domingo, 12 de abril de 2020

MATEO V - De lo Terrenal a lo Espiritual (Mt 9 y 10)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)


[Empezar en Mateo Primera Parte]


UN PARALÍTICO CAMINA


Volviendo a la barca, Jesús cruzó al otro lado del mar, y llegó a su ciudad. Allí unos hombres le trajeron un paralítico. Cuando Jesús vio la fe de aquellos que lo llevaron, dijo al enfermo: "Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados". Entre los que estaban presentes, había unos escribas, que en sus pensamientos decían: "Éste blasfema". Pero Jesús sabía lo que había en sus corazones, y les hizo ver que sus pensamientos eran errados, y les preguntó: "¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados", dirigiéndose al paralítico, dijo: "Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa"; y el hombre se levantó y se fue a su casa. Todos los que presenciaron el milagro quedaron maravillados, y glorificaban a Dios porque había dado tal poder a los hombres. (9:1-8)

* Los tres evangelios que narran esta historia dicen que, cuando Jesús vio la fe de los que traían al paralítico, sanó al enfermo. Como podemos ver, no sólo la fe del paralítico podía permitir que el milagro se llevara a cabo, sino la fe que otros tenían en que Jesús lo sanaría. La fe de los justos ante situaciones adversas, manifestada en oración de unos por otros, es muy poderosa. El mismo Señor, en otra ocasión, dijo: "si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos" (Mt 18:19).

** Los escribas eran eruditos en la ley de Moisés, sin embargo, su ceguera llegaba al punto de no reconocer que lo que estaban presenciando era el cumplimiento de las profecías que hablaban de que el Mesías sanaría a los enfermos. Y, aunque estas profecías también tendrían un cumplimiento en el ámbito espiritual, es decir, que cuando viniera el Mesías, la Verdad sería revelada a los hombres, entonces claramente podríamos ver, oír, caminar según ella, y hablarla, la arrogancia de estos fariseos no les permitía ser sanados espiritualmente para que pudieran ver, y oír; por el contrario, cuestionaron el mayor milagro de toda la historia de la humanidad, y lo que ellos mismos aguardaban desde que fue anunciado: la manifestación en carne del Hijo de Dios, enviado para redimir de la esclavitud al pueblo escogido, y edificar la casa de Dios en la tierra.  


RESCATANDO A LAS OVEJAS PERDIDAS


En seguida, Mateo nos relata cómo fue su llamado: dice que Jesús iba pasando y vio a este publicano sentado en su banco, y le dijo "sígueme", y Mateo se levantó y le siguió. Luego fueron a casa de Mateo, y se sentaron a la mesa, donde había otros publicanos y pecadores compartiendo con Jesús. Cuando los fariseos vieron esta escena, dijeron a los discípulos: "¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?". Oyendo esto, Jesús respondió: "Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos". Y agregó: "Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento". (9:9-13)

* Mateo, también conocido con el nombre de "Leví", era hijo de Alfeo, según nos revelan Marcos y Lucas en sus evangelios. Él trabajaba como publicano, es decir, prestaba servicios a Roma recolectando tributos de los judíos para César, por lo cual, él y todos los de su oficio eran considerados traidores entre los de Israel, pueblo que padecía bajo la opresión romana. Aquéllos que compartían con Jesús en esa mesa eran todos judíos, y la mayoría se había desviado de la ley, y entregado a los placeres del mundo. Jesús había sido enviado a la tierra para hacer que las ovejas descarriadas de Israel volvieran al redil. Como Él lo expresó, los que verdaderamente necesitaban ser sanados eran los pecadores, pues los justos, es decir, las ovejas que aún seguían dentro del redil, no necesitaban ser rescatadas. Mateo era una de esas ovejas perdidas, y en cuanto oyó la voz de Jesús, reconoció que era su Pastor, y le siguió.

** La misericordia de que habla Jesús es a compadecerse de las ovejas extraviadas. Los escribas y fariseos estaban tan preocupados de sí mismos, de recibir honores y ser exaltados que, en su egocentrismo, no tenían la capacidad de ver que el pueblo que lideraban necesitaba ser rescatado del lodo cenagoso donde estaban atrapados, pero ellos los condenaban por haberse extraviado. Lamentablemente, los cristianos tenemos mucho de eso, y debemos avergonzarnos de creernos superiores a aquellos que no conocen a Cristo, y que viven en sus vanidades y delitos. En vez de apartarnos de ellos, y condenarlos, es nuestro deber intentar mostrarles la luz del Evangelio; si no nos atrevemos a hablarles, demos ejemplo, glorificando a Dios en nuestro andar, y oremos para que su entendimiento sea también iluminado. 

LA IGLESIA NACIENTE


Entonces vinieron los discípulos de Juan Bautista preguntando "¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?". Jesús les respondió con otra pregunta: "¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos?". Les dijo también que ya vendrían días en que el esposo les sería quitado, y entonces iban a ayunar. Por último, dijo esta parábola: "Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente(9:14-17).

* Jesús es el novio; y su iglesia la novia que se prepara para ser entregada como una virgen pura a Cristo. Cuando este episodio ocurrió, Jesús estaba con sus discípulos, quienes eran los llamados a poner el fundamento de la iglesia, y lo que ellos necesitaban era aprender del novio, y escuchar todo lo que Él tenía que enseñarles. No había motivo para estar tristes, ni para hacer sacrificios como el ayuno, porque todo lo que su alma podía anhelar estaba con ellos.

El esposo fue quitado cuando los líderes judíos entregaron a Jesús a los gentiles para que lo mataran. Sin dudas el dolor y desilusión de esos discípulos fueron tan grandes, que no tuvieron la capacidad de caer en la cuenta de que se estaban cumpliendo las palabras que Jesús les había hablado, que decían: "que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día" (Mt 16:21). Pero el desconsuelo de haber perdido a su Maestro duró sólo un par de días, porque el mismo Señor se presentó ante ellos vivo, en un cuerpo glorificado, demostrando que era efectivamente el Hijo de Dios, el Mesías anunciado. 

** El novio ya no está en cuerpo presente, pero si creemos todo lo que hizo por nosotros sin necesidad de verlo, Él nos envía su Espíritu para que permanezca en nosotros, y nos guíe por el camino de la santidad, la cual se perfecciona por medio del conocimiento, el ayuno y las aflicciones. 

Ahora es tiempo de ayunar, sin embargo, el ayuno no se trata sólo de mortificar el cuerpo, como lo aclara Jehová por boca de Isaíasel ayuno de todo creyente, más bien, consiste en dejar de mirar hacia nosotros mismos, y comenzar a trabajar por el reino. Entre otras acciones, dice la Escritura que debemos terminar con todo tipo de abuso; dejar de condenar al perdido, y guiarlo a un encuentro con Cristo; ayudar al que está preso en sus banalidades a salir de sus prisionescompartir con los hambrientos no sólo el pan de nuestra mesa, sino el pan de vida que es la Palabra de Diossaciar al alma afligida llevándole al manantial de vidacontar a los errantes la buena noticia de que hallarán su hogar en Cristo; dar abrigo al desnudo, no sólo vistiéndolo, sino mostrándole que pueden ser cubiertos por medio de la preciosa sangre de Jesús. Cualquiera que sólo aflige su cuerpo, pero no circuncida su corazón, no puede agradar a Dios, por tanto, nunca nos olvidemos de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque esos son los sacrificios que espera Dios.

*** La ley mosaica, o primer pacto, es el vestido viejo al cual no se le puede añadir trozos de paño nuevo (nuevo pacto) para que siga funcionando, porque no lo resiste; lo mismo ocurre con los odres viejos; si les pones vino nuevo, no se conservan ni el odre ni el vino. Lo que estas analogías quieren decir es que nadie puede pretender ser salvo mezclando la ley del antiguo pacto, que es terrenal y se basa en obras, con la ley del nuevo pacto, que es espiritual, y que santifica sólo por la feLa ley mosaica cumplió su objetivo cuando el viejo pacto fue reemplazado por el nuevo, del que hablaron los profetas, en el cual Jehová promete lavar a su pueblo de sus pecados, y poner su Espíritu dentro de ellos a fin de que pudieran obedecerle. Este nuevo pacto fue instituido con la sangre que Cristo derramó en el calvario. De la Ley del viejo pacto sólo permanece el espíritu que la inspiró, que es el amor. Como dijo Pablo: "toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Ga 5:14). Por su parte, Jesús explicó de qué manera mostramos el amor: "todo cuanto quieran que los hombres les hagan, así también hagan ustedes con ellos, porque esta es la ley y los profetas" (Mt 7:12)

El propósito de la Ley de Moisés era guiar al pueblo escogido por Dios en su transitar desde el ámbito terrenal al espiritual. En toda la Escritura vemos esa transición: lo primero es un tiempo en que suceden cosas en el ámbito terrenal, que es necesario que las conozcamos y aprendamos de ellas, para que podamos entender lo que viene después, que es lo verdadero, que, aunque no se ve, es lo que permanece; nos referimos a la vida espiritual, que inicia en nosotros mientras aún estamos en el mundo, cuando Jesús regenera nuestro corazón por la fe. Pablo explica cómo se da esta transición en el ser humano: "«El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser viviente», pero el último Adán—es decir, Cristo—es un Espíritu que da vida. Lo que primero viene es el cuerpo natural, y más tarde viene el cuerpo espiritual. Adán, el primer hombre, fue formado del polvo de la tierra, mientras que Cristo, el segundo hombre, vino del cielo. Los que son terrenales son como el hombre terrenal, y los que son celestiales son como el hombre celestial. Al igual que ahora somos como el hombre terrenal, algún día seremos como el hombre celestial" (1Co 15:45-49 NTV). El Apóstol dijo esto, mientras explicaba a sus discípulos "que nuestros cuerpos físicos no pueden heredar el reino de Dios. Estos cuerpos que mueren no pueden heredar lo que durará para siempre" (1Co 15:50 NTV). Es decir que, para tener vida eterna, nuestro cuerpo terrenal debe ser transformado en cuerpo de gloria, como el de Cristo cuando resucitó, pero, para llegar a tener cuerpo de gloria, es necesario haber nacido de nuevo, por la fe en Cristo. Dijo Pablo a los creyentes: "¡No todos moriremos, pero todos seremos transformados! Sucederá en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando se toque la trompeta final. Pues, cuando suene la trompeta, los que hayan muerto resucitarán para vivir por siempre. Y nosotros, los que estemos vivos, también seremos transformados" (1Co 15:51-52 NTV). 
 
A la luz de estas palabras, ahora podemos entender que todas esas ceremonias de la ley, que hablaban de lavarse antes de servir en el tabernáculo; de vestir ropas de lino fino, de alimentos puros e impuros, etc., tenían una profundidad mayor que simplemente la salud, la higiene o atavío externo de las personas; hablaban de la necesaria santificación para ser salvos. Pero ¡a no confundirse! la santificación no produce salvación, sino que es el resultado de depositar nuestra fe en la sangre expiatoria que el Cordero de Dios derramó en la cruz, que es la que nos limpia y nos hace nacer de nuevo.
 
Esto también permite comprender por qué decimos que la venida del Hijo del Dios al mundo dio cumplimiento al propósito por el cual la ley había sido entregada al pueblo escogido. Fue Su vida perfecta, Su muerte vicaria (como sustituto nuestro) en la cruz, y Su resurrección las que abrieron el camino a la vida eterna a todo el que cree. La Ley ya no tiene sentido, ya que, no hay ceremonias purificadoras, ni circuncisión, ni alimentos, ni nada ni nadie en el mundo que pueda santificar; sólo la fe en la sangre expiatoria de Jesucristo. 
 
A continuación, veremos cómo las mismas Escrituras se encargan de mostrar, aunque aún de manera velada, lo afirmado anteriormente, valiéndose de dos milagros ocurridos casi simultáneamente.

TRANSITANDO DE LA LEY TERRENAL A LA LEY ESPIRITUAL


Mientras Jesús decía estas cosas, vino hasta Él un líder judío de nombre Jairo quien, postrándose ante el Señor, le dijo: "Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá". Jesús se levantó, y le siguió junto con sus discípulos; pero, en el camino, había una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, que pensaba: "Si tocare solamente su manto, seré salva"; así que se acercó por detrás, y tocó el borde del manto de Jesús. En cuanto la mujer hizo esto, Jesús se volvió hacia ella, la miró, y le dijo: "Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado"; y la mujer sanó desde ese instante. Cuando Jesús llegó a la casa de Jairo, al ver a los endechadores, les dijo: "Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme", y todos se burlaron. Una vez que todos salieron, Jesús entró a la habitación, tomó a la niña de la mano, y ella se levantó. Este milagro se supo en toda esa región. (9:18-26)

* Primero que todo, es necesario aclarar que los milagros relatados son hechos verídicos, escogidos por el Espíritu Santode entre muchas maravillas hechas por Jesús durante Su ministerio terrenal, a fin de dejar testimonio en el libro sagrado de que Jesús es el Mesías prometido, y "para que, creyendo", tengamos "vida en su nombre" (Jn 20:31). Además, porque, como hemos podido comprobar a través del estudio profundo de la Biblia, lo que se ha escrito, por lo general, esconde un mensaje que puede discernirse espiritualmente. En ese sentido, no es casualidad que estos milagros se relaten como sucesos simultáneos, pues, aunque no son parábolas, sí esconden un mensaje espiritual 
 
Por los evangelios de Marcos y Lucas, sabemos que la niña tenía alrededor de doce años, los mismos doce años que la mujer llevaba enferma de flujo de sangre. 

Para los judíos, el cumpleaños número doce de una niña marca el paso de la niñez a la adultez (en el caso de los niños es a los trece años), y lo celebran de manera muy especial, en una ceremonia que se conoce como el Bat Mitzvá (o Bar Mitzvá) —que se traduce como "hija (o hijo) del mandamiento", y significa que la niña ya es responsable de cumplir con lo que manda la Ley, pues, ha alcanzado madurez tanto en su vida personal como espiritual.

Como ya hemos dicho muchas veces, la Ley no fue dada para salvar, sino para mostrarnos nuestro pecado, es decir, la Ley fue "nuestra maestra que nos condujo a Cristo, para que fuésemos justificados por medio de la fe" (Ga 3:24 NBV). Lo que estamos queriendo decir es que, ambos milagros estaban señalando que el tiempo se había cumplido para que Israel transitara del pacto mosaico, que exigía obras para estar en buena relación con Dios, al Pacto Nuevo de la Gracia, que salva no por obras, sino por la fe.  

Pues bien, ya que el Redentor estaba en la tierra, lo que se quería demostrar a través de estos milagros es que la primera etapa del plan de redención estaba por concluir, y que se iba a dar inicio a una nueva era, donde la salvación ya no sería por obras, sino por Gracia, es decir, como un regalo de Dios, quien salva por la fe en Su Hijo, que es el Salvador. En aquel tiempo, muchos pensaron que Jesús había venido a abolir la ley, pero la verdad es que Él había sido enviado a cumplirla, porque nadie más que Él podía hacerlo, pues, dice la Escritura que, "cualquiera que cumpla toda la ley, pero que falle en un solo mandato, ya es culpable de haber fallado en todos" (Stg 2:10 RVC), y nadie más que Jesús pudo guardar cada precepto de la Ley
 
¿Qué argumentos tenemos para relacionar estos milagros con la transición de Israel al Nuevo Pacto?
 
Primero, que la niña de doce años no era una hija más de Israel, sino la hija de uno de los líderes de la sinagoga, lo que habla del fin del sistema religioso legalistaPero no hay que confundirse, no era el final para Israel, pues, como podemos ver, la niña que había muerto, en cuanto oyó la voz de Jesús, volvió a la vida; esto, porque, como dice la Escritura: de entre los hijos de Israel "hay en la actualidad un remanente escogido por gracia. Y si es por gracia, ya no es por obras(Ro 11:5-6 NVI), o sea, judíos que, "si no permanecen en su incredulidad" (Ro 11:23 NBLA), y se arrepienten de haber rechazado tan grande salvaciónheredarán la vida eterna si creen que Jesús es el Hijo de Dios, su Redentor. Es decir que, al mismo tiempo en que se comenzó a anunciar el evangelio a los gentiles, (que fue después que a los judíos), y en tanto se completa el número de sus redimidos, los judíos escogidos para ser salvos por gracia quedaron en la misma condición que los gentiles que están siendo llamados, "por cuanto todos pecaron (judíos y gentiles), y están destituidos de la gloria de Dios" (Ro 3:23). Pablo lo expone de esta manera: "la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes" (Ga 3:22). Por tanto, "ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa" (Ga 3:28-29); por eso, el Apóstol aclara también que, "no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos" (...) "No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes" (Ro 9:6-7, 8).

En cuanto al otro milagro, como podemos fácilmente deducir, el flujo de sangre que afectaba a la mujer habla de esas ceremonias que, año tras año, debía celebrar Israel, sacrificando animales perfectos, cuya sangre era usada para expiar el pecado de la nación. No obstante, como dice la Escritura, "el sistema antiguo bajo la ley de Moisés era solo una sombra - un tenue anticipo de las cosas buenas por venir" (He 10:1 NTV), así que "nunca puede (ese sistema), por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan" (He 10:1); "porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados" (He 10:4). En otras palabras, se requería de un sacrificio mayor; el derramamiento de la sangre de un ser humano perfecto, es decir, que nunca hubiera pecado; no podía ser de un animal, porque sólo el ser humano fue hecho a imagen y semejanza de Dios. Pero sólo un hombre vivió toda su vida sin pecado: el Hijo Unigénito de Dios que fue concebido sin pecadoDe tal forma que Jesús era ese Hijo del Hombre, ofrecido por Dios como el Cordero inmaculado, cuya perfecta vida era la única que podía ser aceptada en sacrifico como propiciación, para calmar la justa ira de Dios, contra una humanidad que se alzó en rebelión desde el principio.
 
La Palabra dice que la mujer menstruosa "había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada" (Lc 8:43), hasta que, puesta su fe en Jesús, tocó Su manto, y "en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote" (Mr 5:29). El mensaje aquí es que, debido a que la sangre de Jesús, el Hijo de Dios, tiene el poder de expiar en forma definitiva los pecados de los hombres que creen, todos esos rituales expiatorios que ordenaba la Ley ya no eran necesarios. Por tantotal como la mujer menstruosa fue salva por la fe, el pueblo judío puede ser sanado (salvado) si cree que Jesús es el Mesías enviado al mundo para conducirlo a la vida eterna.

** Complementando lo anterior, diremos que, según la ley mosaica, una mujer menstruosa era considerada inmunda, y todo lo que tocaba, fuera objeto o persona, quedaba inmundo. El motivo de esta maldición es revelado por Pablo en la primera carta a los Corintios, donde explica que "la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción" (1Co 15:50). Por esta misma razón, Jesús dijo que, "el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (...) "el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es(Jn 3:3, 5-6). De modo que, para ver a Dios, "es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad" (1Co 15:53).
 
En otra de sus epístolas, el apóstol Pablo explica cómo lo que se corrompe y perece se transformará en inmortal cuando Jesucristo regrese: "el Señor mismo descenderá del cielo con un grito de mando, con voz de arcángel y con el llamado de trompeta de Dios. Primero, los creyentes que hayan muerto se levantarán de sus tumbas (judíos y gentiles). Luego, junto con ellos, nosotros, los que aún sigamos vivos sobre la tierra, seremos arrebatados en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire" (1Ts 4:16-17 NTV), porque "no todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros (Pablo pensaba que él y los receptores de su carta estarían vivos cuando Cristo regresara) seremos transformados" (1Co 15. 51-52). "Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «La muerte ha sido devorada por la victoria»" (1Co 15:54 NVI).

Respecto a este mismo tema, en el libro de Ezequiel leemos cómo Jehová recuerda el origen poco honroso de Jerusalén, diciendo: "yo pasé junto a ti, te vi sucia en tus sangres, y cuando estabas en tus sangres te dije: ¡Vive! Sí, te dije, cuando estabas en tus sangres: ¡Vive!"; "Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía. Te lavé con agua, y lavé tus sangres de encima de ti, y te ungí con aceite..." (Ez 16:6, 8-9).

*** Muchos se preguntarán: ¿cómo es que uno nace de nuevo? En primer lugar, hay que decir que no depende de nosotros, sino de Dios, pues, es por la fe, que es un don de Dios, que viene por oír el evangelio; a saber, la buena noticia que dice "que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que lo sepultaron y que resucitó al tercer día, también según las Escrituras"; (...) que "Él es el primer fruto de la cosecha: (es decir, que) ha sido el primero en resucitar Así como por causa de un hombre (Adán) vino la muerte, también por causa de un hombre (Jesús) viene la resurrección de los muertos. Y así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos (los que creen) tendrán vida" (1Co 15:3-4, 20-22 DHH), pues, dice la Palabra: "a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de DiosEllos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios" (Jn 1:12-13 NTV).

"Todo aquél que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios" (1Jn 5:1) escribió Juan; por eso, a fin de que muchos más sean salvos, el Señor sigue llamando a sus escogidos, a través de su iglesia, que clama: "en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!" (2Co 5:20); "Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo" (Hch 2:38 NBLA). Si hemos oímos el llamado, y nos hemos arrepentido de vivir en rebelión contra el Señor, por fe, "hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo; y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva" (Ro 6:4 NTV). Así que, "si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2Co 7:17).  

La Escritura dice: "Ya que han resucitado con Cristo (regeneración o nuevo nacimiento), busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto (a la vida de pecado) y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste (segunda venida), entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria" (Col 3:1-4 NVI).

Imposible no maravillarnos al contemplar las profundidades de las Escrituras; de cómo el Antiguo y el Nuevo Testamento son inseparables, porque cada uno tiene piezas esenciales que se complementan entre sí, permitiendo armar el puzle, hasta formar la imagen perfecta. 
 
** Con respecto al tema que estamos analizando, en el libro de Ezequiel leemos cómo Jehová recuerda el origen poco honroso de Jerusalén, la que había sido escogida para convertirse en la prometida del Hijo de Dios, diciendo: "yo pasé junto a ti, te vi sucia en tus sangres, y cuando estabas en tus sangres te dije: ¡Vive! Sí, te dije, cuando estabas en tus sangres: ¡Vive!"; "Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía. Te lavé con agua, y lavé tus sangres de encima de ti, y te ungí con aceite..." (Ez 16:6, 8-9).
 



LUZ A LOS QUE ANDABAN EN TINIEBLAS



Sucedió después que, yendo Jesús, le siguieron dos ciegos que gritaban: "¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!". Cuando llegaron a la casa, Jesús les preguntó: "¿Creéis que puedo hacer esto?", y ellos le contestaron que sí; entonces Él, tocándoles los ojos, les dijo: "Conforme a vuestra fe os sea hecho"; y en ese instante, sus ojos fueron abiertos, y podían ver. Jesús les encomendó no contar a nadie lo sucedido, pero ellos, saliendo de allí, divulgaron la fama de Jesús por toda la región. Mientras ellos se iban, trajeron a Jesús un mudo que estaba endemoniado, y echando fuera el demonio, el mudo comenzó a hablar, y la gente se maravillaba, diciendo que nunca algo parecido había sido hecho en Israel; sin embargo, los fariseos, decían: "Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios". (9:27-34)

* Todos estos milagros que Jesús hizo a los hombres, sanándoles de enfermedades físicas, simultáneamente comenzaban a producir sanidad espiritualno sólo en los que recibían el milagro, sino en el resto de los que presenciaban esas sanidades; porque antes de venir a Cristo, todos padecíamos, en el ámbito espiritual, el equivalente a estas enfermedades físicas:  
**La envidia y ceguera de los fariseos era tal, que de su boca sólo podía salir blasfemia contra Jehová, atribuyendo a Beelzebú las maravillas que hacía Jesús. Más adelante, Mateo relata de qué manera Jesús condena esta grave blasfemia.

*** Profecías en cumplimiento (entre otras):
  • Is 35:3-6: "Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endeblesDecid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad."
  • Is 42:7, 16-20: "para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas. (...)   Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver. ¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová, que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye?"  
  • Is 32:3-4: "No se ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes oirán atentos. Y el corazón de los necios entenderá para saber, y la lengua de los tartamudos hablará rápida y claramente".
  • Is 29:18: "En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas". 
  • Sal 146:8 "Jehová abre los ojos a los ciegos; Jehová levanta a los caídos; Jehová ama a los justos".
  • Is 50:4  "Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios".
  • Sal 102:18 "Se escribirá esto para la generación venidera; y el pueblo que está por nacer alabará a JAH".

LOS PRIMEROS OBREROS ENVIADOS A COSECHAR



Jesús iba recorriendo todas las ciudades y aldeas enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadeció, "porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor", entonces dijo a sus discípulos: "A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies" (9:35-38).

* La mies es un cereal de cuya semilla se hace el pan. En el evangelio de Juan, está la historia de Jesús hablando con la mujer samaritana, es decir, una mujer gentil, proveniente de un pueblo de costumbres paganas. Luego que ella le hace ver que su gente esperaba al Mesías de Israel, para que les explicara todas las cosas, Él se le reveló diciendo: "Yo soy, el que habla contigo". Cuando ella pudo comprender que estaba frente al Ungido de Dios, corrió a los de su pueblo para que vinieran a conocerle. Entonces, Jesús dijo a sus discípulos: "Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega" (Jn 4:35).
 
La mies representa a todos y cada uno de los escogidos desde antes de la fundación del mundo, destinados a ser redimidos por el Hijo de Dios, para heredar las promesas hechas a Abraham; pero, para que esa mies pueda ser usada en el reino, son necesarios muchos obreros que lleven el mensaje de la salvación, porque la fe viene por oír la Palabra. Los obreros son todos los que ya han recibido salvación, es decir, aquellos que antes eran mudos espirituales, pero que, por medio del evangelio, el Señor ha soltado sus lenguas, para que continúen llevando el mensaje de salvación a otros.

** Jesús es el Pastor que vino para reunir en su redil a las ovejas desamparadas y dispersas, para llevarlas a Dios. Lamentablemente, habiendo transcurrido ya casi dos mil años desde que Jesús se ofrendó para que nosotros tuviéramos salvación eterna, aun podemos ver a tantos que siguen desorientados, dispersos como ovejas sin pastor, que son fácilmente engañados "por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo" (Col 2:8), y que son desviados de la Verdad que es en Cristo Jesús, en quien "están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Col 2:3).


Entonces Jesús escogió a doce de entre los discípulos que le seguían, a quienes "les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia". Los nombres de estos doce hombres eran: Simón, a quien Jesús llamó Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, que tenía por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, que fue quien lo traicionó. (10:1-4)

En las Escrituras leemos que "el muro de la ciudad (la Jerusalén celestial) tenía doce cimientos, y sobre ellos, los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero" (Ap 21:14); esto, porque la iglesia está siendo edificada "sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor" (Ef 2:20-21). Sobre estos sólidos cimientos, se levantan los muros de la ciudad celestial, la novia del Cordero, con piedras vivas, que son los convocados al reino. 
 
La iglesia (ekklesia) no es un edificio terrenal, sino una congregación de personas que forman el templo celestial, las cuales, habiendo oído la Palabra de Dios, la creen, y son guiadas al arrepentimiento, porque esa Palabra tiene el poder de despertarlas de la embriaguez que les impide reconocer y obedecer la Verdad, que es la Voluntad perfecta de Dios, que sólo quiere el bien de sus criaturas

** Judas Iscariote nunca fue considerado entre estos cimientos, sin embargo, Jesús lo escogió para que se cumpliese el plan divino. Porque Jesús no ignoraba que Judas era hijo del mal; por el contrario, sabía que, a pesar de conocer la Verdad, y disfrutar de los dones del Espíritu Santo junto a los otros discípulos, su corazón siempre se iba a inclinar a seguir el consejo de su padre, el engañadorJudas no fue víctima de la Soberanía divina, sino de su propia concupiscencia, pues fue su propia maldad la que lo llevó a cometer el más despreciable pecado de la historia de la humanidad. Tras la muerte de Judas, su lugar fue ocupado por Matías, uno de los discípulos testigos del ministerio de Jesús y de su resurrección.

Jesús envió a estos doce, diciendo: "Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel"; y yendo, debían predicar: "El reino de los cielos se ha acercado". A los doce, les dio potestad para sanar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos, y echar fuera demonios. No debían cobrar por hacerlo, sino darlo de gracia, como lo habían recibido. Además, les mandó no llevar dinero, ni muda de ropas, ni sandalias, ni bastón, porque, dijo Jesús: "el obrero es digno de su alimento". Cada vez que entraran a una ciudad, debían averiguar quién era digno en ese lugar, y posar allí durante su permanencia. Al entrar en la casa, debían bendecirla, y si la casa era digna, la bendición permanecería allí; de lo contrario se devolvería a ellos. En caso de que no fueran recibidos en algún lugar, ni sus palabras escuchadas, deberían salir de allí, y sacudir el polvo de sus sandalias. "De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad", dijo el Señor. (10:5-15)

* Como hemos podido constatar una y otra vez, fiel a Su palabra, Dios dio a los judíos el privilegio exclusivo de ser los primeros en recibir el evangelio. Este pasaje lo confirma en la voz de Jesús, quien dio específicas instrucciones a sus apóstoles: "Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (vv. 10:5-6). El Mandato de llevar el evangelio al resto de las naciones lo dio Jesús a sus apóstoles después de su resurrección, diciendo: "id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mt 28:19); "recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hch 1:8).
 
La predicación a los gentiles comenzó algún tiempo después de que el Espíritu Santo fuera dado a la iglesia, a partir del momento en que los judíos mostraron abierto rechazo al evangelio de Jesucristo. Si leemos con detención el libro de los Hechos, veremos que su escritor, Lucas, se encarga de hacer un prolijo relato de cómo el evangelio iba esparciéndose gradualmente por todas partes, partiendo por Jerusalén. Y no es sino hasta los capítulos 9, 10 y 11, que se dedica a contar cómo fue que Jesús mandó a sus apóstoles a llevar el mensaje a los no judíos. Primero, en el capítulo 9, vemos que el Señor escogió a Saulo de Tarso, a quien conocemos como el apóstol Pablo, para cumplir esta misión, diciendo: "instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel" (Hch 9:15). En el capítulo 10, manda a Pedro ir a casa de Cornelio, un centurión romano, para anunciarle la buena nueva, diciéndole "Lo que Dios limpió, no lo llames tú común" (Hch 10:15); y en el capítulo siguiente, Lucas habla sobre la conmoción que causó entre los judíos saber que "a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida" (Hch 11:18 NBLA).
 
En efecto, como podemos constatar en los primeros capítulos de Hechos, cada vez que Pedro tomaba la palabra, se dirigía, especialmente a los hijos de Israel. Durante la fiesta de Pentecostés, por ejemplo, cuando el Espíritu Santo vino sobre los discípulos, el Apóstol se dirigió a sus oyentes diciendo: "Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo" (Hch 2:36). En otra oportunidad, estando en el pórtico de Salomón, Pedro y Juan, nuevamente, se dirigen a los "varones israelitas", que estaban atónitos ante el milagro allí hecho, diciendo: "A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad." (Hch 3:25-26). Más adelante, continuando el relato de los hechos de los apóstoles, Lucas cuenta lo acontecido en la sinagoga de Antioquía, donde Pablo se dirigía a los varones israelitas, muchos de los cuales, "se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando" (Hch 13:45), entonces "Pablo y Bernabé hablaron con valor y dijeron: «Era necesario que la palabra de Dios les fuera predicada primeramente a ustedes; pero ya que la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, así que ahora nos volvemos a los gentiles" (Hch 13;46 NBLA). Algo similar ocurre en Macedonia, mientras Pablo predicaba "a los judíos que Jesús era el Cristo" (...) "oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles" (Hch 18:5, 6). Contrario a lo que muchos piensan, de que Pablo, iba a las sinagogas en primer lugar, porque tenía afecto especial por los de su etnia, lo cierto es que, según consta en los versículos antes citados, él tenía mandato de parte de Dios de predicar primeramente a los judíos.
 
La nación de Israel ya tuvo su tiempo de exclusividad cuando Jesús estuvo en la tierra, y después, durante el comienzo del ministerio de los apóstoles; pero, como dijimos anteriormente, consta en las Escrituras que, luego que Jesús resucitó y ascendió a la diestra del Padre, el remanente de la nación de Israel escogido por gracia quedó en la misma condición que los gentiles, "porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos" (Ro 11:32), y "la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes" (Ga 3:22). No olvidemos que la iglesia, el Israel verdadero, en quien se cumple la promesa de que todas las naciones serán bendecidas en la simiente de Abraham, que es Jesúsno es sólo de gentiles, sino de ambos pueblos, judíos y gentiles, hechos uno en CristoCualquier enseñanza que hable de la salvación de los hijos de Israel al final de los tiempos, o después de la venida de Jesús, contradice la doctrina de la salvación por fe, ya que, como asegura Pablo: "en este tiempo ha quedado un remanente (está hablando de los judíos) escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia" (Ro 11:5-6). Por lo demás, "no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe" (Ro 4:13); o sea que, "si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa" (Ro 4:14). En cuanto a si ese trato especial con Israel fuera después de la venida de Jesús, eso también choca con la doctrina de la resurrección de los muertos, (o la transformación de los que aún no hayan muerto), ya que, dice la Palabra que, cuando Cristo vuelva, primero, todos los muertos en Cristo van a resucitar, judíos y gentiles, para reunirse con el Señor en el cielo; luego, los creyentes que aún estén con vida van a ser transformados y arrebatados junto con los primeros. Si eso dicen las Escrituras, entonces, nos preguntamos: ¿cuál sería el propósito de un nuevo trato especial a los judíos? (ellos ya fueron tratados de forma especial al anunciarles el evangelio en primer lugar) ¿A quién van a evangelizar, si los escogidos ya estarán con Cristo? ¿a los que ya fueron condenados?, porque, si entendemos bien, para que se haya producido el arrebatamiento, Jesús tiene que haber juzgado, y separado las ovejas de los cabritos, o ¿es que habrá más de un juicio final de donde saldrán otros escogidos? (ya no sería por creer sin haber visto, pues, habrán visto a Jesús venir en la nube, porque "todo ojo le verá" cuando regrese). Como podemos ver, ese pensamiento no tiene cabida en el esquema de salvación que leemos en las Escrituras.
  
** En cuanto a las palabras de Jesús, de que el obrero es digno de su alimento, está queriendo decir que, cuando alguien dedica su vida a enseñar el evangelio, tiene derecho a recibir para su sustento; era el caso de los apóstoles, y ahora es el caso de los pastores de iglesias. Puede ser discutible el diezmo, pero la ofrenda generosa (no limosna) es un deber cristiano. El Apóstol Pablo, debido a las críticas que sus adversarios estaban haciendo circular, había escogido no recibir nada de los corintios, y más bien hacer uso de lo que otras iglesias habían ofrendado para su sustento mientras ministraba en Corinto; no obstante, hace presente que los que siembran la Palabra tienen derecho a recibir para su alimento, porque está escrito en la ley que no hay que poner bozal al buey mientras trilla, lo que quiere decir que, mientras el buey va haciendo los surcos para la siembra, debe tener también la posibilidad de alimentarse de lo que cae en la tierra, porque si el buey no trilla no va a haber trigo en los graneros; en otras palabras, si el pastor no dedica su vida a predicar la Palabra, ¿cómo podrán tener fe los que no han oído?


COMO OVEJAS EN MEDIO DE LOBOS


También Jesús dijo a sus discípulos que los estaba enviando como ovejas en medio de lobos, por lo cual, debían ser "prudentes como serpientes, y sencillos como palomas". Además, les advirtió: "guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles".  No obstante, les dijo que no debían preocuparse por cómo o qué hablar, "porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros", dijo el Señor. (10:16-20)

* Aun cuando estas palabras que Jesús dirigió a sus discípulos están en el mismo capítulo en el libro de Mateo, no parecen estar refiriéndose a la primera misión de los doce, sino a lo que iban a tener que enfrentar después de la crucifixión y glorificación del Señor, pues, no fue sino hasta entonces que el pueblo de Dios comenzó a ser perseguido por causa de su fe. Como vimos previamente, cuando Jesús escogió a los doce y les encomendó anunciar el evangelio (Mt 10:5-15), los envió sólo a los hijos de Israel, advirtiéndoles que no fueran por caminos de gentiles; sin embargo, en esta oportunidad Jesús señala que cuando fueran apresados y llevados ante las autoridades, sería ocasión para que dieran testimonio a ellas y a los gentiles, sobre el evangelio de la salvación por la gracia de Dios.

** Pablo, en su carta a los filipenses, dijo a los creyentes: "a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él" (Fil 1:29). Contrario a lo que predican los falsos profetas de la prosperidad, las Escrituras son bien claras en decir que, el privilegio de ser adoptados como hijos de Dios conlleva el padecer por la causa de Cristo, ya que es en medio del fuego de las pruebas que la fe crece y se afirma, pues, el poder del Señor se fortalece en nuestra debilidadEs cuando atravesamos por circunstancias difíciles que entendemos que la Gracia del Señor es todo lo que necesitamos para estar bien, y que "lo que sufrimos en esta vida es cosa ligera, que pronto pasa; pero nos trae como resultado una gloria eterna mucho más grande y abundante. Porque no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve, ya que las cosas que se ven son pasajeras, pero las que no se ven son eternas" (2Co 4:17-18 DHH). Además, "sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos." (Ro 8:28 NTV). Así que, hagamos como el apóstol Pablo, y "corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios" (He 12:1-2). 
 


EL QUE MUERA POR SU CAUSA, VIVIRÁ


El Señor continuó diciendo que iba a llegar el momento en que el hermano entregará a la muerte a su hermano, y el padre, al hijo, y que los hijos se levantarán contra los padres y les causarán la muerte. A sus discípulos, les dijo: "seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo". Les dijo que iban a ser perseguidos, pero que, cuando eso ocurriera, debían huir de aquella ciudad e ir a otra, anunciando el evangelio, y que "no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre". También les dijo que el discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su Señor, "Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor"; y agregó: "Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?". (10:21-25).

* Los apóstoles y primeros discípulos tuvieron vidas realmente difíciles cumpliendo la misión de anunciar la salvación por fe. Después de la glorificación de Jesucristo, todos los apóstoles, excepto Juan, murieron martirizados, así como gran número de creyentes en los primeros siglos de la era cristiana; y aunque Juan no fue asesinado, sí padeció grandemente por predicar a Cristo; de hecho, el Apocalipsis le fue revelado estando prisionero por causa del evangelio en la isla de Patmos.
 
Sin embargo, todo esto estaba en los planes de Dios, pues, fue precisamente la persecución a los creyentes lo que hizo que el evangelio se propagara tan rápidamente, incluso más allá de las fronteras de Palestina. Además, tal como Cristo anunció (vv.17-18), esas persecuciones a sus discípulos fueron las que permitieron que el evangelio fuera predicado ante concilios, gobernadores, reyes y gran número de gentiles, de lo cual hay constancia en el libro de los Hechos, donde Lucas describe cómo, cada vez que los discípulos fueron tomados presos, tuvieron la oportunidad de dar testimonio, tanto a autoridades judías, que se resistían a Cristo, como a los paganos, de que la salvación es por la fe en Cristo Jesús. Incluso, mientras permanecieron en las cárceles, no pocos de los que compartieron con estos santos prisioneros fueron salvados gracias a sus testimonios. El mismo Apóstol Pablo reconoce que sus prisiones en Roma sirvieron para testificar a los guardias romanos que lo custodiaban, y muchos fueron salvos gracias a ese sacrificio
 

Jesús los llamó a no temer, y a proclamar todo lo que se les había enseñado, "porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse". Les dijo que no debían tener miedo de aquellos que pueden matar el cuerpo, porque ellos no pueden matar el alma; más bien, les llamó a someterse a Dios, pues Él tiene el poder de destruir el cuerpo y el alma en el infierno. Nada hay oculto a los ojos de Dios. Aun si un pajarillo vive o muere depende de Dios. El Señor sabe incluso cuántos cabellos tiene cada persona, así que no hay que temer, pues, un humano vale más que muchos pajarillos. "A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos", dijo el Señor. (10:26-33)

En el libro de los Hechos veremos cómo, después de recibir el Espíritu Santo, los discípulos recibieron poder de lo alto, y comenzaron a declarar el evangelio abiertamente, por todas partes, con una valentía que ellos no habían conocido antes, y estaban dispuestos a ser torturados, incluso a perder la vida, si era necesario, a fin de cumplir con la misión dada, porque ellos amaban a Jesucristo más que a sus propias vidas y, porque sabían que la salvación de muchas almas dependía de que recibieran el mensaje que ellos tenían que llevarles
 
El testimonio de los primeros cristianos fue realmente elocuente, y muchas personas fueron salvas no sólo por la predicación de éstos, sino cuando los vieron soportar los peores ultrajes y torturas sin negar su fe, sino afirmar, a quien quisiera oír, que Jesucristo es el Señor. Estos mártires estaban dispuestos a ser llevados como ovejas al matadero, porque no temían "a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma" (Mt 10:28 NBLA), y ellos sabían que sus almas pertenecían al Señor, pues, habían recibido "una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos" (1Pe 1:3-4), de modo que no veían sentido a aferrarse a las cosas temporales de este mundo, y ni siquiera a su propia vida terrenal, sabiendo que, "el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará" (Jn 12:25). 
 
Dios ha sido paciente, y no ha puesto fin al mundo como lo conocemos, porque Él no quiere la muerte del impío, sino que espera que muchos reciban la buena noticia y se arrepientan, para que sean salvos y tengan vida eterna en el reino de los cielos. La urgencia de dar a conocer que la salvación de nuestras almas está en Jesucristo sigue siendo la misma.


Jesús les dijo: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada", porque habrá división en las familias, dijo, pues, se levantará el hombre contra su padre, la hija contra su madre, la nuera contra su suegra, y "los enemigos del hombre serán los de su casa". También dijo que el que ama a padre o a madre, o a hijo o hija más que a Él, no es digno de Él. Agregó: "el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí", y "el que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará". (10:34-39)

*Apocalipsis 6 describe los eventos que se desatan cada vez que el Cordero abre uno de los siete sellos. No pocos han interpretado que el que monta el caballo blanco (Ap 6:2), al abrir el primer sello, es el anticristo, quizás guiados por los terribles eventos que comienzan a suceder; pero, a mi parecer, están cayendo en el peligroso error de llamar Belzebú al Hijo de Dios
 
El que monta el caballo blanco "tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer" (Ap 6:2), lo que, a la luz de las Escrituras, hace pensar que en realidad está hablando de Jesús, a quien Dios "exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra", porque "estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2:9-10, 8). No es lógico, siquiera pensar que al anticristo se le haya dado una corona, y que haya salido venciendo para vencer, cuando lo cierto es que la Escritura afirma que fue derrotado por Jesús en la Cruz, y que no tiene ningún poder sobre los hijos del Reino, pues, mayor es el que está en nosotros; es decir, el Espíritu del Señor, con el cual fuimos sellados cuando oímos el evangelio de nuestra salvación, y creímos en él.

Considerando lo anterior, cuando Jesús dijo: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada(Mt 10:34), estaba refiriéndose, precisamente, a la división que provocó, en especial, entre las familias judías, el que uno o más de sus miembros profesara la fe cristiana. Hasta el día de hoy se producen divisiones en medio de círculos familiares o sociales, que por años se han identificado con la religión tradicional, cuando uno de sus miembros abriga el verdadero evangelio de la salvación en Cristo Jesús, que es lo que anunciamos aquí. 

Cuando el Cordero abrió el segundo sello, dice la Escritura que "salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada" (Ap 6:4). Aunque el mundo está bajo la potestad del maligno, Jesús reina, y el jinete del caballo bermejo, y los que le siguen, son enviados para probar el corazón de los hombres, y para ver la manifestación de los verdaderos israelitas, pues, como dice el profeta Malaquías, Cristo el Señor "es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata(Mal 3:3-4). El apóstol Pedro dijo en 1Pe 1:5-7, que, mediante la fe, los hijos del reino somos protegidos por el poder de Dios para salvación, pero eso no nos exime de ser probados como el oro en el fuego, porque la autenticidad de la fe se prueba en el horno de las aflicciones.

Más adelante, dice la Escritura, que el que el que montaba el caballo blanco "se llama Fiel y Verdadero", porque "con justicia juzga y hace la guerra"; es decir, no es un rey caprichoso, sino que juzga con rectitud. "De Su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones y las regirá con vara de hierro. Él mismo pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso" (Ap 19:11, 15 NBLA).

En consecuencia, no ignoremos el mensaje que el autor de la epístola a los Hebreos envía a los hijos del reino: "En su lucha contra el pecado, ustedes no han resistido hasta el punto de derramar sangre. Además, han olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige: «Hijo Mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él. Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo». Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline?" (He 12:4-7 NBLA). 

** El versículo 37: "El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí", quiere decir que, amar a cualquier persona más que al Señor es idolatría, y la idolatría es pecado. Recordemos que el gran mandamiento, del cual depende toda la ley y los profetas, dice: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 22:37-39).  

*** Tomar la cruz (v.38) significa morir a nosotros mismos; es decir, dejar de vivir para nosotros, y comenzar a vivir para Dios. Todos nacemos en pecado, por eso, antes de conocer al Señor, vivimos egoístamente, sólo para satisfacer nuestros deseos corrompidos por el pecado, pero cuando Cristo nos rescata, nos da una nueva vida, y lo que éramos antes muere en la cruz. Ahora somos una nueva creación en Cristo Jesús, por tanto, debemos ser obedientes a lo que el Señor nos manda por medio de Pablo, diciendo: "deben ustedes renunciar a su antigua manera de vivir y despojarse de lo que antes eran, ya que todo eso se ha corrompido, a causa de los deseos engañosos. Deben renovarse espiritualmente en su manera de juzgar, y revestirse de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios y que se distingue por una vida recta y pura, basada en la verdad" (Ef 4:22-24 DHH). Al decir "basada en la verdad" está refiriéndose a la única Verdad, que quedó escrita en 66 libros, es decir, nuestra Biblia, que es la Palabra de Dios, viva y eficaz, la cual debemos conocer para ser transformados por ella.

Jesús dijo que todo aquél que recibe a sus mensajeros, lo recibe a Él; y "el que me recibe a mí, recibe al que me envió". También dijo que, el que recibe a un profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo, recompensa de justo recibirá. "Y quien dé siquiera un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por tratarse de uno de mis discípulos, les aseguro que no perderá su recompensa" (NVI), afirmó el Señor.  (10:40-42)

* Aquí Jesús habla de los verdaderos mensajeros de Dios. Sin embargo, muchas veces Satanás se disfraza de ángel de luz; por eso, los creyentes debemos ser cautelosos, y no aceptar de buenas a primeras a cualquiera que usa el Nombre de Jesucristo, porque no todos son verdaderos mensajeros de Dios. Hay mucha responsabilidad en los que predican, pero también en los que reciben a los mensajeros. Si queremos saber si un predicador es verdaderamente un mensajero de Dios, éste debe llevar un mensaje basado en las Escrituras, y hablar del Evangelio de la salvación por la fe en Jesucristo por gracia. Al respecto, el apóstol Juan dijo: "Si alguien los visita y no lleva esta enseñanza, no lo reciban en casa ni le den la bienvenida, pues quien le da la bienvenida se hace cómplice de sus malas obras" (2Jn 10-11 NVI). 
 
Cuando un desconocido viene a hablarnos la Palabra de Dios, debemos ser como los de Berea, quienes escuchaban a Pablo predicar, pero no se quedaban con sus palabras, sino que iban a las Escrituras para verificar si lo que oían era Palabra de Dios. Si no somos diligentes como los bereanos, corremos el riesgo de caer fácilmente en manos inescrupulosas que, predicando un evangelio tergiversadoponen en riesgo nuestra salvación, porque falsas promesas llevan a la decepción, y de allí sólo se está a un paso de la apostasía.  
 
La ignorancia que trae el desconocimiento de las Escrituras es lo que los falsos maestros aprovechan para engañar a los incautos. Jehová declaró por medio del profeta Oseas: "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento" (Os 4:6). Seamos diligentes, entonces, y reservemos un tiempo a diario para estudiar y profundizar en la Palabra de Dios, de manera que aprendamos a refutar, corregir o confrontar las falsas enseñanzas.

 

jueves, 5 de marzo de 2020

MATEO IV - La Palabra Alumbra Nuestro Entendimiento (Mt 7 y 8)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)


[Empezar en Mateo Primera Parte]



QUITANDO LAS TINIEBLAS DE NUESTRO CORAZÓN


Nuestro Señor dijo: "No juzguen para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes" (NVI). Además, añadió que nuestra tendencia es a mirar la paja en el ojo ajeno, sin advertir que en el nuestro hay una gran viga. Y concluyó diciendo: "¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano". (7:1-5)

* El Apóstol Pablo lo expresó de esta manera: "no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas" (Ro 2:1 NVI).
 
Solemos ver en qué se equivocan los demás, o qué nos desagrada de ellos. Juzgamos la vanidad, la codicia, la avaricia, el egoísmo, el orgullo, la arrogancia, la prepotencia, la lujuria, y tantos otros defectos en los demás, pero ¿Cuánto de eso tenemos nosotros también? 
  
Jesús nos llama a reconocer nuestros errores, y a cambiarlos; sin embargo, si no nos miramos en el espejo de la Palabra de Dios, nunca tendremos la capacidad de ver cuánta fealdad alberga nuestro corazón. Por eso, el salmista dice: "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti" (Sal 119:11); y también: "El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón" (Sal 40:8). Pero ¿cómo podríamos guardar Su Palabra en nuestro corazón si no nos exponemos a ella? No olvidemos que el Espíritu Santo que Dios nos dio se sirve de la Palabra de Dios, que deberíamos estar "comiendo" a diario, para hacernos crecer en la Verdad, pues, "no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4:4).
 
Sólo Cristo, el Verbo de Dios, puede hacernos libres de toda la podredumbre de nuestro corazón; por tanto, antes de juzgar a otros, presentémonos ante Él, quien nos conoce en lo más íntimo, y preguntémosle: "¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo? Hazme entender mi transgresión y mi pecado" (Job 13:23), y Él nos dará la sabiduría para que entendamos y reconozcamos cuánto del pecado que veo en otros está también en mí, de modo que, al identificarlo, lo pongamos bajo sujeción y, en su lugar, comiencen a brotar los frutos de santificación, que evidencian que somos verdaderos hijos de Dios.
 
Por último, nunca olvidemos la exhortación del Señor, cuando dijo: "Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jn 8:31-32); esto, porque sólo Su Palabra es Verdad, y es "útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto..." (2Tim 3:16-17).
 
Dijo el Señor: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen". (7:6).

* Dice el proverbista: "No hables a oídos del necio, porque menospreciará la prudencia de tus razones" (Pr 23:9).  A veces, con buena intención, intentaremos aconsejar bíblicamente a alguien que no está dispuesto a cambiar su forma mundana de pensar o proceder, y en respuesta, sólo recibiremos ofensas. También dice la Escritura que "el que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; el que reprende al impío, se atrae mancha" (Pr 9:7).

Desde que recibimos la nueva vida en Cristo, los creyentes estamos siendo enseñados por el Espíritu de Dios a través de Su Palabra, que es el Consejo divino que nos guía para enfrentar los desafíos de la vida cotidiana, y la Sabiduría de lo alto que nos ayuda a entender y dar respuesta a las pequeñas y grandes interrogantes que el ser humano se ha formulado a través de los siglos. Lamentablemente, no siempre esas preciosas perlas que nos son dadas por pura Gracia serán recibidas con el mismo aprecio que las ofrecemos. Como dice el proverbio: "Manantial de vida es el entendimiento al que lo posee; mas la erudición de los necios es necedad" (Pr 16:22). 


El Señor dijo: "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá".  Jesús dijo que el Padre que está en los cielos está atento a nuestras oraciones, y que Él nos dará lo que pidamos, pues, si un padre terrenal da pan a su hijo cuando éste le pide pan, "¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?", de modo que, "todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas", concluyó el Señor. (7:7-12)

* Para no caer en interpretaciones erróneas, bueno es buscar la misma porción en los otros evangelios. En el de Lucas, por ejemplo, el evangelista especifica: "¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?". Así que, si bien es cierto, Dios oye, y da a los justos lo que desean; muchos pidenpero no obtienen, porque piden mal, pensando en satisfacer sus apetitos desordenados; en especial, aquellos que, equivocadamente, han venido a Cristo, porque lo ven como el genio de la lámpara, en vez de como el Salvador de sus almas. Pero las Escrituras son claras: amar las cosas del mundo demuestra que el amor del Padre no está en ese corazónPor tanto, podemos concluir que estas palabras de Cristo se refieren, principalmente, a la salvación y a la búsqueda de la Verdad: al que pida ser redimido de este mundo malo, Dios lo salvará; al que busque a Dios y su justicia, hallará al Señor, y le será dada luz sobre los misterios del Reino; y al que llame a las puertas del Reino, Dios lo dejará entrar. 

** Con todo, los que hemos sido salvados por la gracia de Dios, podemos estar confiados en que, si permanecemos en Cristo, y sus palabras permanecen en nosotros, podemos pedir lo que deseemos, y nos será dadoporque cuando hemos sido regenerados por el Espíritu Santo, nuestras prioridades cambian, y nuestros deseos tienen más que ver con las cosas de arriba, que son las que realmente importan. 
 
La Palabra dice que, cuando permanecemos en Cristo, comenzamos a dar mucho fruto duradero, y el Padre es glorificado cuando damos mucho fruto. Por tanto, si hacemos las cosas que son agradables delante del Señor, podemos pedir lo que queramos, y nos será hechoPermanecer en el amor de Cristo significa que guardamos sus mandamientos, y sus principales mandamientos son: amar a Dios el Padre con todo el corazón, y con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas, y que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado; y ¿cómo demostramos ese amor? haciendo al prójimo lo que quisiéramos que hicieran con nosotros, como dice el versículo 12 de esta porción que estamos estudiando.

LA PUERTA ANGOSTA


Jesús continúa su prédica diciendo a los discípulos que hay que entrar por la puerta angosta; "porque la puerta y el camino que llevan a la perdición son anchos y espaciosos, y muchos entran por ellos; pero la puerta y el camino que llevan a la vida son angostos y difíciles, y pocos los encuentran" (DHH).  (7:13-14)

* El camino es uno: Jesucristo. Lo que tenemos que hacer es rastrear las huellas que Jesús dejó impresas en el mapa divino, que es el Evangelio, donde iremos descubriendo cómo hallar y permanecer en el único Camino, angosto, pero seguro, que Dios dispuso para conducirnos hasta Él. Sólo a Jesucristo tenemos que oír y seguir para tener vida eternaNo hay otra vía por la cual entrar al Reino de los cielos. 
 
Satanás marea al mundo a través de una amplia oferta de caminos alternativos que llevarían a la plenitud al ser humano, y le ofrece todo tipo de atractivos que exacerban su codicia, dominando la voluntad de los incautos, que se embriagan con el vino de sus engaños, consiguiendo así que éstos rechacen o se desvíen del único Camino a la Verdad. En ese estado de embotamiento, los hombres se desvelan persiguiendo lo que no lleva a ningún lado, excepto a la perdición.


FALSOS MAESTROS


Jesús dijo que debemos guardarnos de los falsos profetas, que vienen disfrazados de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces. Que nos fijemos en sus frutos para reconocerlos, porque cuando el árbol es bueno da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. "No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos". El árbol que no dé buenos frutos será cortado y echado en el fuego. "Así que, por sus frutos los conoceréis", declaró nuestro Señor. (7:15-20)

* Desde siempre han existido los falsos profetas y los falsos pastores que, en vez de rescatar ovejas perdidas, se sirven de ellas. Si bien es cierto, el pastor tiene el derecho, que la Palabra de Dios le otorga, de recibir remuneración de la iglesia en que sirve, por su labor como guía de las ovejas, en estos tiempos abundan aquéllos que se enriquecen a costa del rebaño, haciendo mal uso de la Palabra de Dios, tergiversándola, para justificar sus malas acciones. Estos falsos siervos de Dios, en vez de predicar el verdadero evangelio, sólo hablan de prosperidad y sanidad para obtener más ofrendas, diciendo que, de lo que des, el Señor te devolverá el dobleTemas como renunciar al pecado, el arrepentimiento verdadero, el infierno, el proceso de santificación o morir al yo no se halla en sus discursos, porque, para mantener cautivo al rebaño sólo le dan lo que ellos quieren oír Entre otras cosas, seducen a la gente predicándole una fe no bíblica, basada en lo que los falsos gurús han llamado la "ley de la atracción", que no es más que una creencia mística que afirma que obtendrás lo que deseas o lo que temes, según la "calidad" de tu fe, exacerbando en los incautos la codicia y el amor a las riquezas de este mundo. 
 
Jehová, por medio del profeta Ezequiel, condena a los pastores que se apacientan a sí mismos (dirigido a los líderes de Israel, pero el mensaje debe extenderse a todo líder bajo cuyo cuidado está el rebaño del Señor), diciendo: "¡Qué aflicción les espera a ustedes, pastores, que se alimentan a sí mismos en lugar de alimentar a sus rebaños! ¿Acaso los pastores no deben alimentar a sus ovejas? Ustedes beben la leche, se visten con la lana y matan a los mejores animales, pero dejan que sus rebaños pasen hambre" (...) "ustedes abandonaron a mi rebaño y lo expusieron al ataque de toda clase de animales salvajes. Aunque ustedes eran mis pastores, no salieron a buscar a mis ovejas cuando ellas se extraviaron. Se ocuparon de sí mismos y dejaron que las ovejas pasaran hambre. Por lo tanto, pastores, oigan la palabra del Señor. Esto dice el Señor Soberano: ahora me declaro enemigo de esos pastores y los haré responsables de lo que le sucedió a mi rebaño. Les quitaré el derecho de alimentar al rebaño y no dejaré que sigan alimentándose a sí mismos. Rescataré de su boca a mi rebaño; las ovejas ya no serán su presa" (Ez 34:2-4, 8-10).
 

Nuestro buen Pastor también declaró que "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos". Que el día final, muchos le dirán: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?"; y el Señor les responderá: "Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad". (7:21-23)

* En Lc 6:46, dirigiéndose a algunos de sus seguidores, el Señor les preguntó: "¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?". Porque "Señor" es la forma usada por un siervo para dirigirse a su amo, por tanto, llamar a Jesús "Señor" significa que le debemos obediencia. 
 
No olvidemos que Jesús, nuestro Señor, es la Palabra de Dios encarnada, por tanto, obedecer a Jesús es obedecer a Jehová. Dice la Palabra de Dios: "Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios". (Mi 6:8). 

Antes de llevar a cabo cualquier acción, bueno es preguntarnos: ¿A quién estamos obedeciendo: al que llamamos Señor, o al que domina al mundo?


EL FUNDAMENTO SÓLIDO


Por último, el Señor concluye su prédica en el monte diciendo que, cualquiera que escucha estas palabras, y las pone en acción, es como un hombre prudente, que edifica su casa sobre la roca: "Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca". Pero el que oye estas palabras, y las ignora, se puede comparar con el insensato que edifica su casa sobre la arena; "y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina". (7:24-27).

* La roca es nuestro amado Señor Jesucristo, sobre quien se edifica la ciudad celestial; y nosotros, que hemos recibido el privilegio de ser hechos hijos de Dios, somos como piedras vivas con las cuales se levantan los muros de la Jerusalén de Cristo. Cada piedra ha de ser pulida para que no tenga asperezas, ni fisuras que debiliten la estructura que se está edificando.
 
Como dice la Escritura, Jesucristo es la piedra angular, sobre la cual, peritos arquitectos, como los apóstoles y profetas, han puesto el fundamento, y sobre ese fundamento es que nosotros trabajamos para levantar los muros de Jerusalén, igual que lo hizo Nehemías junto al pueblo que salió de la esclavitud en Babilonia, pero ahora, no se está edificando una ciudad terrenal, sino la Ciudad de Dios, que es espiritual.
 
Al mismo tiempo que se erige la Nueva Jerusalén con todo el pueblo de Dios, cada uno de nosotros está también siendo edificado como morada de Dios, por lo cual, debemos ser diligentes, y obedecer lo que manda Su Palabra, a fin de que, cuando vengan los días de prueba, la estructura permanezca firmemente asentada en la Roca, que es Cristo.
 
Como dice Pedro: "Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina. Precisamente por eso, esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios; a la devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque estas cualidades, si abundan en ustedes, los harán crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo y evitarán que sean inútiles e improductivos" (2Pe 1:4-8 NVI). 

Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, la gente quedó admirada de su doctrina; porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas. (7:28-29)

* Jesús es la Palabra de Dios encarnada. Él dijo que su enseñanza no se basaba en ideas propias, sino que decía lo que el Padre de los Cielos le mandaba decir; porque Dios estaba en Jesucristo salvando al mundo de la corrupción en que había caído por causa de la desobediencia de Adán, el primer hombre; la raíz podrida de quien procede toda la humanidad. El mensaje que Jesús enseñó salió del seno de Dios, y es el mismo mensaje que leemos en nuestras Biblias, escrito por santos hombres de Dios, que "hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2Pe 1:21).
 
Aunque Jesús había nacido de una hija de hombre, el pecado de Adán, que alcanza a toda la humanidad, no se hallaba en Él, porque, a diferencia de esos santos hombres que recibieron inspiración para escribir la Palabra de Dios, Jesús no fue engendrado por simiente de hombre, sino por la Simiente del Espíritu Santo, por tanto, siendo Él sin pecado, su comunión con el Padre era plena, como sucedía con Adán antes de pecar, así que lo que Jesús decía era lo que había oído decir al Padre en la intimidad, y no por inspiración.
 
Jesús efectivamente era el Hijo del Hombre, completamente humano, como era Adán cuando fue creado, pero también era el Hijo de Dios, Único en su especie (Unigénito). Es decir que, para poder salvar a la humanidad de su pecado, el Unigénito de Dios debió renunciar a su divinidad; esto significa que, "siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2:6-8), porque "era necesario que en todo sentido él se hiciera semejante a nosotros, sus hermanos"; dicho de otra manera, "debido a que los hijos de Dios son seres humanos—hechos de carne y sangre—el Hijo también se hizo de carne y sangre. Pues sólo como ser humano podía morir y sólo mediante la muerte podía quebrantar el poder del diablo, quien tenía el poder sobre la muerte. Únicamente de esa manera el Hijo podía libertar a todos los que vivían esclavizados por temor a la muerte" (He 2:17, 14-15, NTV).
 

LOS MILAGROS DEL MESÍAS


La Lepra del Pecado


Luego del sermón, Jesús descendió del monte, y mucha gente le seguía. Entonces un leproso se acercó a Él, y le dijo: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". Jesús extendió su mano, y le tocó diciendo: "Quiero; sé limpio", y al instante la lepra desapareció. En seguida, Jesús le dijo que no lo dijera a nadie, sino que fuera hasta el sacerdote, y presentara su ofrenda, según lo indicado en la ley. (8:1-4)

* Como hemos dicho en otros estudios, los acontecimientos que quedaron registrados en las Escrituras, además de estar allí para enseñar a las generaciones posteriores, generalmente encierran un misterio. En el caso del Nuevo Testamento, cada milagro está allí porque, aparte de dar testimonio de las maravillas que Jesús hacía, y que ayudaron a que muchos que las presenciaron creyeran que Él era el Mesías enviado por Dios, contienen un mensaje espiritual, que, como está escrito, no puede ser entendido por todos, sino sólo por los que han recibido el Espíritu del Señor en el corazón, quienes, en la medida que van leyendo y escuchando la Palabra de Dios, aprenden a discernir las profundidades de Su obra en la creación, y de Sus propósitos para ella.

Este milagro es el primero que registra Mateo, y su idea es establecer el motivo por el cual Dios envió Su Hijo al mundo; como registra el evangelio de Mateo, Jesús vino para salvar "a su pueblo de sus pecados" (Mt 1:21). 
 
La lepra es una enfermedad producida por la bacteria Mycobacterium Leprae, que afecta principalmente la piel y los nervios periféricos, perdiendo el paciente la sensibilidad y movilidad de manos, pies o cara; provocando lesiones cutáneas, deformaciones, mutilaciones, necrosis en los tejidos afectados, y hasta la muerte, si no se trata a tiempo. En tiempos de Jesús, la lepra aún no tenía cura y, por tratarse de una enfermedad que producía graves e irreversibles daños, los que la contraían eran aislados, para no exponer a contagio al resto de la comunidad. Por las características de la enfermedad, en las Escrituras se usa la lepra para simbolizar el pecado, porque, como la lepra, el pecado se contagia, insensibiliza, degenera, y tiene el poder de llevar a la muerte eterna.
 
El leproso nos representa a todos, porque todos nacemos infectados del pecado, y condenados a padecer eternamente. Pero aquí vemos que, a pesar de la condición del hombre, Jesús no vaciló en acercarse a él, tocarlo, y sanarlo, queriendo el Espíritu mostrar con este milagro que la lepra del pecado puede ser curada cuando venimos a Cristo en arrepentimiento y fe, clamando en nuestro corazón, como el salmista, cuando imploró: "Ten piedad de mí, oh, Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado" (Sal 51:1-2).
 
Contrario a lo que muchos creen, no hay que esperar a ser mejores (dejar un vicio, terminar una relación adúltera, o lo que sea) para acudir a Jesucristo, sino que hay que venir a Él, como este leproso, tal como estamos, cargando toda nuestra inmundicia, para que Él nos limpie y sane. Su llamado es: "Vengan a mí los que estén cansados y agobiados, que yo los haré descansar. Acepten mi enseñanza y aprendan de mí que soy paciente y humilde. Conmigo encontrarán descanso. Mi enseñanza es agradable y mi carga es fácil de llevar" (Mt 11:28-30 PDT).  
 
El Señor nos está llamando ahora, así que acerquémonos a Él confiados, porque, como dice la Escritura: "al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh, Dios". (Sal 51:17).   
 
** ¿Por qué Jesús pedía no divulgar los milagros?
 
- En el pasaje que estamos estudiando, Jesús dijo: "no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos" (v.4). Posiblemente la enseñanza aquí es que la regeneración de nuestro espíritu no es algo que deba ser anunciado a los cuatro vientos, sino demostrado a través de frutos de santificación (ofrendas al Señor) que evidencian la fe. Jesucristo es nuestro Sumo Sacerdote, ante quien presentamos las ofrendas que dan testimonio de que hemos sido sanados de nuestra lepra de pecado.
 
- Por otro lado, quizás Jesús no quería atraer a curiosos que se acercarían sólo para ver un espectáculo. De hecho, Marcos, en su evangelio, amplía la información sobre este milagro, diciendo que el leproso no se contuvo, y lo contó a todo el que quería oír, y "ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes". 
 
- Por último, y quizás sea el motivo principal, es que Dios es quien llama. Algunos milagros de Jesús consistían en expulsar demonios de las personas poseídas, pero, dice la Escritura, "no dejaba que los demonios hablaran, porque ellos lo conocían" (Mr 1:34 DHH - Dios Habla Hoy)). Es decir, no eran los demonios llamados a decir quién era Jesús, porque esa tarea la hace el Espíritu Santo en cada persona que está siendo llamada al reino. Recordemos que la iglesia se edifica sobre esa revelación, que no se origina en el intelecto, sino que es el Señor quien elige a quién revelarla.

La Verdadera Fe


El segundo milagro que Mateo registra sucedió cuando, entrando en Capernaúm, se le acercó un centurión que le rogó: "Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado". Y Jesús le contestó: "Yo iré y le sanaré".  Sin embargo, el centurión no se consideró digno de que Jesús fuera hasta su casa, y le dijo: "Señor, yo no merezco que entres en mi casa; solamente da la orden, y mi criado quedará sano" (DHH), y explicó su convicción de que Jesús podía hacerlo, diciendo que él mismo como centurión tenía soldados y criados bajo su mando, y a él le bastaba con dar una orden para que éstos le obedecieran. Jesús, sorprendido al oír lo que decía ese gentil (es decir, que no era judío), dijo a los que le seguían: "ni aun en Israel he hallado tanta fe"; y agregó: "muchos vendrán de oriente y de occidente, y se sentarán a comer con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, pero los que deberían estar en el reino, serán echados a la oscuridad de afuera. Entonces vendrán el llanto y la desesperación" (DHH). Entonces, despidió al centurión, diciéndole: "Ve, y como creíste, te sea hecho", y el siervo del centurión quedó sano en ese mismo momento. (8:5-13)

* Aquí Mateo nos presenta las primeras manifestaciones de fe en los gentiles. Jehová había dicho sobre el Mesías: "Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra" (Is 49:6). 
 
Como vemos, el plan de Dios siempre fue salvar a todas las naciones de la tierra, pero había que llevarlo a cabo de manera progresiva, así que Jehová escogió un pueblo, el más insignificante de los existentes en aquel tiempo, y de ese pueblo (familia), escogió a Abraham, a quien le hizo la promesa de que, a través de su descendencia, serían benditas todas las familias de la tierra. Pero, como hemos aprendido, la promesa no se refería a toda la descendencia de Abraham, sino sólo a la procedente de su hijo Isaac; ni tampoco de ambos hijos de Isaac, sino de Jacob, a quien le cambió el nombre, y lo llamó Israel
 
Con todo, el apóstol Pablo, en sus epístolas, aclara que ni siquiera se garantiza la salvación de todos los descendientes de Israel según la carne, porque "los verdaderos descendientes de Abraham son los que tienen fe" (Ga 3:7 DHH); es decir, "no todos los descendientes de Israel son verdadero pueblo de Israel. No todos los descendientes de Abraham son verdaderamente sus hijos, sino que Dios le había dicho: «Tu descendencia vendrá por medio de Isaac». Esto nos da a entender que nadie es hijo de Dios solamente por pertenecer a cierta raza; al contrario, sólo a quienes son hijos en cumplimiento de la promesa de Dios, se les considera verdaderos descendientes" (Ro 9:6-9 DHH). De modo que, "la Escritura, viendo de antemano que también entre los no judíos iba Dios a reconocer como justos a los que tuvieran fe, había anunciado a Abraham esta buena noticia: «Todas las naciones serán bendecidas por medio de ti»" (Ga 3:8 DHH). Pablo, además, especifica que, cuando la promesa dice: "En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra" (Gn 12:3), se refiere sólo a una persona: al Hijo de Dios, pues, la Palabra dice que "a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo" (Ga 3:16), explica el Apóstol.
 
No obstante, el pacto de Dios con el pueblo de Israel, al que llamó "Mi primogénito", es inmutable, por lo cual, fiel a su Palabra, se reservó "un remanente escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras" (Ro 11:5-6), para formar su iglesia, remanente que queda en las mismas condiciones que los escogidos de entre los gentiles, porque "Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos" (Ro 11:32). Pablo ratifica esta condición, diciendo: "la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuera dada a todos los que creen" (Ga 3:22 NBLA), es decir, "no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús". El Apóstol concluye su explicación, diciendo a la iglesia: "si ustedes son de Cristo, entonces son descendencia de Abraham, herederos según la promesa" (Ga 3:28, 29 NBLA). 
 
En consecuencia, cualquiera que interpreta la Palabra de Dios diciendo que Israel va a ser salvo después que la totalidad de los gentiles entre al Reino, está en un error, porque lo que la Escritura afirma es que: "a Israel (la nación) le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles" (Ro 11: 25 NBLA). Al decir "parcial", está diciendo que no todos son endurecidos, porque, como dijimos, hay un remanente al que Dios está concediéndoles que se arrepientan, abriéndoles el oído por medio de la predicación del evangelio, igual que a los gentiles que están siendo llamados. Por tanto, una vez que se haya completado el número de gentiles llamados a la salvación, (y habla de los gentiles, porque, recordemos, el evangelio se anunció primeramente a los judíos), se completará el proceso, y "así, todo Israel será salvo" (Ro 11:26 NBLA), ¿cuál Israel? el Israel de la fe, porque "los que son de fe, éstos son hijos de Abraham" (Ga 3:7). 
 

Judíos Primeramente

Las Escrituras siempre están señalando que la salvación debía comenzar por el pueblo judío, prueba de lo cual, es el hecho de que Jesús el Mesías no fue "enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mt 15:24). Incluso, la primera vez que Jesús envió a los doce a predicar, "les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mt 10:5-6). 
 
Dios no deja nada al azar, y fiel a su palabra, aunque no era el tiempo de los gentiles, había muchos de ellos que, habiendo oído del Mesías de Israel, también lo aguardaban. Así que, mientras Jesús cumplía su ministerio terrenal, Dios abrió el oído de no pocos romanos, griegos, samaritanos, y de otras naciones, que al escuchar y ver a Jesús obrando, comprendieron que en Él estaba la unción de Dios, y creyeron en Él antes que muchos judíos. Tan convencidos estaban, que muchos expresaron vehementemente su fe, al punto de creer, como este centurión, y con razón, que Jesús ni siquiera necesitaba estar junto al enfermo para hacer el milagro, sino que le bastaba dar la orden, para que las cosas sucedieran.

En cuanto al llamado a los gentiles, no fue sino hasta después de la crucifixión y resurrección de Jesús, y habiendo transcurrido algún tiempo incluso desde que el Espíritu Santo había sido dado a la iglesia, que el Señor se apareció a Saulo de Tarso, un respetado judío, perteneciente a la secta de los fariseos, tenaz perseguidor de la iglesia, al cual escogió para llevar el evangelio a los que no eran judíos, diciendo: "instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre" (Hch 9:15-16). Aquel fariseo, por la Gracia del Señor, se convirtió en el gran Apóstol Pablo, escritor de, al menos, trece de las veintiún epístolas que integran el Nuevo Testamento.

** En cuanto a las palabras del centurión: "Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo", nos habla de la humillación que debe haber en el hombre que está ante Jesús anhelando salvación; porque "Tú no rechazarás un corazón arrepentido y quebrantado, oh, Dios" (Sal 51:17 NTV). La misericordia del Señor es infinita, y cuando llegamos a Él reconociendo que Él es Soberano, y que nada podemos hacer separados de Él, nos concede, por fe, la Gracia de la vida eterna en Cristo Jesús.

 

Él es el Salvador


Estando Jesús en la casa de Pedro, vio que la suegra de Pedro estaba postrada, y tenía mucha fiebre; Jesús se le acercó, tocó su mano, y la fiebre la dejó. Entonces ella se levantó para servirles. Luego, cuando cayó la noche, llegó una gran muchedumbre trayendo endemoniados; entonces Jesús expulsó con su palabra a muchos demonios, y sanó a muchos enfermos, para que se cumpliera la Palabra dicha por Isaías: "El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias". (8:14-17)

* Las versiones sobre este hecho narradas por Marcos y Lucas complementan la narración de Mateo: Lucas, por ejemplo, dice que Jesús "reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó". En cuando a la expulsión de los demonios, Marcos y Lucas coinciden diciendo que Jesús expulsaba a los demonios, y no les permitía hablar, porque los demonios sabían que Él era el Cristo, y lo ponían en evidencia diciendo: "Tú eres el Hijo de Dios" (Lc 4:41).
 
Como ya hemos dicho, no hay contradicción entre un evangelio y otro, sino que son complementarios, pues, cada escritor, de conformidad a la inspiración recibida del Espíritu Santo, según sus propósitos, pusieron énfasis en distintos aspectos de los hechos ocurridos, al escribirlos. El objetivo de Mateo aquí era destacar el cumplimiento de la profecía anunciada por Isaías "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido" (Is 53:4), queriendo constatar con esto que Jesús era el Mesías.


El Verdadero Discípulo


Habiéndose formado una gran multitud, Jesús mandó a sus discípulos pasar al otro lado del mar. Estando allí, se le acercaron algunos manifestando su interés en seguirlo; entre ellos, un escriba que dijo: "Maestro, te seguiré adondequiera que vayas", pero Jesús le respondió: "Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza". Luego, otro discípulo le dijo: "Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre", al cual Jesús le contestó: "deja que los muertos entierren a sus muertos". (8:18-22)

* "Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro o querrá mucho a uno y despreciará al otro" (Mt 6:24 NVI). Día tras día nos enfrentamos a esta disyuntiva, aunque no siempre estamos conscientes de encontrarnos allí. Muchos se acercarán a Jesucristo por lo que podrían, eventualmente, obtener de Él, pero Cristo dice: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mt 16:24). Es decir, cada uno de nosotros debe tomar la cruz, ("cada día", añade Lc 9:23), para hacer morir en ella lo que éramos antes; lo que Pablo llama el "viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos" (Ef 4:22), y permitir que el Espíritu nos renueve los pensamientos y actitudes, por medio de Su Palabra, para ser revestidos "del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Ef 4:24), y así vivir para la gloria de Dios, que es el propósito para el cual fuimos creados.
 
Jesús podía ver el corazón de quienes se acercaban a Él y, probablemente, el escriba, un hombre acostumbrado a las comodidades que su posición le permitía, se acercó a Jesús creyendo que podría tener las riquezas terrenales que ya poseía, además de las riquezas del reino que Jesús le ofrecía. Sin embargo, Jesús le hizo ver que, para seguirle, iba a tener que despojarse de muchas cosas, y se puso a sí mismo como ejemplo, diciendo: "el Hijo del Hombre no tiene ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza" (Mt 8:20 NTV). Aunque no lo podemos afirmar, con seguridad, el escriba lo pensó mejor, y ya no le pareció tan atractivo seguir a Jesús, así que se volvió a su vida de comodidades.

En cuanto al hombre que pidió a Jesús que le permitiera enterrar a su padre antes de seguirle, si nos remitimos al relato sobre este evento hecho por Lucas en su evangelio, Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve, y anuncia el reino de Dios" (Lc 9:60). Este hombre quería hacer duelo por su padre y después seguir al Señor, sin embargo, no se daba cuenta que él también estaba muerto en sus delitos y pecados, así como todos los del mundo que, mientras no hagan una decisión por Cristo, continuarán estando muertos. Los que han muerto físicamente ya trazaron su destino eterno, y nada podemos hacer para cambiar aquello; pero los que aún respiramos, debemos procurar con diligencia ser redimidos para no sufrir la muerte eterna; y, una vez confirmados, llevar a otros al conocimiento del evangelio.  La vida está en Jesucristo, y a Él debemos oír. Que nada ni nadie de este mundo impida que sigamos a Jesús, porque eso significa muerte.

Lucas, además, agrega a un tercer personaje, que dijo a Jesús: "Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa" (Lc 9:61); pero Jesús le respondió: "Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios" (Lc 9:62). El deseo de este hombre nos habla de un corazón puesto en el lugar incorrecto. La sabia respuesta del Señor está haciendo ver que la prioridad de ese hombre no es Cristo, sino la familia. Los ídolos no sólo son dioses hechos por manos humanas, también son aquellas cosas o personas que ponemos antes que a Dios y a su Hijo en el corazón. Cuando decimos seguir a Cristo, pero le damos un lugar secundario, estamos cayendo en idolatría.
 
Mirar atrás significa que seguimos atados a las cosas de este mundo, las cuales nos quitarán tiempo o nos impedirán buscar lo que realmente importa, que son las cosas que no se venMuchos querrán seguir a Cristo como algo accesorio en sus vidas, y se acuerdan de Él sólo cuando están en aflicción o necesidad, pero el Señor sabe que, viviendo separados de Él nada podemos hacer, y por eso nos dice: "buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mt 6:33), porque todas nuestras necesidades terrenales serán cubiertas, y nuestros seres amados estarán bajo Su protección, de conformidad con sus perfectos propósitos, si buscar el reino de Dios y su justicia es lo principal en nuestro quehacer cotidiano.


La Autoridad de Jesús


Luego entró en la barca, y los discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó una gran tempestad, tanto que las olas cubrían la barca, pero Jesús dormía. Entonces los discípulos se acercaron a Jesús para despertarlo, y le dijeron: "¡Señor, sálvanos, que perecemos!". La respuesta de Jesús fue: "¿Por qué teméis, hombres de poca fe?" y, levantándose, reprendió al viento y al mar, y todo volvió a la calma. Maravillados, los discípulos se decían: "¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?". (8:23-27)

* En este episodio, Jesús demuestra que Él es el Logos creador de Dios, el mismo por medio del cual, Dios mandó y todas las cosas fueron hechas. Así describe la Escritura a Cristo: "Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten" (Col 1-15-17). 
 
En las Escrituras podemos ver cómo los elementos de la naturaleza son dominados por su Creador"Tú tienes dominio sobre la braveza del mar; cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas" (Sal 89:9); "El que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, y el alboroto de las naciones" (Sal 65:7); "Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas" (Sal 107:28-29); "¿Quién encerró con puertas el mar, cuando se derramaba saliéndose de su seno, cuando puse yo nubes por vestidura suya, y por su faja oscuridad, y establecí sobre él mi decreto, le puse puertas y cerrojo, y dije: Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante, y ahí parará el orgullo de tus olas?" (Job 38:8-11). 
 
Aun siendo un ser humano, pues, se hizo de carne y sangre, como nosotros, para poder salvarnos, en Jesús "habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Col 2:9)
 
** Entrar en la barca con Jesús es como el momento en que somos sacados de las tinieblas y conducidos a su luz Admirable. Una vez en la barca, no estaremos exentos de enfrentar tempestades, pero debemos confiar en que nuestro Señor es el Soberano de la Creación, y ninguna tempestad es una sorpresa para Él. Además, debemos tener la tranquilidad y confianza en que Él nos ha prometido que no seremos probado más allá de nuestras fuerzas, y que con la prueba, siempre dará la salidaMuchas veces, el Señor permite que atravesemos tiempos de tempestad en nuestras vidas, con el fin de que seamos fortalecidos en nuestro carácter como hijos de Dios, y que aprendamos a, ya no andar por vista, sino por la fe de Jesucristo.

 


Expulsión de los Espíritus Diabólicos


Luego, llegaron al otro lado de Galilea, a la región de los gadarenos, donde dos endemoniados que vivían en los sepulcros les salieron al encuentro, ambos tan feroces, que nadie podía pasar cerca de ellos. Y dijeron a Jesús: "¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?". Cerca del lugar, había un hato de cerdos paciendo, entonces los demonios dijeron a Jesús que, si su intención era expulsarlos, que les permitiera entrar en los cerdos. Jesús accedió y, en cuanto los espíritus inmundos entraron en los cerdos, éstos se precipitaron al mar y perecieron ahogados. En tanto, los hombres encargados de apacentar a los animales, huyeron a la ciudad, y fueron a contar lo sucedido. Entonces todos salieron al encuentro de Jesús, y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de la ciudad. (8:28-34)

* Dos versículos que resumen esta historia, los hallamos en la primera epístola de Juan: "Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo" (1Jn 3:8); "él apareció para quitar nuestros pecados" (1Jn 3:5).
 
Los hechos relatados nos muestran la constante lucha entre el mundo de las tinieblas y el Reino de la Luz. De la barca, que nos da una pequeña muestra del Reino de Dios moviéndose en medio del mundo, Jesús y sus seguidores salieron a la región de los gadarenos, donde están los endemoniados, en quienes podemos ver una imagen muy similar a la de aquéllos que no han recibido la gracia de la salvación en Cristo Jesús, y que viven bajo la influencia de Satanás: carentes de voluntad propia, cegados por las tinieblas, cargando su inmundicia, y habitando en medio de los sepulcros; que es también un perfecto símbolo de esta tierra que habitamos: un lugar lleno de seres humanos muertos en delitos y pecados, que viven "siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia" (Ef 2:1-9). Hombres y mujeres que, como los huesos secos de que habla Ezequiel 37, aunque parecen vivos, no tienen vida, porque no está el Espíritu de Dios en ellos.  

Lo que sorprende en esta historia, es que los gadarenos parecían estar acostumbrados a la presencia de estos endemoniados, y, en vez de alabar el maravilloso milagro hecho por Jesús de liberar a esos hombres de la esclavitud de los demonios, le rogaron que se fuera; es decir, para ellos, parecía importarles más el hecho de haber perdido los cerdos que cayeron por el despeñadero, los cuales, probablemente, eran un medio por el cual obtenían cuantiosos ingresos económicos, que el milagro que trajo a esa región la visita del Hijo de Dios.

Lamentablemente, así es cómo muchos reciben la buena noticia de la salvación que Dios nos dio por medio de Jesucristo. Aman más las posesiones y riquezas de este mundo, que las ricas bendiciones espirituales en los lugares celestiales que se nos ofrecen en el Hijo de Dios 

** ¿Por qué los demonios dicen que Jesús vino a atormentarlos antes de tiempo? Sabemos que el mundo está bajo el dominio de Satanás, y, si trazamos bien las Escrituras, también, podemos entender que, hasta antes de la glorificación de Jesús, los demonios andaban libres por el mundo. Pero luego de la exaltación de Jesús, Satanás y sus demonios están limitados en su accionar, por la presencia del Espíritu Santo dado a la iglesia. 
 
Según el Apóstol Juan, el espíritu del Anticristo está actuando desde entonces, y se refiere a él con estas palabras: "¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo" (1Jn 2:22); "todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo" (1Jn 4:3)Pablo lo expone de esta manera: "ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio" (2Ts 2:7), refiriéndose al Espíritu Santo que guarda a los que está llamando.
 
Jesús ya había dicho: "Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín" (Lc 11:21-22). Si entendemos bien las Escrituras, los simbolismos de la parábola señalan a Jesús como ese hombre más fuerte que vence, por medio de su muerte y resurrección, al hombre fuerte, que representa a Satanás, quien domina sobre los del mundo. 
 
Apocalipsis 20 ha generado discusiones desde tiempos remotos, pero, siguiendo el hilo de las citas bíblicas que hemos mencionado, y si estamos trazando bien la Palabra de Dios, el siguiente versículo describe lo que sucedió a Satanás cuando Jesús venció en la cruz: "Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años" (Ap 20:1). La expresión "lo ató", no quiere decir que lo eliminó, sino que limitó su accionar por la presencia del Espíritu Santo en la tierra, quien está arrebatando las almas que Satanás tenía cautivas, y las está trasladando al Reino de la Luz, poniéndolas bajo el Señorío de Jesucristo.
 
La pregunta que cabe formularse es: ¿Cuándo será quitado el Espíritu Santo? La respuesta: cuando se complete el número de los que han de ser salvos, y el Señor regrese por su iglesia. Dice la Escritura: "Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar" (Ap 20:7-8).

Apocalipsis también nos cuenta el final de la historia: "Vi el cielo abierto; y apareció un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, porque con rectitud gobernaba y hacía la guerra. Sus ojos brillaban como llamas de fuego, llevaba en la cabeza muchas coronas y tenía un nombre escrito que solamente él conocía. Iba vestido con ropa teñida de sangre, y su nombre era: La Palabra de Dios. Lo seguían los ejércitos del cielo, vestidos de lino fino, blanco y limpio, y montados en caballos blancos. Le salía de la boca una espada afilada, para herir con ella a las naciones. Las gobernará con cetro de hierro. Y él mismo pisará las uvas para sacar el vino de la ira terrible del Dios todopoderoso. En su manto y sobre el muslo llevaba escrito este título: «Rey de reyes y Señor de señores.»

Y vi un ángel que, puesto de pie en el sol, gritaba con fuerza a todas las aves de rapiña que vuelan en medio del cielo: «¡Vengan y reúnanse para la gran cena de Dios, para que coman carne de reyes, de jefes militares y de hombres valientes, carne de caballos y de sus jinetes, carne de todos: de libres y de esclavos, de pequeños y de grandes!»

Vi al monstruo y a los reyes del mundo con sus ejércitos, que se habían reunido para pelear contra el que montaba aquel caballo y contra su ejército. El monstruo fue apresado, junto con el falso profeta que había hecho señales milagrosas en su presencia. Por medio de esas señales, el falso profeta había engañado a los que se dejaron poner la marca del monstruo y adoraron su imagen. Entonces el monstruo y el falso profeta fueron arrojados vivos al lago de fuego donde arde el azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves de rapiña se hartaron de la carne de ellos" (Ap 19:11-21 DHH). 

*** En general, los cerdos en la Biblia representan a aquellos que tienen un corazón entenebrecido por las tinieblas que rechazan la salvación de Jesucristo. Son los que prefieren revolcarse en la inmundicia, pues, están ebrios de los placeres sensuales que el mundo les ofreceMientras esos cerdos, es decir, los incrédulos, no sean convertidos en ovejas de Cristo, están destinados a perderse, como este hato que cayó al mar. 
 
Con respecto a los que los apacentaban, que pidieron a Jesús que abandonara el lugar, podemos deducir que son como ciegos guiando a ciegos. Son aquéllos de los que habla la Escritura diciendo: "esta es la condenación: que la Luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas" (Jn 3:19). Desecharon la Luz del mundo, "Por esto se alejó de nosotros la justicia, y no nos alcanzó la rectitud; esperamos luz, y he aquí tinieblas; resplandores, y andamos en oscuridad. Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tientas como sin ojos; tropezamos a mediodía como de noche; estamos en lugares oscuros como muertos" (Is 59:9-10). Se creen iluminados, pero no hace más que guiar a la población ciega y sorda, hacia la condenación.
 
Los podemos encontrar en la forma de falsos pastores que, disfrazados de ovejas, devoran el rebaño; de poderosos que han hecho sus riquezas a costa de la salud y el bienestar de la gente. Hay muchos ocultos bajo atuendos de legisladores, de políticos, de organismos internacionales que, bajo la fachada de instituciones a favor de la humanidad, promueven agendas contrarias a las Escrituras, bajo el lema de la libertad de los individuos y protección de la familia, como son las leyes pro aborto, matrimonio igualitario, identidad de género; sexo protegido en lugar de abstinencia. En fin, la lista es larga, y sigue creciendo. A esos poderosos no les conviene que la luz de Cristo ilumine el corazón de los hombres, y harán todo lo posible por quitar a Jesús de en medio; y lo están logrando al sacar la Palabra de Dios de las enseñanzas en las escuelas, por ejemplo. Las consecuencias de desconocer la ley de Dios las podemos ver a diario en las noticias.

*** Los evangelios de Lucas y Marcos complementan la historia, diciendo que el hombre que había sido liberado de los demonios (ellos relatan la historia de sólo uno de ellos), siguió a Jesús hasta la barca, y le rogaba que le permitiera ir con él, pero Jesús le respondió que volviera a su casa, a los suyos, y contara cuán grandes cosas el Señor hizo, y cómo había tenido misericordia de él. Y el hombre fue y comenzó a publicar en Decápoli, donde residía, lo que Jesús había hecho, y todos se maravillaban.