso, el rollo escrito por ambos lados, sellado con siete sellos, que da plena autoridad al Hijo del Hombre sobre toda la creación, por lo cual tiene poder para suprimir todo dominio, autoridad y potencia, y dar vida eterna a los que creen en Él.
Desde entonces, los siete sellos habrían empezado a abrirse, pues, junto con la exaltación de Jesús en los lugares celestiales, y la predicación de la gloria del evangelio, comenzó aquí en la tierra la persecución de la iglesia. Ya son muchos los que han muerto por causa del evangelio, y siguen siendo asesinados. Pero no sólo los hijos de Dios padecen, sino que la tierra misma sufre dolores de parto: hay guerras y rumores de guerra, pueblos que padecen hambre, pestes, desastres naturales en todas partes que causan la muerte de muchas personas. Falsos profetas y falsos mesías se han levantado por todo el mundo, y la maldad y apostasía van en aumento. Sin embargo, mientras todo esto está ocurriendo, la Gracia de Dios se sigue derramando a través de sus hijos que, mediante la predicación del Evangelio, cooperan llevando luz a millones, quienes, si escuchan el llamado, están siendo marcados en sus frentes con el sello del Espíritu Santo, apartados para Dios.
** El enemigo de nuestras almas no sólo se revela en las aflicciones, sino también en las falsas promesas de bienestar. Recordemos que es llamado el Engañador, por tanto, mientras aguardamos el retorno del Señor para sacar su iglesia del mundo, nosotros debemos estar velando, porque "surgirán falsos Cristos y falsos profetas que harán señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los elegidos" (v.22 NVI). Nunca olvidemos que nuestro "enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar" (1Pe 5:8 NVI).
También dijo el Señor que, "después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas". Entonces, dijo, "verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria". Y "enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo". El Señor dijo que debemos aprender de la higuera esta lección: "Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca"; asimismo, dijo: "cuando vean que suceden estas cosas: ustedes se darán cuenta de que el tiempo está cerca, a las puertas" (NBV). Y agregó que "no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca". Por último, dijo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". También dejó en claro que, "de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre". (13:24-32)
* Dios y el Hijo son Uno, pero cuando Jesús salió de Dios para encarnarse, se despojó de su divinidad, y se hizo semejante a los hombres. En su condición humana, Jesús se sujetaba plenamente a lo que Su Padre en el cielo mandaba, por tanto, hacía y hablaba lo que Dios le enseñaba, pero había información que Dios no había compartido con el Hijo (v.32), como, por ejemplo, el día en que el Hijo del Hombre regresará para juzgar a los hombres.
** ¿A qué se refería Jesús cuando dijo: "no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca"? (v.30). Esto puede tener dos significados: primero, que Jesús dijo estas palabras para referirse sólo a la destrucción del templo (vv. 2, 14-18), evento que, como dijimos, ocurrió en el año 70 d.C., de lo cual esa generación fue testigo y padeció sus efectos. O, segundo, que, al decir "generación", hacía alusión a la generación de hijos que están naciendo del Espíritu por la fe en Jesucristo. En otras palabras, quizás el Señor estaba diciendo que, la generación de los santos no se exime de la gran tribulación, y permanecerá en la tierra hasta que Jesús venga para sacar su iglesia, antes de que se derramen las siete copas de la ira, ya que, gracias a que Jesús pagó por sus pecados, fueron librados de recibir la ira de Dios.
Entonces, el Señor llamó a sus discípulos a velar y a permanecer en oración, pues nadie sabe cuándo se cumplirá el tiempo. Lo ejemplificó diciendo que es como un hombre que se fue lejos, y dejó su casa al cuidado de sus siervos, dando a cada uno tareas por hacer, y al portero le ordenó que permaneciera velando. Por tanto, dijo Jesús, "velen, porque no saben cuándo viene el señor de la casa, si al atardecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga de repente y los halle dormidos". Y terminó diciendo: "lo que a ustedes digo, a todos digo: ¡Velen!" (NBLA). (13:33-37)
* Pablo, hablando del mismo tema, escribió a la iglesia: "ustedes, hermanos, no están en la oscuridad, para que el día del regreso del Señor los sorprenda como un ladrón. Todos ustedes son de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad; por eso no debemos dormir como los otros, sino mantenernos despiertos y en nuestro sano juicio. Los que duermen, duermen de noche, y los que se emborrachan, se emborrachan de noche; pero nosotros, que somos del día, debemos estar siempre en nuestro sano juicio. Debemos protegernos, como con una coraza, con la fe y el amor, y cubrirnos, como con un casco, con la esperanza de la salvación" (1Ts 5:4-8 DHH).
Hay un dicho popular que dice: "camarón que se duerme, se lo lleva la corriente". Nosotros no debemos ser como camarones que se duermen, sino como los salmones que nadan contra la corriente, y estar siempre velando por no caer en los engaños "del príncipe del imperio del aire, quien ahora mismo está operando en el corazón de los que se rebelan contra el Señor" (Ef 2:2 NBV).
Pedro escribió a la iglesia diciendo que, junto con haber conocido a Cristo, "mediante su divino poder, Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para llevar una vida de rectitud" (2Pe 1:3 NTV). Precisamente por esto, nos dice: "deben esforzarse en añadir a su fe la buena conducta; a la buena conducta, el entendimiento; al entendimiento, el dominio propio; al dominio propio, la paciencia; a la paciencia, la devoción; a la devoción, el afecto fraternal; y al afecto fraternal, el amor. Si ustedes poseen estas cosas y las desarrollan, ni su vida será inútil ni habrán conocido
en vano a nuestro Señor Jesucristo " (2Pe 1:5-8 DHH ).
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