viernes, 29 de mayo de 2020

MATEO VI - Roca de Salvación y de Tropiezo (Mt 11 y 12)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)

[Empezar en Mateo Primera Parte]


JESÚS, EL UNGIDO DE JEHOVÁ


Estando Juan Bautista en la cárcel, oyó lo que se decía de Cristo; y envió a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús: "¿Eres tú aquél que había de venir o esperaremos a otro?". Jesús les respondió que hicieran saber a Juan todas las cosas que estaban viendo y oyendo: "Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio", y agregó "bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí". (11:1-6)

* Como vemos, Jesús no respondió con un sí, pero en su respuesta les dio a entender que en Él se cumplía lo que estaba escrito en los textos sagrados sobre el Mesías: "Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas" (Is 42;6-7)"Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad" (Is 35:4-6)"En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas." (Is 28:18), entre otras profecías.

** ¿Quiénes hallaron tropiezo en Cristo? (v.6) Muchos judíos; en especial, los que tenían la misión de edificar el templo espiritual de Dios en la tierra, quienes tropezaron cuando rechazaron a quien había sido enviado para convertirse en la piedra angular sobre la cual se levantaría el edificio. Los maestros de la Ley y los profetas fueron incapaces de discernir los tiempos, y de reconocer que ante sus ojos estaba Aquél tan esperado Ungido del que hablaban las Escrituras. Pero estaba escrito que sería así.

Al parecer, Juan Bautista también dudó. Hay estudiosos que piensan que lo que motivó a Juan a preguntar a Jesús si Él era el Mesías, fue la condición en que él se encontraba en ese momento: confinado en una cárcel por causa de su predicación, siendo que la idea que había dominado siempre en la mente de los judíos era que el Ungido de Dios iba a venir para quitar el yugo del imperio que oprimía a su pueblo Israel. Quizás por eso, parte de la respuesta de Jesús fue: "bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí" (Mt 11:6), como diciendo a Juan, "no te equivoques, no mires a tus circunstancias", o algo similar a lo que dijo a Jairo: "No temas, cree solamente" (Mr 5:36). Tal es la respuesta que cada creyente debe mantener en mente, en medio de las tribulaciones, confiando siempre en que Dios tiene un propósito para cada uno de sus escogidos, y que las aflicciones, como hemos dicho, forman parte del proceso de santificación necesario para heredar las promesas. Sabemos que Juan no salió vivo de esa cárcel, pero nadie más que Dios sabe cuánto habrá significado en su santificación lo que soportó en ese lugar. Lo mismo es para nosotros, ahora no sabemos por qué padecemos, pero quizás lo sabremos cuando recibamos, el día de la retribución, junto con Juan y todos los santos, la corona de justicia que está reservada en los cielos para los que amamos al Señor.

Por lo demás, ni Jesús estuvo exento de pruebas y tribulaciones. Dice la Escritura que, "aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia" (He 5:8). Lo que no significa que alguna vez haya sido desobediente, sino que Él fue perfeccionado por lo que padeció, es decir que, a pesar de todo, se mantuvo obediente al Padre hasta la muerte, por lo cual "vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec" (He 5: 9-10).


Mientras los discípulos de Juan se retiraban, Jesús comenzó a decir a los que le escuchaban, que Juan Bautista era más que un profeta, porque a él se refería la profecía de Malaquías que dice: "He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti". Jesús también dijo que, de entre los que nacen de mujer, no se había levantado otro mayor que Juan, sin embargo, dijo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que Juan. También dijo que, desde que Juan había comenzado a predicar, y hasta entonces, "el reino del cielo ha venido avanzando con fuerza, y gente violenta lo está atacando" (NTV), no obstante, dijo, eso es lo que todos los profetas y la ley anunciaron que iba a pasar hasta que llegara Juan; y agregó, "si ustedes están dispuestos a aceptar lo que les digo, él es Elías, aquél que los profetas dijeron que vendría" (NTV). Concluyó diciendo que esa generación era semejante a esas personas que nunca se inmutan: que no bailan si les tocan música, ni se lamentan si les cantan endechas; peor aún, cuando Juan predicaba, decían que tenía demonio, y ahora que el Hijo del Hombre comparte comida y bebida con publicanos y pecadores, lo tildan de comilón y bebedor.  Finalmente, dijo: "Pero la sabiduría de Dios se demuestra por sus resultados." (DHH) (11:7-19)

* La generación ciega y sorda atacaba y condenaba lo que no calzaba con sus expectativas. Ellos esperaban que el Mesías fuera un guerrero, un príncipe vestido con fino ropaje, y no podían aceptar que ése que decía ser el Mesías proviniera de una familia humilde. A causa de su endurecido corazón, no entendían lo que estaba ante sus ojos, y eran absolutamente indiferentes al anuncio de las buenas noticias que Jesús traía, como tampoco reaccionaban cuando se les hablaba de la condena que aguarda a los que rechazan el mensaje (vv.16-17). Esa generación se había vuelto necia, y estaba tropezando, pero la Sabiduría de Dios, que se estaba manifestando por medio de la obra de Jesucristo en la tierra, iba a ser justificada por sus resultados (v.19). El maravilloso misterio que envolvía la venida del Mesías fue luego plenamente revelado al mundo por el Espíritu, a través de los apóstoles, y por medio de la Palabra inspirada por Dios.

** En cuanto a la venida del precursor del Mesías, he escuchado a algunos respetados predicadores decir que, en estos versos, Jesús está anunciando una segunda venida de Elías antes de la segunda venida de Jesús, quizás, porque Malaquías dice: "Yo les envío al profeta Elías antes que venga el día del Señor, día grande y terrible", interpretando "el día del Señor" como el día del juicio, y no como la primera venida del Mesías, quien, dijo a sus discípulos: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada" (Mt 10:34-37), que es, probablemente, lo que el profeta señala como "día grande y terrible". Pero Jesús claramente dice que Juan "es aquel Elías que había de venir" (Mt 11:14), es decir, Elías ya vino. Ese error de interpretación, a mi juicio, los ha llevado a sacar cálculos errados en lo referente a los tiempos escatológicos, que han confundido grandemente a los santos de la iglesia, pues, ya no saben a quién esperar, si a Elías viniendo en un carro de fuego, o al Mesías, en las nubes.

*** Algunas profecías en cumplimiento:
  • Mal 3:1 He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.
  • Mal 4:5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
  • Is 53:1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?
  • Is 28:16 por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.
  • Is 61:1  El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;


IGNORAR A JESÚS ES CONDENACIÓN


Entonces Jesús comenzó a recriminar a las ciudades judías donde había hecho muchos milagros, porque no habían mostrado arrepentimiento. Dijo que, si en las ciudades gentiles de Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que se hicieron en Corazín y Betzaida, sin dudas se habrían arrepentido, por tanto, con seguridad el castigo para ellas será peor que el que recibirán las ciudades paganas. Lo mismo para Capernaum, que pensaba que iba a ser exaltada hasta los cielos, lo cierto es que va a ser echada al sepulcro, porque si tantos milagros se hubieran hecho en Sodoma, como los que se habían hecho en allí, Sodoma se hubiera arrepentido y aun permanecería, por tanto, el castigo reservado para Capernaum será peor que el de Sodoma. Luego, Jesús oró: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó". (11:20-26)

En una ocasión, Jesús, luego de decir a sus discípulos que no impidiesen que los niños se le acercaran, dijo: "De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él" (Lc 18:17). Los niños a que Jesús se refiere en su oración (vv.25-26) eran los mansos de corazón; aquéllos que, sin importar su origen, si eran judíos o gentiles, recibieron el evangelio como un regalo de Dios; creyeron sin cuestionar lo que sus ojos veían y sus oídos escuchaban. En cambio, la arrogancia de los maestros de la ley, los "sabios y entendidos", cegaba su entendimiento, y les impidió ver que la "luz verdadera, que alumbra a todo hombre" (Jn 1:1-14) había venido al mundo, y estaba en medio de ellos, para que fueran salvos.
 
** Tiro y Sidón eran ciudades gentiles, que tuvieron gran esplendor, pero que fueron devastadas por poderosos pueblos a causa de su pecado, lo que había sido profetizado con antelación. Jesús las pone como ejemplo, porque el privilegio que tenían los judíos, de estar en presencia del Redentor de la humanidad, quien se daba a conocer con todo tipo de señales y maravillas, cumpliendo las Escrituras que de él se escribieron, estaba siendo despreciado por ellos, lo que los condenaba; como dice la Escritura: "ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas" (Jn 3:19). El ministerio terrenal de Jesús no estaba dirigido a los gentilessin embargo, muchos de ellos, que presenciaron sus milagros y oyeron sus palabras, se arrepintieron de sus pecados. Más de un ejemplo encontramos en el Nuevo Testamento, sobre gentiles que se acercaron a Jesús y recibieron un milagro a causa de su fe.

*** Algunas profecías en cumplimiento:
  • Sal 8:2 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo.
  • Is 28:9 ¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿a los arrancados de los pechos?
  • Sal 102:18 Se escribirá esto para la generación venidera; y el pueblo que está por nacer alabará a JAH,
  • Is 65:1-2 Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí. Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos;
  • Is 65:12-15 yo también os destinaré a la espada, y todos vosotros os arrodillaréis al degolladero, por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oísteis, sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que me desagrada. Por tanto, así dijo Jehová el Señor: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed; he aquí que mis siervos se alegrarán, y vosotros seréis avergonzados; he aquí que mis siervos cantarán por júbilo del corazón, y vosotros clamaréis por el dolor del corazón, y por el quebrantamiento de espíritu aullaréis. Y dejaréis vuestro nombre por maldición a mis escogidos, y Jehová el Señor te matará, y a sus siervos llamará por otro nombre.

También dijo "Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce realmente al Hijo, sino el Padre; y nadie conoce realmente al Padre, sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer" (DHH). (11:27)

* ¿Por qué depositar nuestra fe en Jesús es tan esencial en el plan de redención? ¿Por qué no es suficiente con creer sólo en Dios? ¿Cuál es la importancia de "estar en Cristo" y de "permanecer en Él"? Aquí Jesús responde: "Mi Padre me ha entregado todas las cosas". No dice una parte de las cosas, sino todas las cosas. En otros lugares, dice "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (Mt 28:18); y "El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano" (Jn 3:35).

En las epístolas de Pablo aprendemos que esto no se trató de una decisión circunstancial, sino de un plan elaborado desde antes de la fundación del mundo, cuando Dios nos escogió (a los creyentes) "para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo" (Ef 1:4-5), "en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados" (Ef 1:7). 

Pablo, en su epístola a los efesios, revela que Dios se propuso "reunir en él (en Jesucristo) todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra" (Ef 1:9-10 NVI). Es lo mismo que dijo a los corintios: "Porque Dios lo ha sometido todo bajo los pies de Cristo. Pero cuando dice que todo le ha quedado sometido, es claro que esto no incluye a Dios mismo, ya que es él quien le sometió todas las cosas. Y cuando todo haya quedado sometido a Cristo, entonces Cristo mismo, que es el Hijo, se someterá a Dios, que es quien sometió a él todas las cosas. Así, Dios será todo en todo" (1Co 15:27-28 DHH). 

Es decir, sólo en Jesucristo está la salvación, pues, "agradó al Padre que en él (Jesús) habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz" (Col 1:19-20). ¿Por qué? Porque Jesús es el Hijo del Hombre, es decir, uno de nosotros, pero no como nosotros, pues, Él era sin pecado. El único ser humano cuya vida impecable podía ser aceptada por Dios como propiciación por nuestro pecado, y así aplacar Su justa ira.

Dice la Escritura: "Pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Jn 3:36). La epístola a los Romanos habla de la ira de Dios, que "viene revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad" (Ro 1:18 NVI), y que "«No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado; juntos se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»" (Ro 3:10-12 NVI). Es decir, si no estamos en Cristo, somos enemigos de Dios, y, por tanto, condenados a morir en el fuego eterno que no se apaga, donde el gusano del hombre no muere.

Pedro compara el bautismo en Jesús con el arca de Noé, que tomó muchos años en ser construida, tiempo durante el cual Dios aguardaba pacientemente a que las personas se arrepintieran de sus pecados, para que se salvaran del diluvio anunciado por Jehová, quien, cuando vio "que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal" (Gn 6:5), decidió "el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos" (Gn 6:13). Lamentablemente, cuando el arca estuvo lista, y se desató el diluvio, sólo ocho personas sobrevivieron. Es lo mismo para este tiempo, "el Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan" (2Pe 3:9). Rechazar a Jesucristo, a quien Dios envió para en Él tengamos vida eterna, es rechazar la salvación para vida eterna.  

A la luz de esta palabra, podemos entender por qué la Escritura dice que en Jesús "estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres" (Jn 1:4); es decir que, "el que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida" (1Jn 5:12), porque "en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hch 4:12).  

En el Salmo 2, Cristo dice: "Jehová me ha dicho: Mi hijo eres túYo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra" (Sal 2:7-8).

 ** El Padre y el Hijo son uno, por eso, Jesús dice que "Nadie conoce verdaderamente al Hijo excepto el Padre, y nadie conoce verdaderamente al Padre excepto el Hijo y aquellos a quienes el Hijo decide revelarlo" (Mt 11:27 NTV). Como vemos, Jesús decidió revelarnos al Padre y compartir con su iglesia esa unidad que eternamente tiene con Dios, según consta en la oración que hizo por los creyentes en el aposento alto, diciendo: "Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros" (Jn 17:11). Jesús no sólo oraba por los discípulos que compartían con Él; también lo hacía por nosotros: "No ruego sólo por éstos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí" (Jn 17:20-23 NVI). 

Esa unidad del Padre y el Hijo se ve a través de toda la Escritura. Muchas veces vemos en el Antiguo Testamento que Jehová dice que Él hará cosas que después vemos que Jesús las hace en el Nuevo Testamento. Esto es porque Jehová estaba en Jesús haciendo todas las cosas. Como leemos en Ezequiel, Dios dijo: "He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré" (Ez 34:11); "Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor. Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia" (Ez 34:15-16); "Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja" (Ez 34:22). Pero también dijo que iba a designar a un Pastor para hacer todo esto: "Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado" (Ez 34:23-24), hablando de Jesús el Mesías.

El salmista escribió: "Jehová es mi pastor; nada me faltará(Sal 23:1); y más adelante Jesús revela: "Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil (gentiles); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor" (Jn 10:11).


EL REPOSO DEL PUEBLO DE DIOS


Jesús también dijo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga". (11:28-30)

* El yugo es una herramienta agrícola que se usa para arar la tierra. Se trata de un instrumento de madera que se unce a la cerviz de dos animales, una yunta, para que juntos tiren del carro del arado y hagan los surcos a la tierra para sembrarla. La yunta se forma con un animal viejo, experimentado en llevar yugo, que es el que va a guiar al otro, de tamaño similar, pero que es joven e inexperto. Las yuntas deben formarse con animales de envergaduras similares, a fin de que surcos en la tierra salgan parejos. Basándose en este requisito, es que el apóstol Pablo usa la analogía del yugo para advertir a los creyentes: "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos(2Co 6:14), temiendo que se repitiera el pecado de los israelitas que salieron de Egipto, quienes se unieron en matrimonio con los pueblos paganos, y fueron desviados de la fe. 
 
Reconocer el Señorío de Cristo para nuestras vidas equivale a recibir Su Yugo sobre nuestra cerviz, porque desde ese momento, Él comienza a guiarnos, por su Espíritu, por camino de santidad, produciendo en nosotros "así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil 2:13). Es decir, el Espíritu Santo que Dios nos dio cuando creímos es como un yugo en nuestra cerviz, que no pesa, ni cuesta llevarlo, pero que es necesario que nos sometamos a él para enderezar nuestras vidas, y para que no nos apartemos de Sus caminos
 
** La palabra cónyuge, que usamos para referirnos a los esposos, significa "con yugo". Las palabras de Jesús en los versículos que estamos estudiando las podemos asemejar a una "proposición de matrimonio", que el Hijo de Dios hace a Jerusalén celestial, a quien amó "se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable" (Ef 5:25-27 NVI). La iglesia es la novia del Cordero, cuyas bodas se celebrarán cuando la primera tierra ya no exista más, y haya cielo nuevo y tierra nueva. Ahora es tiempo de recibir con júbilo la invitación a las bodas del Cordero, y de prepararnos para asistir con nuestras mejores vestiduras, como lo exige la ocasión.

 

Un día de reposo, iba Jesús con sus discípulos por un campo, y tuvieron hambre, y los discípulos comenzaron a arrancar espigas y a comer. Cuando los fariseos vieron esto, le preguntaron por qué permitía a los que estaban con él violar el día de reposo. Pero Jesús les recordó la historia de David cuando, junto a sus guerreros, tuvieron hambre, y llegaron a la casa de Dios, y comieron el pan de la proposición, que estaba reservado sólo para los sacerdotes. Por otra parte, también les dijo que debían reconocer que los sacerdotes deben cumplir con sus turnos en el templo en día de reposo, y eso no significa que violen la ley, y agregó: "Uno mayor que el templo está aquí", refiriéndose a sí mismo. Además, les dijo que, si comprendieran el significado de las palabras del profeta, cuando dijo: "Misericordia quiero, y no sacrificio", no andarían condenando a los inocentes. Y les declaró que "el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo". (12:1-8

"El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo", porque sólo en Jesús encontramos descanso para nuestras almas. Dice la Escritura que el que cree en Él entra en el verdadero reposo que Dios da a su pueblo, pues, Jesús "llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia" (1Pe 2:24). Ya no somos esclavos del pecado que nos condenaba a muerte, sino siervos de Dios, y como tales, sin mayor esfuerzo de nuestra parte, más que el de disponernos a obedecer la guía del Espíritu Santopara hacer la voluntad del Padre y rechazar las tentaciones de la carne, "somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu." (2Co 3:18 NVI). Por eso dice la Escritura que "ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús" (Ro 8:1), pues, como dice Pablo: "el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Fil 1:6). Y ésta es nuestra paz: que, si el Espíritu de Dios mora en nosotros significa que estamos en Cristo, y si estamos en Cristo, tenemos vida eterna.
 
Sin embargo, hay que recalcar que esta gracia que nos es dada en Cristo, no nos exime de la responsabilidad de cumplir con ciertas disciplinas, como leer las Escrituras, dedicar tiempo a meditar en ellas, orar, congregarnos, etc., para alcanzar madurez espiritual, y con ello, aumentar nuestra fe. El que es perezosos, y no hace nada por conocer más a Dios y al Hijo, será presa fácil de las estratagemas del enemigo; "sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque, así como por fuego" (1Co 3:15). No obstante lo anterior, llegar a ser maduro espiritualmente no depende de nosotros, sino de Dios que da el crecimiento al que se sujeta al Señorío del Hijo. 
 
En la siguiente parábola, Jesús enseña cómo todo en la salvación depende de Dios: "El reino de Dios se parece a quien esparce semilla en la tierra.  Sin que éste sepa cómo, y ya sea que duerma o esté despierto, día y noche brota y crece la semilla. La tierra da fruto por sí sola; primero el tallo, luego la espiga y después el grano lleno en la espiga. Tan pronto como el grano está maduro, se mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha" (Mr 4:26-29 NVI).

De allí, Jesús vino a la sinagoga, donde los judíos le presentaron a un hombre que tenía la mano seca, y le preguntaron: "¿Es lícito sanar en el día de reposo?". Él les contestó que nadie deja de rescatar a una oveja si ésta cae en un pozo un shabat. Pues, mucho más valor tiene la vida de un hombre que la de una oveja; por tanto, es lícito sanar en día de reposo. Entonces, pidió al hombre que extendiera su mano, y lo sanó. Al ver esto, los fariseos salieron de allí, y se reunieron para planificar cómo acabar con Jesús. (12:9-14)

* Jehová mandó a santificar el día de reposo, que es el último día de la semana, correspondiente a sábado en el calendario hebreo, a fin de conmemorar el día en que YHWH descansó, luego de haberse dedicado los seis días anteriores a la obra de la creación. Ningún trabajo podía realizarse aquella jornada, que comenzaba desde que se ponía el sol (lo que para nosotros es viernes), hasta la puesta de sol del sábado. 
 
Jesús dijo: "El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo" (Mr 2:27 NBLA), lo que quiere decir que el día de reposo fue dado a los hombres para su beneficio, para que tuvieran un tiempo exclusivo a consagrarse al Señor y adorarlo sin distracciones, como los quehaceres laborales o del hogar, pero no fue pensado para refrenarlos de hacer lo bueno o conveniente para su bienestar, como era el sanar enfermos o alimentarse de lo que los campos ofrecían. Los líderes judíos no lo entendieron así, y agregaron tantas restricciones absurdas que convirtieron un tiempo de solaz en un motivo para condenar al pueblo.
 
** Algunas profecías en cumplimiento:
  • Lv 16:22 aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.
  • Is 53:5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
  • Is 53:6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

LA SALVACIÓN NO ES SÓLO PARA LOS HIJOS DE ISRAEL


Conociendo las intenciones de los fariseos, Jesús se alejó de la sinagoga, y mucha gente le seguía, y a todos los sanaba, pero les encargaba rigurosamente que no contaran a nadie lo que hacía, dando cumplimiento así a lo dicho por el profeta Isaías: "Éste es mi siervo, a quien he escogido; mi Amado, en quien se complace mi alma. Pondré mi Espíritu sobre él, y a las naciones anunciará juicio. No disputará, ni gritará, ni nadie oirá su voz en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justiciaY en su nombre las naciones pondrán su esperanza" (RVA)(12:15-21)

La expresión: "La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará" (Mt 12:20) significa que, "no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él" (Jn 3:17). Es decir, que no era intención del Señor condenar a los que se habían descarriado del pueblo de Israel, o destruir a los paganos gentiles, sino abrir los ojos de todos ellos, a fin de que conocieran la Verdad, y pudieran ser salvos. 
 
En el capítulo 42 de Isaías, citado por Jesús, también dice: "Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas"; "Convertiré en soledad montes y collados, haré secar toda su hierba; los ríos tornaré en islas, y secaré los estanques. guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé"; "Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver" (Is 42:6-7, 15-6, 18).

 

ATANDO AL ENEMIGO


Entonces trajeron a Jesús un endemoniado ciego y mudo, y Él lo sanó, "de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba". La gente atónita se preguntaba: "¿Será éste aquel Hijo de David?", pero los fariseos comentaban entre sí: "Éste no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios". Sabiendo Jesús lo que ellos pensaban, les respondió que todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado, y toda ciudad o familia dividida contra sí misma no se mantendrá en pie; de modo que, dijo el Señor: "si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?". Además, les preguntó: "si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos?", por tanto, "ellos serán vuestros jueces", les dijo. Y agregó: "pero, si Yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes".  Y terminó, diciendo: "¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata?".  (12:22-29)

¿A quién ató Jesús para saquear sus bienes 
 
A Satanás, el espíritu del error bajo cuya influencia está el mundo. Mientras Satanás permanece atado, Jesús está saqueando lo que antes estaba bajo el poder del maligno, es decir, arrebatando de las llamas las almas de los escogidos, trasladándolas "de las tinieblas a su luz admirable" (1Pe 2:9). Como afirma la Escritura: Jesús vino para "deshacer las obras del diablo" (1Jn 3:8). 
 
En el primer siglo, el Apóstol Pablo advirtió: "ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio" (2Ts 2:7).  Como ya hemos comentado, en Apocalipsis 20 leemos que un ángel del cielo ató a Satanás por mil años, luego de los cuales va a ser soltado. A la luz de estas revelaciones, podemos interpretar que Satanás, "el hombre fuerte", está siendo detenido por el Espíritu de Dios, al tiempo que sella en sus frentes a los que han de ser salvos. Mientras el cuerpo de Cristo (la iglesia) permanezca en la tierra, Satanás está limitado en su accionar, pero cuando Jesús saque a su Iglesia de este mundo, entonces Satanás será soltado, y se manifestará a través del líder (la bestia) que organizará a las naciones para luchar contra el Cordero; pero será vencido por el Verbo de Dios.


LA IMPERDONABLE BLASFEMIA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO


Dijo, entonces, Jesús: "Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero". Les dijo que por el fruto se conoce el árbol; porque un árbol bueno no puede dar fruto malo, ni el árbol malo dar fruto de buena calidad. Y dirigiéndose a los fariseos les dijo que eran una "¡generación de víboras!", que estaba imposibilitada de dar fruto de buena calidad, porque "de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas". Dijo que, en el día del juicio, tendremos que responder por cada palabra inútil que salga de nuestra boca, pues por ellas seremos declarados justos o seremos condenados. (12:30-37)

Jesús dijo que cualquier palabra contra el Hijo del Hombre será perdonada, no así al que hable contra el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no es una fuerza, sino Dios en acción, por tanto, blasfemar contra Él, es blasfemar contra Dios

Al decir que se perdonará al que hable contra el "Hijo del Hombre", probablemente, Jesús se refería a la condición en que él se encontraba en ese momento, es decir, antes de ser exaltado, pues, para ser exaltado y hecho Señor de señores, Jesús debía ser probado y "tentado en todo según nuestra semejanza" (He 4:15), igual como Adán fue tentado en el paraíso, y demostrar su sujeción al Padre hasta las últimas consecuencias. A diferencia de Adán, Jesús fue manso, y se mantuvo obediente al Padre, a pesar de tener que sufrir los peores padecimientos, llegando incluso a soportar la indigna e inmerecida muerte en la cruz por nosotros

Jesús es llamado en la Biblia "el postrer Adán", de lo cual podemos deducir que, una vez que el Hijo de Dios se despojó de su divinidad para hacerse como uno de nosotros, de carne y sangre, quedó en la misma condición que Adán cuando fue creado: santo, puro, absolutamente libre para tomar decisiones (es decir, no esclavo del pecado), pero vulnerable ante los engaños de Satanás. Recordemos nuevamente que la Escritura dice que Jesús, "aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia" (He 5:8), es decir, ¿de qué otra manera se puede probar la obediencia si no es por medio de pruebas? De hecho, los evangelios relatan que, después de ser bautizado por Juan, "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo" (Mt 4:1). 

Para bendición de toda la creación, Jesús resistió a Satanás, y por su obediencia al Padre hasta la muerte, Jesús fue resucitado y glorificado, y ahora está en la Gloria del Padre, sentado a Su diestra, y nosotros con Él. Aunque el Hijo del Hombre glorificado está en el cielo, sigue estando con nosotros por medio de Su Santo Espíritu que nos dio cuando creímosDios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno. Fijémonos cómo Pablo habla indistintamente del Espíritu Santo como siendo de Dios y de Cristo: "Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros". (Ro 8:9-11 RVR).  

Habiendo sido hecho Señor de toda la creación, nuestro deber es adorarle, porque Él es el Hijo de Dios. Dice la Escritura que "el que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió" (Jn 5:23). También dice que "todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre" (1Jn 2:23). 
 
"Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían" (Sal 2:12). Decimos ¡Amén! a esta palabra.
  

¿SEÑAL A LOS INCRÉDULOS?


Entonces, los fariseos y escribas demandaron una señal de Jesús, pero Él les respondió que sólo se les daría la señal de Jonás, porque tal "como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches". También les advirtió que los hombres de Nínive se levantarán en juicio contra esa "generación mala y adúltera" y la condenarán, porque los ninivitas se arrepintieron tras la predicación de Jonás, y quien les hablaba mayor es que Jonás. Incluso, la reina del sur condenará a esa generación, porque ella viajó de lejos para oír la sabiduría de Salomón, y quien les estaba diciendo estas cosas, mayor es que Salomón(12:38-42)

* El ejemplo del profeta Jonás se refería a la muerte y resurrección de Jesús. Jonás es uno de los llamados profetas menores, no porque sea menos relevante que los otros, sino porque que el libro dedicado a su obra tiene pocos capítulos. Jehová había enviado a Jonás a predicar arrepentimiento a los de Nínive, una ciudad gentil que, según el razonamiento de Jonás, no merecía que se les diera la oportunidad de arrepentimiento. Entonces, se embarcó con la intención de huir de la responsabilidad que el Señor le había dado, pero, como Dios no puede ser burlado, vino maldición sobre la embarcación, cuyos viajeros, al descubrir que Jonás era el motivo, lo tiraron por la borda al mar, "pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches" (Jon 1:17), luego de lo cual, tras clamar a Dios, el pez lo vomitó. Jonás finalmente cumplió con lo mandado, y predicó en Nínive, los cuales procedieron al arrepentimiento, y Jehová los perdonó. 

** Luego de la crucifixión, dicen las Escrituras que Jesús fue, en el espíritu, y "predicó a los espíritus encarcelados que, en los tiempos antiguos, en los días de Noé, desobedecieron, cuando Dios esperaba con paciencia mientras se construía el arca" (1Pe 3:19-20 NVI). Más adelante, Pedro, hablando de que vivos y muertos tendrán que dar cuenta el día del juicio, dice: "por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos" (1Pe 4:6). De modo que, aunque no está especificado, quizás, fue durante los días en que Jesús estuvo en el Hades que hizo estas cosas. Luego Él resucitó, y ahora vive "por los siglos de los siglos" (Ap 1:18), y está sentado "a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos" (He 1:3-4).

Jesús dijo que, "cuando un espíritu inmundo sale del hombre", anda por lugares áridos buscando descanso, y al no encontrarlo, decide regresar a su antigua morada, y al volver, la halla desocupada, barrida y adornada. "Luego va y trae a otros siete espíritus más malvados que él y entran a vivir allí. Así que el estado final de aquella persona resulta peor que el inicial" (NVI). "Así también acontecerá a esta mala generación", sentenció el Señor. (12:43-45)

* La morada desocupada habla de una persona sin el Espíritu Santo morando dentro de Él. Muchos que se dicen creyentes, no son sino cisternas vacías que, al no contener el agua de vida del Espíritu Santo, son instrumento de muerte en las manos de Satanás, que los usa para desviar al pueblo de Dios del camino correcto. Así Jesús se lamentó de aquella generación: "¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando" (Mt 23:13)

Antes de que Jesús viniera, todo el mundo era esclavo de Satanás, y vivía bajo su dominio. Pero, cuando Jesús se hizo presente, en quien el Espíritu Santo moraba plenamente, trajo consigo a la tierra el Reino de los cielos. No ha existido una generación más privilegiada que aquélla, que fue testigo del despliegue del poder del reino de los cielos en toda su magnitud por medio del Hijo de Dios. Ellos, como nadie, ni antes ni después, "fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero" (He 6:4-5); sin embargo, tan cegados estaban por su arrogancia, que no lo pudieron ver; y combatieron contra el Espíritu Santo, atribuyendo a Belzebú los milagros que éste hacía por medio del Hijo del Hombre. Es decir, mientras Jesús deshacía las obras de Satanás, ellos, creyéndose más puros y justos, no hacían más que atacar, entorpecer, y despreciar la obra del Salvador del mundo. Dice la Escritura que, al "que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia", no le queda más que "una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios(He 10:29, 27).

 

LA FAMILIA DE DIOS


Mientras Jesús hablaba, vino alguien a avisarle que su madre y sus hermanos estaban afuera y querían hablar con él; entonces Jesús preguntó: "¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?", y señalando hacia sus discípulos, dijo: "He aquí mi madre y mis hermanos", y explicó "porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre". (12:46-50)

* El evangelio de Marcos dice que multitudes estaban alrededor, mientras Jesús discutía con los maestros de la Ley, y que, "cuando se enteraron sus parientes, salieron para hacerse cargo de él; porque decían: Está fuera de sí" (Mr 3:20). Es decir, la madre y los hermanos de Jesús no estaban allí para apoyarlo, o llevarle alimento, sino, porque creyeron que estaba fuera de control. No olvidemos que, según consta en el evangelio de Juan, antes de la resurrección, "ni aun sus hermanos creían en él" (Jn 7:5).  
 
Jesús no estaba despreciando a su familia terrenal, sin embargo, es evidente que, ni su madre ni sus hermanos terrenales estaban actuando conforme a la voluntad de Dios, sino más bien, interfiriendo con ella; por tanto, como dice Jesús, en ese momento, su verdadera familia estaba constituida por sus discípulos que, igual que Jesús, estaban involucrados en los asuntos que el Padre que está en el cielo les demandaba.

 

domingo, 12 de abril de 2020

MATEO V - De lo Terrenal a lo Espiritual (Mt 9 y 10)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)


[Empezar en Mateo Primera Parte]


UN PARALÍTICO CAMINA


Volviendo a la barca, Jesús cruzó al otro lado del mar, y llegó a su ciudad. Allí unos hombres le trajeron un paralítico. Cuando Jesús vio la fe de aquellos que lo llevaron, dijo al enfermo: "Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados". Entre los que estaban presentes, había unos escribas, que en sus pensamientos decían: "Éste blasfema". Pero Jesús sabía lo que había en sus corazones, y les hizo ver que sus pensamientos eran errados, y les preguntó: "¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados", dirigiéndose al paralítico, dijo: "Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa"; y el hombre se levantó y se fue a su casa. Todos los que presenciaron el milagro quedaron maravillados, y glorificaban a Dios porque había dado tal poder a los hombres. (9:1-8)

* Los tres evangelios que narran esta historia dicen que, cuando Jesús vio la fe de los que traían al paralítico, sanó al enfermo. Como podemos ver, no sólo la fe del paralítico podía permitir que el milagro se llevara a cabo, sino la fe que otros tenían en que Jesús lo sanaría. La fe de los justos ante situaciones adversas, manifestada en oración de unos por otros, es muy poderosa. El mismo Señor, en otra ocasión, dijo: "si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos" (Mt 18:19).

** Los escribas eran eruditos en la ley de Moisés, sin embargo, su ceguera llegaba al punto de no reconocer que lo que estaban presenciando era el cumplimiento de las profecías que hablaban de que el Mesías sanaría a los enfermos. Y, aunque estas profecías también tendrían un cumplimiento en el ámbito espiritual, es decir, que cuando viniera el Mesías, la Verdad sería revelada a los hombres, entonces claramente podríamos ver, oír, caminar según ella, y hablarla, la arrogancia de estos fariseos no les permitía ser sanados espiritualmente para que pudieran ver, y oír; por el contrario, cuestionaron el mayor milagro de toda la historia de la humanidad, y lo que ellos mismos aguardaban desde que fue anunciado: la manifestación en carne del Hijo de Dios, enviado para redimir de la esclavitud al pueblo escogido, y edificar la casa de Dios en la tierra.  


RESCATANDO A LAS OVEJAS PERDIDAS


En seguida, Mateo nos relata cómo fue su llamado: dice que Jesús iba pasando y vio a este publicano sentado en su banco, y le dijo "sígueme", y Mateo se levantó y le siguió. Luego fueron a casa de Mateo, y se sentaron a la mesa, donde había otros publicanos y pecadores compartiendo con Jesús. Cuando los fariseos vieron esta escena, dijeron a los discípulos: "¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?". Oyendo esto, Jesús respondió: "Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos". Y agregó: "Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento". (9:9-13)

* Mateo, también conocido con el nombre de "Leví", era hijo de Alfeo, según nos revelan Marcos y Lucas en sus evangelios. Él trabajaba como publicano, es decir, prestaba servicios a Roma recolectando tributos de los judíos para César, por lo cual, él y todos los de su oficio eran considerados traidores entre los de Israel, pueblo que padecía bajo la opresión romana. Aquéllos que compartían con Jesús en esa mesa eran todos judíos, y la mayoría se había desviado de la ley, y entregado a los placeres del mundo. Jesús había sido enviado a la tierra para hacer que las ovejas descarriadas de Israel volvieran al redil. Como Él lo expresó, los que verdaderamente necesitaban ser sanados eran los pecadores, pues los justos, es decir, las ovejas que aún seguían dentro del redil, no necesitaban ser rescatadas. Mateo era una de esas ovejas perdidas, y en cuanto oyó la voz de Jesús, reconoció que era su Pastor, y le siguió.

** La misericordia de que habla Jesús es a compadecerse de las ovejas extraviadas. Los escribas y fariseos estaban tan preocupados de sí mismos, de recibir honores y ser exaltados que, en su egocentrismo, no tenían la capacidad de ver que el pueblo que lideraban necesitaba ser rescatado del lodo cenagoso donde estaban atrapados, pero ellos los condenaban por haberse extraviado. Lamentablemente, los cristianos tenemos mucho de eso, y debemos avergonzarnos de creernos superiores a aquellos que no conocen a Cristo, y que viven en sus vanidades y delitos. En vez de apartarnos de ellos, y condenarlos, es nuestro deber intentar mostrarles la luz del Evangelio; si no nos atrevemos a hablarles, demos ejemplo, glorificando a Dios en nuestro andar, y oremos para que su entendimiento sea también iluminado. 

LA IGLESIA NACIENTE


Entonces vinieron los discípulos de Juan Bautista preguntando "¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?". Jesús les respondió con otra pregunta: "¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos?". Les dijo también que ya vendrían días en que el esposo les sería quitado, y entonces iban a ayunar. Por último, dijo esta parábola: "Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente(9:14-17).

* Jesús es el novio; y su iglesia la novia que se prepara para ser entregada como una virgen pura a Cristo. Cuando este episodio ocurrió, Jesús estaba con sus discípulos, quienes eran los llamados a poner el fundamento de la iglesia, y lo que ellos necesitaban era aprender del novio, y escuchar todo lo que Él tenía que enseñarles. No había motivo para estar tristes, ni para hacer sacrificios como el ayuno, porque todo lo que su alma podía anhelar estaba con ellos.

El esposo fue quitado cuando los líderes judíos entregaron a Jesús a los gentiles para que lo mataran. Sin dudas el dolor y desilusión de esos discípulos fueron tan grandes, que no tuvieron la capacidad de caer en la cuenta de que se estaban cumpliendo las palabras que Jesús les había hablado, que decían: "que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día" (Mt 16:21). Pero el desconsuelo de haber perdido a su Maestro duró sólo un par de días, porque el mismo Señor se presentó ante ellos vivo, en un cuerpo glorificado, demostrando que era efectivamente el Hijo de Dios, el Mesías anunciado. 

** El novio ya no está en cuerpo presente, pero si creemos todo lo que hizo por nosotros sin necesidad de verlo, Él nos envía su Espíritu para que permanezca en nosotros, y nos guíe por el camino de la santidad, la cual se perfecciona por medio del conocimiento, el ayuno y las aflicciones. 

Ahora es tiempo de ayunar, sin embargo, el ayuno no se trata sólo de mortificar el cuerpo, como lo aclara Jehová por boca de Isaíasel ayuno de todo creyente, más bien, consiste en dejar de mirar hacia nosotros mismos, y comenzar a trabajar por el reino. Entre otras acciones, dice la Escritura que debemos terminar con todo tipo de abuso; dejar de condenar al perdido, y guiarlo a un encuentro con Cristo; ayudar al que está preso en sus banalidades a salir de sus prisionescompartir con los hambrientos no sólo el pan de nuestra mesa, sino el pan de vida que es la Palabra de Diossaciar al alma afligida llevándole al manantial de vidacontar a los errantes la buena noticia de que hallarán su hogar en Cristo; dar abrigo al desnudo, no sólo vistiéndolo, sino mostrándole que pueden ser cubiertos por medio de la preciosa sangre de Jesús. Cualquiera que sólo aflige su cuerpo, pero no circuncida su corazón, no puede agradar a Dios, por tanto, nunca nos olvidemos de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque esos son los sacrificios que espera Dios.

*** La ley mosaica, o primer pacto, es el vestido viejo al cual no se le puede añadir trozos de paño nuevo (nuevo pacto) para que siga funcionando, porque no lo resiste; lo mismo ocurre con los odres viejos; si les pones vino nuevo, no se conservan ni el odre ni el vino. Lo que estas analogías quieren decir es que nadie puede pretender ser salvo mezclando la ley del antiguo pacto, que es terrenal y se basa en obras, con la ley del nuevo pacto, que es espiritual, y que santifica sólo por la feLa ley mosaica cumplió su objetivo cuando el viejo pacto fue reemplazado por el nuevo, del que hablaron los profetas, en el cual Jehová promete lavar a su pueblo de sus pecados, y poner su Espíritu dentro de ellos a fin de que pudieran obedecerle. Este nuevo pacto fue instituido con la sangre que Cristo derramó en el calvario. De la Ley del viejo pacto sólo permanece el espíritu que la inspiró, que es el amor. Como dijo Pablo: "toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Ga 5:14). Por su parte, Jesús explicó de qué manera mostramos el amor: "todo cuanto quieran que los hombres les hagan, así también hagan ustedes con ellos, porque esta es la ley y los profetas" (Mt 7:12)

El propósito de la Ley de Moisés era guiar al pueblo escogido por Dios en su transitar desde el ámbito terrenal al espiritual. En toda la Escritura vemos esa transición: lo primero es un tiempo en que suceden cosas en el ámbito terrenal, que es necesario que las conozcamos y aprendamos de ellas, para que podamos entender lo que viene después, que es lo verdadero, que, aunque no se ve, es lo que permanece; nos referimos a la vida espiritual, que inicia en nosotros mientras aún estamos en el mundo, cuando Jesús regenera nuestro corazón por la fe. Pablo explica cómo se da esta transición en el ser humano: "«El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser viviente», pero el último Adán—es decir, Cristo—es un Espíritu que da vida. Lo que primero viene es el cuerpo natural, y más tarde viene el cuerpo espiritual. Adán, el primer hombre, fue formado del polvo de la tierra, mientras que Cristo, el segundo hombre, vino del cielo. Los que son terrenales son como el hombre terrenal, y los que son celestiales son como el hombre celestial. Al igual que ahora somos como el hombre terrenal, algún día seremos como el hombre celestial" (1Co 15:45-49 NTV). El Apóstol dijo esto, mientras explicaba a sus discípulos "que nuestros cuerpos físicos no pueden heredar el reino de Dios. Estos cuerpos que mueren no pueden heredar lo que durará para siempre" (1Co 15:50 NTV). Es decir que, para tener vida eterna, nuestro cuerpo terrenal debe ser transformado en cuerpo de gloria, como el de Cristo cuando resucitó, pero, para llegar a tener cuerpo de gloria, es necesario haber nacido de nuevo, por la fe en Cristo. Dijo Pablo a los creyentes: "¡No todos moriremos, pero todos seremos transformados! Sucederá en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando se toque la trompeta final. Pues, cuando suene la trompeta, los que hayan muerto resucitarán para vivir por siempre. Y nosotros, los que estemos vivos, también seremos transformados" (1Co 15:51-52 NTV). 
 
A la luz de estas palabras, ahora podemos entender que todas esas ceremonias de la ley, que hablaban de lavarse antes de servir en el tabernáculo; de vestir ropas de lino fino, de alimentos puros e impuros, etc., tenían una profundidad mayor que simplemente la salud, la higiene o atavío externo de las personas; hablaban de la necesaria santificación para ser salvos. Pero ¡a no confundirse! la santificación no produce salvación, sino que es el resultado de depositar nuestra fe en la sangre expiatoria que el Cordero de Dios derramó en la cruz, que es la que nos limpia y nos hace nacer de nuevo.
 
Esto también permite comprender por qué decimos que la venida del Hijo del Dios al mundo dio cumplimiento al propósito por el cual la ley había sido entregada al pueblo escogido. Fue Su vida perfecta, Su muerte vicaria (como sustituto nuestro) en la cruz, y Su resurrección las que abrieron el camino a la vida eterna a todo el que cree. La Ley ya no tiene sentido, ya que, no hay ceremonias purificadoras, ni circuncisión, ni alimentos, ni nada ni nadie en el mundo que pueda santificar; sólo la fe en la sangre expiatoria de Jesucristo. 
 
A continuación, veremos cómo las mismas Escrituras se encargan de mostrar, aunque aún de manera velada, lo afirmado anteriormente, valiéndose de dos milagros ocurridos casi simultáneamente.

TRANSITANDO DE LA LEY TERRENAL A LA LEY ESPIRITUAL


Mientras Jesús decía estas cosas, vino hasta Él un líder judío de nombre Jairo quien, postrándose ante el Señor, le dijo: "Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá". Jesús se levantó, y le siguió junto con sus discípulos; pero, en el camino, había una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, que pensaba: "Si tocare solamente su manto, seré salva"; así que se acercó por detrás, y tocó el borde del manto de Jesús. En cuanto la mujer hizo esto, Jesús se volvió hacia ella, la miró, y le dijo: "Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado"; y la mujer sanó desde ese instante. Cuando Jesús llegó a la casa de Jairo, al ver a los endechadores, les dijo: "Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme", y todos se burlaron. Una vez que todos salieron, Jesús entró a la habitación, tomó a la niña de la mano, y ella se levantó. Este milagro se supo en toda esa región. (9:18-26)

* Primero que todo, es necesario aclarar que los milagros relatados son hechos verídicos, escogidos por el Espíritu Santode entre muchas maravillas hechas por Jesús durante Su ministerio terrenal, a fin de dejar testimonio en el libro sagrado de que Jesús es el Mesías prometido, y "para que, creyendo", tengamos "vida en su nombre" (Jn 20:31). Además, porque, como hemos podido comprobar a través del estudio profundo de la Biblia, lo que se ha escrito, por lo general, esconde un mensaje que puede discernirse espiritualmente. En ese sentido, no es casualidad que estos milagros se relaten como sucesos simultáneos, pues, aunque no son parábolas, sí esconden un mensaje espiritual 
 
Por los evangelios de Marcos y Lucas, sabemos que la niña tenía alrededor de doce años, los mismos doce años que la mujer llevaba enferma de flujo de sangre. 

Para los judíos, el cumpleaños número doce de una niña marca el paso de la niñez a la adultez (en el caso de los niños es a los trece años), y lo celebran de manera muy especial, en una ceremonia que se conoce como el Bat Mitzvá (o Bar Mitzvá) —que se traduce como "hija (o hijo) del mandamiento", y significa que la niña ya es responsable de cumplir con lo que manda la Ley, pues, ha alcanzado madurez tanto en su vida personal como espiritual.

Como ya hemos dicho muchas veces, la Ley no fue dada para salvar, sino para mostrarnos nuestro pecado, es decir, la Ley fue "nuestra maestra que nos condujo a Cristo, para que fuésemos justificados por medio de la fe" (Ga 3:24 NBV). Lo que estamos queriendo decir es que, ambos milagros estaban señalando que el tiempo se había cumplido para que Israel transitara del pacto mosaico, que exigía obras para estar en buena relación con Dios, al Pacto Nuevo de la Gracia, que salva no por obras, sino por la fe.  

Pues bien, ya que el Redentor estaba en la tierra, lo que se quería demostrar a través de estos milagros es que la primera etapa del plan de redención estaba por concluir, y que se iba a dar inicio a una nueva era, donde la salvación ya no sería por obras, sino por Gracia, es decir, como un regalo de Dios, quien salva por la fe en Su Hijo, que es el Salvador. En aquel tiempo, muchos pensaron que Jesús había venido a abolir la ley, pero la verdad es que Él había sido enviado a cumplirla, porque nadie más que Él podía hacerlo, pues, dice la Escritura que, "cualquiera que cumpla toda la ley, pero que falle en un solo mandato, ya es culpable de haber fallado en todos" (Stg 2:10 RVC), y nadie más que Jesús pudo guardar cada precepto de la Ley
 
¿Qué argumentos tenemos para relacionar estos milagros con la transición de Israel al Nuevo Pacto?
 
Primero, que la niña de doce años no era una hija más de Israel, sino la hija de uno de los líderes de la sinagoga, lo que habla del fin del sistema religioso legalistaPero no hay que confundirse, no era el final para Israel, pues, como podemos ver, la niña que había muerto, en cuanto oyó la voz de Jesús, volvió a la vida; esto, porque, como dice la Escritura: de entre los hijos de Israel "hay en la actualidad un remanente escogido por gracia. Y si es por gracia, ya no es por obras(Ro 11:5-6 NVI), o sea, judíos que, "si no permanecen en su incredulidad" (Ro 11:23 NBLA), y se arrepienten de haber rechazado tan grande salvaciónheredarán la vida eterna si creen que Jesús es el Hijo de Dios, su Redentor. Es decir que, al mismo tiempo en que se comenzó a anunciar el evangelio a los gentiles, (que fue después que a los judíos), y en tanto se completa el número de sus redimidos, los judíos escogidos para ser salvos por gracia quedaron en la misma condición que los gentiles que están siendo llamados, "por cuanto todos pecaron (judíos y gentiles), y están destituidos de la gloria de Dios" (Ro 3:23). Pablo lo expone de esta manera: "la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes" (Ga 3:22). Por tanto, "ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa" (Ga 3:28-29); por eso, el Apóstol aclara también que, "no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos" (...) "No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes" (Ro 9:6-7, 8).

En cuanto al otro milagro, como podemos fácilmente deducir, el flujo de sangre que afectaba a la mujer habla de esas ceremonias que, año tras año, debía celebrar Israel, sacrificando animales perfectos, cuya sangre era usada para expiar el pecado de la nación. No obstante, como dice la Escritura, "el sistema antiguo bajo la ley de Moisés era solo una sombra - un tenue anticipo de las cosas buenas por venir" (He 10:1 NTV), así que "nunca puede (ese sistema), por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan" (He 10:1); "porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados" (He 10:4). En otras palabras, se requería de un sacrificio mayor; el derramamiento de la sangre de un ser humano perfecto, es decir, que nunca hubiera pecado; no podía ser de un animal, porque sólo el ser humano fue hecho a imagen y semejanza de Dios. Pero sólo un hombre vivió toda su vida sin pecado: el Hijo Unigénito de Dios que fue concebido sin pecadoDe tal forma que Jesús era ese Hijo del Hombre, ofrecido por Dios como el Cordero inmaculado, cuya perfecta vida era la única que podía ser aceptada en sacrifico como propiciación, para calmar la justa ira de Dios, contra una humanidad que se alzó en rebelión desde el principio.
 
La Palabra dice que la mujer menstruosa "había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada" (Lc 8:43), hasta que, puesta su fe en Jesús, tocó Su manto, y "en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote" (Mr 5:29). El mensaje aquí es que, debido a que la sangre de Jesús, el Hijo de Dios, tiene el poder de expiar en forma definitiva los pecados de los hombres que creen, todos esos rituales expiatorios que ordenaba la Ley ya no eran necesarios. Por tantotal como la mujer menstruosa fue salva por la fe, el pueblo judío puede ser sanado (salvado) si cree que Jesús es el Mesías enviado al mundo para conducirlo a la vida eterna.

** Complementando lo anterior, diremos que, según la ley mosaica, una mujer menstruosa era considerada inmunda, y todo lo que tocaba, fuera objeto o persona, quedaba inmundo. El motivo de esta maldición es revelado por Pablo en la primera carta a los Corintios, donde explica que "la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción" (1Co 15:50). Por esta misma razón, Jesús dijo que, "el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (...) "el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es(Jn 3:3, 5-6). De modo que, para ver a Dios, "es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad" (1Co 15:53).
 
En otra de sus epístolas, el apóstol Pablo explica cómo lo que se corrompe y perece se transformará en inmortal cuando Jesucristo regrese: "el Señor mismo descenderá del cielo con un grito de mando, con voz de arcángel y con el llamado de trompeta de Dios. Primero, los creyentes que hayan muerto se levantarán de sus tumbas (judíos y gentiles). Luego, junto con ellos, nosotros, los que aún sigamos vivos sobre la tierra, seremos arrebatados en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire" (1Ts 4:16-17 NTV), porque "no todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros (Pablo pensaba que él y los receptores de su carta estarían vivos cuando Cristo regresara) seremos transformados" (1Co 15. 51-52). "Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «La muerte ha sido devorada por la victoria»" (1Co 15:54 NVI).

Respecto a este mismo tema, en el libro de Ezequiel leemos cómo Jehová recuerda el origen poco honroso de Jerusalén, diciendo: "yo pasé junto a ti, te vi sucia en tus sangres, y cuando estabas en tus sangres te dije: ¡Vive! Sí, te dije, cuando estabas en tus sangres: ¡Vive!"; "Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía. Te lavé con agua, y lavé tus sangres de encima de ti, y te ungí con aceite..." (Ez 16:6, 8-9).

*** Muchos se preguntarán: ¿cómo es que uno nace de nuevo? En primer lugar, hay que decir que no depende de nosotros, sino de Dios, pues, es por la fe, que es un don de Dios, que viene por oír el evangelio; a saber, la buena noticia que dice "que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que lo sepultaron y que resucitó al tercer día, también según las Escrituras"; (...) que "Él es el primer fruto de la cosecha: (es decir, que) ha sido el primero en resucitar Así como por causa de un hombre (Adán) vino la muerte, también por causa de un hombre (Jesús) viene la resurrección de los muertos. Y así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos (los que creen) tendrán vida" (1Co 15:3-4, 20-22 DHH), pues, dice la Palabra: "a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de DiosEllos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios" (Jn 1:12-13 NTV).

"Todo aquél que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios" (1Jn 5:1) escribió Juan; por eso, a fin de que muchos más sean salvos, el Señor sigue llamando a sus escogidos, a través de su iglesia, que clama: "en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!" (2Co 5:20); "Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo" (Hch 2:38 NBLA). Si hemos oímos el llamado, y nos hemos arrepentido de vivir en rebelión contra el Señor, por fe, "hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo; y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva" (Ro 6:4 NTV). Así que, "si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2Co 7:17).  

La Escritura dice: "Ya que han resucitado con Cristo (regeneración o nuevo nacimiento), busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto (a la vida de pecado) y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste (segunda venida), entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria" (Col 3:1-4 NVI).

Imposible no maravillarnos al contemplar las profundidades de las Escrituras; de cómo el Antiguo y el Nuevo Testamento son inseparables, porque cada uno tiene piezas esenciales que se complementan entre sí, permitiendo armar el puzle, hasta formar la imagen perfecta. 
 
** Con respecto al tema que estamos analizando, en el libro de Ezequiel leemos cómo Jehová recuerda el origen poco honroso de Jerusalén, la que había sido escogida para convertirse en la prometida del Hijo de Dios, diciendo: "yo pasé junto a ti, te vi sucia en tus sangres, y cuando estabas en tus sangres te dije: ¡Vive! Sí, te dije, cuando estabas en tus sangres: ¡Vive!"; "Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía. Te lavé con agua, y lavé tus sangres de encima de ti, y te ungí con aceite..." (Ez 16:6, 8-9).
 



LUZ A LOS QUE ANDABAN EN TINIEBLAS



Sucedió después que, yendo Jesús, le siguieron dos ciegos que gritaban: "¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!". Cuando llegaron a la casa, Jesús les preguntó: "¿Creéis que puedo hacer esto?", y ellos le contestaron que sí; entonces Él, tocándoles los ojos, les dijo: "Conforme a vuestra fe os sea hecho"; y en ese instante, sus ojos fueron abiertos, y podían ver. Jesús les encomendó no contar a nadie lo sucedido, pero ellos, saliendo de allí, divulgaron la fama de Jesús por toda la región. Mientras ellos se iban, trajeron a Jesús un mudo que estaba endemoniado, y echando fuera el demonio, el mudo comenzó a hablar, y la gente se maravillaba, diciendo que nunca algo parecido había sido hecho en Israel; sin embargo, los fariseos, decían: "Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios". (9:27-34)

* Todos estos milagros que Jesús hizo a los hombres, sanándoles de enfermedades físicas, simultáneamente comenzaban a producir sanidad espiritualno sólo en los que recibían el milagro, sino en el resto de los que presenciaban esas sanidades; porque antes de venir a Cristo, todos padecíamos, en el ámbito espiritual, el equivalente a estas enfermedades físicas:  
**La envidia y ceguera de los fariseos era tal, que de su boca sólo podía salir blasfemia contra Jehová, atribuyendo a Beelzebú las maravillas que hacía Jesús. Más adelante, Mateo relata de qué manera Jesús condena esta grave blasfemia.

*** Profecías en cumplimiento (entre otras):
  • Is 35:3-6: "Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endeblesDecid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad."
  • Is 42:7, 16-20: "para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas. (...)   Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver. ¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová, que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye?"  
  • Is 32:3-4: "No se ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes oirán atentos. Y el corazón de los necios entenderá para saber, y la lengua de los tartamudos hablará rápida y claramente".
  • Is 29:18: "En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas". 
  • Sal 146:8 "Jehová abre los ojos a los ciegos; Jehová levanta a los caídos; Jehová ama a los justos".
  • Is 50:4  "Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios".
  • Sal 102:18 "Se escribirá esto para la generación venidera; y el pueblo que está por nacer alabará a JAH".

LOS PRIMEROS OBREROS ENVIADOS A COSECHAR



Jesús iba recorriendo todas las ciudades y aldeas enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadeció, "porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor", entonces dijo a sus discípulos: "A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies" (9:35-38).

* La mies es un cereal de cuya semilla se hace el pan. En el evangelio de Juan, está la historia de Jesús hablando con la mujer samaritana, es decir, una mujer gentil, proveniente de un pueblo de costumbres paganas. Luego que ella le hace ver que su gente esperaba al Mesías de Israel, para que les explicara todas las cosas, Él se le reveló diciendo: "Yo soy, el que habla contigo". Cuando ella pudo comprender que estaba frente al Ungido de Dios, corrió a los de su pueblo para que vinieran a conocerle. Entonces, Jesús dijo a sus discípulos: "Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega" (Jn 4:35).
 
La mies representa a todos y cada uno de los escogidos desde antes de la fundación del mundo, destinados a ser redimidos por el Hijo de Dios, para heredar las promesas hechas a Abraham; pero, para que esa mies pueda ser usada en el reino, son necesarios muchos obreros que lleven el mensaje de la salvación, porque la fe viene por oír la Palabra. Los obreros son todos los que ya han recibido salvación, es decir, aquellos que antes eran mudos espirituales, pero que, por medio del evangelio, el Señor ha soltado sus lenguas, para que continúen llevando el mensaje de salvación a otros.

** Jesús es el Pastor que vino para reunir en su redil a las ovejas desamparadas y dispersas, para llevarlas a Dios. Lamentablemente, habiendo transcurrido ya casi dos mil años desde que Jesús se ofrendó para que nosotros tuviéramos salvación eterna, aun podemos ver a tantos que siguen desorientados, dispersos como ovejas sin pastor, que son fácilmente engañados "por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo" (Col 2:8), y que son desviados de la Verdad que es en Cristo Jesús, en quien "están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Col 2:3).


Entonces Jesús escogió a doce de entre los discípulos que le seguían, a quienes "les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia". Los nombres de estos doce hombres eran: Simón, a quien Jesús llamó Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, que tenía por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, que fue quien lo traicionó. (10:1-4)

En las Escrituras leemos que "el muro de la ciudad (la Jerusalén celestial) tenía doce cimientos, y sobre ellos, los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero" (Ap 21:14); esto, porque la iglesia está siendo edificada "sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor" (Ef 2:20-21). Sobre estos sólidos cimientos, se levantan los muros de la ciudad celestial, la novia del Cordero, con piedras vivas, que son los convocados al reino. 
 
La iglesia (ekklesia) no es un edificio terrenal, sino una congregación de personas que forman el templo celestial, las cuales, habiendo oído la Palabra de Dios, la creen, y son guiadas al arrepentimiento, porque esa Palabra tiene el poder de despertarlas de la embriaguez que les impide reconocer y obedecer la Verdad, que es la Voluntad perfecta de Dios, que sólo quiere el bien de sus criaturas

** Judas Iscariote nunca fue considerado entre estos cimientos, sin embargo, Jesús lo escogió para que se cumpliese el plan divino. Porque Jesús no ignoraba que Judas era hijo del mal; por el contrario, sabía que, a pesar de conocer la Verdad, y disfrutar de los dones del Espíritu Santo junto a los otros discípulos, su corazón siempre se iba a inclinar a seguir el consejo de su padre, el engañadorJudas no fue víctima de la Soberanía divina, sino de su propia concupiscencia, pues fue su propia maldad la que lo llevó a cometer el más despreciable pecado de la historia de la humanidad. Tras la muerte de Judas, su lugar fue ocupado por Matías, uno de los discípulos testigos del ministerio de Jesús y de su resurrección.

Jesús envió a estos doce, diciendo: "Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel"; y yendo, debían predicar: "El reino de los cielos se ha acercado". A los doce, les dio potestad para sanar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos, y echar fuera demonios. No debían cobrar por hacerlo, sino darlo de gracia, como lo habían recibido. Además, les mandó no llevar dinero, ni muda de ropas, ni sandalias, ni bastón, porque, dijo Jesús: "el obrero es digno de su alimento". Cada vez que entraran a una ciudad, debían averiguar quién era digno en ese lugar, y posar allí durante su permanencia. Al entrar en la casa, debían bendecirla, y si la casa era digna, la bendición permanecería allí; de lo contrario se devolvería a ellos. En caso de que no fueran recibidos en algún lugar, ni sus palabras escuchadas, deberían salir de allí, y sacudir el polvo de sus sandalias. "De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad", dijo el Señor. (10:5-15)

* Como hemos podido constatar una y otra vez, fiel a Su palabra, Dios dio a los judíos el privilegio exclusivo de ser los primeros en recibir el evangelio. Este pasaje lo confirma en la voz de Jesús, quien dio específicas instrucciones a sus apóstoles: "Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (vv. 10:5-6). El Mandato de llevar el evangelio al resto de las naciones lo dio Jesús a sus apóstoles después de su resurrección, diciendo: "id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mt 28:19); "recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hch 1:8).
 
La predicación a los gentiles comenzó algún tiempo después de que el Espíritu Santo fuera dado a la iglesia, a partir del momento en que los judíos mostraron abierto rechazo al evangelio de Jesucristo. Si leemos con detención el libro de los Hechos, veremos que su escritor, Lucas, se encarga de hacer un prolijo relato de cómo el evangelio iba esparciéndose gradualmente por todas partes, partiendo por Jerusalén. Y no es sino hasta los capítulos 9, 10 y 11, que se dedica a contar cómo fue que Jesús mandó a sus apóstoles a llevar el mensaje a los no judíos. Primero, en el capítulo 9, vemos que el Señor escogió a Saulo de Tarso, a quien conocemos como el apóstol Pablo, para cumplir esta misión, diciendo: "instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel" (Hch 9:15). En el capítulo 10, manda a Pedro ir a casa de Cornelio, un centurión romano, para anunciarle la buena nueva, diciéndole "Lo que Dios limpió, no lo llames tú común" (Hch 10:15); y en el capítulo siguiente, Lucas habla sobre la conmoción que causó entre los judíos saber que "a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida" (Hch 11:18 NBLA).
 
En efecto, como podemos constatar en los primeros capítulos de Hechos, cada vez que Pedro tomaba la palabra, se dirigía, especialmente a los hijos de Israel. Durante la fiesta de Pentecostés, por ejemplo, cuando el Espíritu Santo vino sobre los discípulos, el Apóstol se dirigió a sus oyentes diciendo: "Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo" (Hch 2:36). En otra oportunidad, estando en el pórtico de Salomón, Pedro y Juan, nuevamente, se dirigen a los "varones israelitas", que estaban atónitos ante el milagro allí hecho, diciendo: "A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad." (Hch 3:25-26). Más adelante, continuando el relato de los hechos de los apóstoles, Lucas cuenta lo acontecido en la sinagoga de Antioquía, donde Pablo se dirigía a los varones israelitas, muchos de los cuales, "se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando" (Hch 13:45), entonces "Pablo y Bernabé hablaron con valor y dijeron: «Era necesario que la palabra de Dios les fuera predicada primeramente a ustedes; pero ya que la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, así que ahora nos volvemos a los gentiles" (Hch 13;46 NBLA). Algo similar ocurre en Macedonia, mientras Pablo predicaba "a los judíos que Jesús era el Cristo" (...) "oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles" (Hch 18:5, 6). Contrario a lo que muchos piensan, de que Pablo, iba a las sinagogas en primer lugar, porque tenía afecto especial por los de su etnia, lo cierto es que, según consta en los versículos antes citados, él tenía mandato de parte de Dios de predicar primeramente a los judíos.
 
La nación de Israel ya tuvo su tiempo de exclusividad cuando Jesús estuvo en la tierra, y después, durante el comienzo del ministerio de los apóstoles; pero, como dijimos anteriormente, consta en las Escrituras que, luego que Jesús resucitó y ascendió a la diestra del Padre, el remanente de la nación de Israel escogido por gracia quedó en la misma condición que los gentiles, "porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos" (Ro 11:32), y "la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes" (Ga 3:22). No olvidemos que la iglesia, el Israel verdadero, en quien se cumple la promesa de que todas las naciones serán bendecidas en la simiente de Abraham, que es Jesúsno es sólo de gentiles, sino de ambos pueblos, judíos y gentiles, hechos uno en CristoCualquier enseñanza que hable de la salvación de los hijos de Israel al final de los tiempos, o después de la venida de Jesús, contradice la doctrina de la salvación por fe, ya que, como asegura Pablo: "en este tiempo ha quedado un remanente (está hablando de los judíos) escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia" (Ro 11:5-6). Por lo demás, "no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe" (Ro 4:13); o sea que, "si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa" (Ro 4:14). En cuanto a si ese trato especial con Israel fuera después de la venida de Jesús, eso también choca con la doctrina de la resurrección de los muertos, (o la transformación de los que aún no hayan muerto), ya que, dice la Palabra que, cuando Cristo vuelva, primero, todos los muertos en Cristo van a resucitar, judíos y gentiles, para reunirse con el Señor en el cielo; luego, los creyentes que aún estén con vida van a ser transformados y arrebatados junto con los primeros. Si eso dicen las Escrituras, entonces, nos preguntamos: ¿cuál sería el propósito de un nuevo trato especial a los judíos? (ellos ya fueron tratados de forma especial al anunciarles el evangelio en primer lugar) ¿A quién van a evangelizar, si los escogidos ya estarán con Cristo? ¿a los que ya fueron condenados?, porque, si entendemos bien, para que se haya producido el arrebatamiento, Jesús tiene que haber juzgado, y separado las ovejas de los cabritos, o ¿es que habrá más de un juicio final de donde saldrán otros escogidos? (ya no sería por creer sin haber visto, pues, habrán visto a Jesús venir en la nube, porque "todo ojo le verá" cuando regrese). Como podemos ver, ese pensamiento no tiene cabida en el esquema de salvación que leemos en las Escrituras.
  
** En cuanto a las palabras de Jesús, de que el obrero es digno de su alimento, está queriendo decir que, cuando alguien dedica su vida a enseñar el evangelio, tiene derecho a recibir para su sustento; era el caso de los apóstoles, y ahora es el caso de los pastores de iglesias. Puede ser discutible el diezmo, pero la ofrenda generosa (no limosna) es un deber cristiano. El Apóstol Pablo, debido a las críticas que sus adversarios estaban haciendo circular, había escogido no recibir nada de los corintios, y más bien hacer uso de lo que otras iglesias habían ofrendado para su sustento mientras ministraba en Corinto; no obstante, hace presente que los que siembran la Palabra tienen derecho a recibir para su alimento, porque está escrito en la ley que no hay que poner bozal al buey mientras trilla, lo que quiere decir que, mientras el buey va haciendo los surcos para la siembra, debe tener también la posibilidad de alimentarse de lo que cae en la tierra, porque si el buey no trilla no va a haber trigo en los graneros; en otras palabras, si el pastor no dedica su vida a predicar la Palabra, ¿cómo podrán tener fe los que no han oído?


COMO OVEJAS EN MEDIO DE LOBOS


También Jesús dijo a sus discípulos que los estaba enviando como ovejas en medio de lobos, por lo cual, debían ser "prudentes como serpientes, y sencillos como palomas". Además, les advirtió: "guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles".  No obstante, les dijo que no debían preocuparse por cómo o qué hablar, "porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros", dijo el Señor. (10:16-20)

* Aun cuando estas palabras que Jesús dirigió a sus discípulos están en el mismo capítulo en el libro de Mateo, no parecen estar refiriéndose a la primera misión de los doce, sino a lo que iban a tener que enfrentar después de la crucifixión y glorificación del Señor, pues, no fue sino hasta entonces que el pueblo de Dios comenzó a ser perseguido por causa de su fe. Como vimos previamente, cuando Jesús escogió a los doce y les encomendó anunciar el evangelio (Mt 10:5-15), los envió sólo a los hijos de Israel, advirtiéndoles que no fueran por caminos de gentiles; sin embargo, en esta oportunidad Jesús señala que cuando fueran apresados y llevados ante las autoridades, sería ocasión para que dieran testimonio a ellas y a los gentiles, sobre el evangelio de la salvación por la gracia de Dios.

** Pablo, en su carta a los filipenses, dijo a los creyentes: "a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él" (Fil 1:29). Contrario a lo que predican los falsos profetas de la prosperidad, las Escrituras son bien claras en decir que, el privilegio de ser adoptados como hijos de Dios conlleva el padecer por la causa de Cristo, ya que es en medio del fuego de las pruebas que la fe crece y se afirma, pues, el poder del Señor se fortalece en nuestra debilidadEs cuando atravesamos por circunstancias difíciles que entendemos que la Gracia del Señor es todo lo que necesitamos para estar bien, y que "lo que sufrimos en esta vida es cosa ligera, que pronto pasa; pero nos trae como resultado una gloria eterna mucho más grande y abundante. Porque no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve, ya que las cosas que se ven son pasajeras, pero las que no se ven son eternas" (2Co 4:17-18 DHH). Además, "sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos." (Ro 8:28 NTV). Así que, hagamos como el apóstol Pablo, y "corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios" (He 12:1-2). 
 


EL QUE MUERA POR SU CAUSA, VIVIRÁ


El Señor continuó diciendo que iba a llegar el momento en que el hermano entregará a la muerte a su hermano, y el padre, al hijo, y que los hijos se levantarán contra los padres y les causarán la muerte. A sus discípulos, les dijo: "seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo". Les dijo que iban a ser perseguidos, pero que, cuando eso ocurriera, debían huir de aquella ciudad e ir a otra, anunciando el evangelio, y que "no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre". También les dijo que el discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su Señor, "Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor"; y agregó: "Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?". (10:21-25).

* Los apóstoles y primeros discípulos tuvieron vidas realmente difíciles cumpliendo la misión de anunciar la salvación por fe. Después de la glorificación de Jesucristo, todos los apóstoles, excepto Juan, murieron martirizados, así como gran número de creyentes en los primeros siglos de la era cristiana; y aunque Juan no fue asesinado, sí padeció grandemente por predicar a Cristo; de hecho, el Apocalipsis le fue revelado estando prisionero por causa del evangelio en la isla de Patmos.
 
Sin embargo, todo esto estaba en los planes de Dios, pues, fue precisamente la persecución a los creyentes lo que hizo que el evangelio se propagara tan rápidamente, incluso más allá de las fronteras de Palestina. Además, tal como Cristo anunció (vv.17-18), esas persecuciones a sus discípulos fueron las que permitieron que el evangelio fuera predicado ante concilios, gobernadores, reyes y gran número de gentiles, de lo cual hay constancia en el libro de los Hechos, donde Lucas describe cómo, cada vez que los discípulos fueron tomados presos, tuvieron la oportunidad de dar testimonio, tanto a autoridades judías, que se resistían a Cristo, como a los paganos, de que la salvación es por la fe en Cristo Jesús. Incluso, mientras permanecieron en las cárceles, no pocos de los que compartieron con estos santos prisioneros fueron salvados gracias a sus testimonios. El mismo Apóstol Pablo reconoce que sus prisiones en Roma sirvieron para testificar a los guardias romanos que lo custodiaban, y muchos fueron salvos gracias a ese sacrificio
 

Jesús los llamó a no temer, y a proclamar todo lo que se les había enseñado, "porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse". Les dijo que no debían tener miedo de aquellos que pueden matar el cuerpo, porque ellos no pueden matar el alma; más bien, les llamó a someterse a Dios, pues Él tiene el poder de destruir el cuerpo y el alma en el infierno. Nada hay oculto a los ojos de Dios. Aun si un pajarillo vive o muere depende de Dios. El Señor sabe incluso cuántos cabellos tiene cada persona, así que no hay que temer, pues, un humano vale más que muchos pajarillos. "A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos", dijo el Señor. (10:26-33)

En el libro de los Hechos veremos cómo, después de recibir el Espíritu Santo, los discípulos recibieron poder de lo alto, y comenzaron a declarar el evangelio abiertamente, por todas partes, con una valentía que ellos no habían conocido antes, y estaban dispuestos a ser torturados, incluso a perder la vida, si era necesario, a fin de cumplir con la misión dada, porque ellos amaban a Jesucristo más que a sus propias vidas y, porque sabían que la salvación de muchas almas dependía de que recibieran el mensaje que ellos tenían que llevarles
 
El testimonio de los primeros cristianos fue realmente elocuente, y muchas personas fueron salvas no sólo por la predicación de éstos, sino cuando los vieron soportar los peores ultrajes y torturas sin negar su fe, sino afirmar, a quien quisiera oír, que Jesucristo es el Señor. Estos mártires estaban dispuestos a ser llevados como ovejas al matadero, porque no temían "a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma" (Mt 10:28 NBLA), y ellos sabían que sus almas pertenecían al Señor, pues, habían recibido "una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos" (1Pe 1:3-4), de modo que no veían sentido a aferrarse a las cosas temporales de este mundo, y ni siquiera a su propia vida terrenal, sabiendo que, "el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará" (Jn 12:25). 
 
Dios ha sido paciente, y no ha puesto fin al mundo como lo conocemos, porque Él no quiere la muerte del impío, sino que espera que muchos reciban la buena noticia y se arrepientan, para que sean salvos y tengan vida eterna en el reino de los cielos. La urgencia de dar a conocer que la salvación de nuestras almas está en Jesucristo sigue siendo la misma.


Jesús les dijo: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada", porque habrá división en las familias, dijo, pues, se levantará el hombre contra su padre, la hija contra su madre, la nuera contra su suegra, y "los enemigos del hombre serán los de su casa". También dijo que el que ama a padre o a madre, o a hijo o hija más que a Él, no es digno de Él. Agregó: "el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí", y "el que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará". (10:34-39)

*Apocalipsis 6 describe los eventos que se desatan cada vez que el Cordero abre uno de los siete sellos. No pocos han interpretado que el que monta el caballo blanco (Ap 6:2), al abrir el primer sello, es el anticristo, quizás guiados por los terribles eventos que comienzan a suceder; pero, a mi parecer, están cayendo en el peligroso error de llamar Belzebú al Hijo de Dios
 
El que monta el caballo blanco "tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer" (Ap 6:2), lo que, a la luz de las Escrituras, hace pensar que en realidad está hablando de Jesús, a quien Dios "exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra", porque "estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2:9-10, 8). No es lógico, siquiera pensar que al anticristo se le haya dado una corona, y que haya salido venciendo para vencer, cuando lo cierto es que la Escritura afirma que fue derrotado por Jesús en la Cruz, y que no tiene ningún poder sobre los hijos del Reino, pues, mayor es el que está en nosotros; es decir, el Espíritu del Señor, con el cual fuimos sellados cuando oímos el evangelio de nuestra salvación, y creímos en él.

Considerando lo anterior, cuando Jesús dijo: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada(Mt 10:34), estaba refiriéndose, precisamente, a la división que provocó, en especial, entre las familias judías, el que uno o más de sus miembros profesara la fe cristiana. Hasta el día de hoy se producen divisiones en medio de círculos familiares o sociales, que por años se han identificado con la religión tradicional, cuando uno de sus miembros abriga el verdadero evangelio de la salvación en Cristo Jesús, que es lo que anunciamos aquí. 

Cuando el Cordero abrió el segundo sello, dice la Escritura que "salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada" (Ap 6:4). Aunque el mundo está bajo la potestad del maligno, Jesús reina, y el jinete del caballo bermejo, y los que le siguen, son enviados para probar el corazón de los hombres, y para ver la manifestación de los verdaderos israelitas, pues, como dice el profeta Malaquías, Cristo el Señor "es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata(Mal 3:3-4). El apóstol Pedro dijo en 1Pe 1:5-7, que, mediante la fe, los hijos del reino somos protegidos por el poder de Dios para salvación, pero eso no nos exime de ser probados como el oro en el fuego, porque la autenticidad de la fe se prueba en el horno de las aflicciones.

Más adelante, dice la Escritura, que el que el que montaba el caballo blanco "se llama Fiel y Verdadero", porque "con justicia juzga y hace la guerra"; es decir, no es un rey caprichoso, sino que juzga con rectitud. "De Su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones y las regirá con vara de hierro. Él mismo pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso" (Ap 19:11, 15 NBLA).

En consecuencia, no ignoremos el mensaje que el autor de la epístola a los Hebreos envía a los hijos del reino: "En su lucha contra el pecado, ustedes no han resistido hasta el punto de derramar sangre. Además, han olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige: «Hijo Mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él. Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo». Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline?" (He 12:4-7 NBLA). 

** El versículo 37: "El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí", quiere decir que, amar a cualquier persona más que al Señor es idolatría, y la idolatría es pecado. Recordemos que el gran mandamiento, del cual depende toda la ley y los profetas, dice: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 22:37-39).  

*** Tomar la cruz (v.38) significa morir a nosotros mismos; es decir, dejar de vivir para nosotros, y comenzar a vivir para Dios. Todos nacemos en pecado, por eso, antes de conocer al Señor, vivimos egoístamente, sólo para satisfacer nuestros deseos corrompidos por el pecado, pero cuando Cristo nos rescata, nos da una nueva vida, y lo que éramos antes muere en la cruz. Ahora somos una nueva creación en Cristo Jesús, por tanto, debemos ser obedientes a lo que el Señor nos manda por medio de Pablo, diciendo: "deben ustedes renunciar a su antigua manera de vivir y despojarse de lo que antes eran, ya que todo eso se ha corrompido, a causa de los deseos engañosos. Deben renovarse espiritualmente en su manera de juzgar, y revestirse de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios y que se distingue por una vida recta y pura, basada en la verdad" (Ef 4:22-24 DHH). Al decir "basada en la verdad" está refiriéndose a la única Verdad, que quedó escrita en 66 libros, es decir, nuestra Biblia, que es la Palabra de Dios, viva y eficaz, la cual debemos conocer para ser transformados por ella.

Jesús dijo que todo aquél que recibe a sus mensajeros, lo recibe a Él; y "el que me recibe a mí, recibe al que me envió". También dijo que, el que recibe a un profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo, recompensa de justo recibirá. "Y quien dé siquiera un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por tratarse de uno de mis discípulos, les aseguro que no perderá su recompensa" (NVI), afirmó el Señor.  (10:40-42)

* Aquí Jesús habla de los verdaderos mensajeros de Dios. Sin embargo, muchas veces Satanás se disfraza de ángel de luz; por eso, los creyentes debemos ser cautelosos, y no aceptar de buenas a primeras a cualquiera que usa el Nombre de Jesucristo, porque no todos son verdaderos mensajeros de Dios. Hay mucha responsabilidad en los que predican, pero también en los que reciben a los mensajeros. Si queremos saber si un predicador es verdaderamente un mensajero de Dios, éste debe llevar un mensaje basado en las Escrituras, y hablar del Evangelio de la salvación por la fe en Jesucristo por gracia. Al respecto, el apóstol Juan dijo: "Si alguien los visita y no lleva esta enseñanza, no lo reciban en casa ni le den la bienvenida, pues quien le da la bienvenida se hace cómplice de sus malas obras" (2Jn 10-11 NVI). 
 
Cuando un desconocido viene a hablarnos la Palabra de Dios, debemos ser como los de Berea, quienes escuchaban a Pablo predicar, pero no se quedaban con sus palabras, sino que iban a las Escrituras para verificar si lo que oían era Palabra de Dios. Si no somos diligentes como los bereanos, corremos el riesgo de caer fácilmente en manos inescrupulosas que, predicando un evangelio tergiversadoponen en riesgo nuestra salvación, porque falsas promesas llevan a la decepción, y de allí sólo se está a un paso de la apostasía.  
 
La ignorancia que trae el desconocimiento de las Escrituras es lo que los falsos maestros aprovechan para engañar a los incautos. Jehová declaró por medio del profeta Oseas: "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento" (Os 4:6). Seamos diligentes, entonces, y reservemos un tiempo a diario para estudiar y profundizar en la Palabra de Dios, de manera que aprendamos a refutar, corregir o confrontar las falsas enseñanzas.