viernes, 10 de abril de 2026

Marcos VI - Jesús es Nuestra Pascua (Mr 14 - 16)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60. Si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer clic en los enlaces.)


(Comenzar en el Estudio de Marcos I)


PREPARANDO LA PASCUA


Faltaban dos días para conmemorar la pascua y la fiesta de los panes sin levadura, y los líderes judíos buscaban la forma de prender a Jesús por medio de artimañas, para matarlo; pero acordaron que lo harían después de las celebraciones, diciendo: "No durante la fiesta para que no se haga alboroto del pueblo". (14:1-2)

* La pascua era una de las fiestas anuales que Israel debía conmemorar por mandato divino. Cada catorce del primer mes del año, —en el calendario hebreo es el mes de nisán, que corresponde a marzo o abril en nuestro calendario— se celebraba la pascua, y a partir de ese día, y durante siete días, se celebraba la fiesta de los panes sin levadura. Cada año los hijos de Israel debían conmemorar la Pascua sacrificando un cordero por familia, a fin de que el pueblo nunca olvidara el día en que Jehová los liberó de la esclavitud en Egipto, cuando envió la última plaga: la muerte de los primogénitos egipcios. En esa ocasión, antes de enviar al destructor, Jehová había mandado a Israel sacrificar un cordero por familia, con cuya sangre debían pintar los dos postes y el dintel de sus casas, a fin de que el ángel de la muerte, que heriría a los hijos de Egipto, viendo la sangre del cordero, siguiera de largo, y no hiriera a los primogénitos de Israel. 

Los líderes judíos que acechaban a Jesús, hasta este momento de la historia, ignoraban el significado profundo de ese rito. Mucho menos, podían imaginar que ese año ellos mismos iban a ser quienes llevarían a cabo el último y definitivo sacrificio pascual demandado por Jehová: la crucifixión del Hijo de Dios. Porque Jesús fue el perfecto Cordero que Jehová dio al mundo para ser ofrendado como propiciación por los pecados, pues, sólo Su sangre impecable tiene el poder de quitar el pecado del pueblo santo perpetuamente. Esto significa que, igual como el ángel de la muerte no podía tocar los hogares que habían sido protegidos con la sangre del cordero en Egipto, la muerte segunda —que es la condenación eterna en el lago de fuego— ya no tiene poder sobre los que ponen su fe en la Sangre de Cristo, y vivirán eternamente. 

En consecuencia, por medio de esta única e irrepetible ofrenda, se puso fin a las ceremonias de sacrificio de animales para expiación de pecado, por cuanto, la muerte vicaria del Cordero de Dios a nuestro favor fue suficiente propiciación para satisfacer la justicia divina de una vez y para siempre.

** En cuanto a la fiesta de los panes sin levadura, se trataba de una celebración que comenzaba junto a la pascua, y que duraba siete días, durante los cuales estaba prohibido comer pan leudado; y "cualquiera que coma algo leudado desde el primer día hasta el séptimo, esa persona será cortada de Israel" (Ex 12:15 NBLA), advirtió el Señor. Para comprender su significado, vamos a remitirnos a lo escrito por el Apóstol Pablo, quien dijo: "Desháganse de la vieja levadura para que sean masa nueva, panes sin levadura, como lo son en realidad. Porque Cristo, nuestro Cordero pascual, ya ha sido sacrificado. Así que celebremos nuestra Pascua no con la vieja levadura, que es la malicia y la perversidad, sino con pan sin levadura, que es la sinceridad y la verdad." (1Co 5:7-8 NVI). En otras palabras: puesto que el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo ya fue sacrificado, ahora es tiempo de vivir para Dios, despojándonos de todo peso de pecado, desvistiéndonos del viejo hombre, y revistiéndonos de Jesucristo, nuestro Señor, porque a la Nueva Jerusalén, la Ciudad de Dios, no entrará "ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero" (Ap 21:27).


EL CORDERO SE APRESTABA A SER SACRIFICADO

Un día, mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Simón el leproso, en Betania, una mujer que traía un vaso de alabastro, con un carísimo perfume de nardo puro, se acercó y, rompiendo el vaso, lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Algunos de los presentes se enojaron mucho, y decían: "¿Para qué este desperdicio de perfume? Podía haberse vendido por el salario de más de un año de trabajo para dárselo a los pobres" (NVI), y la reprendían con severidad. Jesús les dijo que la dejaran tranquila, porque siempre habrá pobres a quienes ayudar, pero a Él no lo iban a tener para siempre. Y Agregó: "Ella hizo lo que pudo. Ungió mi cuerpo de antemano, preparándolo para la sepultura" (NVI). Finalmente, dijo que, dondequiera que se predique este evangelio, se recordará lo que ella hizo. (14:3-9)

* Por el evangelio según san Juan (Jn 12:1-9), sabemos que la mujer es María, hermana de Marta y de Lázaro, a quien el Señor resucitó. También sabemos que Judas Iscariote era uno de los que criticaban a María por el derroche, pero Juan se encarga de aclarar que Judas "dijo esto no porque se interesara por los pobres, sino porque era un ladrón y, como tenía a su cargo la bolsa del dinero, acostumbraba a robarse lo que echaban en ella" (Jn 12:6 NVI).

También sabemos que este hecho no es correlativo con lo que Marcos comenzó a narrar en este capítulo, pues, el asedio de los líderes judíos a Jesús, que estudiamos previamente, ocurrió dos días antes de la pascua (vv.1-2); y la unción de Jesús por María sucedió seis días antes (ver Jn 12:1-8). Quizás, lo que motivó a Marcos insertar aquí este episodio fue que, probablemente, esta discusión fue la que llevó a Judas a tomar la lamentable decisión de entregar a Jesús en manos de los líderes judíos; pues, lo siguiente que Marcos escribe, dice:

"Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo". Los líderes judíos se alegraron de oír lo que Judas había venido a hacer, y prometieron darle dinero a cambio. Así que, a partir de entonces, Judas comenzó a buscar el momento propicio para entregarlo. (14:10-11)


LA TRAICIÓN

El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando se sacrifica el cordero de la pascua, Jesús dio indicaciones a dos de sus discípulos para ir a la ciudad a preparar la pascua en un gran aposento alto, que alguien había arreglado para que Jesús comiera la cena junto a los doce. Llegada la noche, estando sentados a la mesa, Jesús les dijo: "De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar". Todos se inquietaron, y comenzaron a preguntar ¿Seré Yo? Jesús respondió: "Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato". Aclaró que, si bien es cierto, todo debía ocurrir así en cumplimiento a la profecía, agregó: "¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido". (14:12-21)

* Hay muchos que piensan que Judas Iscariote fue una víctima en manos de Dios para cumplir sus propósitos; pero Judas sólo fue víctima de su propia maldad. Dios siempre da una salida, y deja en nuestras manos escoger vida o muerte, bendición o maldición. Judas escogió la peor parte.

De hecho, Judas tuvo el privilegio de formar parte del círculo más íntimo de Jesús. Él estaba entre los doce escogidos, a quienes Jesús les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, y para sanar enfermedades. Es muy probable que el autor de Hebreos tenía en mente el pecado de Judas, cuando dijo que "es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venideroy recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento" , pues, agregó: "la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada" (He 6:4-8). Judas es el primer apóstata de la era del cristianismo.

 

LA CENA EN EL APOSENTO ALTO

Mientras comían, Jesús tomó pan y, habiendo pronunciado la bendición, lo partió y se lo dio a los discípulos, diciendo: "Tomad, esto es mi cuerpo". En seguida, tomando la copa de vino, dio gracias, y la pasó a sus discípulos para que todos bebieran, mientras decía: "Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada", y agregó: "Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta aquel día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios" (NVI). (14:22-25)

* Dentro de los milagros de Jesús que más se recuerdan están aquellos en que alimentó a miles de personas tras multiplicar unos pocos panes. Posteriormente, la gente lo buscaba para que les diera más pan, pero él les dijo: "Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre" (Jn 6:27). Cuando ellos le preguntaron cuáles eran esas obras de Dios que debían poner en práctica, él les respondió: "Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado" (Jn 6:29). Luego les dijo que no era el maná el verdadero pan del cielo, sino Aquél que Dios envió (refiriéndose a sí mismo), para dar vida al mundo, pues, el que coma de este pan nunca morirá. Y explicó: "el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo" (Jn 6:51), y agregó: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él" (Jn 6:54-56).  

Al oír esto, muchos de sus seguidores se escandalizaron y lo abandonaron, porque no entendieron que, cuando Jesús hablaba de comer Su carne y de beber Su Sangre, estaba hablando de creer.

En la última cena, Jesús vuelve a hablar de comer su carne y beber su sangre, representándolo con dos elementos: el pan y el vino: "Mientras estaban comiendo, Jesús tomó un pan y dio gracias a Dios. Luego lo partió, lo dio a sus discípulos y les dijo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo.» Después tomó una copa llena de vino y dio gracias a Dios. Luego la pasó a sus discípulos y les dijo: «Beban todos ustedes de este vino. Esto es mi sangre..." (Mt 26:26-28 TLA). 

través del partimiento del pan, del cual todos debían comer, y de la copa de vino de la cual todos debían beber (vv.22-24), Jesús estaba dando a conocer el significado de Su muerte que, algunas horas después, iba a protagonizar en la cruz. Cuando el Señor partió el pan y lo repartió, estaba enseñando que, por medio de Su cuerpo quebrantado en el calvario, igual como el pan que alimenta al que come, Dios daría vida a todo el que cree. Dicho en otras palabras: si creemos en el corazón que Jesús tomó nuestro lugar en la cruz, quedamos limpios de culpa (justificados ante Dios), porque Él dio su vida a cambio de la nuestra, para pagar la deuda de pecado que teníamos con Dios, porque "el pecado da como pago la muerte, pero Dios da como regalo la vida eterna en unión con nuestro Señor Jesucristo." (Ro 6:23 PDT). Pero no sólo debemos comer el pan; también el vino debe ser bebido, porque representa Su sangre derramada, la cual, por no estar contaminada de pecado, tiene el poder de expiar, de una vez y para siempre, los pecados de todos los que ponen su fe en ella, de modo que, habiendo sido lavados y justificados por la fe en la obra de Jesucristo, hemos sido reconciliados con Dios para siempre. 

Pablo explica de esta manera cómo opera la justificación en Jesús, diciendo que, ser bautizados por la fe en Él significa que "ustedes fueron sepultados con Cristo, y fueron también resucitados con él, porque creyeron en el poder de Dios, que lo resucitó. Ustedes, en otro tiempo, estaban muertos espiritualmente a causa de sus pecados y por no haberse despojado de su naturaleza pecadora; pero ahora Dios les ha dado vida juntamente con Cristo, en quien nos ha perdonado todos los pecados. Dios anuló el documento de deuda que había contra nosotros y que nos obligaba; lo eliminó clavándolo en la cruz. " (Col 2:12-14 DHH). 

Así dice la Palabra de Dios: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Jn 3:36).

** También Jesús dijo que el vino representa la sangre del nuevo pacto (v.24). Probablemente, los discípulos tampoco imaginaban que hablaba de la sangre que, como el Cordero de Dios, estaba por derramar en la cruz, con la cual, iba a inaugurar el nuevo pacto de la salvación por Gracia:  un pacto eterno.

El antiguo pacto era el del Monte Sinaí, donde, por medio de Moisés, Jehová dio a Israel la ley escrita en tablas de piedra, el cual, no tenía por finalidad salvar a Israel, —ya que, por causa de su naturaleza pecaminosa, los hombres no tenían la capacidad de cumplirla—, sino guiarlo hasta su Mesías, quien, a través de un nuevo pacto, los iba a salvar por la fe. En otras palabras, para tener vida eterna, no es necesario hacer las obras de la ley, sino tener fe, "porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe; y esto no proviene de vosotros, pues es don de Dios; no a base de obras, para que nadie se gloríe." (Ef 2:8-9 RVR77).

Este nuevo pacto fue anunciado por Dios a través del profeta Jeremías, diciendo: "He aquí que vienen días... en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá" (Jer 31:31). En el nuevo pacto, la ley de Dios ya no iba a estar escrita en tablas de piedra, sino, como dijo el Señor: "daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo" (Jer 31:33). 

¿Pero cómo puede el Señor darnos su ley en nuestra mente, y escribirla en nuestro corazón? Así dijo Jehová por medio del profeta Ezequiel: "pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra." (Ez 36:27). Es decir, todo es obra del Espíritu Santo. Primero, por medio de su Santo Espíritu, Jehová despierta el oído para corrección de aquel al que está llamando. El que obedece el llamado, y se arrepiente (come y bebe el cuerpo y la sangre de Cristo), recibe en su corazón el Espíritu Santoconvirtiéndose en santo templo del Espíritu de Diossiendo, al mismo tiempo, sellado para vida eterna. A partir de entonces, Dios comienza en él, por Su Espíritu, el proceso paulatino de transformación a la imagen de Aquél que lo creó

 

LAS OVEJAS SE DISPERSAN

Luego de cantar el himno, salieron al monte de los Olivos, y Jesús anunció que todos se apartarían de él esa noche, porque escrito está: "Heriré al Pastor y las ovejas serán dispersadas" (ver Zac 13:7). Con todo, les prometió: "Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea". Entonces Pedro le dijo: "Aunque todos se aparten, yo, sin embargo, no lo haré" (NBLA). A lo que Jesús respondió: "De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces". Pero Pedro insistió en que, si fuera preciso, él daría su vida por Jesús. Y todos afirmaron lo mismo. (14:26-31) 

* "Cuando hubieron cantado el himno" (v.26), se refiere, específicamente, a la porción del salterio dedicado a alabar a Dios, correspondiente a los Salmos 113 al 118, conocido como Hallel, que significa "alabanza" — estrechamente relacionada con la palabra "Aleluya", que significa "alabanza a Dios"— que se entonaba cuando concluía la celebración de la pascua. Después de beber la última copa simbólica, se cantaba la última parte, que correspondía a los salmos 115 al 118.

** En pocos versículos (vv.27-30), Jesús predice tres hechos que se cumplirían poco tiempo después: 

Primero, la dispersión de sus discípulos. Cuando capturaron al Maestro, todos temieron por sus vidas. De hecho, el único que estuvo presente en la crucifixión fue Juan. Del resto, no se dice nada, excepto de Pedro, quien lo siguió de lejos cuando fue arrestado, pero, llegado el momento, también falló. Todos estaban perplejos, pues, no entendían lo que estaba pasando. ¡Cómo es que Aquél que se les había revelado como su Mesías, el que los iba a salvar y proteger, estaba siendo apresado violentamente, y no oponía resistencia! La confusión se apoderó de ellos, de modo que, sintiéndose inseguros, tristes y desilusionados, huyeron a perderse.

El segundo anuncio que hizo es que Él iba a resucitar. Sin embargo, los discípulos no habían llegado a comprenderlo. De hecho, Marcos escribió que, en una de las ocasiones en que Jesús les dijo que iba a morir, pero que iba a resucitar, los discípulos, "entre ellos se preguntaban qué sería aquello de «resucitar»" (Mr 9:10 NBV). También Juan hace notar, en su versión del evangelio, que los discípulos no creyeron el mensaje de que Jesús había resucitado, hasta que vieron la tumba vacía, "porque hasta ese momento aún no habían entendido las Escrituras que decían que Jesús tenía que resucitar de los muertos" (Jn 20:9 NTV).

El tercer anuncio: la negación de Pedro. Los discípulos sabían que algo muy malo estaba por suceder, pero, puesto que aún no entendían que Jesús iba a resucitar, cuando lo arrestaron como si se tratara de un criminal, su mundo se les vino abajo. Es decir, esa seguridad que habían tenido al lado de su Maestro fue reemplazada por un gran desconcierto, y un profundo sentimiento de orfandad. Incluso Pedro, que se había jactado de estar dispuesto a dar su vida por Jesús, temió ante los que lo acusaban de ser su seguidor, y fue incapaz de cumplir lo que pocas horas antes había afirmado con tanta vehemencia.

  

LA ANGUSTIA DE JESÚS

Luego se dirigieron a Getsemaní, (un jardín a los pies del Monte de los Olivos), y pidió a sus discípulos que se sentaran allí, mientras él oraba. Llevó aparte a Pedro, Jacobo y Juan, y comenzó a entristecerse y angustiarse, mientras les decía: "Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad". Él se alejó un poco, y postrándose en tierra, oró al Padre diciendo: "Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú". Cuando volvió a donde estaban los discípulos, los halló durmiendo, y les dijo: "Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil".  Nuevamente se fue para orar de la misma forma. Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque no podían aguantarse el sueño, y ellos no sabían qué decirle. La tercera vez que regresó a ellos, les dijo que durmieran y descansaran. Llegado el momento, les dijo: "Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega". (14:32-42)

* En estos versículos, contrario a lo que algunos afirman —que Jesús, al tener origen divino, era impasible—, podemos ver que Él experimentó angustia ante su inminente captura, así como profundo dolor en su cuerpo cuando fue escarnecido y crucificado, lo que confirma que, aunque salió de Dios, Él era un ser humano de carne y hueso, cien por ciento hombre. Como dice la Escritura, antes de venir al mundo, Jesús era igual a Dios, pero se despojó de su naturaleza divina, y se convirtió en un ser humano mortal, como nosotros, para poder librar a los hombres del poder que los condenaba a muerte, que es el pecado, por medio del cual Satanás los tenía bajo su control. 

Jesús, quien como hombre había vivido una vida sin pecado, se ofreció como nuestro sustituto para enfrentar el menosprecio y el horrible castigo que debió caer sobre nuestras cabezas, no sin angustia, llegando a agonizar de tristeza y dolor, hasta morir como un criminal en la cruz. Mas dice la Escritura que todo esto era necesario, "porque fue mediante su sufrimiento y por haber llevado sobre sí el pecado de muchos que mi siervo hará que ellos sean declarados inocentes y aceptados por Dios" (Is 53:11 NBV).  Él era el perfecto Cordero sin manchas ni defectos, provisto por Dios, para quitar el pecado del pueblo escogido por Gracia, y liberarlo de la muerte eterna.


LA TRAICIÓN DE JUDAS

Mientras Jesús estaba hablando, vino Judas Iscariote, de parte de los principales sacerdotes, escribas y ancianos, acompañado de mucha gente que portaba palos y espadas. Judas había dicho a los hombres que debían prender a aquel a quien él besara. Entonces, se acercó a Jesús, diciendo: "Maestro, Maestro", y le besó. Viendo la señal, los hombres detuvieron a Jesús. En ese momento, uno de sus discípulos sacó una espada y cortó la oreja del siervo del Sumo Sacerdote. Entonces Jesús les dijo: "¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras". En seguida, todos los discípulos lo abandonaron, y huyeron. Pero hubo cierto joven que seguía a Jesús envuelto en una sábana, al cual los hombres detuvieron, pero éste soltó la sábana, y huyó desnudo. (14:43-52)

* Las Escrituras que hablaban sobre los padecimientos del Mesías se iban cumpliendo una tras otra: 

  • "Me han rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercadoAbrieron sobre mí su boca como león rapaz y rugiente"; "perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos". (Sal 22:12-13, 16).
  • También Judas daba cumplimiento a la profecía de la traición: "Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar" (Sal 41:9) 
  • Y tal como el Señor había predicho, los discípulos lo abandonaron, dando cumplimiento a la profecía de Zacarías, que dice: "Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas" (Zac 13:7)

** La mayoría de los estudiosos coinciden en que el joven que escapó desnudo de las manos de los que perseguían a Jesús (vv.51-52) era el mismo Juan Marcos, autor de este evangelio. Es posible que así sea, pues, aunque Marcos habla en tercera persona, no sería el único escritor de los evangelios que, al referirse a sí mismo, lo hace de esta manera: Mateo y Juan también usan ese recurso para hablar de sí mismos: Mateo, cuando relata el llamado que Jesús le hizo, de seguirle; y Juan, al referirse a sí mismo como "el discípulo a quien amaba Jesús".

 

JESÚS ANTE LOS LÍDERES JUDÍOS

Llevaron a Jesús a la presencia del Sumo Sacerdote, y allí se reunieron los principales sacerdotes, ancianos y escribas. Pedro, por su parte, lo había seguido de lejos, hasta entrar al patio del sumo sacerdote, donde se sentó con los guardias que se calentaban junto al fuego. Los líderes buscaban pruebas contra Jesús para condenarlo, pero no hallaban ninguna. Incluso había muchos que daban falsos testimonios, pero caían en contradicciones. Entonces unos se levantaron, diciendo que lo habían oído decir: "Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano". Pero tampoco sus declaraciones concordaban entre sí. Entonces, el sumo sacerdote preguntó a Jesús "¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?", mas Jesús callaba. El sumo sacerdote insistió: "¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?", a lo que Jesús contestó: "Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo". Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo "¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece?". Y todos condenaron a Jesús, declarándole digno de muerte. Algunos comenzaron a escupirle, y cubriéndole el rostro, comenzaron a darle puñetazo, y a gritarle: "profetiza", y los alguaciles lo abofeteaban. (14:53-65)

* Según el evangelio de san Juan, lo que Jesús dijo respecto del templo fue: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré", y aunque los testigos pensaron que Jesús hablaba del templo de Herodes, Juan aclara: "pero el templo al que se refería era su propio cuerpo" (Jn 2:21 NVI). Recordemos que, desde antes de la fundación del mundo, Cristo había sido destinado para que, estando en un cuerpo humano, pudiera ser ofrendado en sacrificio, a fin de purificar un pueblo para la gloria de Dios; pero, como también está escrito, no iba a poder se retenido por la muerte, y al tercer día Jesús iba a resucitar. De esto es que hablaba Jesús.

Porque Jesucristo, efectivamente, era y es el verdadero templo de Dios, pues, en Él habitó toda la plenitud de Dios, y ahora, sentado a Su diestra, es la cabeza de la iglesia, la cual, es la casa de Dios en la tierra, siendo, según dice Su Palabra, cada creyente templo del Dios Santo, por cuanto Su Espíritu habita en cada uno de nosotros. 

** La indignación del sumo sacerdote se debió a que Jesús, no sólo respondió a la pregunta: "¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?", con un rotundo "YO SOY" —que es el Nombre de Dios—, sino que, además, reforzó su respuesta identificándose a sí mismo con el Hijo del Hombre de la profecía de Daniel, que dice: "Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido" (Dn 7:13-14). Una vez más, Jesús les estaba diciendo que Él era el Mesías, procedente de Dios; pero ellos no tenían oídos para oír.

 

PEDRO NIEGA A JESÚS

Mientras Pedro permanecía abajo en el patio, vino una criada del sumo sacerdote que lo reconoció, y le dijo: "Tú también estabas con Jesús el nazareno", pero Pedro negó, diciendo: "No le conozco, ni sé lo que dices", y se apartó yendo hacia la entrada. En ese momento el gallo cantó. Cuando la criada lo vio de nuevo, comenzó a decir a los que estaban presentes que Pedro era uno de los seguidores de Jesús, pero éste lo negó otra vez. Un rato después, los que estaban allí insistieron diciendo: "Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos", entonces, Pedro comenzó a maldecir y a jurar diciendo: "No conozco a este hombre de quien habláis", y el galló cantó por segunda vez. Entonces Pedro recordó las palabras de Jesús cuando le dijo: "Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces". Pensando en esto, se echó a llorar. (14:66-72) 

* Pedro fue cobarde, y temió por su vida, sin embargo, no podemos juzgarlo, sino más bien, debemos analizarnos y preguntarnos ¿cuántas veces hemos negado nosotros mismos a Jesús, al no defender principios cristianos, o no compartir el evangelio, por temor a ser rechazados? 

En cuanto a Pedro y a los demás discípulos que atemorizados huyeron, debemos considerar que, hasta ese momento, aún no habían sido bautizados en el Espíritu Santo, por tanto, estaban en la carne, todavía luchando en sus propias fuerzas. Tanto los apóstoles, como los que esperaban en Jesús, fueron fortalecidos con el poder del Espíritu Santo el día de Pentecostés, y a partir de entonces, ya no temieron a los hombres, y comenzaron a predicar el evangelio con denuedo, testificando y llamando al arrepentimiento, y a guardar las palabras que ellos recibieron de Jesús.


JESÚS ANTE PILATO

A la mañana siguiente, muy temprano, luego de tener consejo, los líderes judíos llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. Pilato preguntó a Jesús: "¿Eres tú el Rey de los judíos?"; y Jesús le respondió: "Tú lo dices". Viendo Pilato que los principales sacerdotes lo acusaban de muchas cosas, le preguntó a Jesús: "Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan", pero Jesús callaba, despertando el asombro de Pilato. (15:1-5

* Isaías había profetizado los silencios del Cordero de Dios (vv. 14:60-61; 15:4-5): "Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca" (Is 53:7).

 

 EL JUSTO POR LOS INJUSTOS

Era tradición que, durante la fiesta, se dejara libre a un prisionero escogido por el pueblo. En ese momento se encontraba preso un sedicioso de nombre Barrabás, culpado de homicidio en un motín. Cuando vino la multitud pidiendo que se cumpliera lo que acostumbraban, Pilato, sabiendo que Jesús había sido prendido por envidia, preguntó a la gente: "¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?". Pero, incitados por los líderes judíos, el pueblo pidió que liberaran a Barrabás. Entonces Pilato volvió a preguntar: "¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?", a lo que todos respondieron con gritos: "¡Crucifícale! ". A pesar de que Pilato no halló ningún crimen que condenar en Jesús, viendo que la gente insistía en que lo crucificara, escogió satisfacer sus demandas, y soltó a Barrabás, y entregó a Jesús para que le crucificaran después de azotarle. Entonces los soldados llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron a toda la tropa. Allí le pusieron un manto color púrpura, y una corona de espinas, mientras decían: "¡Salve, Rey de los judíos!". Además, comenzaron a golpearle la cabeza con una caña y a escupirle, y arrodillándose, le hacían reverencias. Luego de haberle escarnecido, le quitaron el manto púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y se lo llevaron para crucificarle. (15:6-20)

* En Barrabás, probado criminal, que obtuvo la libertad a cambio de la condena del justo Hijo de Dios, podemos vernos todos representados, porque todos merecíamos ser condenados por causa de nuestros delitos y pecados, sin embargo, fue el inocente Cordero de Dios quien recibió todo el peso del castigo que debió caer sobre nosotros, haciéndonos libres. 

** Esa corona de espinas que pusieron en la cabeza de Jesús (v.17) ¿no recuerda, acaso, las manos de Aarón puestas sobre la cabeza del chivo expiatorio, transfiriéndole todas las maldades, rebeliones y pecados de los hijos de Israel, para luego enviarlo al desierto, donde debía ser soltado a fin de que éste llevará a tierra árida todas esas iniquidades?  

En efecto, el tiempo había llegado para que el Hijo del Hombre hiciera expiación definitiva por el pueblo santoPorque era a Jesús a quien, cada año, se estaba representando en los dos machos cabríos ofrecidos el día de la expiación: el que se presentaba a Jehová como ofrenda por el pecado, y el escogido para llevar al desierto los pecados del pueblo. Efectivamente, como podemos ver, aquí está Jesús listo para ser sacrificado, y dispuesto a llevar sobre sí los pecados de los creyentes de todos tiempos a lugar inhabitadocon el fin de reconciliar de una vez y para siempre a la criatura con su Creador. Sólo que esta vez, a diferencia de los sacrificios que los judíos hacían año tras años, se trataba de una ofrenda expiatoria con resultados eternos, pues, "cuando los pecados han sido perdonados, ya no hace falta ofrecer más sacrificios" (He 10:18 NTV), y sabemos que la propiciación de Jesús satisfizo plenamente la justicia de Dios, ya que el Espíritu Santo dio prueba de ello al resucitarlo tres días más tarde

*** Las profecías anunciadas más de quinientos años antes, seguían cumpliéndose una por una: 

  • "Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curadosTodos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca" (Is 53:5-7); 
  • "Me abominan, se alejan de mí, y aun de mi rostro no detuvieron su saliva" (Job 30:10); 
  • "Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos" (Is 50:6);
  • "Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han sitiado; con vara herirán en la mejilla al juez de Israel" (Mi 5:1).

 

LA CRUCIFIXIÓN

Camino al calvario, obligaron a un hombre que venía del campo, llamado Simón, que procedía de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, a que llevase la cruz de Jesús, quien fue conducido al lugar que llamaban "Gólgota", que quiere decir "lugar de la calavera". Entonces dieron a Jesús de beber vino mezclado con mirra, pero él lo rechazó. (15:21-23) 

* Así como Simón de Cirene cargó la cruz de Jesús, si nosotros queremos ser salvos, también necesitamos cargar esa cruz como si fuera nuestra, porque la salvación se trata justamente de eso: de creer que en la muerte de Jesucristo en la cruz, nosotros también morimos al viejo hombre, y que, en Su resurrección, nacimos a una nueva vida. Es el nuevo nacimiento del que habló Jesús, diciendo: "el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Jn 3:3 NBLA). Porque haber nacido de nuevo significa que, como dice Su Palabra: "he sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí." (Ga 2:20 NVI). 

** Los hijos de Simón de Cirene eran conocidos en medio de la iglesia del primer siglo, lo cual se deduce por la familiaridad con que Marcos se refiere a ellos. Probablemente Rufo vivía en Roma, pues Pablo, en su epístola a los romanos, envía saludos a un escogido del Señor de nombre Rufo.

*** En aquel tiempo, era común dar una mezcla de vino con mirra a los enfermos o moribundos, pues, se le atribuía un poder anestésico. El rechazo de este calmante es, quizás, porque Jesús, antes de entregar el espíritu, tenía que sufrir en su carne el dolor que nuestros pecados merecían, para que nosotros no tuviéramos que padecerlo.


Cuando lo crucificaron, los soldados echaron suertes sobre las ropas de Jesús para repartirlas entre ellos. La crucifixión se llevó a cabo a la hora tercera (las nueve de la mañana), y titularon la causa de su condena como "EL REY DE LOS JUDÍOS". Junto a Él, crucificaron a dos ladrones, uno a cada lado, cumpliéndose la Escritura que dice: "Y fue contado con los inicuos". Los que pasaban, le injuriaban y, meneando la cabeza, le decían: "¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz". También los principales sacerdotes le escarnecían, comentando con los escribas: "A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos". Incluso los que habían sido crucificados junto a él le injuriaban. (15:24-32)

* En unos pocos versículos, podemos ver el cumplimiento de varias profecías que hablaban de los padecimientos del Ungido de Dios: 

  • Is 53:12, que dice: "yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores (vv.27-28), habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores". 
  • Sal 22:18, que profetizaba: "Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes" (v.24).
  • Salmo 22:16: "Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies". Llama la atención que, este salmo de David, escrito unos novecientos años antes de que estos hechos se cumplieran, profetizaba que la muerte del Mesías sería por crucifixión (v.24), cuando esas prácticas recién comenzaron a hacerse unos trescientos años antes que Jesús naciera. 
  • Sal 22:7-8: "Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: se encomendó a Jehová; líbrele él; sálvele, puesto que en él se complacía" (vv.29-32).
  • Sal 109:25Yo he sido para ellos objeto de oprobio; me miraban, y burlándose meneaban su cabeza" (v.29). 

 

LA MUERTE DEL HIJO DEL HOMBRE

Las tinieblas cubrieron la tierra desde la hora sexta a la hora novena (entre el medio día y las tres de la tarde). A la hora novena, Jesús clamó con fuerte voz: "Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?". Al oírlo, algunos creían que Jesús estaba llamando a Elías. Entonces vino uno que, empapando una esponja en vinagre, la puso en una caña, y la acercó a Jesús para que bebiera, mientras decía: "Dejad, veamos si viene Elías a bajarle"; pero en ese momento Jesús dio un fuerte grito, y expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Y el centurión que estaba frente a Él, viendo cómo había sido su muerte, dijo: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios". Muchas mujeres que siguieron y sirvieron a Jesús en Galilea, y que subieron con Él a Jerusalén, observaban desde lejos, entre las cuales, estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y Salomé.  (15:33-41)

* Jesús no estaba llamando a Elías. El Señor efectivamente estaba declarando que Dios se había apartado de Él (vv.34-35). Esto sucedió, porque Dios es Santo, Santo, Santo, y es imposible que la luz de Dios tenga comunión con las tinieblas del pecado. Nuestro justo Sustituto, por primera vez, estaba experimentado en su humanidad el dolor de estar separado de Dios por causa del pecado, debido a que Él ahora cargaba sobre sus hombros todas nuestras iniquidades, como si Él hubiera sido el culpable. "Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados" (Is 53:5). Sólo así Él podía pagar nuestra deuda, y cancelar "el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz" (Col 2:14). Así lo describe la Escritura: "Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios." (2Co 5:21 NVI).

Fue la angustia de experimentar la separación de Dios que produce el pecado lo que llevó a Jesús a clamar con dolor: "Dios mío, ¿por qué me has desamparado?", dando así cumplimiento a otra profecía mesiánica: el Salmo 22, que en su primer versículo dice: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?". 

* ¿Qué significaba que el velo del Lugar Santísimo se rasgara en dos de arriba abajo? (v.38).  

La carta escrita a los hebreos nos enseña que las ordenanzas de culto que mandaba la ley, así como cada aspecto del santuario terrenal que Jehová había instruido construir, eran sombra de verdades espirituales. El tabernáculo, por ejemplo, estaba dividido en tres partes principales: el Atrio, el Lugar Santo, y el Lugar Santísimo. Este último era tan sagrado, que estaba separado del Lugar Santo por un grueso velo, y nadie más que el sumo sacerdote podía entrar allí, y sólo una vez al año, el día de la expiación (Lv 16), porque el Lugar Santísimo era una representación del cielo, donde está nuestro glorioso Dios sentado en su trono; un lugar donde ningún ser humano podía llegar, porque los hombres, por causa del pecado, "están privados de la gloria de Dios" (Ro 3:23 NVI). 

Pero cuando Jesús murió por nosotros, ese grueso velo del templo se rasgó de arriba abajo, en señal de que el camino al cielo para los redimidos en Cristo quedaba abierto, debido a que la ofrenda de la vida del Hijo de Dios fue suficiente propiciación para satisfacer la justicia divina, haciendo posible que, por la fe en Su sangre, que nos limpia de pecado, los creyentes pudiéramos acercarnos al Dios Altísimo, a través del "camino nuevo y vivo que Él (Jesús) inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, Su carne" (He 10:20), en la cual estábamos todos representados, porque para eso se encarnó, para dar su cuerpo sin pecado en ofrenda, y que nosotros pudiéramos vivir por su justicia. Fue un glorioso intercambio. Ahora Jesús está sentado a la diestra de Dios el Padre allá en el cielo, y nosotros, con Él.


Cuando se acercaba el atardecer de ese día, como era la víspera y preparación del día de reposo, José de Arimatea, miembro distinguido del concilio, que también esperaba el Reino de Dios, se atrevió a presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato, sorprendido de que ya hubiese muerto, dispuso que le entregaran el cuerpo. Entonces, José lo envolvió en una sábana nueva, y lo puso en un sepulcro cavado en una peña, luego de lo cual, hizo rodar la piedra de la entrada. María Magdalena y María madre de José miraban atentamente para saber dónde ponían a Jesús. (15:42-47)

* Mateo dice que se trataba de un sepulcro nuevo, de propiedad de José de Arimatea. Eso indicaba que otra profecía mesiánica se estaba cumpliendo: "Lo sepultaron como a delincuente en la tumba de un rico, pero él no había hecho mal alguno, jamás pronunció una palabra perversa." (Is 53:9 NBV).


LA RESURRECCIÓN

Habiendo terminado el día de reposo, María Magdalena, María madre de Jacobo, y Salomé compraron especias aromáticas para ungir el cuerpo del Señor; y ya salido el sol, el primer día de la semana, (esto es, el domingo) vinieron al sepulcro. Pero al llegar, se sorprendieron de ver que la gran piedra que sellaba el sepulcro había sido removida. Cuando entraron, se espantaron de ver que, en el lado derecho del lugar donde había sido puesto Jesús, ahora se hallaba un joven sentado, vestido con una larga ropa blanca, quien les dijo: "No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron"; y agregó: "Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo". Ellas se fueron del lugar asustadas y temblorosas, y no comentaron esto con nadie. (16:1-8).

* Galilea (v.7) es la región donde Jesús creció (Nazaret), y luego ejerció gran parte de su ministerio terrenalFue en Caná de Galilea donde el apóstol Juan registra el primer milagro que Jesús hizo iniciando su ministerio, cuando convirtió el agua en vinoAsimismo, varios de los discípulos que Jesús escogió eran de Galilea. 

Esta región se caracterizaba por poseer una variada mezcla cultural, producto de las deportaciones ocurridas bajo el dominio Asirio, y la consecuente llegada de gente de otras naciones a habitar esas tierras —hechos ocurridos unos setecientos años antes de Cristo. Por ese motivo, se le conocía como "Galilea de los gentiles". 

En general, los judíos tenían un bajo concepto de los galileosSin embargo, había una profecía que mencionaba específicamente este lugar como siendo bendecido por Dios: "En el pasado Dios humilló a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pero en el futuro honrará a Galilea de los gentiles, desde el Camino del Mar, al otro lado del Jordán. El pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombra de muerte una luz ha resplandecido" (Is 9:1-2 NVI); profecía que hablaba precisamente de la presencia del Salvador del mundo en estas tierras. Mateo cita la profecía cuando relata que Jesús, después de ser bautizado en el Jordán y permanecer cuarenta días en el desierto, oyendo que Juan Bautista había muerto, volvió a Galilea, y se mudó de Nazaret a Capernaum, desde donde comenzó a predicar, diciendo: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mt 4:17). 

Quizás Galilea fue escogida por el Señor, precisamente, debido a su mezcla étnica y mala reputación, para dar una señal de que la salvación, primero, no era exclusivamente para los judíos, y segundo, que Él no había venido a rescatar a justos, sino a los que estaban perdidos.  

** Los manuscritos más antiguos y confiables del evangelio de Marcos llegan sólo hasta el versículo 8 de este último capítulo: "Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo" (Mr 16:8). Según la NBLA, manuscritos posteriores, y versiones antiguas, contienen el siguiente párrafo luego del versículo 8: "Ellas comunicaron inmediatamente a Pedro y a sus compañeros todas estas instrucciones. Y después de esto, Jesús mismo envió por medio de ellos, desde el oriente hasta el occidente, el mensaje sacrosanto e incorruptible de la salvación eterna".

Otros manuscritos posteriores, incorporaron una suerte de resumen del final de los otros tres evangelios, y lo que podríamos llamar un breve recuento de las obras de los primeros discípulos, y de los milagros y dones manifestados por éstos, según el relato del libro de los Hechos, —incluida una indirecta mención a la extraordinaria experiencia de Pablo con una víbora al llegar a la isla de Malta. Estos textos añadidos se convirtieron en los versículos 9 al 16 —que forman parte de la RVR60, que es la Biblia que estamos usando como base de este estudio—, que se exponen a continuación: 

 

LA INCREDULIDAD DE LOS DISCÍPULOS

María Magdalena, de quien Jesús había expulsado siete demonios, fue la primera en ver a Jesús resucitado el domingo por la mañana; y se dirigió a donde estaban reunidos los discípulos del Señor, entristecidos y llorando, para darles la noticia de que Jesús vivía. Pero ellos no le creyeronJesús también se apareció, con otro aspecto, a otros dos discípulos, que se dirigían al campo. Ellos también corrieron a contarlo al resto de los discípulos, pero tampoco les creyeron(16:9-13)

* Según el evangelio de San Juan, cuando más tarde Jesús se apareció a los discípulos, Tomás no estaba presente; y luego que ellos le contaron que lo habían visto, él dijo: "Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré" (Jn 20:25). Probablemente estaba manifestando en voz alta lo mismo que los otros diez pensaron para sí cuando María Magdalena y los otros dos discípulos vinieron a decirles que habían visto a Jesús resucitado. 

Sin embargo, ocho días después, cuando Tomás vio a Jesús, y constató que tenía las heridas de la crucifixión, no pudo sino exclamar: "¡Señor mío, y Dios mío!", a lo que Jesús respondió: "Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (Jn 20:28, 29).

Nosotros los creyentes, sólo por la Gracia de Dios, somos parte de esos bienaventurados que no necesitan ver para creer, porque la fe no es nuestra, sino es un don de Dios; y nosotros, habiendo tomado conciencia, por la palabra de Dios, de nuestra miseria e incapacidad de ser salvos haciendo obras —que a nuestros ojos parecen justas, pero que a Sus ojos no son más que trapo de inmundicia— nos rendimos; no fuimos rebeldes al llamado; más bien, recibimos con gratitud y mansedumbre la salvación que se nos está ofreciendo en Jesucristo.

 

LOS EMBAJADORES DE JESUCRISTO

Finalmente, Jesús se apareció a los once que estaban sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, "porque no habían creído a los que le habían visto resucitado". Luego, les mandó: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura". Y dijo: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado". Luego Agregó: "estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán".  Después que Jesús les dijo esto, fue recibido en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. En cuanto a los discípulos, éstos hicieron lo que el Señor les mandó, y predicaron en todas partes con la ayuda del Señor, quien confirmaba la palabra que predicaban con las señales que la seguían. (16:14-20)

* En una ocasión, Jesús afirmó: "Si no viereis señales y prodigios, no creeréis" (Jn 4:48). El líder judío Nicodemo dijo a Jesús que creía en Él, porque "nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él" (Jn 3:2). Entonces, podemos concluir que, los milagros que acompañaban la predicación de apóstoles y discípulos, principalmente, tenían por objetivo dar testimonio de que los que predicaban eran embajadores del reino de los cielos, y que la palabra que anunciaban era verdadera. Fue así cómo muchos llegaron a creer que Jesús era el Ungido de Dios, y la iglesia comenzó a crecer con gran rapidez. Hay muchos ejemplos en los relatos de los hechos de la iglesia naciente que muestran que, al mismo tiempo que los discípulos anunciaban las buenas nuevas, el Espíritu Santo iba haciendo grandes prodigios y milagros por medio de ellos. Pablo mismo llamó a los milagros: "señales de apóstol" (2Co 12:12). 

De hecho, aun los milagros que Jesús protagonizó estaban destinados a que la gente creyera que Él era el Mesías. El mismo Señor afirmó que los milagros que hacía testificaban que Él era el Ungido de Dios: "Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre" (Jn 10:37-38). Las Escrituras, en diversos textos, también afirman que las señales tenían ese propósito"Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él" (Hch 2:22); "cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él" (Hch10:38); "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Jn 20:30-31). 

Después de la ascensión de Jesucristo, aparte de los apóstoles, los primeros creyentes de la iglesia fueron bendecidos con llamativos dones, que confirmaban la obra del Espíritu Santo en ellos, cuya finalidad era que el evangelio se esparciera rápidamente, y alcanzara a gran número de personas. El don de lenguas, por ejemplo, era para que los extranjeros pudieran escuchar en su propio idioma, las revelaciones del Señor a la iglesia, y creyeran, porque, sin duda, el impacto de escuchar a uno, que nunca estudió idiomas extranjeros, hablando perfectamente la Palabra de Dios, en una lengua que no es la suya, es muy diferente a escucharlo de un traductor que se preparó para hacerlo. Ellos no hablaban palabras sin sentido, como algunos afirman; eran idiomas extranjerosAlgo tan grande sólo podía venir de Dios. 


 

(Comenzar estudio del Evangelio según San Lucas