sábado, 7 de diciembre de 2019

MATEO I - Las Credenciales del Mesías (Mt 1 a 4:1-11)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos que se están estudiando (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios que surgen respecto de esos textos. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)



DATOS GENERALES



Título del Libro: MATEO (Mt)
N° de Capítulos: 28
Autor : Mateo, Apóstol de Jesucristo
Fecha: Alrededor del 60 al 65 d.C
Clasificación: Primer libro de los denominados Evangelios (Los otros son los libros de Marcos, Lucas y Juan)
Tema: Vida del Hijo de Dios en la tierra, y cumplimiento de las Profecías Mesiánicas



INTRODUCCIÓN


El Nuevo Testamento contiene veintisiete libros; los primeros cuatro de ellos resumen la vida de Jesús en la tierra, y se les identifica como "los evangelios", pero sabemos que todos los libros del Nuevo Testamento están basados en el Evangelio de la salvación por la gracia de Dios.

Mateo es el primer Evangelio que aparece en la Biblia. No sólo eso, es el primer libro del Nuevo Testamento. Los estudiosos atribuyen esta posición, al hecho de que Mateo es el perfecto eslabón que une el Antiguo Testamento al Nuevo, ya que su autor se preocupa de resaltar, permanentemente, que muchos de los hechos relatados son el cumplimiento de profecías anunciadas en el Antiguo Testamento. Mateo es, además, el más conocido de los cuatro evangelios, quizá porque es el primero, o bien, porque es el que tiene más capítulos, por tanto, cuando leemos Mateo, tenemos un buen panorama general del ministerio del Hijo de Dios en la tierra; sin embargo, la tradición indica que el primer Evangelio en escribirse fue el de Marcos.

Mateo forma parte de los tres evangelios que se conocen con el nombre de sinópticos, porque siguen una línea muy similar en cuanto a su contenido. El más breve es el de Marcos, que probablemente sirvió como base a los otros dos. El tercero es el de Lucas. En tanto que, el Evangelio de Juan tiene su propia correlación y énfasis.

El nombre en hebreo de Mateo es Matityahu, que significa "don de Dios".

Mateo también era conocido con el nombre de Leví, y se unió a los discípulos de Jesús, tras ser llamado directamente por el Maestro. Hasta entonces, él se desempeñaba como publicano, es decir, prestaba servicios al imperio romano, recaudando impuestos para el César. Un publicano era considerado de lo peor entre los judíos, pues se les tildaba de traidores, ya que se enriquecían a costa de los de su propio pueblo, sirviendo a sus opresores. Sin embargo, cuando conoció a Jesús, no lo pensó dos veces, y de una vez y para siempre, abandonó su oficio y su vida de corrupción, para seguir al Señor.

En este Evangelio, su autor presenta las credenciales que certifican que Jesús es el Hijo de David, heredero al Trono eterno, conforme a las Escrituras. 


ESTUDIO


GENEALOGÍA DEL REY


Comienza este primer libro del Nuevo Testamento con la genealogía de los antepasados de Jesús, partiendo por Abraham, siguiendo con su hijo Isaac, luego, Jacob y su hijo Judá, pasando por todos los reyes del reino de Judá, hasta la deportación a Babilonia, llegando hasta Jacob, quien engendró a José, esposo de María, "de la cual nació Jesús, llamado el Cristo". Mateo, al final de este listado, hace la siguiente observación: "todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce". (1:1-17)

Con respecto a estos primeros versículos de este Evangelio, caben los siguientes comentarios: 

* No obstante que Mateo muestra a Jesús como descendiente del rey David, a través de su hijo el rey Salomón, algunos alegan inconsistencia en las Escrituras en cuanto al parentesco de Jesús con aquél a quien Jehová hizo la promesa de que el Mesías vendría de su linajeporque Jesús no fue engendrado por José, descendiente de David, sino por el Espíritu Santo. Por otra parte, si vamos al Evangelio de Lucas, nos encontramos con otra aparente contradicción en las Escrituras, pues, el evangelista dice que Jesús desciende de Natán, otro de los hijos de David. Con todo, Lucas tiene cuidado en aclarar que Jesús era "hijo, según se creía, de José...", para luego continuar con el detalle de la ascendencia de Jesús, hasta llegar a Adán, el primer hombre, a quien señala como "hijo de Dios".

Las genealogías descritas tanto por Lucas como por Mateo son correctas, y probablemente la diferencia está en el énfasis que cada escritor quiso dar a su relato. En el caso de Mateo, él pone énfasis en el linaje real de Jesús por medio de José, su padre adoptivo, pues, siendo Jesús adoptado como hijo legítimo por José, le correspondían todos los derechos legales de primogénito, incluido el linaje real que precedía a los antepasados de José, descendiente de David, padre de Salomón. En cuanto a Lucas, su interés estaba en enfatizar la humanidad de Jesús, aun cuando era el Hijo de Dios. Por esta razón, habría decido dejar por escrito su procedencia según la carne, describiendo la genealogía del Hijo del Hombre que nació de María, quien también era descendiente de David, posiblemente, a través de su hijo Natán. Por tanto, ya sea que se tome la ascendencia de Jesús como hijo adoptivo de José, o como nacido de María, en ambos casos se cumple la promesa que YHWH hizo a David, de que de su descendencia nacería Aquél que le edificaría casa, cuyo trono sería eterno.

Sin perjuicio de lo anterior, no podemos pasar por alto el comentario que, sobre esta controversia, insertó Eusebio, historiador cristiano del tercer siglo, en su obra "Historia de la Iglesia". En el Capítulo 1:7 titulado "La Persona y la Obra de Cristo", Eusebio, citando la carta de otro autor de nombre Africano, dice: "Los nombres en las familias de Israel se enumeraban bien por naturaleza, bien por ley; por naturaleza era en el caso de descendientes genuinos; por ley, cuando otro hombre era padre de hijos en el nombre de un hermano que hubiera muerto sin descendencia". Es decir, la diferencia se produce por la ley de levirato, que mandaba que, cuando un hombre moría sin dejar descendencia, su hermano debía desposar a la viuda, con el fin de engendrar heredero para el difunto. El escritor explica que el bisabuelo de José, por la línea de Salomón, llamado Matán, se casó con Ester, con quien tuvo un hijo llamado Jacob, y luego murió. Ester, habiendo enviudado, se casó con Melqui, que era primo del difunto, descendiente de otro hijo de David, Natán. De la unión de Ester con Melqui, nació Elí. Es decir, Jacob (el primer hijo de la viuda) y Elí eran hermanastros por parte de la madre. Posteriormente, Elí se casó con una mujer con la cual no tuvo descendencia antes de morir; y es entonces que se hace efectiva la ley de levirato, pues, Jacob, el hermanastro, tomó como mujer a la viuda de Elí, de la cual nació José, el padre adoptivo de Jesús. Dicho de otra manera: según esta explicación, José era hijo natural de Jacob, pero hijo de Elí según la ley.

Sin importar cual sea el origen de esta aparente contradicción, lo más relevante es que es indiscutible que Jesús era descendiente de David, tanto por adopción como según la carne, porque era hijo de María, también del linaje de David. 
  
Con todo, lo que más llama mi atención tiene que ver con el hombre escogido por cada escritor como punto de partida de esas genealogías: Mateo parte con el nombre de Abraham, el padre de la fe, a quien Jehová hizo las promesas, y no de Adán, el primer ser humano creado del polvo de la tierracomo lo hizo Lucas. En otras palabras, Mateo desea llevar nuestra atención hacia Jesús, el Hijo de Dios en quien se cumple la promesa hecha a Abraham de que en su simiente serían benditas todas las naciones; en tanto que Lucas nos hace mirar hacia Jesús, el Hijo del Hombre ungido por Dios para morir por sus hermanos que, como Él, eran carne y sangre. Porque Jesús, aun cuando su origen es de la eternidad, era un ser humano, nacido en un cuerpo terrenal como el de Adán, pero sin pecado, porque nació de la simiente de Dios. 

** ¿Tiene el comentario de mateo, relativo a los tres grupos de catorce generaciones cada uno, entre que se hizo la promesa a Abraham hasta que nació el Mesías, un fin más profundo que un simple dato anecdótico? La experiencia nos dice que en las Escrituras nada está puesto al azar, y que Dios permitió que estuviera allí por algún motivo. Si multiplicamos el número de 14 generaciones por 3, nos da un total de 42 generaciones. (Como dato extra, agregaremos que desde Adán hasta el nacimiento del Mesías hay sesenta y dos generaciones). El número 42 encierra un misterio, porque aparece en otros textos bíblicos. Por ejemplo, en Ap 11:2 y 3 dice que el patio del templo fue entregado a los gentiles, quienes hollarán la ciudad santa por 42 meses; pero que el Señor dio a sus dos testigos 1260 días (es decir 42 meses o tres años y medio) para profetizar. En Ap 13:5, dice que el dragón dio autoridad a la bestia para actuar por 42 meses. En otra parte del libro de la revelación, Ap 12: 6, dice que la mujer que dio a luz al varón, al que el dragón escarlata quería devorar, huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para ser sustentada por 1260 días, (es decir 42 meses ó 3 años y medio, los que, creemos, no serían meses como los conocemos, pues para Dios un día es como mil años...). La mujer perseguida es Israel; primero como el Israel terrenal, el de las doce tribus, que dio a luz al Salvador, pero luego de la resurrección del Mesías, como el Israel de la fe, la congregación de los santos, que peregrina por el desierto hasta que reciba la tierra por herencia, conforme a la bendición hecha al patriarca Abraham, el padre de la fe. Por tanto, entre la promesa y el nacimiento del Mesías está el número 42 (seis veces siete generaciones); y entre el nacimiento del Mesías y el regreso de éste en gloria y majestad, vuelve a aparecer el número 42. Quizás en ese juego de números se encuentra el misterio de la profecía de Daniel. No es mi intención, por ahora, comenzar a elaborar una teoría sobre el tema; sólo me limito a poner el tema en relieve.


CONCEPCIÓN DEL HIJO DE DIOS


Mateo nos relata la concepción de Jesús de la siguiente manera: "Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo". Cuando José se enteró de esto, quiso romper el compromiso, pero un ángel se le apareció en sueños, y le dijo que no temiera recibirla como esposa, pues, el Hijo que estaba en su vientre era del Espíritu Santo, y que debía llamar su nombre "Yeshua" (Jesús en español), que significa "Salvador", porque él salvaría a su pueblo de sus pecados. Entonces, Mateo escribe: "todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros". Consecuentemente, José tomó a María como esposa, pero no consumó su matrimonio, sino hasta después de que María dio a luz al Hijo de Dios. (1:18-25)

* En Lc 1:26-35 se relata cómo fue el momento en que el ángel Gabriel, enviado por Dios, fue hasta María, que vivía en Nazaret, ciudad de Galilea, para comunicarle que ella había hallado gracia ante los ojos de Jehová para concebir en su vientre un Hijo, al cual pondría por nombre Jesús, quien sería llamado Hijo del Altísimo, y al que Dios daría el trono de David, para que reinase sobre la casa de Jacob para siempre (ver Is 9:7). María le preguntó cómo podría suceder eso, pues, ella era virgen. El ángel Gabriel le respondió que el Espíritu Santo vendría sobre ella, y el poder del Altísimo la cubriría con su sombra, por lo cual el Hijo sería llamado Hijo de Dios.

** La religión católica niega que María haya consumado su matrimonio con su esposo José, y declaran a "María siempre virgen", lo que contradice la versión original de este evangelio, donde leemos que María se unió a su esposo carnalmente después que nació el Hijo (Mt 1:25). Es extraño que traten de defender la virginidad de María como si fuera pecado que se hubiera unido sexualmente a su marido legítimo, obedeciendo, por lo demás, el mandamiento que dice que el hombre "se unirá a su mujer, y serán una sola carne", o el que manda a Adán y Eva a fructificar, multiplicarse y llenar la tierra. La relación sexual entre marido y mujer no es pecado y, de hecho, el Apóstol Pablo se refiere al tema y, dice a las parejas de casados que no se nieguen el uno al otro, y que cumplan con sus deberes conyugales mutuamente, y está hablando de la intimidad sexual. Lo que es pecado es la fornicación, es decir, relaciones sexuales fuera del vínculo marital.

En los relatos estudiados, vemos en acción el cumplimiento de las siguientes profecías 
 
  • Gn 3:15 , La simiente de la mujer, el Hijo del Hombre que hirió a Satanás en la cabeza, viene al mundo;
  • Is 7:14: El Mesías no sería concebido de simiente humana, sino del Espíritu Santo en una mujer virgen. 
  • 2 Sa 7:12; 1R 8:25; 2 Cr 6:16; 1 Cr 17:11-15: El Mesías vendría del linaje del rey David, y sería conocido como el Hijo de Dios 
  • Gn 49:8-12: El Mesías vendría de la tribu de Judá, y procedería del linaje de los reyes. 
  • Is 9:6-7; Dn 2:44: El reinado del Mesías será eterno. 
  • Sal 130:8: El Salvador redimiría de sus pecados a Israel. 

NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS


Mateo cuenta que, cuando nació Jesús, vinieron desde el oriente unos hombres sabios, que buscaban al rey de los judíos que había nacido, pues habían visto su estrella, y querían adorarle. Cuando el rey Herodes se enteró de que buscaban al pequeño rey de los judíos, se turbó, y reunió a los sacerdotes y escribas para consultarles qué decían las Escrituras sobre el nacimiento del Cristo, y éstos citaron Mi 5:2, que dice: "Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel". Herodes habló con los magos, con el fin de indagar más sobre la estrella, y los envió a Belén, diciéndoles que, a su regreso, pasaran por palacio para informar al rey, de modo que él pudiera ir también a adorarle. Siguiendo la estrella, los magos continuaron su viaje hasta que vieron que ésta se detuvo en una vivienda, donde encontraron a María con el niño, y le adoraron, y abrieron sus tesoros, ofreciéndole presentes: oro, incienso y mirra. A su regreso, no volvieron a Herodes, pues, siendo advertidos en sueños que no lo hicieran, tomaron otro camino. (2:1-12)

Sólo en este evangelio se menciona a estos hombres sabios que venían del oriente, siguiendo una estrella que les señalaba dónde había nacido el nuevo rey de los judíos. Mateo nunca dice que esos magos eran reyes, ni dice cuántos eran, ni mucho menos especifica sus nombres. Por tanto, todo lo que sabemos de ellos fuera de lo mencionado por el autor de este evangelio, no son sino invenciones que se han ido transmitiendo por tradición, de generación en generación.


MATANZA DE LOS NIÑOS


Al darse cuenta Herodes de que había sido burlado por los magos, y ante la amenaza que implicaba a su reinado este pequeño recién nacido, dio orden de matar a todo niño menor de dos años nacido en Belén y alrededores. Pero un ángel advirtió a José con el fin de que tomara al niño y la madre, y los llevara a Egipto, y permanecieran en esa nación hasta después de la muerte del rey. Todo esto ocurrió, dice Mateo, para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta Oseas: "De Egipto llamé a mi Hijo". También la matanza significó el cumplimiento de las palabras de Jeremías, cuando dijo: "Voz fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron." Cuando murió Herodes, un ángel apareció a José en sueños, y le dijo que volviera a tierra de Israel, porque ya no estaban los que procuraban matar al niño. Al saber que Arquelao gobernaba Judea en lugar de su padre, José siguió su camino a Galilea, según le fue revelado en sueños, y habitó en Nazareth, "para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno." (2:13-23)

* El rey Herodes aquí mencionado sería el conocido como Herodes el Grande; un idumeo, es decir, descendiente de Esaú (Edom), el hermano gemelo de Jacob, pero, obviamente, no judío, pues, los judíos son descendientes de Israel (que antes era Jacob). Lo curioso, es que datos históricos prueban que Herodes el Grande murió el año 4 a.C., es decir, ¿murió cuatro años antes de que Jesús naciera? ¿Cómo podría ser, entonces, el autor de las muertes de los infantes?
 
Hay dos posibilidades: el que gobernaba Israel cuando Jesús nació no era Herodes el Grande, sino su hijo Herodes Arquelao, quien gobernó Judea entre el año 4 a.C. y 6 d.C., o hay un error, no bíblico, sino del calendario establecido para contar nuestros días.  
 
De acuerdo al relato de Mateo, queda claro que no puede ser la primera opción, pues, Herodes Arquelao fue el que sucedió en el trono al rey Herodes que intentó matar al recién nacido Salvador de Israel. Citando las palabras textuales de Mateo, éste escribió: "después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño", y luego agregó: "Pero oyendo (José) que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea" (Mt 2:19-22). Asimismo, descartamos a Herodes Antipas, pues éste no fue gobernante de Judea. Herodes Arquelao y Herodes Antipas eran ambos hijos de Herodes el Grande. Al morir Herodes el Grande, Arquelao asumió el gobierno de Judea, Samaria e Idumea; y el segundo, el gobierno de Galilea y Perea.

Pues, bien, efectivamente, ahora sabemos que Dionisio el Exiguo, en el año 525 d.C. tuvo la misión de establecer el año de nacimiento de Jesús como el año "1" ("Anno Domini" - año del Señor, en latín). El monje, sabiendo por los evangelios, que Jesús había nacido durante el reinado de Herodes el Grande, calculó el nacimiento de Jesús en los últimos años de vida de Herodes, pero, al hacerlo, se equivocó en la fecha de muerte del rey, estimando que éste murió en el año 753 a.u.c.(la sigla a.u.c. es la expresión en latín Ab Urbe Condita, que se refiere a la Fundación de la Ciudad de Roma, que es una de las formas antiguas usadas para contar los años) cuando lo cierto es que murió en el 750 a.u.c., que equivale al año 4 a.C. de nuestro calendario.  
 
En cuanto a cómo determinar la fecha de nacimiento del Señor, hay que considerar que le debe haber tomado algún tiempo al rey Herodes darse cuenta de que había sido burlado por los magos, quienes no volvieron para decirle dónde hallar al pequeño rey de los judíos; lo que nos hace pensar que deben haber pasado entre uno a dos años desde el nacimiento de Jesús cuando Herodes ordenó la matanza de los niños, pues, el rey debe haber estimado el tiempo transcurrido entre la venida de los reyes a palacio hasta la fecha en que se encontraba en ese momento, para llegar a la conclusión de que, si mataba a todos los menores de dos años, se aseguraba de dar muerte al pequeño Rey de los judíos que amenazaba su reinado. En el caso más extremo, vamos a suponer que Herodes murió el mismo año en que mandó matar a los niños (aunque lo más probable es que haya sido tiempo después), como mínimo podemos concluir que Jesús había nacido entre cinco a siete años antes del que Dionisio estableció como el año 1 de la era cristiana. Todo lo anterior nos lleva a afirmar, por extraño que suene, que la verdadera fecha de nacimiento de Jesús sería alrededor del año 6 ó 7 antes de Cristo.
 
Pero aún hay más para sorprendernos: de acuerdo al relato de Lucas, quien usa referencias históricas para contextualizar los hechos de la vida y muerte del Hijo del Hombre, el año en que Jesús fue crucificado fue efectivamente el 33 d.C., por lo tanto, Jesús tenía más de 33 años (¿unos 40 quizás?) cuando dio su vida por nosotros en la cruz.
 
** Raquel era la esposa de Jacob, madre de José y Benjamín, dos de los hijos del patriarca. Se habla del llanto de Raquel por sus hijos, probablemente, debido a que, entre los habitantes de la región de Judea en ese tiempo, muchos eran benjaminitas, es decir, descendientes del hijo menor de Raquel, la tribu que permaneció en el reino de Judá cuando Israel fue dividido en dos reinos, después de la muerte del rey Salomón: Israel al norte, con trono en Samaria, constituido por diez de las doce tribus; y Judá al sur, con trono en Jerusalén, constituida principalmente por las tribus de Judá y Benjamín, (más los sacerdotes y levitas y algunas familias de las diez tribus que salieron del reino del norte).  
 
Cuando estudiamos la vida de las hermanas Lea y Raquel (Estudio de Gn 30:16-24, Blog "Profundizando en la Palabra"), llegamos a la conclusión de que, precisamente, ambas hermanas representaban a Israel dividida; y que Lea simbolizaba al reino del norte, en tanto que Raquel, al reino del sur, de donde proviene el remanente que ahora habitaba esa región en Palestina; que es otro motivo para decir que los niños eran hijos de Raquel.
 
Por último, otra razón sería que, al morir Raquel, sus restos fueron enterrados, precisamente, "en el camino de Efrata, la cual es Belén" (Gn 35:19). 

*** La palabra "rama", "vástago" o "renuevo" en hebreo es "Netzer", de donde viene el término "nazareno". En hebrero Nazaret es Natzeret, y nazareno es "natzri". En la profecía sobre el Mesías, que dice: "Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová" (Is 11:1-2), la palabra hebrea que se traduce como "vástago" o "brote" es "netzer". Por tanto, los estudiosos creen que Mateo estaría haciendo alusión a esta profecía de Isaías o a cualquiera de las que hablan del "renuevo" proveniente de David, por ejemplo: Jer 23:5; 33:15; Zac 3:8; 6:12; Esd 3:8.

Profecías en cumplimiento:
  • Is 9:6-7: Nace el Mesías prometido, cuyo nombre es Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz
  • Os 11:1: El Hijo de Dios fue traído desde Egipto. 
  • Dn 11:44: Las noticias de que había nacido el rey de los judíos, traída por los sabios de oriente, atemorizaron a Herodes el Grande. 
  • Ap 12:4-5: Satanás intenta matar al Mesías, por medio de Herodes el Grande. 
  • Jer 31:15: Matanza de niños descendientes de Raquel.

JUAN BAUTISTA


En seguida, Mateo cambia de escenario, y nos lleva unos treinta años más adelante en el tiempo, hasta Juan Bautista predicando en el desierto de Judea, y llamando al arrepentimiento: "porque el reino de los cielos se ha acercado". El escritor nos dice que "Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dijo: voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas" (Is 40:3). El profeta usaba un vestido de pelo de camello, y un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre (3:1-4).

*El evangelio de Marcos inicia con el ministerio del profeta Juan Bautista, diciendo que éste había venido en cumplimiento de las profecías (de Malaquías e Isaías), que decían: "He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí."; "Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios" (Mr 1:2, 3). En cuanto a Jesús, Marcos nos muestra al Señor iniciando su ministerio con un llamado a Israel a arrepentirse y a creer, en los mismos términos que Juan lo hizo. Sus palabras fueron: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio" (Mr 1:15). 

** Charles Spurgeon, el pastor bautista reformado inglés, decía que la fe y el arrepentimiento son inseparables, y tenía razón. No basta con creer, porque, como dijo Santiago, "también los demonios creen, y tiemblan" (Stg 2:19), pero no les sirve para salvación. Lamentablemente, así como los demonios creen en Dios, y temen, dentro de la iglesia hay muchos que aseguran ser salvos, porque creen en Dios, pero como no se han arrepentido de sus obras, continúan estando del lado de aquellos de los cuales habló Jesús, diciendo: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos" (Mt 7:21-23). No pocos versículos en las Escrituras nos llaman al arrepentimiento para salvación.

*** La descripción de la vestimenta de Juan es coincidente con la vestimenta del profeta Elías. Probablemente se hace este énfasis aquí para revelar que, como Jesús dijo, Juan era el Elías que había de venir.

Juan bautizaba en el río Jordán a todos los que llegaban confesando sus pecados. También los fariseos y saduceos llegaban, pero él los reprendía diciéndoles que eran una generación de víboras, y los llamaba a hacer frutos dignos de arrepentimiento. El profeta les recriminaba el que se creyeran especiales, porque eran hijos de Abraham, siendo que Dios podía levantar hijos a Abraham incluso de las piedras. Les dijo que el bautismo que él practicaba era en agua para arrepentimiento, pero que después de él, vendría uno más poderoso que él, quien bautizaría en Espíritu Santo y fuego. Aquél que venía estaba listo para recoger su trigo en su granero, y echar la paja al fuego que no se apaga. (3:5-12)

* Muchísimos pueblos descienden de Abraham, sin embargo, la promesa que Dios hizo al patriarca decía: "tu descendencia se establecerá por medio de Isaac" (Gn 21:12 NVI); pero esto tampoco significa que se es salvo sólo por descender de Isaac, sino por la fe en Jesucristo, que es la simiente de Isaac a la cual se hizo la promesa. El Apóstol Pablo aclara en su carta a los Gálatas que, "a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo" (Ga 3:16).
 
De Abraham nacieron muchos pueblos que se sienten orgullosos de ser descendientes del patriarca, y creen que irán al cielo sólo por ser "hijos de Abraham". Recordemos que su primer hijo Ismael también tuvo hijos que son descendientes de Abraham según la carne, pero si ellos no se han vuelto a Dios por la fe en el Mesías de Israel, no son salvos. Además, Abraham, después de la muerte de Sara, tomó otra mujer por esposa, y tuvo muchos hijos con ella también. Lamentablemente para todos esos orgullosos hijos de Abraham, la salvación no es según la carne, ni siquiera es para todos los descendientes de Isaac o Israel, sino para los que tienen la fe de AbrahamDice la Escritura: "Abraham creyó y le fue contado por justicia" (Gn 15:6); "en tu simiente [Jesússerán benditas todas las naciones, por cuanto obedeciste a mi voz" (Gn 22:18).
 

** Los fariseos y saduceos eran dos grupos políticos y religiosos israelitas, que dominaban en Israel en el tiempo de Jesús. Los fariseos creían en la resurrección, mientras que los saduceos la negaban. Ambos grupos eran poderosos, y muy rígidos en su observancia de la ley mosaica, tanto, que agregaron cientos de nuevos preceptos a la ley, a fin de evitar pecar en lo más mínimo, distorsionando totalmente su sentido más profundo (motivo por el cual muchos se refieren a ellos como "sectas"). Se creían muy puros, pero, como dijo el Señor, no eran más que sepulcros blanqueados, llenos de huesos putrefactos en su interior.

*** El bautismo en Espíritu Santo lo recibimos por la fe en el Hijo de Dios, cuando confesamos con nuestra boca que Jesucristo es el Señor, y creemos que Dios lo levantó de entre los muertos (Ro 10:9-10). El bautizo en agua simboliza la limpieza de nuestra conciencia, y el genuino deseo de mantener esa conciencia libre de contaminación, por eso se llama "bautizo en agua para arrepentimiento", simbolizándose la purificación de todo nuestro ser en la inmersión en agua. Pero sólo cuando ese arrepentimiento es verdadero, la regeneración por medio del Espíritu Santo es posible, de lo contrario, podemos sumergirnos en agua mil veces, pero ninguna transformación se habrá producido. Una vez que el Espíritu Santo hace su morada en el creyente, permanece para siempre. Él es el sello de garantía de que somos salvos de la ira de Dios, y que viviremos eternamente en la tierra nueva, junto a nuestro Señor.

**** ¿Qué es el Bautismo en fuego? Si nos remitimos a las palabras del Apóstol Pablo, cuando dijo: "nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo. Ahora bien, si sobre este fundamento alguien edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada. El fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno. Si permanece la obra de alguien que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa. Si la obra de alguien es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque así como a través del fuego" (1Co 3:11-15 NBLA); concluimos, pues, que el bautismo en fuego son las pruebas que todo creyente debe enfrentar, con el fin de quitar todo lo que estorba a su crecimiento, de modo de ayudarle a despojarse del viejo hombre para ser revestido de Jesucristo.
 
Jehová dijo, a través del profeta Zacarías: "meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro". También por medio de Malaquías, Jehová habló de fuego purificador: "¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia". El Apóstol Pedro también se refiere al tema, diciendo: "aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo". Jesús dijo que él es la vid verdadera, y el Padre, el labrador, quien quitará toda rama que no lleve fruto en la vid, y a las ramas que lleven fruto, las podará para que den más frutoDios disciplina a todo el que recibe por hijo, mas, los que son ejercitados en la disciplina de Dios, son fortalecidos en fe, y aprenden a confiar, ya no en sus propias fuerzas, sino en el Dios Todopoderoso, a través de Jesucristo, en quien descansan nuestras almas.

BAUTISMO DE JESÚS EN EL JORDÁN


Llegó el día del bautismo en agua de Jesús, pero Juan se sentía incómodo de bautizar al justo Hijo de Dios, mas Jesús insistió en que lo hiciera, pues era necesario cumplir todo lo establecido. En cuanto salió del agua, los cielos fueron abiertos, y el Espíritu de Dios descendió como paloma sobre Él, y se oyó una voz que decía: "Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia". (Mt 3:13-17)

* Creo que podemos entender la incomodidad que sintió Juan de bautizar al Ungido de Dios, sabiendo que en Él no había pecado, pero Jesús insistió en ser bautizado, porque si no lo hubiera hecho, hubiese desobedecido el mandato que Juan recibió del cielo, de bautizar a los judíos en agua para arrepentimiento. Jesús no vivía al margen de las leyes terrenales, y muchos menos dejaría de observar un mandato dado por Dios. Es más, Jesús enseñó la necesidad de cumplir con las leyes de los hombres, y servir a Dios al mismo tiempo. Él no se excluía de pagar impuestos, por ejemplo, como lo veremos en el relato de Mt 17:24-27. Los apóstoles de Jesús enseñan a los creyentes a someterse a toda institución y autoridad, pagando tributos, respetando las leyes, y siendo excelente en toda obra, respetando las jefaturas aun cuando se trate de personas difíciles de soportar. Ser hijo de Dios conlleva gran responsabilidad y, si es necesario padecer, soportamos con mansedumbre, a fin de que Dios sea glorificado en todo lo que hacemos.

Profecías en cumplimiento:
  • Is 40:3Mal 3:1: Venida de Juan Bautista, antes que el Mesías, para preparar camino al Señor.
  • Mal 4:5: Juan era el profeta Elías, enviado antes de la venida del Señor.
  • Is 42:1-16: Jesús era el siervo de Jehová en quien se complacía. Aquél que venía a establecer justicia en la tierra, y alumbraría el camino al cielo.


SATANÁS TIENTA A JESÚS


Luego de su bautizo en el Jordán, Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu Santo, para ser tentado por el diablo. Llevaba cuarenta días y cuarenta noches de ayuno, y tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan", pero Jesús le respondió citando las Escrituras que dicen que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Dt 8:3). Luego, el diablo lo llevó al pináculo del templo, y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti,  y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra". Mas Jesús volvió a citar las Escrituras, diciendo: "Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios". Finalmente, Satanás tentó a Jesús mostrándole todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y diciendo: "Todo esto te daré, si postrado me adorares". Pero Jesús, citando nuevamente las Escrituras, le respondió: "Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás". Entonces, el diablo lo dejó, y ángeles vinieron hasta Jesús para servirle. (4:1-11)

* Jesús salió de Dios, pero, como dice la epístola a los Filipenses, Él se despojó de su divinidad para hacerse un ser humano como todos nosotrosAlgunos se han preguntado si Jesús podía ser tentado; la respuesta está en estos versículos: "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo" (Mt 4:1). Él no vino como un súper hombre, sino como uno que, como todos nosotros, debió hacer frente a las tentaciones, pero que nunca cedió a ellas. Dios no puede ser tentado, pero, de acuerdo al versículo citado, deducimos que Jesús, en su condición humana, era susceptible de ser tentadoDicen las Escrituras que Jesús debió aprender obediencia; es decir, Jesús gozaba de voluntad propia para escoger a quién obedecer, porque, a diferencia del resto de la humanidad, Jesús no era esclavo del pecado, porque no nació de simiente de hombre, sino de Dios, sin embargo, su obediencia tenía que ser probada: dicen las Escrituras que "Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento" (Is 53:10). La buena noticia es que el bendito Hijo del Hombre salió victorioso, demostrando que amaba más hacer la Voluntad del Padre que a su propia vida, pues, su mirada no estuvo puesta en su sufrimiento, sino en el fruto que aquella aflicción iba a producir: el gozo de llevar a muchos al Reino de Dios.

Jesús es llamado el postrer Adán, pero a diferencia del primer Adán, Satanás no pudo corromper la voluntad de Jesús, quien perseveró hasta cumplir todo aquello para lo cual fue enviado. La férrea obediencia de Jesús al Padre fue la principal derrota de Satanás, pues esa firmeza hizo imposible que la muerte pudiera retenerlo, porque no había pecado en Él, y el pecado es el que lleva a la muerte.

** El Apóstol Juan, en su primera epístola, nos dio un nuevo mandamiento: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo" (1 Jn 2:15-16).
 
Pues, observemos que Satanás tentó, precisamente, en esas áreas al Hijo de Dios: primero, los deseos de la carne. La tendencia del ser humano caído es procurar para sí mismo todo lo que su carne desea, (los descendientes de Adán somos intrínsecamente egoístas), pero la naturaleza de Jesús era sin pecado. Sin dudas, si Jesús hubiese querido transformar piedras en pan, lo hubiese podido hacer, tan fácilmente como que de cinco panes alimentó a una multitud, pero, a pesar de que tenía hambre, Él se mantuvo firme, y cumplió su ayuno hasta el final. 
 
También, Satanás lo puso a prueba a través de los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, mostrándole todos los reinos de la tierra y su esplendor, ofreciéndole dominio sobre ellos a cambio de adorarle a él, pero Jesús, lleno del Espíritu Santo, no podía ser confundido con esas cosas.
 
Pero no sólo lo tentó con lo que entra por los sentidos, sino también quiso probarlo en su carácter, al introducir cada tentación cuestionando su origen divino: "si eres el Hijo de Dios...", quizá esperando despertar en Jesús algún sentimiento de orgullo que le impulsara a querer demostrar, con alguna manifestación extraordinaria, quién era; pero el Hijo de Dios era incorruptible, porque estaba lleno del Espíritu de Dios, y la mansedumbre y humildad fueron su sello durante toda su vida terrenal. Si Satanás hubiera conseguido que cayera en una sola de estas tentaciones, el plan de redención habría fracasado, porque cada una de ella pretendía que Jesús, igual que Adán, desobedeciera la voluntad del Padre.

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