viernes, 21 de agosto de 2020

MATEO IX - El Más Pequeño es el Más Grande (Mt 18, 19 y 20)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)

[Empezar en Mateo Primera Parte]




SER COMO NIÑOS


Los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron: "¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?". Entonces Jesús llamó a un niño, y lo puso en medio de ellos, diciendo: "si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos", "Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe". También dijo: "cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar"; porque es inevitable que haya tropiezos, pero "¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!". Así que, siguió diciendo, "si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno". "Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego". (18:1-9)

* Los niños son como vasijas vacíascon sus mentes y sus sentidos dispuestos a ser enseñados y alimentados de lo que puedan proveerle aquéllos de quienes dependen. El Señor, en forma figurada, nos llama a presentarnos ante Él como niños, inocentes, mansos y humildes, dependientes de Su Gracia, para que repose sobre nosotros el poder de Cristo, y que por él seamos capaces de derribar toda fortaleza y todo orgullo que impida que conozcamos a Dios, y de someter todo pensamiento a la obediencia al Señor
 
En otras palabras, para ser alguien en el reino de los cielos (v.1), debemos despojarnos "del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos" (Ef 4:22) y ser renovados en el espíritu de nuestra mente, revistiéndonos "del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Ef 4:24).

Recordemos cómo dice David, inspirado por el Espíritu Santo, que fueron puestos los fundamentos de la Ciudad de Dios: "De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza" (Sal 8:2); porque Dios no recurrió a la sabiduría de los escribas, fariseos y saduceos para establecer los cimientos y comenzar a levantar los muros de la ciudad celestial, "sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte" (1Co 1:26-27), pues, los hombres que escogió el Señor como apóstoles para fundar su iglesia no eran los más instruidos de su tiempo, sino que eran como niños, mansos y ávidos de ser enseñados por el Maestro.

** Los pequeños que son susceptibles de ser objeto de tropiezo (v.6), son personas que, por obra del Espíritu, están comenzando a buscar al Señor, o recientemente se han convertido a Cristo, por lo cual son inmaduros espiritualmente. Pablo se refiere a estos pequeños como "débiles en la fe", y llama a los creyentes maduros a cuidar de ellos, evitando usar, delante de ellos, la libertad que tenemos en Cristo, si esa libertad pudiera ser interpretada erradamente por ellos, induciéndolos a pecar en sus consciencias.  

Sin embargo, es lamentable tener que decir que, hay quienes parece que nunca van a pasar de la niñez a la adultez espiritual; pero ese mal tiene remedio, y es tan simple como tomar la Biblia, y comenzar a leerla regularmente. El escritor de la epístola a los hebreos se lamentaba de que, habiendo transcurrido tiempo suficiente desde que habían recibido al Señor en sus corazones, muchos aún no eran capaces de entender las profundidades de las Escrituras. Él escribió: "Después de tanto tiempo, ya debían poder enseñar a otros; sin embargo, hay necesidad de enseñarles de nuevo hasta los más sencillos principios de la Palabra de Dios. Se han debilitado tanto que, como niños, tienen que tomar sólo leche en vez de alimentos sólidos. Esto demuestra que todavía no saben diferenciar entre el bien y el mal. ¡Todavía son ustedes como recién nacidos! En cambio, los alimentos sólidos son para quienes ya son maduros, para quienes ya están acostumbrados a juzgar y a distinguir entre lo que es bueno y lo que es malo" (He 5:12-14 NBV).

Pablo también se lamentaba de no poder hablar a los corintios como a personas "espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo" (1Co 3:1). "Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?(1Co 3:2-3), se quejaba el apóstol. 

*** Juan Crisóstomo, uno de los padres de la iglesia, que vivió entre los siglos IV y V, dijo que Jesús, cuando dice que si un pie, una mano o el ojo nos hacen pecar, mejor es arrancarlo y tirarlo lejos (vv.8-9), "no habla aquí de los miembros del cuerpo, sino de los amigos, a quienes tenemos nosotros como miembros necesarios, porque nada hay tan nocivo como una conversación mala" (Biblia de Estudio Patrística, siglos I al VI, La Sabiduría del Cristianismo Antiguo). Lo cierto es que razón tiene, si nos situamos en el contexto en que Jesús hizo este comentario. En el versículo anterior, el Señor dijo: "¡Ay del mundo por los tropiezos!, porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!" (v.7). Aún más acertado me parece el comentario de Crisóstomo, si esos amigos, cuyas "malas conversaciones corrompen las buenas costumbres" (1Co 15:33), están dentro de la iglesia. Pablo, en la primera epístola a los corintios, manda a los creyentes: "no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis" (1Co 5:11).

Por lo demás, sabemos que Jesús estaba hablando en forma figurada (vv.8-9), porque, aún si quitáramos la parte del cuerpo con la cual pecamos, no cambiaría lo que hay en el corazón, que es donde está el problema por el cual Jesús murió. Es decir, no se trata de eliminar el objeto de pecado, sino de ser transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento, de modo que, conozcamos la perfecta Voluntad de Dios para todos los ámbitos de nuestras vidas, que, en este caso específico, se refiere a ejercer señorío sobre el cuerpo; pues, no debemos menospreciar el poder del pecado sobre nuestra naturaleza adánica. Como dijo Pablo: "con la mente yo mismo me someto a la Ley de Dios, pero mi carne está sujeta a la ley del pecado" (Ro 7:25 NVI); en otras palabras, aunque fuimos declarados santos por la fe en Cristo, a quien amamos y queremos servir, el pecado tiene aún influencia en los miembros de nuestro cuerpo carnal, por tanto, si seguimos oponiéndonos a la obra del Espíritu Santo en nosotros, para que lleguemos a desarrollar dominio propio, estamos en serio peligro de volver a hacernos esclavos del pecado, y rebelarnos contra Dios 

Muchas tentaciones llegan a nuestro corazón a través de nuestros sentidos: vista, oído, gusto, tacto, olfato, cuyo canal de entrada es el cuerpo. A fin de no ceder a las tentaciones, obedezcamos al Apóstol Juan que nos manda: "No amen al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos, y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. El mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre" (1Jn 2:15-17 NBLA).


CUIDAR A LOS PEQUEÑOS



También dijo Jesús: "Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido". El Señor comentó que, así como un hombre que tiene cien ovejas, al descarriarse una de ellas, deja las otras noventa y nueve para ir a buscar a la perdida; y al encontrarla, se alegra más por la oveja que recuperó que por las otra noventa y nueve que nunca se descarriaron, "así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños", dijo el Señor. (18:10-14)

* Como podemos ver, Jesús también llama "pequeños" a los que se han alejado del Reino por causa del pecado, como sucedió con muchos de los israelitas en ese tiempo. Pero Jehová envió al Buen Pastor para hacer volver al redil esas ovejas extraviadas, cumpliendo su promesa hecha por boca de Ezequiel: "Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad" ... "Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil..." (Ez 34: 11-12, 16).

Pero ese mal no sólo afectó a los israelitas en tiempos de Jesús; en la actualidad no pocos cristianos, por diversos motivos, se alejaron de los caminos de Dios, y cayendo en las trampas de la vida secular, quedaron atrapados en ella. Pero Santiago nos enseña que debemos orar los unos por los otros, porque "la oración eficaz del justo puede mucho" (Stg 5:16), y que "si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados" (Stg 5:19-20).

** Al respecto, debemos reflexionar y preguntarnos ¿Cuántas veces hemos condenado al prójimo que cae en adicciones? Muchas veces esos "pequeños" son echados a la calle por gente que se autodefine como "cristiana", para que no causen más problemas ni vergüenza. Los que hemos renacido, nos regocijamos de saber que Jesús perdonó nuestros pecados, pero ¿hemos sabido perdonar a estos "pequeños" que nos causan tanta aflicción? ¿Hemos hecho nuestro mejor esfuerzo y sacrificio por rescatar a esa oveja descarriada? ¿Hemos pedido sabiduría para que el Señor nos guíe en cómo hacer para rescatar a esa oveja perdida? ¿Hemos orado al Padre para que tenga misericordia de ese ser humano como tuvo misericordia de nosotros?  

Dice la Palabra que, para que los extraviados invoquen el nombre del Señor, debe haber alguien que les presente al Señor en sus vidas. ¿Hemos hecho la tarea?, porque nosotros somos los llamados a evangelizar, y a ser luz en medio de las tinieblasCuando uno de esos pequeñitos, persuadido por el Evangelio, viene a Cristo para ser rescatado, el Señor lo recibe con los brazos abiertos, y hace morada en su corazón por medio de su Espíritu para guiarlo en la rehabilitación no sólo de su adicción, sino de su alma. Jesús no rechaza a ninguno que venga con un corazón quebrantado a pedir ayuda


EL PERDÓN


En consecuencia, dijo Jesús: "si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano". Y continuó diciendo, "si no te hace caso, haz que te acompañen uno o dos más, para que todo lo que se diga conste en labios de dos o tres testigos"; "Si tampoco a ellos les hace caso, hazlo saber a la iglesia(RVC); "y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano". Además, agregó el Señor "todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo". Y reiteró que, si dos creyentes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, el Padre que está en los cielos lo hará, "porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos", dijo el Señor. , Entonces Pedro se acercó, y preguntó al Maestro: "Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?". Jesús respondió: "No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete". (18:15-22)

* Me parece que, cuando Jesús dice que hay que tener al rebelde por gentil o publicano, no está hablando de tratarlo como si fuera gentil o publicano, sino de que los hechos han revelado lo que realmente es: uno que no pertenece a la iglesia, como un extranjero inconverso (gentil), o como un publicano, es decir, un judío que, por codicia, se volvió enemigo del pueblo santo, sirviendo a sus opresores; en definitiva, alguien que menosprecia las cosas de Dios, porque ama más el mundo. En contraste, un verdadero cristiano es alguien que, por el poder del Espíritu de Dios que mora en su interior, vive, ya no conforme a los deseos de la carne, sino para agradar a Dios. De hecho, cada vez que un verdadero creyente cae en la cuenta de que ha pecado, se arrepiente profundamente, y vuelve al camino, porque el Espíritu dentro de él lo convence de pecado y de justicia.
 
Con todo, si el caso fuera que el acusado sí es un creyente, al que, a pesar de habérsele llamado la atención reiteradamente, no da señales de arrepentimiento, sino que sigue enredado en el pecado, deberá ser separado de la iglesia, porque una manzana podrida tiene el potencial de echar a perder el resto de las frutas. En definitiva, como sólo Dios sabe si se trata de un verdadero creyente, el remedio es el mismo: sacarlo de la iglesia, y lo que resulte de ese castigo revelará si es o no un hijo de Dios. 
 
Tenemos, por ejemplo, un caso de inmoralidad que Pablo debió enfrentar en Corinto, que el apóstol juzgó, diciendo: "el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús" (1Co 5:5). Pablo no condenó a muerte al transgresor, como algunos interpretan este pasaje, sino que lo apartó de la iglesia, lo que significaba que quedaría a merced de Satanás, quien, sin dudas, lo iba a zarandear como a trigo, pero, aunque parece duro, tal castigo no estaba fuera de la Voluntad de Dios, ya que, su fin era mortificar la carne; es decir, que aquel hombre hiciera morir su viejo yo que lo dominaba, para que su ser espiritual fuera fortalecido, pues, dice la Escritura que, "la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación" (2Co 7:9). Así que, puesto que "irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios" (Ro 11:29), si el transgresor había sido sellado por el Espíritu Santo, sin dudas, terminaría arrepintiéndose, es decir, "él mismo será salvo, aunque así como por fuego" (1Co 3:15). Por la segunda epístola a los corintios, sabemos que, al parecer (aunque no hay certeza de que se trata de la misma persona), el protagonista de esta historia se arrepintió profundamente de su pecado, y fue perdonado por sus hermanos y por Pablo, y reintegrado a la iglesia.
 
** Cuando estudiamos el capítulo 16 de este libro, vimos que Jesús dijo a Pedro que le daría las llaves del reino, luego de lo cual, el Señor agregó: "todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mt 16:19), por lo cual, llegamos a la conclusión de que las palabras "atar" y "desatar" (v.18) tienen el significado de "cerrar" o "abrir" las puertas del reino de los cielos, según se haya juzgado pertinente retener o remitir los pecados a un transgresor. En el caso que Pablo enfrentó en Corinto, el apóstol, después de saber que el hombre que había sido apartado de la iglesia, había dado muestras de arrepentimiento, lo absolvió (desató), quedando éste libre de culpa ante los hombres y ante Dios. 
 
Con todo, las palabras "atar" y "desatar" han sido muy mal utilizadas por algunos, asociándolas a la obtención de beneficios en esta vida, como "desatar" prosperidad o riquezas, o para anular el poder de algo, diciendo que hay que "atar" a algún espíritu diabólico que pudiera estar causando problemas. También he escuchado que se usan estas palabras para, como dicen ellos, "activar" la fe, cuando, por ejemplo, desean que algo se haga realidad, dicen: "átalo", que es como decir: "haz de cuenta que ya lo tienes, y lo tendrás", o, por el contrario, usan "desátalo", como diciendo, "sácalo de tu mente", o "libérate de eso", esperando que una dificultad desaparezca. De esa forma definen erradamente la fe bíblica, y la llaman "creencia positiva" y, a lo contrario, "creencia negativa", y dicen, por ejemplo: "estoy creyendo" para que tal o cual cosa suceda, o para que tal situación termine.
 
Pero la fe bíblica no se trata de pensar positivo, sino "es tener confianza en lo que esperamos, es tener certeza de lo que no vemos" (He 11:1-2 NVI), porque lo que nosotros esperamos es "nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados" (Ro 8:23-24 NVI). Cuando esa clase de fe está en nuestro corazón, el gozo y la paz comienzan a tomar control de toda la vida del creyente
 
En el mismo sentido, cuando decimos que la fe bíblica es "... la convicción de lo que no se ve" (He 11:1), nos referimos a cosas como éstas: creemos que la Biblia es la Palabra inspirada por Diosque Dios es Espíritu y que es el Soberano de toda la creación; creemos que Jesucristo fue engendrado por Dios, que salió de Él, y vino al mundo; que es el único Camino que lleva a Dios: que Él es el primer hombre resucitado para vida eterna, en un cuerpo glorificado, y que ahora está sentado a la diestra de la Majestad en las alturas intercediendo por su iglesia; creemos que hemos sido salvados por su sangre, y que el Espíritu Santo ha venido a morar en nosotros para guiarnos en la santidad; creemos que hay una guerra espiritual, y que, aunque no comprendamos en esta vida, las pruebas que Dios permite que atravesemos tienen un propósito superior; creemos que Jesucristo volverá a buscar a su iglesia antes de que se derramen las copas de la ira de Dios, y que resucitaremos para vida eterna. En fin, no son pocas las cosas que la Biblia afirma y las promesas que allí encontramos (ver enlaces bíblicos de este párrafo), que creemos, que anhelamos y aguardamos con paciencia, y que son las mismas que nos mantienen viviendo en paz y gozo en medio de tanta tribulaciónporque nuestra confianza ya no está en las cosas de este mundo, sino en las que no vemos y en las que vendrán cuando el mundo como lo conocemos ya no exista. 
 
** Pablo abordó el tema de juzgar a los hermanos, diciendo que cualquier situación sobre esta vida que enfrente a un hermano contra otro, debe ser juzgada al interior de la iglesia, en vez de ser llevada a los tribunales seculares; y esto es, porque sólo en la iglesia puede aplicarse la justicia que es según Dios.  
 
En consecuencia, el cómo juzgamos a los hermanos conlleva una gran responsabilidad; por eso, si es necesario, tendremos que perdonar hasta setenta veces siete al que peca contra nosotros (vv. 21-22), imitando así a nuestro Padre que está en los cielos, que es paciente y misericordioso, y perdona nuestras faltas todos los días, a cada instante. 

 

Entonces, Jesús comenzó a contar una parábola, diciendo que el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos, y enfrentó a uno que le debía diez mil talentos, pero como éste no tenía con qué pagar, ordenó que fuera vendido junto a su mujer, sus hijos y todas sus posesiones a fin de saldar la deuda. Entonces, el siervo se postró, y suplicó: "Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo". El Señor tuvo misericordia, y le perdonó la deuda. Pero cuando el siervo salía, halló en el camino a un consiervo que le debía cien denarios, y comenzó a presionarlo para que pagara, pero, a pesar de que su consiervo le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo", éste no quiso oír sus ruegos, y lo echó a la cárcel. Los otros consiervos se entristecieron mucho, y fueron hasta su Señor y le relataron lo ocurrido. Entonces el rey llamó al siervo, y le dijo: "Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?". Y enfurecido, lo entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Jesús concluyó su parábola, diciendo: "Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas". (18:23-35)

* Jesús nos enseñó a orar al Padre que está en los cielos, diciendo: "perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mt 6:12). Lamentablemente, en la cotidianeidad, ¡cuánto nos cuesta perdonar a los que nos ofenden! Sin embargo, hay que saber que nadie sale más perjudicado que los que no perdonan, porque asemeja a tener una herida profunda que no deja de sangrar. Cada vez que nos veamos tentados a no perdonar, recordemos cuán misericordioso es Dios al haber perdonado toda nuestra maldad, y cuántas veces a diario nos sigue perdonando, pues, sólo "por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos" (Jer 3:22), y sus misericordias para con nosotros se renuevan día a día; por tanto, como hijos suyos, seamos misericordiosos con los que nos ofenden, perdonando tantas veces como sea necesario.


VARÓN Y HEMBRA LOS CREÓ


Cuando terminó de decir estas cosas, partió de Galilea hacia la región de Judea, al otro lado del Jordán, hasta donde lo siguieron grandes multitudes, y Él los sanaba a todos. En eso estaba, cuando llegaron los fariseos, quienes, buscando hacerle tropezar, le preguntaron: "¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?".  A lo cual Jesús respondió con otra pregunta: "¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo", y, "por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?" Y agregó: "Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre". (19:1-6)

* Antes de analizar el tema del divorcio, quiero detenerme en la cita del libro de Génesis que Jesús hizo: "el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo" (v.4). Dios creó un varón con ciertas características físicas, y después creó, a partir del hombre, una hembra con características similares; complementarios uno del otro, pero diferente en varios aspectos, entre otros, en su sistema reproductivo; porque el varón es el que porta la simiente que lleva vida, y la mujer tiene la matriz donde se formará el nuevo serLa palabra "matrimonio" significa "calidad de madre"; y la palabra "madre" viene del latín "mater", que se refiere a la matriz en que se desarrolla un feto, o a una hembra que ha parido, o hembra respecto de sus hijos. De ahí se desprende, entonces, que la finalidad primordial del matrimonio es que el ser humano se reproduzca dentro de un vínculo estable y seguro, como es la familia. Siendo así, y aunque entendemos que los idiomas son dinámicos, llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo, sólo para obtener beneficios civiles, carece de sentido. 

Por otro lado, en ninguna parte de las Escrituras se habla de una variante, o de la eventual mutación de los géneros humanos; sólo hay dos: hombre y mujer. Sin embargo, la homosexualidad existe, pero las Escrituras se refieren a ella como el resultado del comportamiento del hombre caído. Ahora bien, habrá quien se pregunte: ¿cómo llegan a la conclusión de que la homosexualidad es consecuencia del hombre caído, y no algo propio del ser humano? 
 
Lo primero que hay que tener en cuenta es que Dios es soberano, y está sentado en Su Trono, y nosotros somos sus criaturas, y nos debemos a Él. Dice la Escritura: "Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagenA imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó" (Gn 1:27 NTV). También en las escrituras se explica cómo es que el ser humano llega a la degradación de su sexo. Si bien es cierto que los hombres no comprenden toda la obra de Dios, la Escritura dice que siempre han tenido conciencia de que hay un Ser Superior (Dios) que creó todo lo que ven, pues, "lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues Él mismo se lo ha revelado". "Porque desde la creación del mundo, las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó" (Ro 1:19-20 NVI); sin embargo, por causa del pecado que lo esclaviza desde la rebelión de Adán, el ser humano prefiere ignorarlo, porque a ese Dios creador le debe obediencia, y, como empezó a incomodarse de que Dios condenara su inclinación al mal, optó por no reconocerlo como Soberano, y decidió reemplazarlo por ídolos fabricados con sus manos, a los cuales les atribuía el haber hecho todas las cosas, pero que, obviamente, eran incapaces de enrostrarles sus perversiones. En respuesta a esta porfiada rebelión, y viendo cómo cada vez corrompían más y más la Verdad, "Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos" (Ro 1:24 NBLA), "sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza". "De la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío" (Ro 1:26-27 NBLA). Con el correr de los años, y para tranquilizar sus conciencias, han inventado todo tipo de argumentos para justificar su depravación y así ser aceptados, apelando a la consciencia de un mundo inconsciente, argumentado que se sienten víctimas de discriminación. Es lamentable reconocer que han tenido mucho éxito, especialmente este último tiempo, en convencer a una amplia mayoría de que lo que hacen es normal, y hasta han conseguido pasar leyes que los favorecen, pero que invalidan escandalosamente la ley de Dios

Con todo, aún están a tiempo de arrepentirse de sus abominaciones, porque, aunque el pecado de la homosexualidad es condenado en todas las Escrituras, Dios sigue llamando, y ofrece salvación en Cristo para todo el que escucha la Palabra, se arrepiente, y se vuelve a Él con un corazón quebrantado, buscando ser redimido. Porque la Palabra de Dios es palabra viva, que tiene la capacidad de derribar todo tipo de fortalezas que hemos levantado con pensamientos errados, y nos libera de las ataduras que nos han tenido cautivos por tantos años a través de falsos argumentos insertados con engaños en nuestros corazones. Sólo la Palabra de Dios tiene el poder de regenerar, y de transformarnos en nuevas criaturas que gozan de la verdadera libertad que es estar en el Señor.


EL DIVORCIO Y EL REINO



Entonces los fariseos preguntaron a Jesús: "¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?", a lo que Jesús respondió: "Por la dureza de su corazón Moisés les permitió a ustedes divorciarse de sus mujeres; pero no ha sido así desde el principio" (NBLA), luego de lo cual añadió: "Pero Yo les digo que cualquiera que se divorcie de su mujer, salvo por infidelidad, y se case con otra, comete adulterio". Sus discípulos le dijeron que, siendo así las cosas, no conviene casarse. Entonces Jesús dijo "No todos pueden aceptar esta palabra", "sólo aquellos que reciben la ayuda de Dios. Algunos nacen como eunucos, a otros los hacen eunucos, y otros optan por no casarse por amor al reino del cielo. El que pueda, que lo acepte" (NTV). (19:7-12)

* La abstinencia sexual es un don. No todos tienen la fortaleza de ejercerla. Pablo también toca el tema, y recomienda casarse al que no puede reprimir los deseos sexuales. La Biblia no condena el sexo entre marido y esposa; lo que condena es la fornicación; esto es, sexo prematrimonial, así como extramarital, es decir, el adulterio. De hecho, si entendemos bien las palabras de Jesús, el adulterio es causa de divorcio (v.9), pero ¡hay que tener cuidado!, porque Jesús no ordena divorciarse por causa de infidelidad, sino que lo permite. Con todo, los creyentes no debemos olvidar que tenemos mandato de perdonar a los que ofenden, y de procurar la reconciliación con los que nos hacen daño

De hecho, dar carta de divorcio era una situación excepcional en que se permitía algo por causa de la maldad de los hombres, pero no era un mandato. Los fariseos preguntan "¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?" (v.7), pero Jesús no usa el verbo "mandar" para responder, sino "permitir": "Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres". Es más, Jehová condena el divorcio, y lo dice claramente por medio del profeta Malaquías: "¿No te hizo uno el Señor con tu esposa? En cuerpo y espíritu ustedes son de él. ¿Y qué es lo que él quiere? De esa unión quiere hijos que vivan para Dios. Por eso, guarda tu corazón y permanece fiel a la esposa de tu juventud. «¡Pues yo odio el divorcio! —dice el Señor, Dios de Israel—. Divorciarte de tu esposa es abrumarla de crueldad—dice el Señor de los Ejércitos Celestiales—. Por eso guarda tu corazón; y no le seas infiel a tu esposa»." (Mal 2:15-16 NTV).


LOS NIÑOS DEL REINO


Entonces, dice Mateo, le fueron traídos unos niños a Jesús para que pusiese sus manos sobre ellos, y orase, y los discípulos les reprendieron, pero Jesús dijo: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos", y puso sus manos sobre ellos, y luego se fue. (19:13-15)

* Nunca es muy temprano para enseñar a los niños en los caminos de Jesús. Mientras más pequeños son expuestos a versículos, a la fe en Cristo, al Nombre de Dios, más posibilidades hay de que los retengan toda su vida.

** En otro sentido, ya habíamos dicho que, en muchas ocasiones, las Escrituras llama "niños" a los neófitos, es decir, a los que son nuevos en la fe, o que están recién siendo atraídos hacia el Evangelio. Las puertas del cielo están abiertas para todo el que oye el llamado de Dios, y se arrepiente. Ninguno, por muy indigno que parezca a nuestros ojos, va a ser rechazado por el Señor si viene a Él como un "niño", manso, humilde, deseoso de ser acogido, y deseoso de ser alimentado del pan divino, que es la Palabra de Dios.


EL HIJO Y EL PADRE


Vino hasta el Señor un joven rico que dijo: "Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?". Antes de responder su pregunta, Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios". Luego, respondió: "si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos". El joven contestó que los había guardado desde su juventud. Entonces, Jesús le dijo que, si quería ser perfecto, fuera y vendiera sus posesiones y lo diera a los pobres, pero el hombre se puso muy triste, porque era muy rico, y se fue. Jesús comentó a sus discípulos: "De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos", y que "es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios". Al oír esto, los discípulos asombrados comentaron: "¿Quién, pues, podrá ser salvo?", a lo que Jesús respondió: "Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible". (19:16-26)

La versión NTV (Nueva Traducción Viviente) traduce el texto de esta manera: "Maestro, ¿qué buena acción tengo que hacer para tener la vida eterna?—¿Por qué me preguntas a mí sobre lo que es bueno? —respondió Jesús—. Solo hay Uno que es bueno...".  LNTV tiene un comentario al pie de página que dice: "algunos manuscritos dicen Maestro bueno", refiriéndose al hecho de que no todas las copias halladas de este evangelio contienen la calificación "bueno" acompañando al sustantivo "Maestro" (v.16). Dado que los evangelios de Marcos y de Lucas sí dicen "Maestro bueno", se cree que el calificativo "bueno" en este evangelio, quizás fue omitido por error en algunos manuscritos, y se agregó posteriormente a fin de armonizar con los otros evangelios sinópticos, y con la respuesta de Jesús, cuando dice: "Solo hay Uno que es bueno" (v.17 NTV).

Habiendo dicho lo anterior, cabe preguntarse: ¿Qué quiso decir Jesús? ¿acaso Jesús está queriendo decir que Él no es tan "bueno" como Dios?   (v.17

No, la respuesta de Jesús no tenía que ver con su carácter, sino con dejar en claro que todo lo bueno que le veían hacer, no lo hacía Él por su propia cuenta, sino Dios, que estaba en Él. Algo similar dijo Jesús, aunque en otro contexto, a sus apóstoles: "cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos" (Lc 17:10), queriendo decir que no debemos esperar recibir elogios por hacer la Voluntad de Dios, pues, no hemos hecho más que lo que se esperaba de nosotros. En otra oportunidad, también dijo: "Gloria de los hombres no recibo" (Jn 5:41), porque lo cierto es que Él no buscaba su propia gloria, sino la Gloria de Su Padre que está en los cielos

** A veces este versículo (v.17nos confunde, y llegamos a pensar que, al responder Jesús de esa forma, estaba dando a entender que él no era más que un hombre común. Pero, cuando empezamos a profundizar en las Escrituras, no podemos dejar de ver que "Dios estaba en Cristo" (2Co 5:19 y otros) haciendo todas las cosas. Jesús era "Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros" (Mt 1:20), porque había recibido del Padre el Espíritu Santo sin medida, de modo que, mientras cumplía su ministerio terrenal, Jesús era un ser humano, de carne y sangre como nosotros, pero lleno del Espíritu Santo, porque "agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud (de Dios), y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo" (Col :19-20 NBLA). 

Sin embargo, la llenura del Espíritu de Dios en Jesús no lo eximía de padecer en su carne los mismos dolores que nosotros padecemos, ni de ser tentado como nosotros, sólo que Jesús no cedió a la tentación, como lo hizo Adán, o como solemos hacer nosotros. La Palabra dice que, "Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento" (Is 53:10); por lo cual, mientras estuvo en su carne, Jesús fue "despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto" (Is 53:3). Y "aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia" (He 5:8); pues, "estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2:8). Consecuentemente, después de derramar su vida hasta morir, y de haber "él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores" (Is 53:12); en otras palabras, "habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen" (He 5:9). "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Fil 2:9-11)

*** A propósito, nunca está de más recordar que la doctrina de la redención se basa en que, después de la rebelión de Adán, que condenó a toda la humanidad a la muerte eterna, Dios dispuso que, para que haya remisión de pecados, debe haber derramamiento de sangre. Con todo, basándonos en las enseñanzas bíblicas, hemos aprendido que, para que haya expiación eterna, no basta con la sangre de animales; pues, para hacer purificación perpetua de los hombres, se requiere la sangre de otro hombre, porque sólo el hombre fue creado a imagen de Dios; pero no puede ser cualquier hombre; debe ser Uno cuya sangre no esté contaminada del pecado de Adán. Por tanto, ya que ningún hombre puede servir de propiciación por los pecados de la humanidad, a fin de satisfacer la justicia de Dios, porque ni aun los bebés están libres de pecado, se necesitaba la intervención divina.

Pero no podía ser Dios, porque Él es Espíritu eterno (no es de carne y sangre), y no puede morir. Era necesario que naciera un nuevo Adán, es decir, un hombre puro como Adán antes de pecar, y que, además, estuviera dispuesto a morir como sustituto de todos los humanos, para expiación de los pecados. Tal es el plan de salvación. Dice la Escritura: "Por lo cual, [el Hijo de Dios] entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas [Tú, Dios] me preparaste cuerpo" (He 10:5), (observemos que el escritor dice: "entrando en el mundo...", porque Jesús no fue creado; él entró al mundo procedente de la eternidad). Y así fue cómo, el Verbo de Dios, que estaba con Dios en el principio; que era Dios, y por medio del cual todas las cosas fueron hechas, se hizo carne, y habitó en medio de los hombres como el Unigénito Hijo de Dios, lleno de gracia y de verdad. Él es Jesús, a quien Pablo llama "el postrer Adán", porque, tal como Adán cuando fue creado, no había herencia de pecado en él, pues, Jesús no fue engendrado por un hombre, sino por el Espíritu Santo de Dios en el vientre de una hembra humana virgen; de modo que, el santo ser que nació era el resplandor de la gloria de Dios, "y la imagen misma de Su sustancia" (He 1:3). No obstante, Jesús era plenamente un ser humano, pues, si el Santo Hijo de Dios hubiera venido en toda su gloria, no hubiera podido morir por los que venía a salvar, esto es, la descendencia de Abraham según la fe; motivo por el cual, dice la Escritura, que, "siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Fil 2:6). Es decir que, "por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo" (He 2:14). 
 
**** "Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas" (Mt 6:24 NBLA). Las riquezas son un ídolo del cual es muy difícil dejar de depender (vv.23-26), pero, estando bajo la Gracia, es el mismo Espíritu de Dios el que inicia la obra de transformación en el corazón del creyente que está en Cristo, para que aprendamos que nuestra seguridad no está en las cosas materiales, sino en el Señor que nos salva. Por eso el Señor responde: "Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible" (v.26).  
 
Ninguno de los que hemos sido salvados por la fe, lo hubiéramos alcanzado por nuestros propios esfuerzos. Es Dios, a través de Jesucristo, quien hace toda la obra de redención: Él abre el oído para que recibamos y creamos Su Palabra, que es viva y eficaz, con poder transformador; Él, por su Palabra nos convence de pecado, y nos guía al arrepentimiento; Él, por el Santo Espíritu que nos da, cuando nos sometemos a su Señorío, nos sella para vida eterna; y Él, por el mismo Espíritu, nos guía por el camino de la santificación. Todo depende de Dios, pero el hombre necesita humillarse ante Él. 

***** Hay quienes atribuyen la expresión "más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja" (v.24), a un error de copista o de traducción, pues, entre la palabra en griego camello (κάμηλος - kamēlos)y la palabra para referirse a una cuerda o soga de embarcación (κάμιλος - kamilos) hay sólo una letra de diferencia, y parece más lógico decir: "es más fácil pasar una soga de embarcación por el ojo de una aguja..." que decir: "es más fácil pasar un camello...". Sin embargo, no podemos confiar plenamente en esa teoría, pues, en los evangelios de Lucas y Marcos también se usa la palabra "camello", y es menos probable que el mismo error haya ocurrido en los tres escritos, a menos que el error ortográfico haya estado en el evangelio que se escribió primero, y que fue el que sirvió de base a los otros sinópticos que se escribieron posteriormente. En todo caso, lo que Jesús quiere decir queda claro: aunque es muy difícil que un rico entre al reino de los cielos, para Dios, dar vista a un corazón enceguecido por las riquezas, no es imposible. 


LOS ÚLTIMOS SERÁN LOS PRIMEROS


Entonces Pedro dijo a Jesús: "nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?". Jesús, respondiendo, dijo: "De cierto os digo que, en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel". Además, dijo que "cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna". Terminó diciendo que muchos de los primeros serán últimos y los últimos serán primeros. (19:27-30)

* Recordemos que hubo una ocasión en que Jesús, "extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre" (Mt 12:49-50). De modo que, es probable que cuando Jesús dijo "todo el que por mi causa haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o terrenos recibirá cien veces más y heredará la vida eterna" (v.29 NVI), haya tenido en mente a la iglesia, donde está reunida la familia de la fe.  
 
Por otro lado, es necesario aclarar que Jesús no promueve el abandono a las familias (v.29), sino que nos manda a ordenar nuestras prioridades, y a que no convirtamos en ídolos a las personas que amamos. Por sobre cualquier persona, debemos obediencia a Dios, cuya voluntad está en las EscriturasEn otras palabras, si lo que nos manda el padre, esposo, madre, etc. va contra la Voluntad de Dios, debemos obedecer a Dios. Por ejemplo, si un padre dice a su hijo que hurtar algo al que tiene de más está bien; pero el mandamiento divino dice: "No hurtarás" (Ex 20:15), entonces, hurtar, bajo cualquier circunstancia, es pecado.
 
Tampoco debemos anteponer a nuestras familias al llamado que Dios nos está haciendo. La salvación es individual, por tanto, si en nuestro entorno familiar hay incrédulos, cuyos argumentos nos quieren arrastrar fuera del Camino, no debemos permitirlo, pues, "las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres" (1Co 15:33), de modo que es mejor poner freno a ese tipo de conversaciones o alejarse por un tiempo. Con todo, en lo que respecta al matrimonio, Pablo dice: "Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula, en el marido; pues, de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos" (1Co 7:12-14). Sin embargo, la Escritura no obliga al creyente a someterse o humillarse ante un cónyuge incrédulo que abandona el hogar: Pablo mismo dice que, "si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios" (1Co 7:7) 
 
Un ejemplo extremo de fidelidad a Dios es la prueba que enfrentó Abraham. Él estuvo dispuesto a ofrendar a su hijo amado en obediencia a Jehová, poniendo su amor al Señor por sobre el amor a su hijo Isaac, y su fe en Dios, por sobre las circunstancias, porque confió en la inmutabilidad de la promesa que Jehová le había hecho, de que a través de su hijo Isaac serían benditas todas las naciones. Obviamente, Dios nunca nos va a pedir un sacrificio como éste, sin embargo, era necesario para Dios ver si la fe de Abraham sería capaz de soportar semejante prueba, y así fue, por tanto, su fe le fue contada por justicia, por lo cual Jehová lo exaltó haciéndolo "padre de muchedumbre de gentes" (Gn 17:5), porque "creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran" (Ro 4:17 NVI). "Y no solo por él fue escrito que le fue contada, sino también por nosotros, a quienes será contada: como los que creen en aquel que levantó de los muertos a Jesús nuestro Señor, el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación" (Ro 4:23-25 NBLA).
 
** La autoridad para ejecutar el juicio final fue dado por el Padre a Jesucristo, "por cuanto es el Hijo del Hombre" (Jn 5:27). Pero Jesús también ha dado esa autoridad a los hijos del reino. Aquí Jesús dice que los apóstoles juzgarán a las doce tribus de Israel (v.28). Por otra parte, el Apóstol Pablo, en su primera epístola a los corintios, dice que la iglesia de Jesucristo juzgará al mundo, incluso a los ángeles, (probablemente, se refiere a los ángeles caídos, que fueron encarcelados en las profundidades). 


Jesús continuó hablando a través de una parábola, diciendo que el reino de los cielos asemeja a un hombre, padre de familia, que una mañana salió a contratar obreros para su viña. Con los primeros obreros convino en pagarles un denario al día. Alrededor de las 9 de la mañana, salió y "vio a otros que estaban en la plaza desocupados", a los cuales les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo". Y ellos fueron. Entre el medio día y las 3 de la tarde, volvió a salir, y contrató nuevos obreros. Siendo alrededor de las 5 de la tarde, halló a otros que estaban desocupados, y les preguntó: "¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?", a lo que respondieron: "Porque nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo". Cuando llegó la noche, ordenó a su mayordomo: "Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros". Al venir los últimos en ser contratados, recibieron un denario por su trabajo. Y cuando vinieron los primeros, pensaron que iban a recibir más, sin embargo, también recibieron un denario cada uno. Entonces, los primeros comenzaron a murmurar contra el padre de familia, diciendo: "Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día". El Padre de familia, respondiendo a uno de ellos, le dijo: "Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete", además, dijo: "quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?". Entonces Jesús reiteró lo dicho previamente: "los primeros serán postreros, y los postreros, primeros", y agregó: "porque muchos son llamados, mas pocos escogidos". (20:1-16)

* En este pasaje, probablemente, los "postreros" que iban a ser primeros (v.16) son los gentiles, quienes comenzaron a ser llamados después que se predicara el evangelio a los judíos. Porque el reino de los cielos fue anunciado primeramente a los hijos de Israel; "de ellos son la adopción como hijos, la gloria divina, los pactos, la Ley, el privilegio de adorar a Dios y el de contar con sus promesas. De ellos son los patriarcas y de ellos, según la naturaleza humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas." (Ro 9:4-5 NVI). Asimismo, si bien los hebreos tuvieron el privilegio de ser escogidos para dar a conocer el Nombre de Jehová a las naciones del mundo antiguo, también fueron los primeros en experimentar el dolor del quebrantamiento, y la carga de culpa que produce en el ser humano natural (que no tiene el Espíritu de Dios morando en él) el tratar de luchar, infructuosamente, por hacer la Voluntad de Dios, "por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden" (Ro 8:7). Aquella ley que los condenaba ("pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado" - Ro 5:13), fue "ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador" [Moisés] (Ga 3:19), cuando los israelitas se comprometieron en un pacto con YHWH, en el cual el Señor prometió: "si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa" (Ex 19:5-6), a lo que el pueblo respondió: "Todo lo que Jehová ha dicho, haremos" (Ex 19: 8).  
 
Lo que Israel no sabía era que, para que pudieran alcanzar esa gloria prometida, debían nacer de nuevo, es decir, ser engendrados del Espíritu Santo por la fe en el Mesías que Jehová había prometido enviar. Sin embargo, transcurrieron más de mil años desde que recibieron la Ley que los sentenciaba a muerte, antes de que Dios enviara al mundo a Aquél que podía quitarles esa carga, y darles descanso para sus almas. Llegado el momento, cuando Israel ya estaba preparado para ser justificado por la fe, fue el mismo Mesías, Jesús, el Hijo de Dios, quien dio tal revelación a uno de los principales líderes Judíos, Nicodemo, diciendo: "el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios"; "de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es" (Jn 3:3,5-6). Esto dijo Jesús, porque "la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción" (1Co 15:49); por eso, para heredar las promesas, debemos ser transformados; lo que significa que, "así como hemos traído la imagen del terrenal [Adán], traeremos también la imagen del celestial [Cristo Jesús]" (1Co 15:50, 49), lo que se completará cuando el Señor vuelva a buscar a su amada Jerusalén Celestial. 
 
Otro misterio que tampoco se reveló antes de la resurrección del Mesías es "que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio" (Ef 3:6). Es decir, los que no eran pueblo de Dios, también fueron adquiridos para Dios con la sangre derramada en la cruz por el Cordero pascual provisto por Dios, que era el esperado Mesías, Hijo de David. Pedro, en su primera epístola, ratifica el cumplimiento de la promesa de Dios hecha en el Sinaí (Ex 19:5-8), en la obra de Jesucristo, quien cumplió la ley por nosotros, (es decir, su justicia nos es imputada por la fe), diciendo a sus destinatarios, que eran judíos y gentiles perseguidos: "vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia" (1Pe 2:9-10).
 
Los hijos de Israel son esos "primeros" que trabajaron más tiempo; los que en los versículos citados (vv. 10-12) creían que iban a recibir más que los que se habían sumado al final; sin embargo, la misericordia de Dios, la vida eterna, la Gracia de Dios, son para todos los que creen sin acepción de personas. Porque la iglesia no fue una salida improvisada de Dios al fracaso del pueblo judío; la iglesia es el organismo en el cual se cumple la promesa hecha a Abraham de que, en su simiente, que es Jesús, Hijo de David, serian benditas todas las familias de la tierra, porque la iglesia, que tiene su origen en el judaísmo, es la congregación de los que han nacido del Espíritu Santo de Dios para poder heredar las promesas hechas al padre de la fe, Abraham. 
 
Dios es Soberano, y como la entrada al reino es por fe, no por obras, si alguien se arrepiente, y entrega su vida a Jesucristo en el último segundo de su vida terrenal, será salvo, igual que cualquiera que vivió toda su vida en la fe de Cristo. El mejor ejemplo se produjo durante la crucifixión: uno de los dos malhechores crucificados junto a Jesús, se arrepintió de su pecado en el último momento, y Jesús le dijo que estaría en el paraíso junto a Él. Esto no quiere decir que si alguno, conociendo la Voluntad de Dios, decida vivir como un diablo toda su vida, reservándose hasta el último minuto de su vida para pedir a Cristo que  lo reciba como siervo, va a ser salvo, porque si esa persona escogió seguir viviendo en pecado después de haber oído el llamado del Señor, significa que amó más al mundo que a Dios, por tanto, difícilmente entrará al reino de los cielos. Por otra parte, nadie sabe cuándo va a llegar su hora, ni si va a tener tiempo para ofrendar su vida antes de expirar.

Éste es el evangelio que la iglesia predica hoy a todo el mundo: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecadosy recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch 2:38), porque "en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hch 4:12); de modo que, "si confesares con tu boca que Jesús es el Señory creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación" (Ro 10:9-10).    
 

JESÚS VUELVE A ANUNCIAR SU MUERTE Y RESURRECCIÓN


Mientras se dirigían a Jerusalén, Jesús llamó a sus doce discípulos aparte, y les dijo: "subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará". (20:17-19)

* Lucas, en su versión de estos hechos, agregó: "Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía" (Lc 18:34). Es llamativo que los discípulos, después de haber convivido al menos tres años con Jesús, aún en aquel tiempo tenían dificultades para comprender todo lo que Jesús les decía. No pocas veces, los evangelios dicen que esto era por causa de sus corazones endurecidos; sin embargo, también dice la Escritura que es facultad del Señor ocultar o develar un asunto a quien Él quiera, cuando quiera
 
El mismo Lucas relata más adelante el encuentro que, camino de Emaústres días después de la crucifixión, se produjo entre dos discípulos y Jesús, a quien no pudieron reconocer, porque "los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen" (Lc 24:16). A Él le relataron que los principales sacerdotes y gobernantes habían sentenciado a muerte y habían crucificado a "Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo" (Lc.24:19), y también le dijeron que estaban tristes, porque: "Nosotros teníamos la esperanza de que él [Jesús] sería el que había de libertar a la nación de Israel. Pero ya hace tres días que pasó todo eso" (Lc 24:21 DHH). Sin embargo, agregaron, habían escuchado que algunas mujeres decían que, al ir a la tumba de Jesús, la habían encontrado vacía, y que "habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive" (Lc 24:23). Al oírlos decir esto, Jesús les reprochó su falta de entendimiento, y les recordó lo que estaba escrito sobre Él: "¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?" (Lc 24:26); entonces comenzó a explicarle cómo las Escrituras, "desde Moisés, y siguiendo por todos los profetasse habían cumplido en Jesús. Pero no fue sino hasta después de haber llegado al pueblo, cuando, estando sentados a la mesa, el Señor bendijo el pan y lo partió delante de ellos, que "se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; mas él se desapareció de su vista" (Lc 24:31). Sólo entonces, y no antes, comprendieron que el Señor había resucitado. 


EL BAUTISMO DE LOS HIJOS DEL REINO


Entonces, vino la madre de Jacobo y de Juan, hijos de Zebedeo, y postrándose ante Jesús, le pidió: "Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda". Jesús respondió que no sabían lo que estaban pidiendo, y preguntó a los hijos: "¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?", y ellos respondieron que sí podían; y Jesús les contestó: "A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados"; "pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre". (20:20-23)

Cuando Jesús habló de su bautismo (vv.22-23), estaba refiriéndose a todo el doloroso proceso por el cual tuvo que atravesar para consumar el plan de redención de Dios, cuyo punto cúlmine fue el desgarrador dolor físico y la deshonra que significaba morir en la cruz. Pero Cristo prosiguió, y "por el gozo que le esperaba, soportó la cruz y no le dio importancia a la vergüenza que eso significaba" (He 12:2 NBV). Es claro que Jesús bebió la copa de la ira que nos correspondía beber a nosotros como pecadores, siendo escarnecido, azotado y crucificado en nuestro lugar. Sin embargo, aun cuando su obra fue completa y perfecta para redimir a todos los hombres, tanto sus apóstoles como primeros discípulos también bebieron del vaso amargo de la persecución, y fueron aborrecidos igual que su Maestro, torturados, encarcelados, muriendo, la mayoría de ellos, como mártires por causa del Nombre de Jesús. Con todo, aunque el bautismo de Jesús "nos libra de la ira venidera" (1Ts 1:10), nosotros no estamos exentos de padecer mienras estamos en el mundo, pues, dicen las Escrituras que "es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hch 14:22). 
 
Recordemos que, en más de una oportunidad, el Señor llamó a sus discípulos a cargar su propia cruz, y a negarse a sí mismos, y no sólo ellos debían cargar su Cruz, sino todos los que estamos siendo llamados, porque nuestro bautismo consiste en crucificar la carne con todos sus deseos y pasiones, y empezar a vivir para Dios. Así como Jesús fue humillado hasta lo sumo, y aunque no lo merecía, lo soportó por amor a los hombres, nosotros, como "herederos de Dios y coherederos con Cristo", debemos padecer "juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados" (Ro 8:17). Por eso, dijo el Señor que no serán pocas nuestras aflicciones, pero también nos llamó a tener paz en Él, y a confiar, porque "Yo he vencido al mundo" (Jn 16:33), dijo.  
 
Como dicen las Escrituras: "... cuando fuimos unidos a Cristo Jesús en el bautismonos unimos a él en su muerte"... Es decir que, por fe, "hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo; y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva" (Ro 6:3-4 NTV). Porque si morimos con Él, también hemos "resucitado" con Él para vivir en santidad aquí en la tierrala cual que se perfecciona a través de las pruebas y tribulaciones, proceso que se completará cuando Jesús vuelva por su iglesia, y nuestros cuerpos sean también glorificados con la gloria de Jesús. Es a causa de esa esperanza, que decimos con gratitud: "Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por mi fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí." (Ga 2:20 DHH).   
 

Cuando el resto de los discípulos oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. Entonces Jesús los reunió a todos y les dijo: "Ustedes saben que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos" (NBLA), pero entre los hijos del reino no debe ser así, sino que "el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo"; siguiendo el ejemplo del Hijo del Hombre, que "no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos". (20:24-28)

* Muchas veces se mal interpreta este mensaje, creyendo que se trata de una amenaza para los que se enaltecen, quienes serán castigados, convirtiéndose en servidores del resto. Pero lo que Jesús está enseñando es que el reino de los cielos será para los humildes, los mansos, los que sirven al resto; ellos serán los primeros, los más grandesJesús dio ejemplo de esto cuando lavó los pies de sus discípulos, siendo Él Señor y Maestro.


VISTA A LOS CIEGOS


Saliendo de Jericó, una gran multitud le seguía, y junto al camino, había dos ciegos sentados, quienes, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaban, diciendo: "¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!", y a pesar de que la gente los hacía callar, ellos clamaban con más fuerza; entonces Jesús los llamó y les preguntó: "¿Qué queréis que os haga?", y ellos le respondieron: "Señor, que sean abiertos nuestros ojos". Entonces Jesús tocó sus ojos, y enseguida recibieron la vista, y comenzaron a seguirle. (20:29-34)

Observemos la insistencia, casi desesperación, de estos dos hombres, y lo que piden: "Señor, que sean abiertos nuestros ojos" (v.33). Lo cierto es que todo el que ha sido quebrantado por el mensaje del evangelio, necesita que sus ojos sean abiertos para poder conocer la Verdad que nos hace libres, la cual sólo se discierne espiritualmente. Es decir, sólo por la fe en Jesucristo es quitado el velo del engaño, y una nueva cosmovisión, según la sabiduría de Dios, nos es dada, pues, es cosa de Dios dar ojos para ver y oídos para oír aquello que trasciende lo terrenal.

En ese sentido oraba Pablo, (y así mismo debemos orar por nuestros hermanos de la congregación, y por nosotros mismos, porque lo necesitamos), diciendo: "... pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de ÉlMi oración es que los ojos de su corazón les sean iluminados, para que sepan cuál es la esperanza de Su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de Su poder. Ese poder obró en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a Su diestra en los lugares celestiales..." (Ef 1:16-20 NBLA).

También el Apóstol oró: "doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, a fin de que, conforme a las riquezas de su gloria, les conceda ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior para que Cristo habite en sus corazones por medio de la fe de modo que, siendo arraigados y fundamentados en amor, ustedes sean plenamente capaces de comprender, junto con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento para que así sean llenos de toda la plenitud de Dios" (Ef 3:14-19 RVA).

 

lunes, 6 de julio de 2020

MATEO VIII - ¡Cuidado con la Falsa Doctrina! (Mt 15,16 y 17)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)

[Empezar en Mateo Primera Parte]


LA TRADICIÓN NUBLA LA DOCTRINA VERDADERA


Estando en Genesaret, se acercaron a ellos unos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, y preguntaron a Jesús por qué permitía que sus discípulos quebrantaran la tradición de los ancianos al no lavarse las manos antes de comer el pan. Jesús les respondió con otra pregunta: "¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?", porque, argumentó, "Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente"; pero, continuó diciendo, "ustedes dicen que está bien que uno les diga a sus padres: “Lo siento, no puedo ayudarlos porque he jurado darle a Dios lo que les hubiera dado a ustedes(NTV). Así, dijo, "ustedes afirman que no hay necesidad de honrar a los padres; y entonces anulan la palabra de Dios por el bien de su propia tradición" (NTV)En seguida, los llamó hipócritas, revelándoles que Isaías había profetizado sobre ellos, cuando dijo: "Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres" (Is 29:13). Entonces, llamando la atención de la multitud, dijo: "no lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre".  (15:1-11)

* Deuteronomio 4:2 dice: "No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno". Es interesante ver que lo que reclamaban los judíos no era que los discípulos quebrantaran la Ley, sino la "tradición de los ancianos". La respuesta de Jesús sacó a la luz el grave pecado que habían cometido, de añadir a la ley muchas doctrinas inventadas por ellos, pretendiendo, quizás, "perfeccionar" lo que Dios les había mandado a través de Moisés, lo que, a la larga, provocaba que el mandamiento divino pasara inadvertido, o quedara invalidado, como dijo el Señor (v.6). Un ejemplo era lo que ellos llamaban "Corbán", que quiere decir "mi ofrenda a Dios", la cual debían separar para el templo, pero muchos lo usaban como pretexto para no proveer para sus padres ancianos, con lo cual, dejaban de cumplir el mandamiento que dice que se debe honrar padre y madre. 
 
Lamentablemente, la tradición religiosa sigue opacando la Verdad de Dios. Muchas religiones autodenominadas "cristianas" basan sus enseñanzas en doctrinas inventadas por hombres y en tradiciones religiosas, poniendo un velo sobre los ojos de sus seguidores, que les impiden ver la Verdad, por lo que terminan llenándose de filosofías mundanas y creencias tanto místicas como fantasiosas.

Los discípulos se acercaron al Señor, y le dijeron: "¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?", a lo que Jesús respondió: "Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo". (15:12-14)

* A Jesús no le preocupaba que los fariseos se ofendieran, sino que sus tradiciones, a las cuales daban mayor importancia que a la Ley, hicieran tropezar a los que Dios había puesto bajo su cuidado. Es interesante que la misma palabra griega [skandalizomai], usada aquí para decir que los fariseos se ofendieron o escandalizaron, también significa "hacer tropezar" o "hacer pecar". Efectivamente, se habían convertido en "ciegos guiando ciegos". En una oportunidad Jesús les advirtió: "Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece" (Jn 9:41). También dijo el Señor: "Yo entré en este mundo para hacer juicio, para dar vista a los ciegos y para demostrarles a los que creen que ven, que, en realidad, son ciegos" (Jn 9:39 NTV).

Los falsos maestros abundan en estos días, pero ¿cómo los podemos reconocer? Lo cierto es que es fácil reconocerlos, pero requiere un esfuerzo personal previo, porque, de la misma manera que un billete falso se reconoce comparándolo con el billete verdadero, reconocer una falsa doctrina se consigue conociendo la doctrina verdadera. Escudriñar la Palabra de Dios no es una opción, es imperativo para no caer en los engaños del enemigo, que usa hombres codiciosos para engañar a los simples. Dicen las Escrituras: "El simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos" (Pr 14:15); y "La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples" (Sal 119:130); y aconseja: "Dejad las simplezas, y vivid, y andad por el camino de la inteligencia" (Pr 9:6). 

Proverbios 2 habla precisamente de la importancia de llenarnos de la sabiduría de Dios, que es Su Palabra, para tener entendimiento, y ser librados de tropezar.

 

LO QUE CONTAMINA AL HOMBRE


Pedro pidió al Maestro que explicara cuál era el significado de sus palabras, cuando dijo que lo que sale de la boca contamina al hombre. Entonces Jesús contestó: "¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?", y continuó diciendo: "Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias", y agregó: "Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre". (15:15-20)

* El proverbio dice: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida" (Pr 4:23). También leemos en las Escrituras que "engañoso es el corazón más que todas las cosas" (Jer 17:9). Bíblicamente hablando, el corazón se refiere a nuestra mente, donde queda almacenado todo lo que consumimos, y que en algún momento sacaremos afuera. Por eso es tan importante que sepamos escoger de qué llenamos nuestra mente. Jesús nos enseñó que "de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas" (Mt 12:34-35). 
 
Como creyentes debemos apartarnos de la corriente que sigue el mundo, y poner nuestra mente "en las cosas de arriba, no en las de la tierra" (Col 3:2), es decir, en las cosas de Dios, a fin de que, (parafraseando Ef 1:18-19, y Ef 3:18-19), el Espíritu de Dios alumbre los ojos de nuestro entendimiento, y sepamos cuál es la esperanza a la que hemos sido llamados; cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da al pueblo santo, y cuán grande y sin límites es su poder, el cual actúa en nosotros los creyentes. Además de que seamos capaces de comprender la inmensidad del amor de Cristo, que excede todo cuanto podemos conocer, y seamos llenos de la plenitud de Dios.

** Respecto del mismo pasaje que estamos estudiando, pero en otro aspecto, Marcos, en su evangelio, llama nuestra atención al agregar un interesante comentario después de las palabras de Jesús, cuando dijo: "¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre no le puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina?". El discípulo afirmó: "Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos" (Mr 7:18-19). 
 
La importancia de este comentario radica en que, en el Antiguo Testamento, había prohibición de comer la carne de ciertos animales, como por ejemplo el cerdo, porque la ley lo declaraba inmundo. Pero tal prohibición encerraba un misterio que es develado en el libro de los Hechos, a través de una visión que el Señor dio a Pedro, en la cual exhibe, en una especie de lienzo, toda clase de animales impuros, y manda a Pedro que los coma, a lo cual el apóstol respondió: "Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca" (Hch 11:8); entonces el Señor dijo: "Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro” (Hch 11:9 NBLA). Esta ilustración usó Cristo para anunciar a Pedro que había llegado la hora de hacer extensivo el evangelio a los no judíos también. Sin embargo, la ilustración, y el mensaje que la acompañó, también dieron a conocer que la prohibición de la Ley, en el fondo, no tenía que ver con los animales en sí, sino con lo que ellos, por sus características, simbolizaban, esto es, los pueblos gentiles, cuyas abominables costumbres representaban una inminente amenaza a la santidad para la cual Jehová había apartado a los hijos de Israel. 
 
La visión que el Señor dio a Pedro fue una de las formas en que se comenzó a develar el "misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres" (Ef 3:5), y es "que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio" (Ef 3:6). ¿Qué había sucedido para que tal prohibición hubiera quedado obsoleta? La respuesta es que, para aquel entonces, "según el determinado propósito y el previo conocimiento de Dios" (Hch 2:23 NVI), ya había sido sacrificado el Cordero pascual provisto por Dios, cuya Sangre preciosa comenzaba a esparcirse por toda la tierra, expiando, de una vez y para siempre, los pecados de todos los seres humanos que tienen la misma fe que a Abraham le fue contada por justiciasin importar su origen étnicoDe esta manera, Dios estaba dando cumplimiento a la promesa que hizo al patriarca, diciendo: "En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra..." (Gn 22:18), porque Jesús es la simiente de Abraham en quien todos los pueblos, no sólo los judíos, son bendecidos.  
 
A mayor abundamiento, Pablo, en su carta a los romanos, nos sorprende al afirmar que, "no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos"; dicho de otra manera, "no los que son hijos según la carne (de Abraham) son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes" (Ro 9:6,8). Y también dijo que, "la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano las buenas nuevas a Abraham, diciendo: «En ti serán benditas todas las naciones»", así que, agregó el Apóstol: "los que son de la fe son bendecidos con Abraham, el creyente." (Ga 3:8-9 LBLA).  
 
Ya que el simbolismo de los animales impuros había sido esclarecido, más adelante Pablo escribió: "De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud". "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios(1Co 10: 25-26, 31).  

LA FE QUE SALVA


Saliendo de allí, Jesús fue a la región de Tiro y Sidón, (en la ribera noreste del Mediterráneo), desde donde salió una mujer cananea que clamaba a Jesús: "¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí!", y le pedía que sanara a su hija, que estaba gravemente atormentada por un demonio. Jesús no le respondió, entonces los discípulos se acercaron a Él diciendo: "Despídela, porque viene detrás de nosotros gritando" (NVI). Mas Jesús, dirigiéndose a la mujer, dijo: "No fui enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel" (NVI), pero ella insistió, diciendo: "¡Señor, socórreme!", a lo que Jesús respondió "No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos". Y ella dijo: " Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos". Entonces Jesús le contestó: "Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres". Y su hija fue sanada desde ese momento. (15:21-28)

Tal como Jesús dijo, Él no fue enviado sino para hacer volver al pueblo judío a su Dios (v.24), porque todo el plan de redención debía partir por Israel. Anunciar el evangelio a los gentiles, que son los pueblos cuyo origen étnico no es hebreo, fue una misión encomendada al Apóstol Pablo, tiempo después de la resurrección de Jesucristo. 
 
Para mayor comprensión de lo antes afirmado, la Biblia enseña que, después de la caída del ser humano, por causa del pecado de Adán, el pueblo hebreo fue apartado por Jehová para iniciar el proceso de restauración de todas las cosas, que comenzó con la elección de un hombre, Abraham, al que Jehová probó en su fe, diciéndole: "Deja tu tierra, tus parientes, la casa de tu padre y ve a la tierra que te mostraré", y le prometió: "Haré de ti una nación grande y te bendeciréharé famoso tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!" (Gn 12:1, 2-3 NVI). Abraham pasó la prueba al hacer lo que Jehová le mandó, aun cuando no sabía a dónde iba.  
 
Habiendo llegado a Canaán, Jehová le prometió: "A tu descendencia daré esta tierra" (Gn 12:7); sin embargo, la esposa de Abraham era estéril. Pero para Dios nada es imposible, pues, aunque Abraham y su esposa Sara llegaron a ser ancianos sin hijos; estando la matriz de Sara biológicamente imposibilitada de anidar vida, a la edad de 90 años, concibió y dio a luz a Isaac, el hijo por medio del cual Jehová había dicho que iba a cumplir Su promesa. Avanzado el tiempo, Jehová confirmó su pacto (cuya señal era la circuncisión de todo varón al octavo día de nacidocon Isaac, el hijo nacido de Abraham y Sara, y con el hijo de éste, Jacob, al que después llamó Israel, cuya descendencia dio origen a la nación de Israel. Fue con el pueblo nacido de los doce hijos de Israel con el cual Jehová entró en pacto en el monte Sinaí, después de rescatarlos de la esclavitud de Egipto, diciendo: "si me obedecen y cumplen mi pacto, ustedes serán mi tesoro especial entre todas las naciones de la tierra; porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán mi reino de sacerdotes, mi nación santa" (Ex 19:5.6 NTV), a lo cual, el pueblo respondió: "Todo lo que Jehová ha dicho, haremos" (Ex 19:8). Entonces, por medio del profeta Moisés, les dio la Ley, para que aprendieran a andar en sus caminos, hasta el tiempo en que viniera el Mesías Redentor, quien iba a salvar, no por cumplir la ley, sino por la fe; la misma que a Abraham le fue contada por justicia.   
 
Cuando el tiempo llegó, Jehová envió a Su Hijo, también llamado el Hijo del Hombre, porque, aunque provenía de Dios, y "siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Fil 2:6-7), pues, "era preciso que en todo se pareciera a sus hermanos", a quienes venía a salvar; es decir, "ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo" (He 2:17,14 NTV). Él es la simiente de Abraham en quien son bendecidas todas las familias de la tierra, porque dio su perfecta vida a cambio de la nuestra, como la de un Cordero Pascual, cuya Sangre inmaculada, a diferencia de los animalitos sacrificados bajo la Ley, tiene el poder de purificar perpetuamente a los que creemos este evangelio, y nos hace aptos de recibir, por fe, el Espíritu Santo, cuya presencia "en nosotros es como el sello de garantía de que Dios nos dará nuestra herencia" (Ef 1:14 NBV). Dice la Escritura: "si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!" (2Co 5:17 NVI). Esto significa que, si he creído, "he sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí" (Ga 2:20 NVI), y porque Él tiene vida eterna, yo también viviré con Él para siempre.
 
Así se explica lo que hemos dicho reiteradamente: que, aunque la promesa fue originalmente dada a conocer al pueblo hebreo, no era sólo para los descendientes de Abraham según la carne, sino que estaba dirigida a los creyentes de todas las naciones, pues, "los verdaderos hijos de Abraham son los que ponen su fe en Dios" (Ga 3:7 NTV).  
 
** Como ya leímos, el ministerio terrenal de Jesús consistió en reunir a las ovejas dispersas de Israel, para que se volvieran de sus caminos a Jehová; pero la mujer de esta historia no era judía. Marcos señala que era griega, de nacionalidad sirofenicia, pero su fe fue confirmada cuando, a pesar de que Jesús parecía indiferente a su súplica, y la molestia de los discípulos era evidente, ella no se dio por vencida. Dice Marcos que ella, "luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies" (...) "y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio" (Mr 7:25, 26). Da la impresión de que, no es que Jesús tuviera dudas de si concederle lo que pedía, pues, ella pedía algo que estaba dentro de Su Voluntad hacer, sino que esperó hasta que ella demostrara ante todos los presentes, de que, aun siendo gentil, su fe era mayor que la de muchos hijos de Israel.  
 
Si vamos atrás, al Antiguo Testamento, veremos que Jehová tampoco hacía acepción de personasy que, por medio de sus siervos, también bendijo a gentiles, de conformidad a la fe que ellos tenían. Un ejemplo es la viuda de Sidón, a la cual fue enviado Elías por orden de Jehová. Ella, siendo gentil, creía en Jehová, y aunque había determinado que se dejaría morir de hambre, junto a su hijo, después de comer el último bocado que les quedaba, cuando vino el profeta, hizo exactamente todo lo que éste le pidió, y tan grande fue su bendición que ya no le faltó el alimento por muchos días.
 
También está el caso de la mujer sunamita que daba alojamiento al profeta Eliseo cada vez que éste iba a Sunam, pues, sabía que era un hombre de Dios. Ella era estéril, y Eliseo, con el fin de agradecerle su hospitalidad, le prometió que cuando él volviera, ella estaría abrazando a su hijo, profecía que se cumplió al año siguiente, y aunque el niño murió tiempo después, Eliseo se lo devolvió vivo por causa de la fe de ella. 
 
Otros casos son el del general sirio Naamán, quien fue sanado de lepra por el profeta Eliseo, ya que confió en la palabra del profeta de Jehová, y se sumergió en las aguas del Jordán para ser limpiado. También está la prostituta de Jericó Rahab, quien ayudó a los espías hebreos, porque creía en el poder del Dios de Israel, y no pereció cuando Jericó fue destruido. Y el caso de Rut la moabita, redimida por Boaz. De hecho, estas últimas dos mujeres no judías son parte de la genealogía de nuestro Señor Jesucristo.


GRACIA EN ABUNDANCIA


De allí, Jesús pasó al mar de Galilea, y se sentó en el monte, hasta donde llegó mucha gente, trayendo enfermos que padecían todo tipo de enfermedades: cojos, ciegos, mudos, mancos fueron llevados a los pies de Jesús, y Él los sanó a todos para gloria de Dios. Habiendo transcurrido tres días, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo que sentía compasión por toda esa gente, pues no tenían qué comer, y no quería enviarlos de regreso en ayunas, por temor a que desfallecieran en el camino. Los discípulos le respondieron "¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud tan grande?", entonces Jesús les pidió que trajeran los pocos panes y peces que les quedaban, y mandó que la gente se recostase en la hierba. Y tomando "los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud". Los que comieron ese día fueron cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños. De lo repartido, se recogieron siete canastas llenas con lo que sobró. Una vez que despidió a la gente, entró en la barca, y fue hasta la región de Magdala. (15:29-39)

* El pan de vida, que es la Palabra de Dios, tiene el poder de alimentar a multitudes. No es nuestra la decisión de escoger a quién llevar el mensaje; nuestra tarea es ir sembrando la semilla por el camino. Tampoco sabemos el impacto que provocará el anuncio del Evangelio en el que oye, pues, sólo el Señor sabe cuánta hambre espiritual hay en cada persona, y sólo Él da el crecimiento. Las cestas llenas con lo sobrante es comparable a la Gracia que Dios derrama en abundancia sobre los que escuchan el llamado y obedecen.

LA CEGUERA DE LOS LÍDERES JUDÍOS


Entonces vinieron los fariseos y saduceos con la intención de tentar a Jesús, y le pidieron que les mostrase una señal del cielo, pero Jesús los llamó hipócritas, y les dijo que, aunque podían predecir si iba a haber buen tiempo o una tempestad por el aspecto del cielo, eran incapaces de reconocer las señales de los tiempos. Y antes de partir, les dijo: "La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás".  (16:1-4)

* Los líderes judíos tenían gran conocimiento intelectual de los textos sagrados, pero su arrogancia les impedía ver cómo las Escrituras se cumplían en Jesucristo. La generación mala y adúltera no tenía ni ojos, ni oídos para entender las verdades celestiales, porque no estaban en la Voluntad de Dios, sino, por el contrario, su actitud evidenciaba que era la voz de Satanás a la que obedecían. Tanta era su ceguera que, a pesar de todos los milagros y señales que hizo Jesús, que confirmaban que era el Mesías prometido, atribuyeron a Beelzebú el poder del Espíritu Santo que operaba en Jesús, haciendo mayor su pecado.

* Ésta es la segunda vez que Jesús dice a los líderes judíos que a ellos no se les dará otra señal que la del profeta Jonás, sólo que en Mt 12:40, Jesús explica cuál es esa señal: "Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches", refiriéndose a la muerte y resurrección del Señor. 

 
Más tarde, cuando habían cruzado al otro lado del lago, Jesús dijo a sus discípulos: "guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos". Ellos pensaron que Jesús decía esto, porque habían olvidado llevar pan, por lo que comenzaron a discutir entre ellos, pero Jesús, entendiendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué discuten los unos con los otros por no tener pan?"; "¿Todavía no entienden?"; "¿No recuerdan los cinco mil que alimenté con cinco panes y las canastas con sobras que recogieron?"; "¿Ni los cuatro mil que alimenté con siete panes ni las grandes canastas con sobras que recogieron?"; y terminó diciendo: "¿Por qué no pueden entender que no hablo de pan?" (NTV). Entonces ellos comprendieron que Jesús "no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos". (16:5-12)

* La levadura se refiere a toda doctrina no bíblica que se enseña como si fuera Palabra de Dios.  Es lo mismo que hacían los falsos profetas del Antiguo Testamento, a los cuales Jehová condenaba, porque decían: "Así ha dicho Jehová el Señor; y Jehová no había hablado" (Ez 22-28). Pedro, en su segunda epístola, advierte sobre esta permanente amenaza contra la iglesia: "En Israel también hubo falsos profetas, tal como habrá falsos maestros entre ustedes. Ellos les enseñarán con astucia herejías destructivas y hasta negarán al Señor, quien los compró"; "Habrá muchos que seguirán sus malas enseñanzas y su vergonzosa inmoralidad; y por culpa de estos maestros, se hablará mal del camino de la verdad". "Llevados por la avaricia, inventarán mentiras ingeniosas para apoderarse del dinero de ustedes; pero Dios los condenó desde hace mucho, y su destrucción no tardará en llegar" (2Pe 2:1-3 NTV).  
 
No son pocas las religiones que se han creado a partir de erradas interpretaciones de los textos sagrados, o de tergiversaciones obtenidas a partir de ir acomodando las palabras, sacándolas de contexto, para respaldar sus erradas ideas de lo que la Palabra quiere decir. De hecho, muchos se hacen llamar cristianos, pero no tienen a Cristo como centro. 
 
¿Cómo puedo detectar si en mi congregación se habla la Verdad de Dios? Sólo conociendo la Palabra que Dios inspiró, que está en la Biblia. El que es engañado no es víctima sino de su pereza. 


EL FUNDAMENTO DE LA IGLESIA


Llegando a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?". Ellos respondieron que algunos decían que era Juan Bautista, o Elías, o Jeremías, u otros profetas. Entonces les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?". Simón Pedro contestó: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Y Jesús dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos"; y agregó: "tú eres Pedro [Petros], y sobre esta roca [petra] edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella". "Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos". Y mandó a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era "Jesús el Cristo". (16:13-20)

* Jehová reveló a Pedro la verdadera identidad de Jesús, y al confesarlo, Jesús le dijo que ésa sería la piedra sobre la que iba a edificar su iglesia. Hay comentaristas que, en el intento por hacer coincidir estas palabras con el hecho de que Jesucristo es la piedra de fundamento de la iglesia, dicen que Jesús se señaló a sí mismo cuando dijo "sobre esta roca edificaré mi iglesia" (v.18), pero eso no está especificado. Si bien es cierto, el fundamento de la iglesia no es otro que Jesucristo, creo que las palabras de Jesús no están dirigidas ni a Pedro, ni a sí mismo, sino a la revelación que Dios hizo a Pedro, y que él declaró con su boca, respecto de quién es Jesús: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente", porque los hijos de Dios, también llamados "piedras vivas", porque con ellos Jesús está edificando su iglesia, nacen a partir de reconocer que Jesucristo es el Hijo de Dios, y esa convicción la pone Dios mismo en el corazón por medio de la fe. Dicen las Escrituras que, "a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Jn 1:12); y también dicen que, "si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo" (Ro 10:9).

** "...edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (v.18) significa que la muerte no tiene poder sobre los renacidos del Espíritu, que son los que forman la iglesia. Dice la Escritura: "El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo no tiene la vida" (1Jn 5:12). Si bien es cierto, todos experimentaremos la primera muerte, es decir la de nuestros cuerpos terrenales, después de la resurrecciónlos que somos de Cristo, no iremos a condenación eterna, sino a vida eterna, pues, la segunda muerte, es decir, la condenación en el lago de fuego inextinguible, sólo está destinada para los que no creen, y rechazan a Jesús como Salvador. 
 
Si interpretamos correctamente las Escrituras, en Ap 20:6, cuando dice: "Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos", y tomando como base las mismas Escrituras, la expresión "primera resurrección" se refiere al renacimiento espiritual que experimentamos al confesar a Jesucristo como nuestro Señor. Por lo tanto, la resurrección que experimentaremos en la segunda venida de Jesús correspondería a la "segunda resurrección", que es para vida eterna. "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él." (Jn 3:36), afirmó el Bautista.  
 
*** Las expresiones "atar" y "desatar" en hebreo conllevan la idea de "prohibir" y "permitir", o "cerrar" y "abrir", respectivamente. Cuando se entrega poder a alguien, se le dice que podrá "atar" y "desatar". 
 
Aquí Jesús prometió dar las llaves del reino de los cielos a Pedro (v.19), "y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (v.19). Tener las llaves del reino de los cielos significa tener la autoridad para cerrar o abrir las puertas que conducen a él. Se entiende que la autoridad de condenar o absolver fuepor extensión, también delegada en la iglesia, cuando ésta juzga conforme a las Escrituras; por tanto, toda resolución de juicio en la iglesia se tiene por confirmado en el cielo. Se entiende, además, que tal autoridad no fue delegada en cada miembro de la iglesia, como fue el caso de los apóstoles, quienes recibieron esa autoridad directamente de Cristo, sino que, "si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18:19-20). 


PONER LA MIRA EN LAS COSAS DE DIOS


Desde entonces Jesús comenzó a decir a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén, donde padecería mucho en manos de los líderes judíos. Que sería matado y que resucitaría al tercer día. Al oír esto, Pedro lo llevó aparte, y comenzó a reconvenirle, diciendo: "¡De ninguna manera, Señor! ¡Esto no te sucederá jamás!" (NVI). Pero Jesús se volvió hacia Pedro, diciendo: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres". Y entonces, se dirigió a todos los discípulos diciendo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará". Y preguntaba: "¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?". Y agregó: "Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras". Y les anunció: "De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino". (16:21-28)

* Como podemos ver, la lucha espiritual se estaba llevando a cabo fuertemente. Pedro, presa del miedo que sentía  de tan sólo pensar en la ausencia de su Maestro, estaba siendo usado por Satanás para convencer a Jesús de no exponerse a padecer todo lo que estaba escrito que debía sufrir el Mesías. Por medio de Pedro, Satanás quería tentar a Jesús, igual como lo hizo con Eva en el Jardín de Edén, para que desobedeciera al Dios y Padre que lo había enviado a ofrendarse para salvar a los pecadores. Las Escrituras dicen que Jesús hombre se angustiaba de pensar en todo el dolor y el escarnio que iba a enfrentar, y los requerimientos de Pedro eran un intento por debilitar la determinación de Jesús.

** La expresión "cargar la cruz" no significa cargar con tribulaciones o pesares terrenales. Significa llevar a la muerte todo lo que nos aferra a la vida terrenal. Es sacrificar lo que somos en nuestra naturaleza carnal, para disponernos a vivir una vida para Dios. No se debe confundir con renunciar a todo, y comenzar a vivir en pobreza, como algunos creen, ni tampoco dejar de disfrutar lo que Dios nos da por medio de nuestro trabajo, por ejemplo; pero sí significa que no debemos aferrarnos a las cosas del mundo, ni siquiera a nuestra vida en la tierraEl verdadero cristiano es el que todo lo hace para Dios, sabiendo que, "para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos" (Ro 14:8), y que nada ni nadie "nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Ro 8:39).

*** Según Mateo, Jesús dijo: "hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino" (v.28). Lucas lo relató de esta manera: "hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios" (Lc 9:27); y Marcos, como sigue: "hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder" (Mr 9:1). Seguramente estas palabras hicieron pensar a algunos de los que estaban allí reunidos que, de entre ellos, habría unos cuantos que seguirían vivos cuando Jesús fuera hecho rey, y pusiera las cosas en su lugar, pero esto se debía a que no entendían que el reino del Hijo de Dios no era terrenal. Después de la muerte y resurrección del Señor, muchos pensaron que, quizás, Jesús quiso decir que, algunos de los que estuvieron presentes en esa reunión vivirían hasta la segunda venida de Jesús; pero eso también lo descartamos, porque ya han transcurrido casi dos mil años, y no hay ser humano que pudiera siquiera haber superado por un par de décadas los cien años de vida, y como sabemos, el Señor aún no viene. Pero, entonces, ¿qué quiso decir Jesús? No son pocos los que han llegado a concluir que, tal vez, Jesús estaba hablando de su transfiguración, hecho que ocurrió pocos días después de haber dicho este comentario.  
 
Aunque no descarto esta última posibilidad, me inclino más a pensar que Jesús se refería a tres hechos sin precedentes que se desataron tras su crucifixión: primero, a su resurrección al tercer día, de la que fueron testigos no sólo los apóstoles, sino más de quinientos creyentes durante los cuarenta días que permaneció en la tierra; segundo, a su ascensión al cielo, para sentarse a la diestra del Padre, hecho ocurrido ante la mirada atónita de los apóstoles; y tercero, al derramamiento del Espíritu Santo sobre los discípulos, en la celebración de Pentecostés, que dio inicio a la iglesia, que es la congregación de los santos, cuyas vidas han sido regeneradas por Dios, por la fe en la sangre del Hijo, y selladas para vida eterna por el Espíritu Santo. 
 
¿No son estos tres hechos extraordinarios muestras del incomprensible poder del Reino de los cielos manifestándose en medio de la humanidad, cuyo protagonista es el Santo Hijo de Dios, hecho sacrificio en la cruz, para salvar al pueblo de Dios de sus pecados, con lo cual se daba por cumplida una etapa, y se iniciaba una nueva era, que no es, ni más ni menos que el comienzo de la cuenta regresiva para el fin de este mundo como lo conocemos, y el establecimiento definitivo del Reino de Dios en la tierra?


LA TRANSFIGURACIÓN DEL HIJO DEL HOMBRE


Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó a un monte alto, "y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz"; y junto a Él aparecieron Moisés y Elías que hablaban con Jesús. Entonces Pedro, impresionado por lo que veían sus ojos, dijo: "Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías", pero aún no terminaba de hablar, cuando una nube de luz los cubrió, y se oyó una voz proveniente de ella que dijo: "Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd". Al oír la voz, los discípulos se postraron en sus rostros, y sintieron mucho temor. Entonces Jesús se acercó, los tocó y les dijo: "Levantaos, y no temáis". Cuando alzaron la mirada, vieron que Jesús estaba solo. Cuando descendieron del monte, Jesús les dijo: "No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos". (17:1-9)

* En esta escena, los discípulos fueron testigos de una gloriosa visión: Moisés y Elías hablando con Jesús. Según los estudiosos, y concuerdo con esta apreciación, Moisés representa a la Ley, y Elías, a los profetas. En una ocasión, Jesús dijo: "Hasta el tiempo de Juan el Bautista, la ley de Moisés y el mensaje de los profetas fueron sus guías; pero ahora se predica la Buena Noticia del reino de Dios..." (Lc 16:16 NTV). Es decir, en aquella visión gloriosa, Jehová mostró que, habiendo hablado a su pueblo, durante mucho tiempo, por medio de la Ley y los profetas, el tiempo se había cumplido para que el pueblo comenzara a oír a Su Hijo amado, en quien Él se complace (v.5); porque Jesús vino a dar buenas nuevas del reino de Dios, que hablan de la salvación por gracia, por medio de la fe, "no por obras, para que nadie se gloríe" (Ef 2:9).

Es interesante el hecho que, así como la tumba de Jesucristo está vacía, porque Él resucitó, y ahora vive, y está a la diestra de Dios, tampoco es posible encontrar los restos mortales de ninguno de los dos varones que aparecieron hablando con Jesús en el monte. De Moisés, porque, dice la Escritura: "El Señor lo enterró en un valle cercano a Bet-peor, en Moab, pero nadie conoce el lugar exacto hasta el día de hoy" (Dt 34:6 NTV); y de Elías, porque "Mientras iban caminando y conversando (Elías y Eliseo), de pronto apareció un carro de fuego, tirado por caballos de fuego. Pasó entre los dos hombres y los separó, y Elías fue llevado al cielo por un torbellino" (2R 2:11 NTV), luego de lo cual nunca más fue visto. En cuanto a Moisés, en la epístola de Judas, el escritor hace un comentario que nos sorprende, pues, nada dice el Antiguo Testamento al respecto. Judas Escribió: "Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda" (Jud 9). Si bien no logramos entender con profundidad este texto, podemos deducir que el paradero del cuerpo terrenal de Moisés no debía ser conocido, para evitar que los israelitas lo convirtieran en objeto de veneración, pues, lo importante no era el mensajero, sino el mensaje que Dios había entregado a través de él. 

Lo que quiero decir es que, quizás lo que esta visión pretendía demostrar es que la Palabra de Dios es palabra viva e inmutable, y "el consejo del SEÑOR permanecerá para siempre, y los pensamientos de su corazón por todas las generaciones" (Sal 33:11 RVA), y, como sabemos, lo que Jehová enseñó y prometió por medio de Moisés y los profetas, se estaba haciendo vida en Jesús el Señor.

Parafraseando los dichos de Jesús: es más fácil que desaparezcan el cielo y la tierra, que deje de cumplirse una sola tilde de lo que Dios ha dicho.

** Lucas, en su evangelio, agrega una interesante información que Mateo omite, referida al tema que Moisés y Elías venían a tratar con Jesús: "Y hablaban sobre la partida de Jesús de este mundo, lo cual estaba a punto de cumplirse en Jerusalén" (Lc 9:31 NTV). 

*** Después de la resurrección del SeñorPedro escribió sobre esta visión (v.9), diciendo: "Nosotros vimos su majestuoso esplendor con nuestros propios ojos cuando él (Jesús) recibió honor y gloria de parte de Dios Padre. La voz de la majestuosa gloria de Dios le dijo: «Este es mi Hijo muy amado, quien me da gran gozo». Nosotros mismos oímos aquella voz del cielo cuando estuvimos con él en el monte santo." (2Pe 1:16-18 NTV).  


Entonces, los discípulos le preguntaron a Jesús: "¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?". Jesús respondió que efectivamente Elías debía venir antes a restaurar las cosas, pero, agregó "mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos". Entonces los discípulos comprendieron que Jesús hablaba de Juan el Bautista. (17:10-13)

* Juan el Bautista había sido anunciado por el profeta Malaquías, quien dijo: "He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición" (Mal 4:5-6); y por Isaías, quien dijo: "Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado" (Is 40:3-5). Juan Bautista, igual que el profeta Elías en su tiempo, había sido enviado para hacer volver a los hijos de Israel a su Dios. El ministerio de Juan consistía en llamar al arrepentimiento, a fin de que, cuando el Ungido de Dios viniera al mundo, encontrara un campo listo para ser sembrado. 

** Es llamativo que, cuando los profetas anunciaron la venida de Juan el Bautista, enviado para preparar la venida del Mesías, ellos dijeron, que él venía a preparar camino a Jehová ... a enderezar calzada en la soledad a nuestro Dios. Asimismo, de Jesús dijeron: se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne ... la verá. Es decir, son los mismos profetas del Antiguo Testamento los primeros en afirmar que Jesucristo es Dios.
 

EL AYUNO DE LOS SANTOS


Cuando llegaron al gentío, un hombre se arrodilló ante Jesús para rogarle que sanara a su hijo lunático, que estaba muy mal, debido a que en sus crisis, muchas veces había caído al fuego, otras, al agua. Contó que lo había traído a los discípulos, pero que ellos no habían podido sanarlo. Entonces Jesús dijo: "¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar?", y pidió que le trajeran al enfermo. Tan sólo bastó que reprendiera al demonio, para que éste saliera del muchacho. Los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron por qué ellos no habían podido echar al demonio, y él les contestó: "Por vuestra poca fe", y les dijo que, "si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible". Sin embargo, aclaró: "... este género no sale sino con oración y ayuno". (17:14-21)

* En una ocasión, Jesús dijo: "El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre" (Jn 14:12). Si Jesús lo dijo, es verdad; entonces ¿Por qué no podemos hacer los milagros que Él hizo? La clave estaría en el último versículo de esta historia, es decir, necesitamos perseverar en la oración y ayuno. Ambas acciones nos conducen a la perfección de Cristo. Pero el ayuno no debe entenderse como la privación de alimentos solamente, sino como la negación a nosotros mismos. El verdadero ayunador es aquél que hace la Voluntad del Señor: actúa con justicia; no abusa del prójimo; ayuda a los afligidos; comparte el pan con el que lo necesita; acoge al desvalido; ama a su prójimo como a sí mismo, y trata a los demás como desea ser tratado. Dicho de otra manera: ayunar es menguar a lo que somos por naturaleza, para ser llenos de Cristo. Cuando aprendamos a andar bajo la influencia del amor, como Cristo anduvo, dice la Escritura: "Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan" (Is 58:9-11).

Estando en Galilea, Jesús les volvió a anunciar: "El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; mas al tercer día resucitará", entonces los discípulos se entristecieron mucho. (17:22-23)

* A pesar de que ésta no es la primera vez que Jesús no sólo les anuncia que va a morir, sino que va a resucitar al tercer día, los discípulos no lograban pensar más allá de la muerte de su Maestro, y se angustiaban profundamente. De hecho, cuando Jesús resucitó, y María Magdalena les anunció la noticia, ellos no le creyeron. Incluso, estando con Él resucitado, dice la Escritura que "cuando vieron a Jesús, lo adoraron, ¡pero algunos de ellos dudaban!" (Mt 28:17). Ahora bien, es probable que ellos dudaban, porque en ese momento aún no había venido a ellos el Espíritu Santo, que es el que convence y fortalece en la debilidad.


LA DEUDA DE LOS HIJOS DE DIOS YA FUE PAGADA


Cuando llegaron a casa de Pedro en Capernaum, vinieron unos cobradores de impuestos, y preguntaron a Pedro: "¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?". Él les contestó que sí, pero cuando entró a la casa, antes que Pedro dijera nada, Jesús le preguntó: "¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?". Pedro contestó que de los extraños, a lo que Jesús respondió: "Entonces los hijos están exentos" (NBLA). Sin embargo, añadió, "para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti". (17:24-27)

* Este impuesto estaba escrito en la ley, y correspondía al pago de medio ciclo por cada hombre mayor de veinte añosJehová dijo a Moisés que este dinero lo debía dar cada uno como rescate por su persona. Lo recaudado era destinado para el servicio del tabernáculo. La palabra "rescate" habla de redención. Cada uno ofrendaba por su propia vida anualmente, pero eso también era un símbolo que nos guiaba al Mesías, nuestro Redentor. 
 
Si bien es cierto la salvación depende de Dios, cada uno de los llamados tiene la responsabilidad de venir a Cristo y ofrendar su vida a Él. Jehová guía al arrepentimiento por medio de su Palabra, y da la fe por medio de su Palabra, pero la decisión de arrepentirse es una decisión individual. Cuando nos ofrendamos a Cristo, somos adoptados como hijos de Dios en el Reino. Todo el que no es de Cristo, es deudor ante la Justicia de Dios, y pagará por su pecado con su vida el día en que el mundo sea juzgado, pero los hijos del Reino ya fuimos eximidos por Cristo Jesús