sábado, 29 de enero de 2022

LUCAS I - El Nacimiento del Hijo de Dios (Lc 1 - 4:1-13)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60. Si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer clic en los enlaces.)




DATOS GENERALES



Título del Libro: LUCAS (Lc)
N° de Capítulos: 24
Autor : Lucas, discípulo del Apóstol Pablo.
Fecha: Alrededor del 60 d.C.
Clasificación: Nuevo Testamento. Tercer libro de los conocidos como "los evangelios". (Los otros son los libros de Mateo, Marcos y Juan).
Tema: Ministerio del Hijo del Hombre.



INTRODUCCIÓN


El Evangelio según san Lucas es uno de los tres libros del Nuevo Testamento que se conocen como "evangelios sinópticos", porque siguen una esquema similar (los otros dos son Mateo y Marcos).

Aunque el texto original no tiene firma, ni la identificación del escritor, la tradición dice que fue Lucas, un médico gentil (no judío), procedente de Antioquía, quien acompañó al Apóstol Pablo durante gran parte de su ministerio.

El Evangelio según san Lucas es el primero de dos tratados escritos por el mismo autor (inspirado por el Espíritu Santo, por cierto), pues, consta que el libro de los Hechos es la continuación de este primer escrito, ambos dirigidos a un mismo destinatario, que el autor identifica como Teófilo.

Sin duda, la disciplina adquirida en el ejercicio de su profesión como médico es la que llevó a Lucas a hacer una exhaustiva investigación, recurriendo a diversas fuentes, consultando con testigos confiables, entre ellos, sin dudas, su maestro el Apóstol Pablo, para poder exponer de manera comprensible los eventos que, por esos días, comenzaban a revolucionar el pensamiento religioso en palestina, y que se propagaría después al mundo entero. Su diligente esfuerzo le permitió no sólo exponer de forma ordenada los eventos conocidos sobre la vida de Jesús, sino, además, enterarse y poder relatar, con detalle, hechos que sólo encontramos en este evangelio.

Si bien este Evangelio no es el que tiene más capítulos, es el más extenso, pues, Lucas es muy detallista en su narración, por lo cual, en general, se trata de capítulos con muchos versículos. Pero es esa cualidad la que lo lleva a incluir datos históricos muy relevantes, que nos ayudan a situarnos en los tiempos y contexto cultural en que ocurrieron ciertos eventos, y con eso, a descubrir que hay hechos que por tradición se han conocido de una manera, pero que, si confiamos en la información que Lucas proporciona, realmente no son como creíamos; como, por ejemplo, el año en que Jesús nació, y, por consiguiente, la edad que Jesús tenía al dar su vida en la cruz.



ESTUDIO



LOS HECHOS EN ORDEN


Antes de relatar los hechos, Lucas dedica algunas palabras al destinatario de sus escritos, a quien se refiere como "excelentísimo Teófilo", diciéndole que, puesto que muchos habían tratado de poner en orden y escribir la historia de los ciertísimos hechos que habían sucedido poco tiempo atrás, también a él le había parecido conveniente, "después de haberlo investigado todo con diligencia desde el principio, escribírtelas por orden" (...) " para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido".  (1:1-4

* Es probable que Teófilo haya sido alguien que estaba siendo enseñado en el evangelio, sin embargo, no se descarta que este tratado no haya sido pensado para una persona en particular, sino para todos los que están iniciando su vida en el evangelio, pues "Teófilo", no sólo es un nombre propio, sino también una palabra compuesta, de origen griego, que significa "amigo de Dios", que también puede traducirse como "amado por Dios", o "el que ama a Dios". 


EL PRECURSOR DEL MESIAS

Lucas inicia su evangelio, remontándose a la época en que Herodes era rey de Judea. Había entonces un sacerdote llamado Zacarías, "de la clase de Abías", casado con una mujer descendiente de Aarón, de nombre Elizabet. Eran una pareja de edad avanzada, ambos justos ante Dios, que no habían tenido hijos, porque ella era estéril. Un día en que Zacarías entró al santuario para ofrecer incienso, en su papel como sacerdote, según le había correspondido por sorteo, y mientras la multitud oraba en el exterior, sucedió que se le apareció el ángel Gabriel, parado a la derecha del altar del incienso. Zacarías se turbó, pero el ángel del Señor le dijo: "Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan". Agregó: "será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre". También dijo que él "hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto". Zacarías reaccionó con incredulidad ante el anuncio del ángel, por lo cual, éste lo sentenció a permanecer mudo hasta que todo lo anunciado se cumpliera. Todos los que esperaban afuera, al ver a Zacarías imposibilitado de hablar, comprendieron que había tenido una visión. El anuncio se hizo realidad, y Elisabet concibió. Por cinco meses, ella se recluyó en casa, y decía: "El Señor ha actuado así conmigo para que ya no tenga nada de qué avergonzarme ante nadie" (RVC). (1:5-25)

* El nombre Juan es Yôḥānnān en hebreo, que significa "hombre fiel a Dios". Probablemente, se le dio ese nombre, porque Juan fue consagrado a Dios desde antes de su fecundación. Él vivió como un nazareo, aunque no hay registro de que haya hecho el voto formal —conforme se especifica en Nm 6:1-3—, sin embargo, fue obediente a lo dicho por el ángel Gabriel (v.15), y vivió apartado para servir a Jehová, y no bebió ni vino ni sidra. Jesús dijo que, "entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista" (Lc 7:28). Juan era aquél de quien Jehová habló por medio del profeta Malaquías diciendo: "He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí" (Mal 3:1). (Nótese que dice "delante de mí", lo que confirma que Jesús era Dios con nosotros, reconciliando consigo al mundo).

También fue Malaquías quien profetizó: "He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición" (Mal 4:5-6) (v.17). Los judíos esperaban que el profeta Elías se manifestara en cuerpo presente ante ellos, sin embargo, la profecía no habla de la persona de Elías, sino, como dice el ángel Gabriel, "con el espíritu y el poder de Elías" (v.17), que estaban en Juan el Bautista, precursor del Hijo de Dios, pues, tal como Elías en su tiempo hizo que los hijos de Israel, que se habían hecho idólatras, se volvieran a Jehová, y reconocieran que fuera de Él no hay Dios, la misión de Juan era llamar al arrepentimiento a los hijos de Israel para que se volvieran a Dios.  
 
No sólo Malaquías profetizó sobre el ministerio de Juan el Bautista. También Isaías lo hizo. Cuando los sacerdotes y levitas preguntaron a Juan si él era el Mesías, éste respondió que no, y aclaró: "Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías" (Jn 1:23). La cita corresponde a Is 40:3: "Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios".
 
** Mucho se ha especulado sobre la fecha de nacimiento de Jesús. Pues bien, según la BTX (Biblia Textual), en los pocos versículos que estamos estudiando, Lucas nos aporta información suficiente para poder determinar, de manera mucho más cercana a la realidad, la fecha en que todos estos eventos sucedieron, lo que iremos desglosando en la medida que avancemos en el relato de este evangelio. 
 
Por ejemplo, Lucas dice que quien reinaba era Herodes (el Grande); que, Zacarías era "de la clase de Abías" (v.5), quien, conforme a la costumbre, estaba ejerciendo el sacerdocio según el orden de su clase, y le había tocado en suerte ofrecer el incienso al Señor (vv.8-9). 
 
En el primer libro de Crónicas, podemos conocer qué significaba ser de la clase (o miembro del grupo) de Abías. Se trataba de la forma en que David organizó el ejercicio del sacerdocio de los descendientes de Aarón en el templo a lo largo del año, habiéndolos dividido, según sus familias, en veinticuatro grupos. Para definir cuándo cada grupo debía ejercer el oficio, se realizaron sorteos. De acuerdo a ese sorteo, a Abías (que era uno de los veinticuatro cabezas de familia) le tocó el octavo turno (1Cr 24:10), correspondiente al cuarto mes del año lunar, esto es, el mes de Tammuz que, en el calendario gregoriano cae entre los meses de junio y julio. El octavo turno, probablemente corresponde a la segunda quincena del cuarto mes hebreo, que es la octava porción de la división en veinticuatro de los doce meses.

Si bien es muy complejo establecer una equivalencia exacta del calendario lunar con el calendario gregoriano, por lo menos, intentaremos acercarnos lo más posible a las fechas verdaderas en que los hechos ocurrieron. Dicho lo anterior, podemos inferir que, el anuncio del ángel a Zacarías sobre el nacimiento del Precursor del Mesías habría sido hecho entre los meses de junio y julio de aquel año. 

Veamos qué más nos dice Lucas... 

 

EL ANUNCIO DEL NACIMIENTO DEL MESÍAS

Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, para hablar a una virgen de nombre María, comprometida con un varón de la casa de David, llamado José. Al llegar el ángel la saludó, diciendo: "¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres". Al ver la turbación de María, el ángel le dijo que no temiera, pues ella había hallado gracia delante de Dios, y agregó: "concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin". María preguntó cómo iba a ser eso posible, pues, ella no había conocido varón. El ángel respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios". También le informó que su parienta Elisabet, a la que llamaban estéril, tenía un embarazo de seis meses, porque nada hay imposible para Dios. Entonces María respondió: "He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra". Luego el ángel se marchó. (1:26-38)

*El nombre Jesús (v.31) en hebreo es "Yahoshúa", que significa "Jehová salva". El diminutivo es "Yahshúa", que fue traducido al griego "Isóus", lo que derivó en "Jesús" al traducirlo al español. Al respecto, existe la polémica de si no es una transgresión haberlo traducido del hebreo, dada la connotación espiritual que la palabra en el idioma original tiene: "Yahweh es liberación", significado que se pierde en otros idiomas. Con todo, aunque a muchos se les ha puesto por nombre Jesús, sólo uno es Jesucristo. 

** Con respecto al misterio de las fechas que estamos despejando; suponiendo que Elizabeth quedó embarazada tan pronto Zacarías volvió a casa, una vez finalizado su servicio en el templo —esto habría sido en el quinto mes del calendario lunar, mes de Av, correspondiente a julio - agosto en el calendario gregoriano—, su sexto mes de embarazo (v.26) fue en el undécimo mes del calendario lunar, esto es, el mes de Shevat, que cae entre los meses de enero a febrero de nuestro calendario, mismo tiempo en que el ángel Gabriel fue enviado a hacer el anuncio a María (vv.26, 36).  


El Encuentro de María y Elisabet

Vino María hasta la ciudad de Judea, a casa de Zacarías. Cuando Elisabet oyó el saludo de María, la criatura en su vientre saltó, y ella fue llena del Espíritu Santo, y dijo: "Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor". Y María respondió: "Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, y su misericordia es de generación en generación a los que le temen. Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos. Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre". María permaneció en casa de Elisabet por tres meses, y después volvió a su casa. (1:39-56)

* María fue escogida probablemente por su humildad. Ella reconocía que iba a ser la madre del Hijo de Dios, lo que le valdría que todos la llamaran "bienaventurada", por las maravillas que el Todopoderoso estaba haciendo en ella. Por esa misma razón, es muy probable que ella no estaría de acuerdo con la exaltación que se hace de su imagen en estos tiempos, casi como igualándola a Aquél que fue enviado por Dios para salvar a la humanidad. Además, se atreven a usar su nombre como si también fuera intercesora por los hombres ante Dios, cuando las mismas Escrituras dicen que "hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1Tim 2:5). De hecho, en sus palabras, María misma reconoce que ella necesitaba, igual que todos nosotros, de un Salvador, al decir: "mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador". María, como nosotros, era una hija de Adán, también heredera de su pecado, por tanto, estaba destituida de la gloria de Dios; e igual que nosotros los creyentes, ahora es salva gracias a lo que Cristo hizo en la cruz.   

Cualquier enseñanza que hable de María como intercesora de los hombres ante Dios, o ascendiendo al cielo en cuerpo y alma, no es bíblica, en otras palabras, es una herejía. María, la madre del Hijo de Dios (es un error llamarla madre de Dios) descansa en paz, y será resucitada para vida eterna, junto al resto de los que hayan muerto en Cristo, cuando el Señor venga a rescatar su iglesia antes del derramamiento de las copas de la ira de Jehová.

 

EL NACIMIENTO DE JUAN BAUTISTA

Llegó el momento en que Elisabet dio a luz, y todos se regocijaron, pues, reconocían que grande era la misericordia del Señor para con ella. Cuando llegó el octavo día para circuncidar al bebé, todos pensaron que se llamaría Zacarías como su padre, pero la madre dijo: "se llamará Juan", lo que causó la extrañeza de todos, pues, no había otro con ese nombre en toda la parentela. Entonces Zacarías confirmó, escribiendo en su tablilla: "Juan es su nombre". Al instante, recuperó el habla, y comenzó a bendecir a Dios. Lo acontecido provocó gran admiración y temor de los asistentes, y la noticia corrió por toda Judea, y la gente se preguntaba: "¿Quién, pues, será este niño?", y la mano del Señor estaba con él. (1:57-66)

Siguiendo nuestras estimaciones, todo indica que Juan nació en el segundo mes hebreo, mes de Lyar, correspondiente a los meses de abril a mayo.

**Todo lo que hemos visto hasta ahora del capítulo 1 de este evangelio es fruto de la exhaustiva investigación llevada a cabo por Lucas. Podemos fácilmente imaginar al discípulo entrevistando a todos los que, no sólo habían compartido con Jesús durante su vida terrenal, sino a aquéllos que fueron testigos de los eventos acontecidos antes del nacimiento del Mesías, y durante su niñez. Personalmente, creo que María fue una de las entrevistadas por Lucas, pues este evangelio es el único que da detalles sobre conversaciones que fueron privadas; como, por ejemplo, el diálogo entre el ángel Gabriel y Zacarías, de lo cual, sin dudas, María se enteró durante su permanencia con Elisabet; o los detalles de lo que el ángel Gabriel dijo a la misma María; o el diálogo entre Elisabet y María cuando se encontraron por primera vez, después del anuncio. Es claro que todo lo escrito en este evangelio fue inspirado por el Espíritu Santo, pues, "toda la Escritura es inspirada por Dios" (2 Tim 3:16), pero, sin dudas, Dios guio los pasos de Lucas para escoger a los testigos correctos. 

Las Escrituras no especifican si María se quedó con Elisabet hasta después del nacimiento de Juan, lo que es probable, ya que regresó a su casa tres meses después (v.56), es decir, cuando Elisabet había cumplido los nueve meses de embarazo. Por tanto, tal vez María fue testigo de lo ocurrido durante la ceremonia de circuncisión de Juan también, y ayudó a Lucas a configurar este relato.


Entonces, Zacarías, lleno del Espíritu Santo, comenzó a profetizar: "Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto; del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días". (1:67-75)

* Zacarías, inspirado por el Espíritu Santo, anunciaba el cumplimiento de la promesa hecha por Jehová a Abraham, de que, en su simiente —es decir, en Jesús— serían benditas todas las nacionesEl Salvador del mundo, el Mesías Redentor, ya había sido enviado para librar al pueblo de Dios de sus enemigos, que lo mantenían cautivo y condenado, a fin de que pudieran servir al Señor en santidad y en justicia por siempre (vv. 73-75). 


Y refiriéndose a Juan, continuó diciendo: "Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz". Y el niño crecía y se fortalecía espiritualmente, y anduvo por el desierto, hasta el día de su manifestación a Israel. (1:76-80)

* Es interesante que el precursor del Mesías nace de una anciana estéril, como significando que los hijos del primer pacto habían alcanzado edad avanzada sin dar frutos: no obstante, por cuanto eran el pueblo escogido por Jehová para llevar Su Nombre a toda la tierra, aún, por la Gracia de Dios, podía dar a luz al último profeta del Altísimo, de la era del primer pacto, el cual nació para proclamar a Israel que su Mesías, anunciado a través de toda la Ley y los profetas, el que los iba a salvar de sus pecados, ya se encontraba entre ellos.    

Probablemente, la estimación de la madurez del pueblo del pacto mosaico no se midió en cuánto frutos pudo dar, sino en cuán conscientes llegaron a ser de sus pecados —pecado que la misma Ley se encargó de mostrarles—, como para reconocer que sin un Salvador enviado del cielo era imposible para ellos tener la vida, y, en consecuencia, llegar a anhelar la pronta venida de aquel Ungido prometido por Jehová.  

Para cualquier judío legalista es sabido que, para "tener vida hay que obedecer las leyes de Dios" (Ga 3:15 NBV), sin embargo, no es menos cierto que, "el que cumple con toda la Ley, pero falla en un solo punto, ya es culpable de haberla quebrantado toda" (Stg 2:10 NVI). En consecuencia, por causa del pecado inherente a su naturaleza adánica, el pueblo judío —y ningún ser humano— puede ser salvo por sus buenas obras, porque todas las obras del ser humano están contaminadas de pecado (orgullo, vanagloria, envidia, egoísmo, que son algunas de las motivaciones ocultas tras esas "buenas obras"). Por esa razón, nuestro misericordioso Dios, que no quiere "la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva" (Ez 33:11), determinó que, ya que nadie puede ser salvo por sus buenas obras, "el justo por su fe vivirá" (Hab 2:4), para lo cual, "ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan" (Hch 17:30), y que crean el evangelio. 

Antes de la Ley, el pecado dominaba al mundo, pero "donde no hay ley, tampoco hay transgresión" (Ro 4:15), de modo que la Ley fue dada "para poner de manifiesto la desobediencia de los hombres, hasta que viniera esa «descendencia» (Jesús) a quien se le había hecho la promesa" (Ga 3:19 DHH). Pero donde hay conocimiento de la ley, también hay condenación (porque cualquier ley, una vez publicada, se da por conocida de todos, por tanto, ya sea que hagamos lo que esa ley prohíbe, o que no hagamos lo que ésta manda, nos hace culpables); de modo que, la Ley, aunque es buena, no sólo no salva, sino que condena, pero era necesario enseñarla para que el pueblo fuera consciente de su pecadoEn otras palabras, la Ley no fue dada a Israel para salvarlo; "la ley fue nuestra maestra que nos condujo a Cristo, para que fuésemos justificados por medio de la fe" (Ga 3:24 NBV)En efecto, "en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: «El justo vivirá por la fe" (Ro 1:17 NVI). 

Fue así cómo, "cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos." (Ga 4:4-5 NVI). Jesús fue "destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor" a nosotros (1Pe 1:20). En las Escrituras, se habla de los "postreros tiempos" para referirse al período que abarca entre la primera y segunda venida de Cristo; es decir, entre su nacimiento y hasta que Él vuelva por su iglesia, antes del derramamiento de las copas de la ira de Dios.

Como estaba por comenzar una nueva era, donde la Gracia de Dios y Su "buena voluntad para con los hombres" (Lc 2:14) estaba por ser manifestadaa diferencia de Juan, que fue dado a luz por una anciana estéril, Jesús nació de una joven virgen, una doncella, hija de Israel, que no había conocido varón; pero lo más importante: Su Progenitor no era humano, sino el Dios Viviente. De modo que Jesús no sólo era el Hijo del Hombre, nacido en un tiempo y lugar determinado, también era el Hijo de Dios, procedente de la eternidad, quien, "para deshacer las obras del diablo" (1Jn 3:8), y "para quitar nuestros pecados" (1Jn 3:5), cuando vino al mundo, lo hizo como un ser mortal, es decir que, "por cuanto los hijos participan de carne y sangre, también Jesús participó de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo" (He 2:14 NBLA). Pero estaba escrito que Él "no quedaría en el sepulcro y su cuerpo no se corrompería" (Hch 2:31 NBV); "a este Jesús, Dios lo resucitó" (Hch 2:32 NVI). "Él está ahora sentado a la diestra de Dios. Y tal como lo prometió, después de recibir del Padre al Espíritu Santo, lo ha enviado a nosotros" (Hch 2:33 NBV). "La presencia del Espíritu Santo en nosotros es como el sello de garantía de que Dios nos dará nuestra herencia" (Ef 1:14 NBV).

El Hijo de Dios "se presentó una sola vez y para siempre para quitar el pecado mediante su propia muerte en sacrificio" (He 9:26 NTV), dando inicio a una nueva era, bajo un nuevo Pacto, el de la Gracia de Dios quien "gratuitamente nos declara inocentes, porque Jesucristo pagó todas nuestras deudas" (Ro 3:24 NBV).

Por todo esto, no podemos sino hacer nuestras las palabras de Pedro, quien alabó al Señor, diciendo: "¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia que no se puede destruir, contaminar o marchitar. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes (nosotros los creyentes), a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos" (1Pe 1:3-5 NVI).


EL NACIMIENTO DE JESÚS


Por aquel tiempo, el Emperador romano Augusto César promulgó un edicto para que todos en el imperio fueran censados. (Este censo se realizó cuando Cirenio era gobernador de Siria).  Para ser empadronados, era necesario que, los que vivían lejos de su familia de origen, volvieran a sus ciudades. Siendo José descendiente de David, tomó a su mujer María, que estaba encinta, y viajó de Nazareth a Belén de Judea, la ciudad de David. Y aconteció que, estando en Belén, se cumplió el tiempo de su alumbramiento, y María "dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre", porque no había lugar para ellos en la posada. (2:1-7)

* César Augusto fue emperador romano entre los años 31 a.C. y 14 d.C., lo que concuerda con la información que proporciona Lucas. Sin embargo, las fechas no calzan en lo referente al Censo que Publio Sulpicio Quirinio o Cirenio habría encabezado siendo gobernador de Siria. Efectivamente Cirenio estuvo al frente de un Censo, pero éste se realizó en el año 6 d.C. —época en que Judea era parte de Siria.  Es probable que se haya realizado otro censo antes, el año en que Jesús nació, que no está en los registros históricos conocidos, pero Cirenio no habría tenido participación en él como gobernador de Siria, pues, asumió el cargo después de la destitución de Arquelao, lo que ocurrió a mediados de la primera década del siglo 1 d.C. Sólo nos queda especular que, así como hemos visto que ha sucedido con otros manuscritos, quizás esa información fue añadida por terceros posteriormente; pero hasta ahora no hemos sabido que se haya encontrado alguna copia más antigua de este evangelio en la que no aparezca esa referencia. 
 
Lo que no podemos poner en duda es que sí hubo algún tipo de empadronamiento que fue la causa de que José y María, que vivían en Galilea de Nazaret, estuvieran en Belén —que queda a más de 100 km. de distancia— cuando llegó la fecha de alumbramiento, y fue esa situación la que llevó al cumplimiento de la profecía hecha por Miqueas respecto del lugar de nacimiento del Mesías: "Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel..." (Mi 5:2)  
 
Pero hay otra situación que llama más la atención en cuanto a los tiempos. Lucas, empezando su relato de los hechos, dice que, "Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías..." (Lc 1:5). Sin embargo, los registros históricos dan cuenta de que Herodes el Grande murió en el año 4 antes de Cristo. Considerando esa información, podemos concluir una de dos cosas: El rey Herodes no es Herodes el Grande, sino uno de sus hijos; o Jesús no nació en lo que conocemos como el año 1 d.C. 
 
La primera opción la descartan los mismos evangelios, porque cuando Jesús era niño (no sabemos si recién nacido), un ángel apareció en sueños a José diciendo: "Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo" (Mt 2:13). El mismo evangelio nos informa que: "Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos" (Mt 2:16). Más adelante, el relato continúa: "después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño" (Mt 2:19-20). Fue entonces que José volvió a Israel, pero el relato sigue diciendo que, José, "oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea" (Mt 2:22). Herodes Arquelao gobernó en Judea entre los años 4 a.C. y 6 d.C. Por tanto, evidentemente, el Herodes que reinaba cuando nacieron Juan y Jesús era, sin lugar a dudas, Herodes el Grande, quien murió en el año 4 a.C.
 
Entonces, la opción de que Jesús no nació en el año 1 d.C. es la respuesta correcta, pero no se trata de un error de Lucas, sino de Dionisio el Exiguo (siglo VI), un monje al que se le encomendó la tarea de tomar la fecha de nacimiento de Jesús como el acontecimiento de mayor importancia, a partir del cual la historia debía dividirse en antes y después. Al fijar la fecha, el monje tuvo en cuenta la información que aparece en los evangelios, de que Jesús nació en uno de los últimos años de vida de Herodes el Grande, pero se equivocó al estimar la fecha de muerte del rey, y tomó el año 753 a.u.c (Ab Urbe Condita, que se refiere a la Fundación de la Ciudad de Roma), en vez de 750 a.u.c., que es la verdadera fecha en que falleció, que equivale al año 4 a.C. en nuestro calendario. 
 
Considerando todo lo anterior, ya que Herodes el Grande murió en el año 4 a.C., es muy probable que el nacimiento de Jesús haya sido entre dos a cuatro años antes de esa fecha, pues, debemos tener en cuenta que Herodes inició una persecución del niño desde que sintió su reinado amenazado por él, llegando a ordenar la horrible matanza de los niños menores de dos años de Belén y alrededores. Por otro lado, suponiendo que María quedó embarazada inmediatamente después del anuncio del ángel Gabriel, esto es, en el sexto mes de embarazo de Elizabet (vv.24, 26, 36), que cayó en el undécimo mes del calendario lunar, es decir, el mes de shevat, que corresponde a algún día entre los meses de enero a febrero del calendario gregoriano, su embarazo habría tenido fecha de término no en diciembre, como aleatoriamente las autoridades romanas de la época determinaron datar el nacimiento de Jesús, sino algún día en el mes de Bul, que corresponde al octavo mes del calendario hebreo.
 
En conclusión, podemos deducir, de manera un poco más acertada, que el nacimiento de Jesús fue algún día entre los meses de octubre y noviembre, entre los años 7 y 4 antes de Cristo —por extraño que suene.
 
  

Dios Cumple su Promesa y Envía al Salvador

Dentro de la región, había unos pastores que se turnaban durante la noche para cuidar su rebaño. En eso estaban, cuando se les presentó un ángel del Señor, y la gloria de Dios los rodeó de resplandor, y sintieron mucho miedo. El ángel les dijo que no temieran, pues, traía nuevas de gran gozo para todo el pueblo: "os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor", y agregó que lo hallarían envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Repentinamente, apareció con el ángel una multitud de huestes celestiales que alababan a Dios, diciendo: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!". Una vez que los ángeles volvieron al cielo, los pastores decidieron ir hasta Belén, donde hallaron a José, María y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron la visión que habían tenido, y todos los que oían se maravillaban de lo que los pastores decían. Mas "María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón". Los pastores se retiraron glorificando y alabando a Dios por haber visto y oído todas estas cosas, que sucedieron tal como se las habían dicho. (2:8-20)

* Hace algunos años leí que el hecho de que Jesús fuera puesto en un pesebre, envuelto en pañales, era una forma de señalar que aquel pequeño bebé estaba destinado a convertirse en el Cordero sin manchas que iba a ser sacrificado para expiación de nuestro pecado. Decía el texto que era costumbre de los judíos de antaño que, cada vez que nacía un corderito perfecto, sin manchas, era inmediatamente apartado para estas ceremonias de purificación, que periódicamente se realizaban en el templo, y se le envolvía cuidadosamente en paños, y se le ponía en una pesebrera, para evitar que sufriera cualquier daño que imposibilitara usarlo como sacrificio. Quizás por eso, la señal dada a los pastores era que hallarían al Salvador en un pesebre, envuelto en pañales; porque ¿quién más que un pastor judío podía comprender lo que eso significaba?

** Lucas expresa que María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (v.19). Como ya dijimos, es muy probable que la madre de Jesús haya sido uno de los testigos más cercanos al Señor que Lucas entrevistó. Ningún otro, sino la madre del pequeño rey, o alguien muy cercano a la familia del Redentor, podía dar detalles sobre la visita de los pastores al lugar de nacimiento, o de su relato sobre la visión del ángel que les anunció el nacimiento del Mesías, o de las huestes de seres celestiales que alaban a Dios por haber tenido misericordia para con los hombres... O sobre los hechos que siguen a continuación:


LOS PRIMEROS AÑOS DEL REDENTOR 

Cumpliendo con la ley, el niño fue circuncidado al octavo día de nacido, y "le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido". Asimismo, cuando llegó el día de purificación, José y María llevaron a Jesús al templo para presentarlo al Señor —pues, la ley mandaba que todo varón primogénito debía ser consagrado a Jehová (ver versículos)—, y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas, o dos palominos, conforme a lo que dice la Ley. (2:21-24)

* Aquí hay un argumento que nos permite conocer que José y María eran personas de escasos recursos, pues, ofrecieron para el sacrificio un par de tórtolas (o palominos), que era la alternativa que la ley permitía a los pobres que no tenían para ofrecer un cordero.


Guiado por el Espíritu Santo, había llegado hasta el templo, un varón llamado Simeón, que aguardaba con esperanza la consolación de Israel, al cual le había sido revelado que no moriría sin antes ver al Cristo. Cuando vio al niño Jesús, lo tomó en brazos, y bendijo a Dios, diciendo: "Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel". José y María estaban maravillados por las cosas que se decían del niño. Entonces Simeón los bendijo, y dirigiéndose a la madre, continuó diciendo: "Este Niño ha sido puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, y una espada traspasará aun tu propia alma, a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones" (NBLA). (2:25-35)

* ¿Qué espada sería aquélla que traspasaría aun el alma de María? 

Muchos estudiosos han concluido que Simeón, probablemente, se refería a los padecimientos de Jesús, que culminaron con su crucifixión, de lo cual María fue testigo. De hecho, así como los discípulos no entendieron hasta el final en qué consistía la salvación que traía Jesús, tal vez María nunca pensó que su hijo debía padecer tanta crueldad hasta llegar a morir para poder redimir. A pesar de que la forma en que el Mesías terminó su vida terrenal estaba escrita en las profecías, un velo cubría ese misterio, el cual fue quitado después que los hechos fueron consumados, y revelado a los apóstoles para conocimiento del mundo entero.

Aun cuando la interpretación anterior tiene mucho sentido, no debemos perder de vista lo que Simeón continúa diciendo sobre aquella espada que traspasa el alma, aun de María: "... para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones" (v.35). La Bíblia se interpreta a sí misma, por lo que, para discernir el significado, sugiero que consideremos, primero, que Juan en su evangelio llama a Jesús "el Verbo", "Logos" o "la Palabra" de Dios encarnada. Luego, si vamos a la epístola escrita a los Hebreos, leeremos que, "la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta" (He 4:12-13). Si bien es cierto, en el griego las palabras que se traducen como espada son distintas en ambos textos, el significado de los dichos de Simeón y de lo escrito a los hebreos es el mismo: se trata de un instrumento cortante usado para traspasar cualquier barrera, hasta llegar a lo más profundo del ser, y extraer aquello que permanecía oculto. 

María había sido escogida por Dios para anidar en su vientre al Salvador del mundo, pero ese privilegio no la eximía de que su alma, al igual que la de todos los vivientes, debía quedar expuesta, por medio del mensaje de Aquél que entonces sólo era un pequeño niño que cargaba en sus brazos, pero que era nada menos que el Logos de Dios encarnado. 

La fe, dice la Biblia, viene por oír la Palabra de Dios, es decir, el instrumento usado por Dios para abrir nuestros ojos y oídos espirituales es su Palabra (la espada cortante). María, la madre de Jesús, igual que todos los seres humanos, necesitaba que el Ungido de Dios, el Logos encarnado, le hiciera ver su pecado y la necesidad que tenía de ser salvada por Él, pues, aunque ella lo llamaba "mi hijo", Jesús era esencialmente el enviado de Dios para salvar al mundo. 

** Jesús era la salvación que Dios había preparado no sólo para Israel, sino para todas las naciones (v.32); tal como lo había prometido por medio del profeta Isaías, diciendo: "Poca cosa es que tú seas mi siervo para levantar a las tribus de Israel y restaurar a los sobrevivientes de Israel. Yo te pondré como luz para las naciones, a fin de que seas mi salvación hasta el extremo de la tierra" (Is 49:6). Pero, aunque estaba escrito, estaba velado. Así lo explica Pablo: se trataba de un "misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio" (Ef 3:5-6).

También Isaías dijo que, si bien Cristo vino a salvar, "para Israel y Judá será una piedra que hace tropezar a muchosuna roca que los hace caer. Y para el pueblo de Jerusalén será una red y una trampaMuchos tropezarán y caerán y no volverán a levantarse; caerán en la trampa y serán capturados" (Is 8:14-15 NTV). Pedro explicó que, para los que creyeron de entre los judíos, Jesús era una piedra preciosa, pero para los que no creyeron, se convirtió en piedra de tropiezo. "Tropiezan al desobedecer la palabra, para lo cual estaban destinados" (1Pe 2:8 NBV), concluyó el apóstol.


También estaba presente en el templo Ana, profetiza de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, que había enviudado muy joven, tras siete años de matrimonio, y ya habían pasado ochenta y cuatro años desde entonces. Ella no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día, con oración y ayuno. A la misma hora que trajeron a Jesús, Ella llegó, y "daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén". Una vez que dieron cumplimiento a todo lo mandado por la ley, José, María y Jesús retornaron a Galilea en Nazaret, donde "el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él". (2:36-40).

* Mucho misterio rodea la infancia de Jesús, y no ha faltado el que ha echado a volar la imaginación, y se ha inventado historias fantásticas de Jesús haciendo milagros cuando niño, pero los cristianos debemos quedarnos sólo con lo que la Palabra de Dios nos dice; esto es, que "El niño crecía y se fortalecía; se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios lo acompañaba(Lc 2:40 NVI), con lo cual entendemos que Jesús, si bien la Gracia de Dios siempre lo acompañó, tuvo una infancia normal, como cualquier niño, y que, mientras crecía, fue aprendiendo sabiduría, muy probablemente, siendo instruido por sus padres en los principios de la Ley.


Jesús a los Doce Años

Cada año, José y María iban a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron como de costumbre, y ocurrió que, terminada la fiesta, emprendieron el viaje de regreso a Galilea, creyendo que Jesús se encontraba en medio de los viajeros. Pero habiendo transcurrido un día, se dieron cuenta de que no había salido con ellos, así que se devolvieron a Jerusalén. Al cabo de tres días, lo encontraron sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas, y todos se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando sus padres lo vieron, su madre le dijo: "Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros?" (...) "¡Mira que tu padre y yo te hemos estado buscando angustiados!" (NVI); a lo que Él respondió: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?". Pero José y María no comprendieron sus palabras. Luego juntos volvieron a Nazaret, y Jesús vivió sujeto a la autoridad de sus padres. Y María guardaba todas estas cosas en su corazón. En cuanto a Jesús, "crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres". (2:41-52)

* Como dijimos anteriormente, es muy probable, que estos detalles Lucas los haya obtenido de la propia madre del Salvador, pues, nuevamente, el autor comenta: "Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón" (v.51).

Conforme a este relato, podemos ver que, a los doce años, Jesús ya sabía que había salido de Diospues, es claro que no se estaba refiriendo a José al decir: "en los negocios de mi Padre me es necesario estar" (v.49). Además, es seguro que, desde niño, sus padres terrenales le habían transmitido las enseñanzas de la Torá, y, habiendo llegado a la edad en que, según la tradición judía, estaba por alcanzar la madurez (13 años), él comenzó a inmiscuirse en los negocios de su Padre, por lo cual, ahora se encontraba en medio de los eruditos de la ley, oyéndolos, y haciendo preguntas, para aprender de ellos, o quizás, midiendo cuánto entendían los doctores de la ley sobre las Escrituras. Con todo, aunque sabía que de Dios había salido, mientras crecía, no sólo en estatura, sino en sabiduría y gracia para con Dios y los hombres (v.52), él se sometía a la autoridad de aquéllos que Dios había señalado como responsables de su cuidado en la tierra (v.51).


INICIO DEL MINISTERIO DE JUAN BAUTISTA 

Cuando Tiberio César llevaba quince años como emperador de Roma; Poncio Pilato era gobernador de Judea; Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, y siendo sumo sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto, quien fue por toda la región contigua al Jordán, "predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados", según estaba escrito en la profecía de Isaías, que dice: "Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas. Todo valle se rellenará, y se bajará todo monte y collado; los caminos torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados; y verá toda carne la salvación de Dios(ver Is 40:3-5). Y Juan decía a las multitudes que se acercaban para ser bautizadas: "¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?". Y los exhortaba, diciendo: "Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento", porque muchos pensaban que su salvación estaba garantizada por ser descendientes de Abraham, a lo cual Juan respondía: "os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras". Y también les decía: "Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego". Al oír sus palabras, la gente se preguntaba "¿qué haremos?"; y Juan respondía: "el que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo". A unos publicanos que querían ser bautizados, les dijo: "No exijáis más de lo que os está ordenado", y a unos soldados, les respondió: "No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario".  (3:1-14)

* Tiberio César asumió en el año 14 d.C., por tanto, si Juan Bautista fue llamado por Dios a iniciar su ministerio quince años más tarde, esto habría ocurrido alrededor del año 29 d.C. 

** Ser descendiente de Abraham no es garantía de salvación (v.8), pues, la promesa que Jehová le hizo, de que "En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz" (Gn 22:18), se cumpliría a través de uno solo de sus hijos: Isaac; y la simiente a la cual se hizo la promesa es Jesús. 

No debemos olvidar que —aparte de Isaac, que es el hijo de la promesa—, Abraham también engendró a Ismael, el hijo que tuvo con la sierva de Sara, y, después que Sara murió, tuvo otra mujer, de nombre Cetura, con quien tuvo varios hijos. Tanto de Ismael, como de los hijos de Cetura salieron grandes pueblos, de los cuales no sabemos si algunos habrán vivido según la fe del patriarca, pero sí se sabe que muchos de ellos se volvieron politeístas; por tanto, ser hijo de Abraham no era sinónimo de ser salvos... Ni siquiera para todos los descendientes de Isaac

Además, recordemos las palabras del Apóstol Pablo, que dijo: "... no todos los que descienden de Israel son Israel. Tampoco por ser descendientes de Abraham son todos hijos suyos. Al contrario: «Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac». En otras palabras, los hijos de Dios no son los descendientes naturales; más bien, se considera descendencia de Abraham a los hijos de la promesa" (Ro 9:6-8 NVI), y también dijo: "Así fue con Abraham: «Creyó a Dios y esto se le tomó en cuenta como justicia». Por lo tanto, sepan que los verdaderos hijos de Abraham son aquellos que viven por la fe. En efecto, la Escritura, habiendo previsto que Dios justificaría por la fe a las naciones, anunció de antemano el evangelio a Abraham: «Por medio de ti serán bendecidas todas las naciones». Así que los que viven por la fe son bendecidos junto con Abraham, el hombre de fe" (Ga 3:6-9 NVI). 

*** El salmista había advertido: "Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira" (Sal 2:12). Jesús vino para reunir las ovejas perdidas de Israel, pero hubo ovejas que desecharon el mensaje, y no creyeron "en el nombre del unigénito Hijo de Dios" (Jn 3:18). 

Juan advirtió, refiriéndose a esos incrédulos: "El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles y todo árbol que no produzca buen fruto será cortado y arrojado al fuego" (v.9 NVI); palabras que recuerdan dos historias bíblicas sobre higueras sin frutos. La primera, la veremos en Lucas 13, y la otra, la vimos en Marcos 11, ambas dirigidas a Israel, el pueblo del pacto, que evidentemente no había sido capaz de dar el fruto esperado. La primera historia habla de la paciencia y el cuidado de Dios por su pueblo, llamándolos al arrepentimiento y a que se volvieran a Él; y la segunda, de la sentencia que el Unigénito de Dios dictó contra la higuera que, se veía hermosa, llena de hojas por fuera, pero sin fruto: "¡Nunca más vuelva nadie a comer de tu fruto!(Mr 11:14), luego de lo cual, la higuera se secó desde la raíz.

Jesús no vino para condenar al mundo, sino para salvarlo, sin embargo, los que lo rechazaron, escogieron para sí mismos la condenación. "Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas" (Jn 3:18-19).

 

La gente estaba expectante sobre la venida del Mesías, y se preguntaba si Juan sería el Ungido, pero él aclaraba: "Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará". Con esta exhortación, y otros muchos consejos, Juan anunciaba las buenas nuevas a Israel. También reprendió a Herodes el tetrarca, por haber tomado a la mujer de su hermano Felipe como esposa, y por todas las maldades que había hecho, a las cuales, "añadió además ésta: encerró a Juan en la cárcel". (3:15-20)

* "Juan bautizó con el bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en Aquel que vendría después de él, es decir, en Jesús" (Hch 19:4). De esa forma, Juan preparaba al pueblo de Israel para recibir a su Mesías, el cual bautizaría, ya no "en agua para arrepentimiento" (Mt 3:11), que era el bautismo de Juan, sino en Espíritu Santo y fuego (v.16), que habla de fe, arrepentimiento para perdón de pecados, justificación y santificación progresivaSi bien el bautismo de Juan no era para salvación, el sumergirse en las aguas del río era una forma de dar testimonio público de que la persona que había oído el llamado se arrepentía de su pecado, y tenía una real aspiración de presentarse ante Dios con una buena conciencia.

En cambio, el bautismo en Espíritu Santo es el renacimiento espiritual del hombre. Pedro lo resume en el siguiente llamado: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch 2:38). 

Pablo, en sus cartas a los creyentes, lo dice de esta manera: "ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de Su gloria." (Ef 1:13-14 NBLA). 

El resultado es un nuevo nacimiento; "¿O no saben ustedes que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida" (Ro 6:3-4 NBLA). 

El fuego (v.16) es el fuego purificador de las pruebas, necesario para quitar las impurezas, y permitir que se forme la imagen y semejanza del Creador en la nueva criatura.

** Herodes el Tetrarca es Herodes Antipas, hermano de Herodes Arquelao, a quien mencionamos precedentemente, quien gobernaba en Judea cuando José y María volvieron con Jesús desde Egipto, tras la muerte de Herodes el Grande. Antipas fue nombrado tetrarca de Galilea y Perea, al morir su padre, en el año 4 a.C.


INICIO DEL MINISTERIO DE JESÚS


El Bautismo del Hijo del Hombre

Un día en que Juan bautizaba en el Jordán, llegó Jesús para ser bautizado; y mientras oraba, se abrió el cielo, y descendió el Espíritu Santo en forma de paloma sobre Él. Entonces se oyó una voz desde el cielo, que dijo: "Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia". (3:21-22) 

* Jehová estaba confirmando que Jesús era su Ungido, al que había enviado para traer justicia al mundo, conforme a la profecía de Isaías, que dice: "He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones" (Is 42:1). Jesús, habiéndose mantenido fiel a su Dios y Padre, fue lleno de su Espíritu Santo, para dar inicio a su ministerio terrenal. Pero antes debía ser probado...


LA GENEALOGÍA DE JESUS SEGÚN LUCAS

Lucas señala que, cuando inició su ministerio, Jesús "era como de treinta años", y que era hijo, "según se creía, de José, hijo de Elí", y continúa con la genealogía de Jesús, haciendo un recorrido ascendente a través de las generaciones, señalando su descendencia de "Natán, hijo de David, hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Booz", y sigue ascendiendo, pasando por "Fares, hijo de Judá, hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham", hasta llegar al primer hombre, diciendo: "... hijo de Adán, hijo de Dios". (3:23-38)

* Las genealogías presentadas por Mateo y Lucas tienen importantes diferencias. La primera diferencia, es que Mateo presenta una genealogía descendente, partiendo del padre de la Fe, Abraham, pasando por David, Salomón, y una larga lista de reyes, hasta llegar a "Jacob (quien) engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo" (Mt 1:16). Por su parte Lucas hace una genealogía ascendente, que parte desde su padre adoptivo "José, hijo de Elí" (v.23) —aquí vemos otra diferencia: José hijo de Elí, no de Jacob, como dijo Mateo—, pasando por una serie de nombres que no son reyes, que, sin embargo, son descendientes del Rey David, pero no a través de su hijo Salomón —como dice Mateo—, sino de Natán; y sigue subiendo, mencionando a Abraham, hasta llegar al primer hombre sobre la tierra: "... hijo de Adán, hijo de Dios" (v.38). 

El historiador cristiano Eusebio (260-339 d.C.), en su libro "Historia de la iglesia" relata que otro historiador de nombre Julio Africano (160-240 d.C.), escribió la razón por la cual las genealogías de Mateo y Lucas son diferentes. En su carta dirigida a un personaje de la época, Africano argumenta: "Esto no es ni improbable ni una conjetura. Los parientes humanos del Salvador han transmitido también esta tradición, bien para jactarse, bien sencillamente para dar información, pero, en cualquier caso, diciendo la verdad" (cita textual transcrita por Eusebio). En resumen, lo que argumenta Africano es que la diferencia entre ambas genealogías tiene que ver con la Ley de levirato. Esto es que, cuando un hombre muere sin dejar descendencia, su hermano debe tomar por esposa a la viuda, y el primer hijo que nace de esa unión es legalmente considerado hijo del difunto, por tanto, lleva su nombre y es heredero de sus bienes. Jacob y Elí eran hijos de la misma madre, pero de padres distintos: el primero, descendiente de Salomón, y el otro, de Natán, ambos hijos de David. Por tanto, José fue engendrado por Jacob, es decir, era hijo natural de Jacob, pero, por la Ley de Levirato, legalmente era hijo de Elí, quien murió sin engendrar hijos. 

En otra parte de su carta, Africano explica: "... se preservaban tanto las memorias del padre real como del nominal. Así, ninguno de ambos Evangelios está en error, porque tienen en cuenta tanto la naturaleza como la ley" (Fuente: Libro "Eusebio, Historia de la Iglesia" - Traducción y comentario por Paul  L. Maier, Editorial Portavoz). En cuanto a Jesús, si bien Él no fue engendrado por José, fue acogido por éste como hijo suyo, por tanto, tenía todos los derechos de primogénito como hijo legítimo. Además, aunque la Biblia no lo especifica, con seguridad María también era descendiente de David, ya que, por motivos hereditarios, en aquel tiempo sólo se permitían las uniones matrimoniales entre miembros de una misma tribu, incluso, de un mismo clan familiar. Con todo, lo importante aquí es que, en ambas genealogías se cumple la promesa de que el Mesías iba a ser un descendiente de David. 

Las Escrituras son inerrantes, y nada está puesto allí al azar. La diferencia en las genealogías tiene su razón de ser, así como otro detalle que no vamos a pasar por alto, y que se relaciona con lo mismo. Es el hecho de que Mateo señala a Abraham como cabeza de la genealogía de Jesús; en tanto que Lucas toma a Adán como el primer padre. La explicación estaría en el hecho de que Jesús es tanto el Hijo de Dios como el Hijo del Hombre. 

Como hijo de Adán —pues, nació de María, una hija de Adán— Jesús era completamente humano, un hombre de carne y sangre, que no se diferenciaba físicamente en nada del resto de la humanidad. La única diferencia —no menor, pues, es lo que permitió que Jesús pudiera llevar a cabo la redención del mundo (propiciación, expiación, resurrección, glorificación)— es que, al no haber sido engendrado por simiente de hombre, sino por Dios, Jesús no había heredado el pecado de Adán.

Como hijo de Abraham, el padre de la fe, Jesús era el heredero de la promesa; la simiente en la cual todas las familias de la tierra son bendecidas.

Pablo habla de esta diferencia entre los terrenales (hijos de Adán) y los de fe (hijos de Abraham), y de la necesidad que todos tenemos de transitar de lo terrenal a lo espiritual, diciendo: "Así está escrito: «El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo». El último Adán (Jesús) se convirtió en Espíritu que da vida. Entonces, el hombre espiritual no apareció primero, sino el hombre físico, y luego el espiritual. El primer hombre viene del polvo de la tierra. En cambio, el segundo hombre viene del cielo. Los que pertenecen a la tierra son como el hombre que viene del polvo de la tierra, pero los que pertenecen al cielo son como el que viene del cielo. Ahora somos como el hombre que viene del polvo de la tierra, pero luego seremos como el hombre que viene del cielo" (1Co 15:47-49 PDT), y termina diciendo a los creyentes: "Les digo esto, hermanos: nuestro cuerpo de carne y hueso no puede tener parte en el reino de Dios. Pues lo que se pudre no puede ser parte de lo que nunca se pudre. Pero escuchen este secreto: No todos moriremos, pero todos seremos transformados. En un abrir y cerrar de ojos seremos transformados. Esto sucederá al toque final de la trompeta, pues la trompeta va a sonar, y los muertos serán resucitados con un cuerpo que nunca se pudre y todos seremos transformados. Nuestro cuerpo que se va a podrir, se vestirá con lo que nunca se pudre; y este cuerpo que va a morir, se vestirá con lo que nunca muere. Cuando lo que se pudre se vista con lo que nunca se pudre, y cuando lo que muere se vista con lo que nunca muere, entonces lo que dice la Escritura se hará realidad: «La muerte ha sido devorada por la victoria. Muerte, ¿dónde está tu victoria?  Muerte, ¿dónde está tu aguijón?»" (1Co 15:55 PDT).

En resumidas cuentas, las genealogías se presentaron de esa manera, porque Adán es el padre de los terrenales; en tanto que Abraham es el padre de los hijos de la fe, porque por la fe nacen los espirituales, que son los que están conformando la iglesia, a la cual las Escrituras se refieren como "la nueva Jerusalén" o "Jerusalén celestial", que es la novia del Cordero.

** Lucas señala que Jesús "era como de treinta años" cuando inició su ministerio (v.23) (nótese que no dice que tenía 30 años, sino alrededor de treinta). De acuerdo a lo que hemos estudiado, Juan recibió el llamado a bautizar alrededor del año 29 d.C., por tanto, Jesús debe haber iniciado su ministerio algunos meses después, probablemente el año 30 d.C. Considerando esta información, y el hecho de que hay un error al datar el año 1 d.C. como el año en que el Señor nació, podemos estimar que Jesús debe haber tenido alrededor de 34 a 37 años cuando se reveló públicamente.  

En resumen, aunque la tradición diga que Jesús tenía treinta años cuando comenzó a anunciar el evangelio, y que murió a los treinta y tres, las Escrituras no lo mencionan, y los registros históricos que aporta Lucas desmienten esa información. Lo que sí podemos afirmar es que Jesús murió en la cruz el año 33 d.C., y para ese entonces, Él debe haber tenido entre 37 a 40 años.


JESÚS ES SOMETIDO A TENTACIÓN

Habiendo recibido el bautismo de Juan, Jesús, lleno del Espíritu Santo, es conducido por el Espíritu al desierto, donde permaneció cuarenta días, siendo tentado por el diablo. Durante aquellos días no comió nada, pasados los cuales sintió hambre, entonces vino el diablo, y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan", a lo que Jesús respondió: "Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios". Luego, el diablo lo llevó a un alto monte, y le mostró todos los reinos de la tierra, y le dijo: "A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos". Jesús le respondió: "Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás". Luego, el diablo lo llevó a Jerusalén, al pináculo del templo, y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden; y, en las manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra". Entonces, Jesús le dijo: "Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios". Habiendo acabado con toda tentación, el diablo se apartó de Jesús por un tiempo. (4:1-13)

El conocimiento de la Palabra de Dios es un arma muy poderosa contra el enemigo. Jesús, ante toda tentación, citó las Escrituras (ver Dt 8:3; Dt 6:13; Sal 91:11-12; Dt 6:16), y el diablo, al no conseguir engañarlo, se alejó por un tiempo. Pero no debemos menospreciar las habilidades de Satanás, pues, como podemos ver en estos versículos, él también es un hábil conocedor de las Escrituras, pero manipula las palabras y tergiversa su sentido, para usarlas a su favor. Jehová dijo: "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento..." (Os 4:6). Por tanto, el llamado es a llenarnos de la Palabra de Dios para crecer en el conocimiento de Dios, y para tener argumentos que nos ayuden a resistir al tentador.

** En una conferencia de Pastores, alguien hizo la siguiente pregunta: ¿Jesús podía ser tentado? Luego de un silencio, la mayoría estuvo de acuerdo en que, siendo Dios no podía ser tentado... A la verdad, creo que esa respuesta suena muy bíblica, pero deja de lado un detalle no menor, y es que Jesús, "aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres" (Fil 2:6-7 NBLA). Es decir, Jesús era completamente humano, pero la Gracia de Dios nunca se apartó de Él, y, además, "agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud" de la Deidad. (Col 1:19 y otros).

Con todo, aunque era humano, a diferencia de Adán después de la caída, mientras Jesús permaneció en el mundo, gozaba plenamente de su capacidad para tomar decisiones autónomas de manera responsable (libre albedrío), porque, como fue engendrado por Dios, y no por hombre, su voluntad no estaba afectada por el pecado, como sucede con la descendencia de Adán (nosotros), que nace esclava del pecado, por tanto, tiene una inclinación natural hacia el mal; (esto, hasta que, por Gracia, Cristo nos rescata y nos devuelve la libertad de poder escoger servir a la justicia, aunque aún tenemos que estar vigilantes debido al pecado remanente en nuestra carne). 

Si a Jesús, las mismas Escrituras lo llaman "el postrer Adán"; podemos inferir que, si el primer Adán fue tentado, —y lamentablemente cedió a la tentación—, el postrer Adán, Jesús, también podía ser tentado. De hecho, la Escritura dice que Jesús "fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (He 4:15), y que, "aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen" (He 5:8-9). Que haya aprendido obediencia no significa que antes fue desobediente, sino que, para probar su fidelidad a Dios, debía ser sometido a pruebas y tentaciones, y padecer antes de entrar a su gloria. Recordemos que Isaías dijo que "Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos" (Is 53:10-11). Es decir que Jesús, "por el gozo puesto delante de Él" (He 12:2), sabiendo que llevaría a muchos hijos a la gloria, escogió mantenerse fiel a la Voluntad del Padre, a pesar de todas las aflicciones a las cuales Dios lo sometió a fin de perfeccionarlo

Probablemente, su última tentación es la que quedó registrada algunos minutos antes de su arresto, cuando desfalleciente oró a Dios con estas palabras: "Abba, Padre, todo es posible para ti. No me hagas beber este trago amargo..."; mas esa debilidad no duró ni un segundo, porque en seguida, oró: "pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú" (Mt 14:36 NVI), luego de lo cual un ángel apareció para fortalecerlo. Después de esos momentos de profunda angustia, tal fue su determinación de cumplir con la Voluntad de Dios, que, cuando lo fueron a detener, y Pedro quiso protegerlo sacando su espada, Jesús con firmeza le dijo que devolviera la espada a su funda, y añadió: "¿Acaso no he de beber el trago amargo que el Padre me da a beber?" (Jn 18:11 NVI), luego de lo cual, se entregó a sus captores para ser escarnecido, vituperado, flagelado y finalmente clavado en una cruz, con el único fin de que la descendencia de Adán, condenada a la muerte eterna, pudiera vivir por Él. 

"Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca" (Is 53:7).  


 

(Continuar estudio Lucas Segunda Parte)