miércoles, 17 de junio de 2020

MATEO VII - Los Misterios del Reino Celestial (Mt 13 y 14)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)

[Empezar en Mateo Primera Parte]



EL REINO DE LOS CIELOS EN PARÁBOLAS


Parábola del Sembrador


Habiendo salido de la casa, Jesús vino junto al mar y se sentó. Mucha gente llegó a la playa, entonces, entrando en la barca, les comenzó a hablar muchas cosas en parábolas. La primera parábola hablaba de un sembrador que, mientras sembraba, "parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron". "Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó". "Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron". "Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno". Luego dijo: "El que tiene oídos para oír, oiga". (13:1-9)

* Una parábola es un recurso literario por medio del cual se narra una historia cotidiana en la cual se esconde una enseñanza. En el caso de las parábolas que Jesús contaba, se escondían misterios sobre el Reino espiritual, que sólo pueden discernirse por medio del Espíritu Santo; porque "nadie puede conocer los pensamientos de una persona excepto el propio espíritu de esa persona y nadie puede conocer los pensamientos de Dios excepto el propio Espíritu de Dios" (1Co 2:11); es decir, "los que no son espirituales no pueden recibir esas verdades de parte del Espíritu de Dios. Todo les suena ridículo y no pueden entenderlo, porque sólo los que son espirituales pueden entender lo que el Espíritu quiere decir" (1Co 2:14 NTV). En otras palabras, para poder entender las cosas espirituales, es necesario haber nacido del Espíritu
 
El nuevo nacimiento es parte esencial del nuevo Pacto, o Pacto eterno, instituido por la sangre de Jesús en la cruz, que fue anunciado por Jehová a través de sus profetas, por medio del cual Dios nos salva por la fe, y nos da su Espíritu, cumpliendo así la promesa que dio a su pueblo por boca de Ezequiel, diciendo: "pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra" (Ez 36:27). Es decir, tener un corazón receptivo a la Palabra de Dios no depende de nosotros, sino de Jehová, quien, primero, despierta el oído y predispone el corazón de aquéllos que llama, a los cuales escogió desde antes de la fundación del mundo para vida eterna. Dice la Escritura "que la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios" (Ro 10:17 RVC), es decir, es la Palabra del poder de Dios la que hace la obra en el interior del que oye. En su carta a los tesalonicenses, Pablo da gracias a Dios, porque "Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio" (2Ts 2:13-14), porque la predicación del evangelio es el medio por el cual Jehová llama

Con todo, es responsabilidad del que oye predisponerse a obedecer y permanecer, como veremos en las enseñanzas que siguen. 


Los discípulos preguntaron a Jesús por qué hablaba a la gente en parábolas, y Él respondió: "Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado", y agregó, "porque, a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado". Los que no han recibido el don, dijo Jesús, "viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden", cumpliéndose así la profecía que dice: "De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane"(ver  Is 6:9-10). Así que bienaventurados son los ojos que ven y los oídos que oyen, porque "muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron", dijo el Señor, . (13:10-17).

Jesús estaba comenzando a revelar a sus discípulos los misterios del Reino. El resto de los que oían, especialmente, aquéllos que estaban presentes con el único fin de encontrar algún tropiezo en el Maestro, sólo escuchaban historias, sin lograr entender más allá de la superficie de estos relatos. 
 
Las Escrituras, desde el Génesis al Apocalipsis, están llenas de misterios, sin embargo, no significa que los hechos relatados sean ficticios o sólo símbolos. En el caso del Antiguo Testamento, Dios inspiró a los escritores de la Biblia para que toda la historia de la formación y etapas de crecimiento del pueblo escogido por Jehová, con el cual entró en pacto, y les dio las promesas de vida eterna, fuera relatada de manera tal que, en sus palabras, quedaran ocultos los misterios del plan de redención de la humanidad. Si leemos la historia de Israel en cualquier otro libro, aun cuando se relaten los mismos eventos, no vamos a hallar nada que nos hable del Reino de Dios. "Es gloria de Dios ocultar un asunto, y honra del rey investigarlo" (Pr 52:2 NBV), es decir, ocultar misterios es un privilegio de Dios, pero extraerlos es un don que sólo por el mismo Espíritu de Dios podemos hacer. Como hemos podido constatar a través de estos estudios, lo mismo sucede con el Nuevo Testamento, donde cada autor fue inspirado por Dios para que en sus palabras quedaran ocultos los misterios de la consumación del plan de redención, los cuales sólo pueden discernirse por quienes han sido regenerados espiritualmente.

Hay muchos que se creen sabios en las cosas de Dios, pero su sabiduría no pasa de ser algo intelectual. El mejor ejemplo es el de los escribas y fariseos, que tenían gran conocimiento de los escritos sagrados, pero fueron incapaces de discernir la revelación del Reino de los cielos, que se estaba manifestando delante de sus ojos por medio de Jesús. Tenían ojos, pero no vieron; tenían oídos, pero no entendieron. 
 
Gracias al Señor, ahora tenemos toda Su Palabra en nuestras Biblias, para que la podamos conocer, aprender y meditar en ella, de modo que seamos renovados en nuestro entendimiento, porque es la Palabra de Dios la que produce y aumenta nuestra fe, nos guía al arrepentimiento, nos regenera, y nos enseña el camino hacia la eternidad, pues, Su Palabra es espíritu y es vida, y hará todo aquello para lo cual Dios la puso a nuestra disposición. El que la ignora, no crecerá, o se perderá. Como bien dijo Jesús: "al que tiene, se le dará más, y tendrá bastante; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará" (v.12 DHH). 
 
La explicación del significado de la parábola del sembrador, que sigue, enseña cómo obra la predicación del evangelio en los que la escuchan. 

Entonces Jesús explicó a sus discípulos la parábola del sembrador, diciendo que la semilla que fue sembrada junto al camino significa que, "cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón". La que cayó entre pedregales "es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza". La que fue sembrada entre espinos "es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa". Por último, la que cayó en buena tierra "es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno". (13:18-23).

En una ocasión, Jesús dijo que "muchos son llamados, y pocos escogidos" (Mt 22:14). ¿No es sorprendente que la mayoría de los descritos por Jesús en esta parábola no es atea? Ellos no se están perdiendo por no creer, sino porque hay otras cosas a las que deciden prestar mayor atención, y se distraen de lo que realmente importa; es decir, de las cosas que no se ven, que son eternas.  Al respecto, el Señor pregunta: "¿Qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?" (Mt 16:25-26 NBLA). En ese mismo sentido, el salmista advierte: "Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón" (Sal 95:7-8). Lucas concluye la parábola del sembrador, diciendo: "Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará" (Lc 8:18). 

En el libro de Job, leemos lo que espera al que oye y obedece y al que decide ignorar el llamado del Señor. Dice la Escritura: "Despierta además el oído de ellos para la corrección, y les dice que se conviertan de la iniquidad. Si oyeren, y le sirvieren, acabarán sus días en bienestar, y sus años en dicha. Pero si no oyeren, serán pasados a espada, y perecerán sin sabiduría" (Job 36:10-12).    

Entre los que se pierden, hay muchos que creen ser salvos, pero no lo son, porque no se sujetan al señorío de Jesucristo. Son aquéllos de los que habló Jesús diciendo que se acercarán a Él el día del juicio, y dirán: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Pero Él les declarará: "Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mt 7:22-23). Recordemos que Pablo enseña que "nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo" (1Co 12:3); y que "si alguno no tiene el Espíritu de Cristo (Espíritu Santo), no es de él " (Ro 8:9); y el que no es de Cristo, no es salvo.
 
Por otro lado, la Biblia afirma que es imposible que el que está en Cristo pierda la salvaciónporque el Espíritu Santo que Dios nos dio cuando creímos es Su sello de garantía de que somos salvos para vida eterna; es decir que, "ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Ro 8:38-39). Los que se pierden son personas que creyeron la Palabra que oyeron, pero no se arrepintieron de su pecadoporque seguían amando sus malas obrasy dado que su fe era superficial, el Espíritu de Dios no pudo hacer su morada en ellosCuando oímos la Palabra con un corazón correcto, ésta nos guía al arrepentimiento, es decir, a reconocer nuestras rebeliones contra Dios, y a anhelar, y a predisponernos a experimentar un cambio profundo en nuestra manera de vivir.  
 
En resumen, toda la salvación depende del Señor: es Él quien llama, da la fe, y guía al arrepentimiento por medio de la predicación del evangelio de Jesucristopero arrepentirse es una decisión que recae en el que oye.


Parábola del Trigo y la Cizaña


Jesús también dijo que el reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo, "pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue". Cuando el trigo creció, y dio fruto, también creció la cizaña. Entonces los siervos del sembrador preguntaron a su amo si quería que quitaran la cizaña, pero el sembrador, sabiendo que su enemigo había sembrado la mala semilla, dijo: "No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo". Entonces ordenó: "Dejen que ambos crezcan juntos hasta la cosecha; y al tiempo de la cosecha diré a los segadores: ‘Recojan primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, pero el trigo recójanlo en mi granero’" (NBLA). (13:24-30)

Es lamentable tener que decir que muchos de los que reciben la Palabra de Dios son potenciales apóstatas, y las iglesias están llenos de ellos. Eso no debe sorprendernos; las Escrituras hablan de los apóstatas. Judas Iscariote es el ejemplo más claro, pues, después de haber recibido las mismas enseñanzas que el resto de sus compañeros; de haber visto las maravillas que por el Espíritu Santo Jesús hacía, dio la espalda al Hijo de Dios, y por unas cuantas monedas, lo traicionó. Pablo, por su parte, se lamenta de Demas; alguien que lo acompañó en parte de su ministerio, que después lo desamparó, porque amó más las cosas del mundo 
 
Juan habló de algunos que habían apostatado de la fe, diciendo: "salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros" (1Jn 2:19). Son los mismos de que habla Santiago en su epístola, cuando dijo que la fe sin obras es muerta, queriendo decir que la fe que salva se hace evidente por la transformación que el Espíritu Santo produce desde adentro del individuo, que lo mueve a procurar permanecer en la Voluntad de Dios.   
 
El día del juicio habrá muchos sorprendidos, y será un día de muchas lamentaciones.  

También comparó al reino de los cielos con un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo, el cual, dijo, "es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas". También dijo que el reino de los cielos es "semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó fermentado" (NBLA). (13:31-33)

Muchas veces la siembra no da resultados inmediatos, pero cuando llega la hora, esa pequeña semilla que quedó anidada en el corazón, germinará, crecerá, y dará mucho fruto. 
 
La Palabra de Dios nunca vuelve vacía, y tiene el poder de transformar el almaCuando un creyente con un corazón recto recibe la Palabra, va a sentir hambre por saber más, porque el Espíritu, que ha venido a hacer morada en él, es el que le guía a obedecer la Voluntad de Dios, y a procurar la santidadEs el síntoma más claro de que la salvación eterna ha tomado lugar. Es como la levadura, que se esconde en una pequeña porción en el corazón, pero que se multiplica y se hace visible en todas las áreas de la vida del creyente. 
 
No sentir hambre por las cosas de Dios, ni sentir rechazo por el pecado es motivo de que dudemos si efectivamente hemos sido regenerados, y entonces debemos ser honestos y examinarnos para ver qué falta hay en nosotros que no hayamos reconocido aún, y que deba ser confesada al Señor para que nos limpie.
 
Mientras vamos por el camino, muchas veces tropezaremos, porque lo cierto es que la perfección sólo podrá ser alcanzada cuando nuestros cuerpos sean glorificados; no obstante, tenemos la tranquilidad de que nuestro Sumo Sacerdote Jesucristo, que está sentado a la diestra de Dios, intercede por nosotros ante la Majestad, cuando, al equivocarnos, venimos a Él con un corazón arrepentido. Así es cómo la santificación se va perfeccionando día tras día. 

** En otro sentido, también podemos interpretar esta parábola diciendo que, cuando un individuo se convierte a Jesús, altas son las probabilidades de que aquellos que le rodean también lo hagan 

Jesús se dirigía a la gente sólo en parábolas. No les hablaba de otra manera, cumpliéndose así la profecía que dice: "Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo" (Sal 78:2)Después que despidió a la gente, Jesús entró a la casa con sus discípulos, y éstos le pidieron que les explicara la parábola del trigo y la cizaña; y Él comenzó, diciendo: "el que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre"; "el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo"; "el enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles". Por tanto, dijo, "así como la cizaña se recoge y se quema en el fuego, de la misma manera será en el fin del mundo" (NBLA). Y continuó explicando: "Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre". Por último, agregó: "El que tiene oídos para oír, oiga". (13:34-43)

* No estamos para juzgar dentro de la congregación quiénes son salvos y quiénes no, porque eso sólo Dios lo sabe. Nuestro papel es seguir exhortándonos unos a otros para crecer en el conocimiento de Dios y de Jesucristo, a quién el Padre dio toda autoridad, y a quien sujetó todas las cosas hasta el tiempo de restauración. La Palabra dice que, cuando Jesucristo vuelva, Él mismo enviará a sus ángeles a llamar a sus escogidos para vida eterna, y apartará a los que nunca conoció, para que vayan a condenación.


Parábola del Tesoro Escondido


También Jesús dijo que el reino de los cielos es "semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo". (13:44)

* Creo que esta parábola se abre a la luz de la profecía de Isaías, que dice: "A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David" (Is 55:1-3). Isaías habla de "comprar sin dinero", lo que podemos interpretar como "intercambiar" o "transar". Cuando conocemos el gran tesoro del Evangelio, se produce una transacción: entregamos todas nuestras cargas de pecado, y recibimos a cambio la justicia de Cristo; el hombre terrenal que éramos, quien buscaba satisfacción en las cosas del mundo, es llevado a la cruz, y nace el espiritual, que tiene hambre del pan del cielo, que es vida para el alma.

** El reino de los cielos se nos revela en las Escrituras, y lo podemos comparar con un gran cofre de tesoro, del cual no terminamos nunca de extraer riquezas. La llave que permite abrir ese tesoro es el Espíritu Santo, quien nos guía y permite que nuestros ojos vean, nuestros oídos oigan y nuestro corazón entienda. Cuando empezamos a escudriñar la Palabra de Dios, se nos empieza a revelar ante nuestros ojos la Verdad del Reino celestial. Decir que el hombre vendió todo para comprar el campo significa que, buscar el reino y su justicia se convierte en nuestra prioridad, y que lo demás pasa a ser accesorio. 

Parábola de la Perla Preciosa


También dijo que el reino de los cielos es "semejante a un mercader que busca buenas perlas, que, habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró". (13:45-46)

* La sabiduría del Reino de Dios es como un gran tesoro. Muchos son los que han tratado de desentrañar los misterios de la vida del hombre: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Un ejemplo es Justino Mártir, autor del "Diálogo con Trifón", un apologeta que vivió en el segundo siglo quien, tratando de responder a las preguntas esenciales, pasó por distintas escuelas filosóficas, sin encontrar respuesta a sus inquietudes, hasta que conoció el cristianismo, y supo de inmediato que todas las respuestas estaban en la Palabra de Dios. Después de su conversión, dedicó su vida a tratar de convencer que el cristianismo era la verdadera filosofía. Justino no es el único que buscó sabiduría en la Palabra de Dios y la encontró. Muchos hombres, incluso sin tanta preparación, se convirtieron en grandes referentes del cristianismo, después de que empezaron a escudriñar las Escrituras, porque, habiendo comprendido que ningún tesoro terrenal es comparable al mayor tesoro que es conocer la Palabra de Dios, se sumergieron en ella, y se llenaron de sabiduría. 
 
La Escritura dice que en Cristo "están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Col 2:3). Él es la Palabra de Dios hecha hombre; es la perla de gran precio.

** Los Proverbios de Salomón comienzan exhortando al creyente a llenarse de sabiduría, señalando que "el principio de la sabiduría es el temor de Jehová", y que "los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza". En el capítulo 8 de Proverbios, la sabiduría habla a los hijos de esta manera:

"Recibid mi enseñanza, y no plata; y ciencia antes que el oro escogido.
Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas;
y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella.
Yo, la sabiduría, habito con la cordura, y hallo la ciencia de los consejos.
El temor de Jehová es aborrecer el mal; 
La soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco.
Conmigo está el consejo y el buen juicio; 
Yo soy la inteligencia; mío es el poder.
Por mí reinan los reyes, y los príncipes determinan justicia.
Por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores juzgan la tierra.
Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan.
Las riquezas y la honra están conmigo; riquezas duraderas, y justicia.
Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado;
Y mi rédito mejor que la plata escogida.
Por vereda de justicia guiaré, por en medio de sendas de juicio,
Para hacer que los que me aman tengan su heredad, y que yo llene sus tesoros"...

..."Ahora, pues, hijos, oídme, y bienaventurados los que guardan mis caminos.
Atended el consejo, y sed sabios, y no lo menospreciéis.
Bienaventurado el hombre que me escucha,
Velando a mis puertas cada día, aguardando a los postes de mis puertas.
Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor de Jehová.
Mas el que peca contra mí, defrauda su alma;
Todos los que me aborrecen aman la muerte".
(Pr 8:1-21, 32-36 RVR)


Parábola de la Red y los Peces


Jesús también comparó al reino de los cielos con "una red que, lanzada al agua, recoge toda clase de peces. Una vez que se llena, la sacan a la orilla, y los pescadores se sientan a echar el buen pescado en cestas, y desechan el pescado malo" (RVC). Entonces explicó que "así será al fin del mundo: los ángeles saldrán y apartarán de los hombres justos a la gente malvada, y a esta gente la echarán en el horno de fuego" (RVC), donde habrá lloro y crujir de dientes. (13:47-50).

* Hay quienes niegan la existencia del infierno, a pesar de que en las Escrituras se habla de aquello. El Apocalipsis lo llama "la segunda muerte", es decir, la condenación en el lago de fuego, que vendrá luego de la gran batalla, donde el Verbo Divino derrotará definitivamente al reino de las tinieblas.
 
 
Así aparece descrito el final de las tinieblas y del pecado en el Apocalipsis: "la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego" (...) "Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego" (Ap 20:14,15); "Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos" (Ap 20:10). Eso es el infierno o segunda muerte, un padecimiento sin fin, donde el fuego es inextinguible y nadie muere.

Tesoros Antiguos y Nuevos


Jesús preguntó a sus discípulos si habían comprendido lo que les había dicho, a lo cual respondieron afirmativamente. Entonces concluyó diciendo: "Todo maestro de la Ley que ha sido instruido acerca del reino de los cielos es como el dueño de una casa que, de lo que tiene guardado, saca tesoros nuevos y viejos" (NVI). (13:51-52)

* Probablemente, cuando Jesús menciona los "tesoros nuevos y viejos" está queriendo decir que sus enseñanzas, que para muchos eran una novedad, no anulaban las verdades eternas que ellos conocían por medio de la Ley y los Profetas, sino que las ampliaban o aclaraban en su más profundo significado. Él mismo dijo: "No piensen que he venido a anular la Ley o los Profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento" (Mt 5:17 NVI). Todo el que busca saber más sobre el reino de los cielos, debe escudriñar tanto los antiguos escritos sagrados como los nuevos. 
 
En el tiempo que Jesús dijo estas cosas, solo existían los textos antiguos, que conocemos como "Antiguo Testamento", escritos en arameo y hebreo, además de la Septuaginta, que fue la primera traducción al griego de esas Escrituras. Lo que ahora llamamos "Nuevo Testamento" comenzó a gestarse pasados unos cuantos años después de la resurrección de Jesús, para dejar testimonio de que "todas las promesas de Dios (contenidas en la Ley y los Profetas) son en él (en Cristo) Sí, y en él Amén" (2Co 1:20), y son la Verdad, la cual debemos retener para permanecer firmes en el Señor.
 
** Profecías en cumplimiento:
  • Is 6:9-10 Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.
  • Sal 69:23 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y haz temblar continuamente sus lomos.
  • Sal 78:2 Abriré mi boca en proverbios; hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos,
  • Is 29:14 por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos.
  • Is 44:18 No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender.


JESÚS EN NAZARET


Habiendo terminado de hablar estas parábolas, Jesús fue a Nazaret, y comenzó a enseñar en la sinagoga local, y al oírlo hablar, todos se maravillaban de la sabiduría que había en sus palabras y de que hiciera milagros, y se preguntaban: "¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?"; "¿No es éste el hijo del carpintero?"; "¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?"; "¿No están todas sus hermanas con nosotros?"; "¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?".  Al ver sus reacciones, Jesús les dijo "en todas partes se honra a un profeta, menos en su tierra y en su propia casa" (NVI). Y debido a la falta de fe de ellos, no hizo allí muchos milagros. (13:53-58)

* Jesús estaba reunido con aquellos que le habían visto crecer, y sabían que era hijo de María y de José el carpintero, y conocían a sus hermanos y hermanas. Probablemente la familia terrenal de Jesús era una familia común, que en nada se diferenciaba de todas las familias del vecindario. El prejuicio de los miembros de la sinagoga local les impidió creer que Jesús era quién decía ser, y lo rechazaron sin querer indagar más.
 
Los que predican el falso evangelio de la prosperidad interpretan estos versos (v.58) diciendo que Jesús no pudo hacer milagros en Nazaret, por causa de la fe incorrecta de ellos, que "bloqueaba" la posibilidad de recibir los milagros ("creencia negativa", contraria a la "creencia positiva", como argumentan ellos), como si los hombres tuviéramos poder para restringir el Poder del Espíritu SantoDicen las Escrituras que "sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (He 11:6). Jesús no hizo muchos milagros en Nazaret, no porque la gente no tuviera una fe "positiva", sino, probablemente, porque no había mucha gente que creyera y se acercara a Él buscando un milagro.

 

EL INTERÉS DE HERODES EN JESÚS


En ese tiempo, Herodes Antipas (gobernante de Galilea), cuando supo de la fama de Jesús, comentó a sus criados: "Éste es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes". Juan había sido encarcelado por Herodes por causa de Herodías, la esposa de su hermano Felipe a quien Antipas tomó por mujer, hecho que Juan condenaba públicamente. No lo había matado, por temor al pueblo que tenía a Juan por profeta. La muerte de Juan quedó sellada el día en que Herodes celebró su cumpleaños, y Salomé, hija de Herodías, bailó para el rey. Tanto agradó al monarca ese regalo, que, en retribución, prometió a la joven, bajo juramento, darle todo lo que ella pidiese. Salomé, instruida por su madre, le dijo: "dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista". Aunque Herodes lamentó tener que hacerlo, por causa del juramento que había hecho, y para quedar bien con los que compartían la mesa con él, accedió, y mandó decapitar al Bautista. "Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús" (14:1-12)

* Herodes Antipas era hijo de Herodes el Grande, el despiadado rey que, tras oír que el rey de los judíos había nacido, mandó matar a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén y sus alrededores, en un intento por terminar con la vida de Aquél que amenazaba su trono. Pero Jesús ya había sido sacado de esa región, y llevado a Egipto por sus padres, quienes habían sido avisados por un ángel sobre la cruel decisión que había tomado Herodes. 
 
Pocos años después, Herodes el Grande murió, y le sucedieron sus hijos Herodes Arquelao, como rey de Judea, Samaria e Idumea; Herodes Filipo I (Felipe), quien gobernó Batanea, Gaulanitis, Trachonitis y Auranitis, y Herodes Antipas, conocido como Herodes el Tetrarca, quien reinaba sobre Galilea y Perea durante todo el tiempo en que Jesús estuvo ejerciendo su ministerio terrenal. 


MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES Y PECES

 
En cuanto Jesús escuchó la noticia, se fue en una barca a un lugar desierto y apartado, pero, cuando la gente supo, salió de las ciudades, y lo siguió por la orilla. Al salir de la barca, Jesús "vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos". Al anochecer, sus discípulos le aconsejaron despedir a la multitud, pues, estaban en el desierto, y no había cómo alimentarlos. Jesús les dijo: "No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer".  Pero los discípulos le respondieron que sólo tenían cinco panes y dos peces. Jesús mandó que se los trajeran, y ordenó que la gente se recostara en la hierba. Y "tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud". "Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas". Los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. (14:13-21)

* Jesús dijo a sus discípulos que la gente no tenía necesidad de irse para buscar qué comer, pues, ellos mismos podían proveerles alimento (v. 16). El pan de vida, que es la Palabra de Dios, es un alimento que el Señor ha hecho disponible a todos los que buscan saciar su hambre y sed de justicia; "no está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír ...?", "Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír...?(Dt 30:12,13). Jesús mismo delegó en su iglesia la misión de ir y proveer ese pan de vida al que lo necesita, diciendo: "id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mt 28:19-20). 
 
En el pasaje que estamos estudiando vemos que Jesús hizo el milagro, pero luego "dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud" (v.19).  Ése es el diseño divino para llevar la salvación a todo el mundo. Si bien es cierto, toda la obra la hace el Espíritu Santo en el creyente, los hijos del reino "somos embajadores de Cristocomo si Dios rogara por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!" (2Co 5:20 NBLA). Y éste es el mensaje de fe que debemos predicar: "que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo". "Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación" (Ro 10:8, 9-10).  
 
** Sin dudas presenciar el milagro de la multiplicación de los panes y peces debe haber sido una experiencia extraordinaria, ya que, a partir de una pequeña cantidad, Jesús alimentó a un número probablemente cercano a las diez mil personas, pues, Mateo dice que eran cinco mil, sin contar mujeres y niños. Lo que este milagro quiere decir es que un simple mensaje del evangelio puede salvar miles de almas en un solo evento. Hay registros en el libro de los Hechos de cómo una predicación tenía el poder de conducir a miles al arrepentimiento y salvación. 
  

JESÚS SOBRE LA AGUAS


Jesús mandó a sus discípulos entrar a la barca, y que fueran delante de él a la otra orilla, mientras Él se quedaba despidiendo a la multitud. En cuanto quedó solo, subió a orar al monte, donde permaneció hasta que cayó la noche. Para entonces la barca se encontraba en medio del mar, y comenzó a ser azotada por las olas, ya que el viento era contrario. Cuando eran como las tres de la madrugada, en medio de esta situación, Jesús vino hasta ellos andando sobre las aguas, y los discípulos se asustaron, creyendo que era un fantasma, pero Jesús les dijo: "¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!". Entonces Pedro le pidió a Jesús: "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas". Y Jesús le mandó caminar hacia Él, y Pedro pudo caminar sobre las aguas, pero al ver el fuerte viento, sintió miedo, y comenzó a hundirse, y a gritar: "¡Señor, sálvame!", y Jesús extendió su mano y lo acercó hacia Él, diciendo: "¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?". En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó, y todos en la barca le adoraron, diciendo: "Verdaderamente eres Hijo de Dios". (14:22-33).

Leamos este pasaje con ojos espirituales, haciendo la asociación entre lo que estaba sucediendo a los discípulos en aquel momento, con lo que los creyentes vivimos y seguiremos viviendo a diario, hasta que Jesús vuelva. Los eventos se desarrollaron durante la noche, lo que podemos interpretar como las tinieblas que dominan al mundo en medio del cual vivimos. Los discípulos estaban en la barca, donde Jesús los había hecho entrar, lo que simboliza nuestra seguridad en Cristo, donde Él nos puso cuando nos redimió. Jesús no estaba con ellos físicamente, porque había subido solo al monte para orar, sin embargo, cuando las olas comenzaron a azotar la barca, Jesús vino sobre las aguas, y luego los vientos se calmaron. Ésa es nuestra condición desde que Jesucristo ascendió para sentarse a la diestra de Dios: si bien Él no está en cuerpo presente, no dejó huérfanas a sus ovejas, sino que nos envió Su Espíritu Santo como guía y consolador para el trayecto que nos queda por recorrer de aquí a la eternidad
 
Las turbulencias, ya sabemos, son las aflicciones que siempre estarán presentes en la vida del creyente, como lo anunció Jesús, sin embargo, también nos dijo que debemos confiar, porque Él ya venció al mundoAsí como Pedro se hundió en el agua cuando perdió la fe, y Jesús extendiendo su mano, lo rescató, así mismo, el Señor nos sostiene en medio de la angustia, y no nos soltará, ni nada ni nadie puede arrebatarnos de su mano. Aunque no lo vemos, Jesucristo está en nosotros por su Espíritu, e intercediendo a nuestro favor ante Dios en las Alturas. Así dijo el Señor: "Bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (Jn 20:29).   
 
** Las Escrituras inician con la siguiente expresión: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra. la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas" (Gn 1:1-2). ¿No es el pasaje que estamos estudiando muy similar a esta descripción? ... el caos, las tinieblas, Dios moviéndose en la superficie de las aguas... Así también es ahora, porque las turbulencias continuarán en tanto la noche dura, pero sabemos que el Señor no nos ha abandonado, y que, aunque no lo podemos ver, Su Espíritu Santo se mueve sobre las aguas, que en las Escrituras se refieren a "pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas" (Ap 17:15).  
 
*** Con este milagro, efectivamente Jesús estaba demostrando que Él era Dios con nosotros (Emanuel). En Job 9:8, vemos una descripción de Jehová, que dice: "El solo extendió los cielos, y anda sobre las olas del mar". Por otra parte, resulta interesante ver cómo Jesús tranquiliza a sus discípulos diciendo quién era el que venía andando sobre las aguas: Él no dice "Soy Jesús", sino "no teman, YO SOY...", que es la misma forma en que Jehová se identificó a sí mismo ante Moisés, cuando éste le preguntó por su Nombre. Dios respondió: "YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros".


Terminada la travesía, llegaron a tierra de Genesaret, cuyos habitantes, al reconocer a Jesús, hicieron correr la noticia en toda la región y alrededores, y trajeron al Señor todos los enfermos, "y le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su manto; y todos los que lo tocaron, quedaron sanos". (14:34-36)

* Genesaret es una planicie fértil en la ribera noroeste del lago de Galilea. El historiador Josefo la describe como una zona "rica en nogales, palmeras, higueras, olivos y vides". Los árboles descritos por Josefo son árboles que dan mucho fruto. Los habitantes de esta tierra eran como esos árboles. Ellos acogieron con mucho entusiasmo al Señor, y la fe que tenían en Él fue confirmada por la gran cantidad de milagros que Jesús pudo hacer en medio de ellos; tan grande era su fe, que sólo bastaba que tocaran el borde de su manto para recibir sanación. De una fe así sólo pueden esperarse muchos frutos espirituales.

viernes, 29 de mayo de 2020

MATEO VI - Roca de Salvación y de Tropiezo (Mt 11 y 12)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)

[Empezar en Mateo Primera Parte]


JESÚS, EL UNGIDO DE JEHOVÁ


Estando Juan Bautista en la cárcel, oyó lo que se decía de Cristo; y envió a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús: "¿Eres tú aquél que había de venir o esperaremos a otro?". Jesús les respondió que hicieran saber a Juan todas las cosas que estaban viendo y oyendo: "Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio", y agregó "bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí". (11:1-6)

* Como vemos, Jesús no respondió con un sí, pero en su respuesta les dio a entender que en Él se cumplía lo que estaba escrito en los textos sagrados sobre el Mesías: "Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas" (Is 42;6-7)"Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad" (Is 35:4-6)"En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas." (Is 28:18), entre otras profecías.

** ¿Quiénes hallaron tropiezo en Cristo? (v.6) Muchos judíos; en especial, los que tenían la misión de edificar el templo espiritual de Dios en la tierra, quienes tropezaron cuando rechazaron a quien había sido enviado para convertirse en la piedra angular sobre la cual se levantaría el edificio. Los maestros de la Ley y los profetas fueron incapaces de discernir los tiempos, y de reconocer que ante sus ojos estaba Aquél tan esperado Ungido del que hablaban las Escrituras. Pero estaba escrito que sería así.

Al parecer, Juan Bautista también dudó. Hay estudiosos que piensan que lo que motivó a Juan a preguntar a Jesús si Él era el Mesías, fue la condición en que él se encontraba en ese momento: confinado en una cárcel por causa de su predicación, siendo que la idea que había dominado siempre en la mente de los judíos era que el Ungido de Dios iba a venir para quitar el yugo del imperio que oprimía a su pueblo Israel. Quizás por eso, parte de la respuesta de Jesús fue: "bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí" (Mt 11:6), como diciendo a Juan, "no te equivoques, no mires a tus circunstancias", o algo similar a lo que dijo a Jairo: "No temas, cree solamente" (Mr 5:36). Tal es la respuesta que cada creyente debe mantener en mente, en medio de las tribulaciones, confiando siempre en que Dios tiene un propósito para cada uno de sus escogidos, y que las aflicciones, como hemos dicho, forman parte del proceso de santificación necesario para heredar las promesas. Sabemos que Juan no salió vivo de esa cárcel, pero nadie más que Dios sabe cuánto habrá significado en su santificación lo que soportó en ese lugar. Lo mismo es para nosotros, ahora no sabemos por qué padecemos, pero quizás lo sabremos cuando recibamos, el día de la retribución, junto con Juan y todos los santos, la corona de justicia que está reservada en los cielos para los que amamos al Señor.

Por lo demás, ni Jesús estuvo exento de pruebas y tribulaciones. Dice la Escritura que, "aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia" (He 5:8). Lo que no significa que alguna vez haya sido desobediente, sino que Él fue perfeccionado por lo que padeció, es decir que, a pesar de todo, se mantuvo obediente al Padre hasta la muerte, por lo cual "vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec" (He 5: 9-10).


Mientras los discípulos de Juan se retiraban, Jesús comenzó a decir a los que le escuchaban, que Juan Bautista era más que un profeta, porque a él se refería la profecía de Malaquías que dice: "He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti". Jesús también dijo que, de entre los que nacen de mujer, no se había levantado otro mayor que Juan, sin embargo, dijo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que Juan. También dijo que, desde que Juan había comenzado a predicar, y hasta entonces, "el reino del cielo ha venido avanzando con fuerza, y gente violenta lo está atacando" (NTV), no obstante, dijo, eso es lo que todos los profetas y la ley anunciaron que iba a pasar hasta que llegara Juan; y agregó, "si ustedes están dispuestos a aceptar lo que les digo, él es Elías, aquél que los profetas dijeron que vendría" (NTV). Concluyó diciendo que esa generación era semejante a esas personas que nunca se inmutan: que no bailan si les tocan música, ni se lamentan si les cantan endechas; peor aún, cuando Juan predicaba, decían que tenía demonio, y ahora que el Hijo del Hombre comparte comida y bebida con publicanos y pecadores, lo tildan de comilón y bebedor.  Finalmente, dijo: "Pero la sabiduría de Dios se demuestra por sus resultados." (DHH) (11:7-19)

* La generación ciega y sorda atacaba y condenaba lo que no calzaba con sus expectativas. Ellos esperaban que el Mesías fuera un guerrero, un príncipe vestido con fino ropaje, y no podían aceptar que ése que decía ser el Mesías proviniera de una familia humilde. A causa de su endurecido corazón, no entendían lo que estaba ante sus ojos, y eran absolutamente indiferentes al anuncio de las buenas noticias que Jesús traía, como tampoco reaccionaban cuando se les hablaba de la condena que aguarda a los que rechazan el mensaje (vv.16-17). Esa generación se había vuelto necia, y estaba tropezando, pero la Sabiduría de Dios, que se estaba manifestando por medio de la obra de Jesucristo en la tierra, iba a ser justificada por sus resultados (v.19). El maravilloso misterio que envolvía la venida del Mesías fue luego plenamente revelado al mundo por el Espíritu, a través de los apóstoles, y por medio de la Palabra inspirada por Dios.

** En cuanto a la venida del precursor del Mesías, he escuchado a algunos respetados predicadores decir que, en estos versos, Jesús está anunciando una segunda venida de Elías antes de la segunda venida de Jesús, quizás, porque Malaquías dice: "Yo les envío al profeta Elías antes que venga el día del Señor, día grande y terrible", interpretando "el día del Señor" como el día del juicio, y no como la primera venida del Mesías, quien, dijo a sus discípulos: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada" (Mt 10:34-37), que es, probablemente, lo que el profeta señala como "día grande y terrible". Pero Jesús claramente dice que Juan "es aquel Elías que había de venir" (Mt 11:14), es decir, Elías ya vino. Ese error de interpretación, a mi juicio, los ha llevado a sacar cálculos errados en lo referente a los tiempos escatológicos, que han confundido grandemente a los santos de la iglesia, pues, ya no saben a quién esperar, si a Elías viniendo en un carro de fuego, o al Mesías, en las nubes.

*** Algunas profecías en cumplimiento:
  • Mal 3:1 He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.
  • Mal 4:5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
  • Is 53:1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?
  • Is 28:16 por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.
  • Is 61:1  El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;


IGNORAR A JESÚS ES CONDENACIÓN


Entonces Jesús comenzó a recriminar a las ciudades judías donde había hecho muchos milagros, porque no habían mostrado arrepentimiento. Dijo que, si en las ciudades gentiles de Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que se hicieron en Corazín y Betzaida, sin dudas se habrían arrepentido, por tanto, con seguridad el castigo para ellas será peor que el que recibirán las ciudades paganas. Lo mismo para Capernaum, que pensaba que iba a ser exaltada hasta los cielos, lo cierto es que va a ser echada al sepulcro, porque si tantos milagros se hubieran hecho en Sodoma, como los que se habían hecho en allí, Sodoma se hubiera arrepentido y aun permanecería, por tanto, el castigo reservado para Capernaum será peor que el de Sodoma. Luego, Jesús oró: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó". (11:20-26)

En una ocasión, Jesús, luego de decir a sus discípulos que no impidiesen que los niños se le acercaran, dijo: "De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él" (Lc 18:17). Los niños a que Jesús se refiere en su oración (vv.25-26) eran los mansos de corazón; aquéllos que, sin importar su origen, si eran judíos o gentiles, recibieron el evangelio como un regalo de Dios; creyeron sin cuestionar lo que sus ojos veían y sus oídos escuchaban. En cambio, la arrogancia de los maestros de la ley, los "sabios y entendidos", cegaba su entendimiento, y les impidió ver que la "luz verdadera, que alumbra a todo hombre" (Jn 1:1-14) había venido al mundo, y estaba en medio de ellos, para que fueran salvos.
 
** Tiro y Sidón eran ciudades gentiles, que tuvieron gran esplendor, pero que fueron devastadas por poderosos pueblos a causa de su pecado, lo que había sido profetizado con antelación. Jesús las pone como ejemplo, porque el privilegio que tenían los judíos, de estar en presencia del Redentor de la humanidad, quien se daba a conocer con todo tipo de señales y maravillas, cumpliendo las Escrituras que de él se escribieron, estaba siendo despreciado por ellos, lo que los condenaba; como dice la Escritura: "ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas" (Jn 3:19). El ministerio terrenal de Jesús no estaba dirigido a los gentilessin embargo, muchos de ellos, que presenciaron sus milagros y oyeron sus palabras, se arrepintieron de sus pecados. Más de un ejemplo encontramos en el Nuevo Testamento, sobre gentiles que se acercaron a Jesús y recibieron un milagro a causa de su fe.

*** Algunas profecías en cumplimiento:
  • Sal 8:2 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo.
  • Is 28:9 ¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿a los arrancados de los pechos?
  • Sal 102:18 Se escribirá esto para la generación venidera; y el pueblo que está por nacer alabará a JAH,
  • Is 65:1-2 Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí. Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos;
  • Is 65:12-15 yo también os destinaré a la espada, y todos vosotros os arrodillaréis al degolladero, por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oísteis, sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que me desagrada. Por tanto, así dijo Jehová el Señor: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed; he aquí que mis siervos se alegrarán, y vosotros seréis avergonzados; he aquí que mis siervos cantarán por júbilo del corazón, y vosotros clamaréis por el dolor del corazón, y por el quebrantamiento de espíritu aullaréis. Y dejaréis vuestro nombre por maldición a mis escogidos, y Jehová el Señor te matará, y a sus siervos llamará por otro nombre.

También dijo "Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce realmente al Hijo, sino el Padre; y nadie conoce realmente al Padre, sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer" (DHH). (11:27)

* ¿Por qué depositar nuestra fe en Jesús es tan esencial en el plan de redención? ¿Por qué no es suficiente con creer sólo en Dios? ¿Cuál es la importancia de "estar en Cristo" y de "permanecer en Él"? Aquí Jesús responde: "Mi Padre me ha entregado todas las cosas". No dice una parte de las cosas, sino todas las cosas. En otros lugares, dice "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (Mt 28:18); y "El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano" (Jn 3:35).

En las epístolas de Pablo aprendemos que esto no se trató de una decisión circunstancial, sino de un plan elaborado desde antes de la fundación del mundo, cuando Dios nos escogió (a los creyentes) "para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo" (Ef 1:4-5), "en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados" (Ef 1:7). 

Pablo, en su epístola a los efesios, revela que Dios se propuso "reunir en él (en Jesucristo) todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra" (Ef 1:9-10 NVI). Es lo mismo que dijo a los corintios: "Porque Dios lo ha sometido todo bajo los pies de Cristo. Pero cuando dice que todo le ha quedado sometido, es claro que esto no incluye a Dios mismo, ya que es él quien le sometió todas las cosas. Y cuando todo haya quedado sometido a Cristo, entonces Cristo mismo, que es el Hijo, se someterá a Dios, que es quien sometió a él todas las cosas. Así, Dios será todo en todo" (1Co 15:27-28 DHH). 

Es decir, sólo en Jesucristo está la salvación, pues, "agradó al Padre que en él (Jesús) habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz" (Col 1:19-20). ¿Por qué? Porque Jesús es el Hijo del Hombre, es decir, uno de nosotros, pero no como nosotros, pues, Él era sin pecado. El único ser humano cuya vida impecable podía ser aceptada por Dios como propiciación por nuestro pecado, y así aplacar Su justa ira.

Dice la Escritura: "Pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Jn 3:36). La epístola a los Romanos habla de la ira de Dios, que "viene revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad" (Ro 1:18 NVI), y que "«No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado; juntos se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»" (Ro 3:10-12 NVI). Es decir, si no estamos en Cristo, somos enemigos de Dios, y, por tanto, condenados a morir en el fuego eterno que no se apaga, donde el gusano del hombre no muere.

Pedro compara el bautismo en Jesús con el arca de Noé, que tomó muchos años en ser construida, tiempo durante el cual Dios aguardaba pacientemente a que las personas se arrepintieran de sus pecados, para que se salvaran del diluvio anunciado por Jehová, quien, cuando vio "que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal" (Gn 6:5), decidió "el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos" (Gn 6:13). Lamentablemente, cuando el arca estuvo lista, y se desató el diluvio, sólo ocho personas sobrevivieron. Es lo mismo para este tiempo, "el Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan" (2Pe 3:9). Rechazar a Jesucristo, a quien Dios envió para en Él tengamos vida eterna, es rechazar la salvación para vida eterna.  

A la luz de esta palabra, podemos entender por qué la Escritura dice que en Jesús "estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres" (Jn 1:4); es decir que, "el que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida" (1Jn 5:12), porque "en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hch 4:12).  

En el Salmo 2, Cristo dice: "Jehová me ha dicho: Mi hijo eres túYo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra" (Sal 2:7-8).

 ** El Padre y el Hijo son uno, por eso, Jesús dice que "Nadie conoce verdaderamente al Hijo excepto el Padre, y nadie conoce verdaderamente al Padre excepto el Hijo y aquellos a quienes el Hijo decide revelarlo" (Mt 11:27 NTV). Como vemos, Jesús decidió revelarnos al Padre y compartir con su iglesia esa unidad que eternamente tiene con Dios, según consta en la oración que hizo por los creyentes en el aposento alto, diciendo: "Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros" (Jn 17:11). Jesús no sólo oraba por los discípulos que compartían con Él; también lo hacía por nosotros: "No ruego sólo por éstos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí" (Jn 17:20-23 NVI). 

Esa unidad del Padre y el Hijo se ve a través de toda la Escritura. Muchas veces vemos en el Antiguo Testamento que Jehová dice que Él hará cosas que después vemos que Jesús las hace en el Nuevo Testamento. Esto es porque Jehová estaba en Jesús haciendo todas las cosas. Como leemos en Ezequiel, Dios dijo: "He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré" (Ez 34:11); "Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor. Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia" (Ez 34:15-16); "Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja" (Ez 34:22). Pero también dijo que iba a designar a un Pastor para hacer todo esto: "Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado" (Ez 34:23-24), hablando de Jesús el Mesías.

El salmista escribió: "Jehová es mi pastor; nada me faltará(Sal 23:1); y más adelante Jesús revela: "Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil (gentiles); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor" (Jn 10:11).


EL REPOSO DEL PUEBLO DE DIOS


Jesús también dijo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga". (11:28-30)

* El yugo es una herramienta agrícola que se usa para arar la tierra. Se trata de un instrumento de madera que se unce a la cerviz de dos animales, una yunta, para que juntos tiren del carro del arado y hagan los surcos a la tierra para sembrarla. La yunta se forma con un animal viejo, experimentado en llevar yugo, que es el que va a guiar al otro, de tamaño similar, pero que es joven e inexperto. Las yuntas deben formarse con animales de envergaduras similares, a fin de que surcos en la tierra salgan parejos. Basándose en este requisito, es que el apóstol Pablo usa la analogía del yugo para advertir a los creyentes: "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos(2Co 6:14), temiendo que se repitiera el pecado de los israelitas que salieron de Egipto, quienes se unieron en matrimonio con los pueblos paganos, y fueron desviados de la fe. 
 
Reconocer el Señorío de Cristo para nuestras vidas equivale a recibir Su Yugo sobre nuestra cerviz, porque desde ese momento, Él comienza a guiarnos, por su Espíritu, por camino de santidad, produciendo en nosotros "así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil 2:13). Es decir, el Espíritu Santo que Dios nos dio cuando creímos es como un yugo en nuestra cerviz, que no pesa, ni cuesta llevarlo, pero que es necesario que nos sometamos a él para enderezar nuestras vidas, y para que no nos apartemos de Sus caminos
 
** La palabra cónyuge, que usamos para referirnos a los esposos, significa "con yugo". Las palabras de Jesús en los versículos que estamos estudiando las podemos asemejar a una "proposición de matrimonio", que el Hijo de Dios hace a Jerusalén celestial, a quien amó "se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable" (Ef 5:25-27 NVI). La iglesia es la novia del Cordero, cuyas bodas se celebrarán cuando la primera tierra ya no exista más, y haya cielo nuevo y tierra nueva. Ahora es tiempo de recibir con júbilo la invitación a las bodas del Cordero, y de prepararnos para asistir con nuestras mejores vestiduras, como lo exige la ocasión.

 

Un día de reposo, iba Jesús con sus discípulos por un campo, y tuvieron hambre, y los discípulos comenzaron a arrancar espigas y a comer. Cuando los fariseos vieron esto, le preguntaron por qué permitía a los que estaban con él violar el día de reposo. Pero Jesús les recordó la historia de David cuando, junto a sus guerreros, tuvieron hambre, y llegaron a la casa de Dios, y comieron el pan de la proposición, que estaba reservado sólo para los sacerdotes. Por otra parte, también les dijo que debían reconocer que los sacerdotes deben cumplir con sus turnos en el templo en día de reposo, y eso no significa que violen la ley, y agregó: "Uno mayor que el templo está aquí", refiriéndose a sí mismo. Además, les dijo que, si comprendieran el significado de las palabras del profeta, cuando dijo: "Misericordia quiero, y no sacrificio", no andarían condenando a los inocentes. Y les declaró que "el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo". (12:1-8

"El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo", porque sólo en Jesús encontramos descanso para nuestras almas. Dice la Escritura que el que cree en Él entra en el verdadero reposo que Dios da a su pueblo, pues, Jesús "llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia" (1Pe 2:24). Ya no somos esclavos del pecado que nos condenaba a muerte, sino siervos de Dios, y como tales, sin mayor esfuerzo de nuestra parte, más que el de disponernos a obedecer la guía del Espíritu Santopara hacer la voluntad del Padre y rechazar las tentaciones de la carne, "somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu." (2Co 3:18 NVI). Por eso dice la Escritura que "ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús" (Ro 8:1), pues, como dice Pablo: "el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Fil 1:6). Y ésta es nuestra paz: que, si el Espíritu de Dios mora en nosotros significa que estamos en Cristo, y si estamos en Cristo, tenemos vida eterna.
 
Sin embargo, hay que recalcar que esta gracia que nos es dada en Cristo, no nos exime de la responsabilidad de cumplir con ciertas disciplinas, como leer las Escrituras, dedicar tiempo a meditar en ellas, orar, congregarnos, etc., para alcanzar madurez espiritual, y con ello, aumentar nuestra fe. El que es perezosos, y no hace nada por conocer más a Dios y al Hijo, será presa fácil de las estratagemas del enemigo; "sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque, así como por fuego" (1Co 3:15). No obstante lo anterior, llegar a ser maduro espiritualmente no depende de nosotros, sino de Dios que da el crecimiento al que se sujeta al Señorío del Hijo. 
 
En la siguiente parábola, Jesús enseña cómo todo en la salvación depende de Dios: "El reino de Dios se parece a quien esparce semilla en la tierra.  Sin que éste sepa cómo, y ya sea que duerma o esté despierto, día y noche brota y crece la semilla. La tierra da fruto por sí sola; primero el tallo, luego la espiga y después el grano lleno en la espiga. Tan pronto como el grano está maduro, se mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha" (Mr 4:26-29 NVI).

De allí, Jesús vino a la sinagoga, donde los judíos le presentaron a un hombre que tenía la mano seca, y le preguntaron: "¿Es lícito sanar en el día de reposo?". Él les contestó que nadie deja de rescatar a una oveja si ésta cae en un pozo un shabat. Pues, mucho más valor tiene la vida de un hombre que la de una oveja; por tanto, es lícito sanar en día de reposo. Entonces, pidió al hombre que extendiera su mano, y lo sanó. Al ver esto, los fariseos salieron de allí, y se reunieron para planificar cómo acabar con Jesús. (12:9-14)

* Jehová mandó a santificar el día de reposo, que es el último día de la semana, correspondiente a sábado en el calendario hebreo, a fin de conmemorar el día en que YHWH descansó, luego de haberse dedicado los seis días anteriores a la obra de la creación. Ningún trabajo podía realizarse aquella jornada, que comenzaba desde que se ponía el sol (lo que para nosotros es viernes), hasta la puesta de sol del sábado. 
 
Jesús dijo: "El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo" (Mr 2:27 NBLA), lo que quiere decir que el día de reposo fue dado a los hombres para su beneficio, para que tuvieran un tiempo exclusivo a consagrarse al Señor y adorarlo sin distracciones, como los quehaceres laborales o del hogar, pero no fue pensado para refrenarlos de hacer lo bueno o conveniente para su bienestar, como era el sanar enfermos o alimentarse de lo que los campos ofrecían. Los líderes judíos no lo entendieron así, y agregaron tantas restricciones absurdas que convirtieron un tiempo de solaz en un motivo para condenar al pueblo.
 
** Algunas profecías en cumplimiento:
  • Lv 16:22 aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.
  • Is 53:5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
  • Is 53:6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

LA SALVACIÓN NO ES SÓLO PARA LOS HIJOS DE ISRAEL


Conociendo las intenciones de los fariseos, Jesús se alejó de la sinagoga, y mucha gente le seguía, y a todos los sanaba, pero les encargaba rigurosamente que no contaran a nadie lo que hacía, dando cumplimiento así a lo dicho por el profeta Isaías: "Éste es mi siervo, a quien he escogido; mi Amado, en quien se complace mi alma. Pondré mi Espíritu sobre él, y a las naciones anunciará juicio. No disputará, ni gritará, ni nadie oirá su voz en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justiciaY en su nombre las naciones pondrán su esperanza" (RVA)(12:15-21)

La expresión: "La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará" (Mt 12:20) significa que, "no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él" (Jn 3:17). Es decir, que no era intención del Señor condenar a los que se habían descarriado del pueblo de Israel, o destruir a los paganos gentiles, sino abrir los ojos de todos ellos, a fin de que conocieran la Verdad, y pudieran ser salvos. 
 
En el capítulo 42 de Isaías, citado por Jesús, también dice: "Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas"; "Convertiré en soledad montes y collados, haré secar toda su hierba; los ríos tornaré en islas, y secaré los estanques. guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé"; "Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver" (Is 42:6-7, 15-6, 18).

 

ATANDO AL ENEMIGO


Entonces trajeron a Jesús un endemoniado ciego y mudo, y Él lo sanó, "de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba". La gente atónita se preguntaba: "¿Será éste aquel Hijo de David?", pero los fariseos comentaban entre sí: "Éste no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios". Sabiendo Jesús lo que ellos pensaban, les respondió que todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado, y toda ciudad o familia dividida contra sí misma no se mantendrá en pie; de modo que, dijo el Señor: "si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?". Además, les preguntó: "si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos?", por tanto, "ellos serán vuestros jueces", les dijo. Y agregó: "pero, si Yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes".  Y terminó, diciendo: "¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata?".  (12:22-29)

¿A quién ató Jesús para saquear sus bienes 
 
A Satanás, el espíritu del error bajo cuya influencia está el mundo. Mientras Satanás permanece atado, Jesús está saqueando lo que antes estaba bajo el poder del maligno, es decir, arrebatando de las llamas las almas de los escogidos, trasladándolas "de las tinieblas a su luz admirable" (1Pe 2:9). Como afirma la Escritura: Jesús vino para "deshacer las obras del diablo" (1Jn 3:8). 
 
En el primer siglo, el Apóstol Pablo advirtió: "ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio" (2Ts 2:7).  Como ya hemos comentado, en Apocalipsis 20 leemos que un ángel del cielo ató a Satanás por mil años, luego de los cuales va a ser soltado. A la luz de estas revelaciones, podemos interpretar que Satanás, "el hombre fuerte", está siendo detenido por el Espíritu de Dios, al tiempo que sella en sus frentes a los que han de ser salvos. Mientras el cuerpo de Cristo (la iglesia) permanezca en la tierra, Satanás está limitado en su accionar, pero cuando Jesús saque a su Iglesia de este mundo, entonces Satanás será soltado, y se manifestará a través del líder (la bestia) que organizará a las naciones para luchar contra el Cordero; pero será vencido por el Verbo de Dios.


LA IMPERDONABLE BLASFEMIA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO


Dijo, entonces, Jesús: "Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero". Les dijo que por el fruto se conoce el árbol; porque un árbol bueno no puede dar fruto malo, ni el árbol malo dar fruto de buena calidad. Y dirigiéndose a los fariseos les dijo que eran una "¡generación de víboras!", que estaba imposibilitada de dar fruto de buena calidad, porque "de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas". Dijo que, en el día del juicio, tendremos que responder por cada palabra inútil que salga de nuestra boca, pues por ellas seremos declarados justos o seremos condenados. (12:30-37)

Jesús dijo que cualquier palabra contra el Hijo del Hombre será perdonada, no así al que hable contra el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no es una fuerza, sino Dios en acción, por tanto, blasfemar contra Él, es blasfemar contra Dios

Al decir que se perdonará al que hable contra el "Hijo del Hombre", probablemente, Jesús se refería a la condición en que él se encontraba en ese momento, es decir, antes de ser exaltado, pues, para ser exaltado y hecho Señor de señores, Jesús debía ser probado y "tentado en todo según nuestra semejanza" (He 4:15), igual como Adán fue tentado en el paraíso, y demostrar su sujeción al Padre hasta las últimas consecuencias. A diferencia de Adán, Jesús fue manso, y se mantuvo obediente al Padre, a pesar de tener que sufrir los peores padecimientos, llegando incluso a soportar la indigna e inmerecida muerte en la cruz por nosotros

Jesús es llamado en la Biblia "el postrer Adán", de lo cual podemos deducir que, una vez que el Hijo de Dios se despojó de su divinidad para hacerse como uno de nosotros, de carne y sangre, quedó en la misma condición que Adán cuando fue creado: santo, puro, absolutamente libre para tomar decisiones (es decir, no esclavo del pecado), pero vulnerable ante los engaños de Satanás. Recordemos nuevamente que la Escritura dice que Jesús, "aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia" (He 5:8), es decir, ¿de qué otra manera se puede probar la obediencia si no es por medio de pruebas? De hecho, los evangelios relatan que, después de ser bautizado por Juan, "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo" (Mt 4:1). 

Para bendición de toda la creación, Jesús resistió a Satanás, y por su obediencia al Padre hasta la muerte, Jesús fue resucitado y glorificado, y ahora está en la Gloria del Padre, sentado a Su diestra, y nosotros con Él. Aunque el Hijo del Hombre glorificado está en el cielo, sigue estando con nosotros por medio de Su Santo Espíritu que nos dio cuando creímosDios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno. Fijémonos cómo Pablo habla indistintamente del Espíritu Santo como siendo de Dios y de Cristo: "Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros". (Ro 8:9-11 RVR).  

Habiendo sido hecho Señor de toda la creación, nuestro deber es adorarle, porque Él es el Hijo de Dios. Dice la Escritura que "el que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió" (Jn 5:23). También dice que "todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre" (1Jn 2:23). 
 
"Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían" (Sal 2:12). Decimos ¡Amén! a esta palabra.
  

¿SEÑAL A LOS INCRÉDULOS?


Entonces, los fariseos y escribas demandaron una señal de Jesús, pero Él les respondió que sólo se les daría la señal de Jonás, porque tal "como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches". También les advirtió que los hombres de Nínive se levantarán en juicio contra esa "generación mala y adúltera" y la condenarán, porque los ninivitas se arrepintieron tras la predicación de Jonás, y quien les hablaba mayor es que Jonás. Incluso, la reina del sur condenará a esa generación, porque ella viajó de lejos para oír la sabiduría de Salomón, y quien les estaba diciendo estas cosas, mayor es que Salomón(12:38-42)

* El ejemplo del profeta Jonás se refería a la muerte y resurrección de Jesús. Jonás es uno de los llamados profetas menores, no porque sea menos relevante que los otros, sino porque que el libro dedicado a su obra tiene pocos capítulos. Jehová había enviado a Jonás a predicar arrepentimiento a los de Nínive, una ciudad gentil que, según el razonamiento de Jonás, no merecía que se les diera la oportunidad de arrepentimiento. Entonces, se embarcó con la intención de huir de la responsabilidad que el Señor le había dado, pero, como Dios no puede ser burlado, vino maldición sobre la embarcación, cuyos viajeros, al descubrir que Jonás era el motivo, lo tiraron por la borda al mar, "pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches" (Jon 1:17), luego de lo cual, tras clamar a Dios, el pez lo vomitó. Jonás finalmente cumplió con lo mandado, y predicó en Nínive, los cuales procedieron al arrepentimiento, y Jehová los perdonó. 

** Luego de la crucifixión, dicen las Escrituras que Jesús fue, en el espíritu, y "predicó a los espíritus encarcelados que, en los tiempos antiguos, en los días de Noé, desobedecieron, cuando Dios esperaba con paciencia mientras se construía el arca" (1Pe 3:19-20 NVI). Más adelante, Pedro, hablando de que vivos y muertos tendrán que dar cuenta el día del juicio, dice: "por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos" (1Pe 4:6). De modo que, aunque no está especificado, quizás, fue durante los días en que Jesús estuvo en el Hades que hizo estas cosas. Luego Él resucitó, y ahora vive "por los siglos de los siglos" (Ap 1:18), y está sentado "a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos" (He 1:3-4).

Jesús dijo que, "cuando un espíritu inmundo sale del hombre", anda por lugares áridos buscando descanso, y al no encontrarlo, decide regresar a su antigua morada, y al volver, la halla desocupada, barrida y adornada. "Luego va y trae a otros siete espíritus más malvados que él y entran a vivir allí. Así que el estado final de aquella persona resulta peor que el inicial" (NVI). "Así también acontecerá a esta mala generación", sentenció el Señor. (12:43-45)

* La morada desocupada habla de una persona sin el Espíritu Santo morando dentro de Él. Muchos que se dicen creyentes, no son sino cisternas vacías que, al no contener el agua de vida del Espíritu Santo, son instrumento de muerte en las manos de Satanás, que los usa para desviar al pueblo de Dios del camino correcto. Así Jesús se lamentó de aquella generación: "¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando" (Mt 23:13)

Antes de que Jesús viniera, todo el mundo era esclavo de Satanás, y vivía bajo su dominio. Pero, cuando Jesús se hizo presente, en quien el Espíritu Santo moraba plenamente, trajo consigo a la tierra el Reino de los cielos. No ha existido una generación más privilegiada que aquélla, que fue testigo del despliegue del poder del reino de los cielos en toda su magnitud por medio del Hijo de Dios. Ellos, como nadie, ni antes ni después, "fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero" (He 6:4-5); sin embargo, tan cegados estaban por su arrogancia, que no lo pudieron ver; y combatieron contra el Espíritu Santo, atribuyendo a Belzebú los milagros que éste hacía por medio del Hijo del Hombre. Es decir, mientras Jesús deshacía las obras de Satanás, ellos, creyéndose más puros y justos, no hacían más que atacar, entorpecer, y despreciar la obra del Salvador del mundo. Dice la Escritura que, al "que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia", no le queda más que "una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios(He 10:29, 27).

 

LA FAMILIA DE DIOS


Mientras Jesús hablaba, vino alguien a avisarle que su madre y sus hermanos estaban afuera y querían hablar con él; entonces Jesús preguntó: "¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?", y señalando hacia sus discípulos, dijo: "He aquí mi madre y mis hermanos", y explicó "porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre". (12:46-50)

* El evangelio de Marcos dice que multitudes estaban alrededor, mientras Jesús discutía con los maestros de la Ley, y que, "cuando se enteraron sus parientes, salieron para hacerse cargo de él; porque decían: Está fuera de sí" (Mr 3:20). Es decir, la madre y los hermanos de Jesús no estaban allí para apoyarlo, o llevarle alimento, sino, porque creyeron que estaba fuera de control. No olvidemos que, según consta en el evangelio de Juan, antes de la resurrección, "ni aun sus hermanos creían en él" (Jn 7:5).  
 
Jesús no estaba despreciando a su familia terrenal, sin embargo, es evidente que, ni su madre ni sus hermanos terrenales estaban actuando conforme a la voluntad de Dios, sino más bien, interfiriendo con ella; por tanto, como dice Jesús, en ese momento, su verdadera familia estaba constituida por sus discípulos que, igual que Jesús, estaban involucrados en los asuntos que el Padre que está en el cielo les demandaba.