miércoles, 22 de enero de 2020

MATEO II - Las Tinieblas Comienzan a Disiparse (Mt 4 y 5)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)

[Empezar en Mateo Primera Parte]


INICIA EL MINISTERIO DE JESÚS EN LA TIERRA


Cuando Jesús oyó que Juan Bautista había sido apresado (por Herodes Antipas), volvió a Galilea, (donde gobernaba Antipas), pero no se quedó en Nazaret, sino que se fue a vivir a Capernaum (más al norte), ciudad marítima, ubicada en la región de Zabulón y Neftalí, "para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías (Is 9:1-2), cuando dijo: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentilesEl pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció". A partir de entonces, Jesús comenzó a predicar, diciendo: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado". (4:12-17)

* Antes que todo, quiero que notemos que el primer llamado que Jesús hizo fue al arrepentimiento. La fe que viene por oír la Palabra de Dios conduce al arrepentimiento, pero, si no hay arrepentimiento, no basta con sólo creer en Dios para ser salvo, pues, dice el apóstol Santiago que "también los demonios creen, y tiemblan" (Stg 2:19), mas su convicción de que Dios existe y de que Jesús es el Ungido de Dios no los libera de la condenación, porque no hay en ellos el deseo de ser transformados, ni están dispuestos a someterse al Señorío del Hijo de Dios, que es señal inequívoca de un verdadero arrepentimiento.
 
Cuando Dios llama, nos muestra que somos esclavos por causa de nuestras rebeliones, pero no sólo eso, "Despierta además el oído de ellos (nosotros) para la corrección, y les dice que se conviertan de la iniquidadSi oyeren, y le sirvieren, acabarán sus días en bienestar, y sus años en dicha. Pero si no oyeren, serán pasados a espada, y perecerán sin sabiduría" (Job 36:9-12), es decir, si no hay arrepentimiento, la ira de Dios no se aparta de los rebeldes

** Jesús fue enviado por Dios el Padre para anunciar la buena noticia de la salvación por Gracia. Cuando decía que el reino de los cielos se había acercado (v.17), estaba refiriéndose al cumplimiento de las profecías que hablaban del Mesías que vendría a salvar a Israel de sus pecados, al concederle arrepentimiento y fe para ser justificado ante Dios por medio del Hijoporque por medio de Jesucristo se abrió el camino que conduce al trono de Dios, no sólo para judíos, sino también para los gentiles (que no son judíos). 
 
El final está cerca, y más temprano que tarde llegará el día del juicio. Ya no hay tiempo que perder, y considerando que, por sobre las tradiciones y sensibilidades, está en juego la vida de muchas almas, es necesario decir fuerte y claro que "en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hch 4:11); "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1Ti 2:5). La Biblia en ninguna parte enseña que hay otros intermediarios, aparte de Jesucristo, para tener vida eterna¡Basta de dejarse engañar, creyendo que la vida de algunos santos o que la madre de Jesús salvará sus almas! Eso es un engaño perverso que Satanás usa para desviar la atención de los que buscan paz espiritual, pero que no se esfuerzan por conocer al Dios de la Biblia. La ignorancia y la pereza de muchos que dicen ser cristianos les convierte en presa fácil de esos engaños, debido a que no se hacen el tiempo para leer por sí mismos la Palabra inspirada por Dios, que es la única "útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto" (2Tim 3:16 NTV).
 
Jesús advirtió: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mt 7:21-23).
 

Profecías en cumplimiento:
  • Is 9:1-2: La luz llegó para disipar las tinieblas de la ignorancia; para que el mundo vea, y sepa que hay salvación disponible para los que creen.
  • Dn 2:40-44: El reino que no será jamás destruido comienza a sentar sus bases.


PESCADORES DE HOMBRES


Caminando por las orillas del mar de Galilea, Jesús encontró a los hermanos Simón, llamado Pedro, y Andrés, que eran pescadores, y estaban echando la red al mar. Jesús los llamó a seguirle, para convertirse en pescadores de hombres. Mientras caminaban, vieron a Jacob y a Juan, hijos de Zebedeo, quienes estaban en la barca con su padre, a quienes Jesús también llamó. Ambos dejaron al instante la barca y a su padre, y le siguieron. (4:18-22)

* En el evangelio de Juan aprendemos que el nombre Pedro fue puesto por Jesús. En griego es "Cefas"; Pedro proviene del arameo "Petros". Más adelante, veremos que cuando Dios reveló a Pedro que Jesús era el Hijo de Dios, para que lo confesara en medio de los discípulos, el Maestro anunció que sobre esa roca (petras) edificaría su iglesia, queriendo decir con esto que, la confesión que acababa de hacer el apóstol, de que Jesús era el Cristo, era el cimiento de la casa de Dios en la tierra; que no es un edificio material, como el templo de los judíos, sino una casa espiritual, aún más esplendorosa, que se edifica con piedras vivas, que son cada uno de los llamados que, creyendo y confesando que Jesucristo es Señor, es adoptado en la familia de Dios. Dice la Escritura: "... vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria" (Ef 1:13-14). 
 
También Juan nos dice que Andrés, hermano de Pedro, ya conocía a Jesús, pues, había sido discípulo de Juan Bautista, y era uno de los que habían decidido seguirle cuando Juan Bautista dijo de Él: "He aquí el Cordero de Dios". Como podemos ver, los evangelios se complementan unos con otros, y de ese modo, tenemos una visión más completa de cómo sucedieron los hechos.

** Los hijos de Zebedeo dejaron la barca y a su padre para seguir a Jesús. El Señor dijo que, ninguno que no deje padre ni madre, y venga en pos de él, puede ser discípulo suyoAsí como cuando un hombre y una mujer se casan, dejan padre y madre, y se entregan el uno al otro, convirtiéndose en un solo ser (una sola carne), cuando nosotros nos unimos a Cristo, somos un espíritu con Él. Jesús no está llamando a abandonar la familia, sino, más bien, a que ninguno de nuestros familiares ocupe el lugar de Dios en nuestro corazón; si alguien (hijo(a), padre, madre, hermano(a), esposo(a), etc.) tiene un lugar de preponderancia mayor que Dios en nuestra vida, esa persona se ha vuelto un ídolo para nosotros, y eso es pecado. También significa que, si la familia se opone a nuestra vida como creyente, "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch 5:29). El Señor dijo: "no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a Aquél que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno" (Mt 10:28). 
 
Cuando YHWH llamó a Abraham, le dijo: "Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tus padres, a la tierra que te mostraré" (ver Gn 12:1-4). La primera muestra de fe de Abraham fue que, oyendo el llamado de Dios, obedeció sin siquiera saber a dónde iba. Él simplemente creyó en Aquél que le había hecho la promesa de hacer de él una nación grande, y que en él serían benditas todas las familias de la tierra. Los primeros discípulos de Jesús también mostraron esa fe, y dejando la vida que llevaban hasta entonces, decididamente fueron tras el Maestro, pues, creyeron que Jesús era Aquél que les mostraría el camino a la vida eterna. 


La fama de Jesús trascendió Galilea, y se difundió por todas partes, porque él iba por todo el contorno del Jordán predicando el evangelio del reino, enseñando en las sinagogas, sanando toda enfermedad, y toda dolencia en el pueblo, por lo que se hizo popular incluso en Siria, (nación gentil), de donde le traían personas con diversas dolencias, enfermedades, endemoniados, atormentados, lunáticos y paralíticos, y a todos los sanaba. (4:23-25)

Profecías en cumplimiento:
  • Is 61:1-4: El Mesías, sobre quien reposa el Espíritu de Dios, llegó para anunciar las buenas nuevas de la salvación, libertar a los cautivos del pecado, y sanar a los que padecen por su causa.
  • Is 29:18; 35:3, 5-6; 42: 7, 18: Jesús sana todo tipo de enfermedades.
  • Gn 22:18: En la simiente de Abraham, que es Jesucristo, son benditas todas las naciones, no sólo el pueblo judío.


SERMÓN DEL MONTE


* Cuando la Biblia fue escrita, no tenía títulos o subtítulos. Lamentablemente, al insertar esas divisiones (que sin dudas facilitan la búsqueda), muchas veces el mensaje también quedó separado en partes. Lo recomendable es siempre seguir leyendo, lo que permitirá comprender el mensaje en su contexto, en especial, cuando el capítulo o párrafo siguiente, comienza con un conector, como, por ejemplo: "por tanto", "y", "así que", "entonces", "porque", etc., lo que indica que lo que sigue está ligado a lo anterior.  Los capítulos 5, 6 y 7 de Mateo son un solo sermón que Jesús dirigió a sus discípulos en la ladera de una montaña (conocido como el sermón del monte), para que abrieran sus ojos a la Verdad, y recibieran luz sobre el reino de Dios y su justicia.

Los bienaventurados de la tierra


Al ver la multitud, Jesús subió al monte y, sentándose, comenzó a enseñar a todos los que le seguían, diciendo: (5:1-12)
  1. "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos". Los pobres de espíritu son los humildes, es decir, aquéllos que tienen conciencia de sus propias limitaciones o debilidades, y obran en consecuencia. Lo opuesto a la humildad es la soberbia. El hombre sin Cristo es orgulloso por naturaleza, pero cuando Dios despierta su oído para recibir la Palabra, es capaz de ver que ése es su mayor pecado, y el motivo principal por el cual rechaza al Señor. Dios aborrece los ojos altaneros, pero ama al quebrantado, a los contritos de espíritu, a los que se humillan ante Él y su Palabra. Ellos serán salvos de la ira venidera. "Así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados" (Is 57:15). Nadie puede ser de Cristo si no se ha humillado ante Él primeramente, esto es, reconociendo su pecado y su necesidad de depender, ya no de sí mismo, sino del Señor
  2. "Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación". El llanto es resultado de distintos tipos de sentimientos. Lloramos por alegría, lloramos por impotencia, lloramos por tristeza, y por causa de las injusticias, y también lloramos cuando somos quebrantados y reconocemos nuestras limitaciones. Pablo dice que la tristeza que viene de Dios produce arrepentimiento para salvación. Jehová sabe cómo hacernos entrar en razón, y muchas veces llama nuestra atención a través de situaciones de aflicción, pero Él siempre dará la salida, porque Él no quiere la muerte del impío, sino que se arrepienta para darle vida eterna. Para eso envió a Jesucristo: para que tomara nuestro lugar en la cruz, y pagara nuestra condena, a fin de que nosotros tuviéramos vida eterna en Él. ¡Benditas las aflicciones que nos hacen clamar a Dios, y nos conducen a la salvación de nuestras almas!
  3. "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad". Los mansos son aquéllos que, sin importar por lo que estén atravesando, descansan en la Soberanía de Dios, y aceptan sus circunstancias, sin reclamar, sino confiados en que Dios lo ha permitido por alguna razón que, aunque parezca incomprensible en el momento, tiene por finalidad que demos mucho fruto. No todo es por disciplina a causa de nuestros errores; muchas veces Dios quiere llevarnos a un nivel superior en nuestro andar en Cristo. Dice la Escritura: "Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía." (Jn 15:1-2 NVI). Lo importante, es que los hijos nos mantengamos en oración sin desfallecer, pidiendo sabiduría para hacer frente a la situación, y también para ser fortalecidos en la prueba, de modo que, cuando todo acabe, estar firmes.
  4. "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados". La palabra "justicia" en la Biblia tiene significados distintos dependiendo del contexto: muchas veces tiene que ver con hacer lo correcto (ser "justos"), en conformidad con la Voluntad de Dios. Lo que el mundo llama justicia, por lo general, tiene más una connotación egoísta, que tiende a la venganza. En cambio, la justicia de Dios es perfecta, que se lleva a cabo por medio del amor, y tiene por fundamento el mandamiento que dice: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". En cuanto a la venganza, el Señor nos llama a no tomar la justicia en nuestras manos, sino a dejarla en Él. Sin embargo, en este versículo, creo que Jesús está hablando, más bien, de la profunda necesidad que tiene el ser humano de ser perdonado y libertado del pecado que lo domina. Él vino precisamente para calmar la sed y saciar gratuitamente el hambre de justicia de todos los que le pidan. En otras palabras, cuando hablamos de la "justicia en Cristo" o  que "somos justificados en Él", estamos diciendo que, por gracia, somos absueltos de condena, porque Jesús ya pagó por nosotros en la cruz. ¡Cómo no alegrarnos de recibir tan inmerecido regalo!
  5. "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia". Por misericordia, Dios perdonó nuestros pecados por medio de Jesucristo. De gracia nos salvó, para que tuviéramos vida eterna. Así como Jehová perdonó nuestras rebeliones, y ha dado un tiempo indefinido esperando a que todos se arrepientan y se vuelvan a Élnosotros también debemos mostrar misericordia, y perdonar a nuestros enemigos mientras aguardamos la segunda venida de Cristo. Y no sólo eso; también debemos orar por ellos, a fin de que también conozcan el camino que lleva a la salvación. Dios hace llover sobre justos y pecadores; nuestro deber es llevar el nombre de Jesús, y bendecir también a justos y a pecadores.
  6. "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios". El ser humano nace con un corazón inclinado al pecado y no puede cambiar esa tendencia por sí solo. Necesita ser redimido por Cristo para que su corazón, antes dominado por el pecado, alcance la libertad de su influencia. Solo la fe en la sangre de Jesucristo puede transformar un corazón endurecido en uno receptivo a la voluntad de Dios. Un corazón limpio es fruto de la regeneración que la Palabra de Dios produce en aquél que oye su llamado y somete su voluntad a la perfecta Voluntad de Dios por medio de Jesucristo.
  7. "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios". Los pacificadores son los que resisten el mal haciendo el bien. Aquéllos que se esfuerzan por mantener la paz en todo momento. El que es capaz de refrenar su lengua ante una situación difícil; el que no se aíra fácilmente, sino que busca el consenso; el que no devuelve mal por mal, ni maldición por maldición, sino que bendice incluso a sus enemigos, y que ora por ellos para que también sean iluminados. Con todo, un pacificador también es aquél que, obedeciendo el mandato que nos dejó Jesucristo, lleva el mensaje del evangelio de la paz al mundo, porque "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios" (2Co 5:19-20).  
  8. "Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos". Aquí el término "justicia" se refiere a la Verdad de Dios, que es la Palabra de Dios, encarnada en JesúsHay países donde ser cristiano es contra las leyes y tradiciones, y los hijos de Dios son perseguidos, maltratados, encarcelados y asesinados por su fe y por querer compartir la buena noticia con los demás. Una de las características que describe a alguien que conoce verdaderamente a Dios es su valentía, dice J.I.Packer, en su libro "Conocer a Dios", pues, "el pueblo que conoce a su Dios se mostrará fuerte y actuará" (Dn 11:32 NBLA). Packer ejemplifica su afirmación recordando a los tres amigos del profeta Daniel, que no se amedrentaron ante las amenazas de Nabucodonosor, de echarlos al horno de fuego si no se inclinaban ante su imagen. Ellos, sin un dejo de soberbia, sino sabiendo a quién habían creído, respondieron: "He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado" (Dn 3:17-18). Quizás no seremos librados de suplicios por confesar nuestra fe, o de la misma muerte, como sucedió con estos tres hombres, pero ante situaciones como éstas no debemos temer, sino más bien mantener en mente que "los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada" (Ro 8:18 NBLA) cuando Cristo regrese. Por lo demás, estamos convencidos de que, habiendo sido sellados por el Espíritu de la Gracia, "ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Ro 8:38-39 NBLA). 
  9. "Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros". No pocas veces somos vituperados por hacer lo correcto, por no seguir la corriente del mundo, o simplemente por confesar que Jesucristo es el Señor. Pero no debemos avergonzarnos del Evangelio, sino resistir, perseverando en oración con acción de gracias para que Cristo también alumbre el entendimiento de aquéllos que están en tinieblas, como lo hizo con nosotrosLas Escrituras exhortan a los creyentes a estar "siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal" (1Pe 3:15-17). Pedro también dijo: "Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventuradosporque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado" (1Pe 4:14). Y agregó: "Los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien" (1 Pe 4:19).


Los hijos de Dios son sal y luz del mundo


A sus discípulos, dijo Jesús: "Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿Con qué será salada?" (5:13).

* Marcos complementa estas palabras, diciendo: "tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros" (Mr 9:50). Lucas agrega: "Si la sal se hiciere insípida (...) ni para el muladar es útil; la arrojan fuera" (Lc 14:34-35).

Ir al Antiguo Testamento podrá ayudarnos a comprender mejor por qué Jesús dice que los discípulos son la sal de la tierra. En 2 R 2:19-22, encontramos la historia del profeta Eliseo quien, estando en Jericó, fue abordado por los habitantes del lugar, quienes le dijeron que, a pesar de que la ciudad estaba en un buen territorio, "las aguas son malas, y la tierra es estéril". Entonces Eliseo pidió que le llevaran una vasija nueva, y que pusieran sal en ella. Eliseo tomó la vasija, y fue con ella a los manantiales y vació la sal en ellos, diciendo: "Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad". Y esas aguas fueron sanadas para siempre.
 
En la Biblia hay pasajes en los cuales se simboliza a las multitudes con muchas aguas, sean mares, ríos, olas. Por ejemplo, entre otras Escrituras, en Apocalipsis leemos: "Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas" (Ap 17:15). 
 
Concluimos entonces que la sal en vasija nueva se relaciona con la salvación que Dios proveyó a la humanidad por medio del nuevo pacto, cuyo mediador es Jesucristo, quien nos salva por Gracia, y nos da nueva vida por la fe. Por medio de Él, también recibimos el Espíritu Santo que nos sella para vida eterna en la nueva tierra, donde "ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron" (Ap 21:4).
 
Cada uno de los discípulos del Señor es un embajador de Jesucristo enviado para reconciliar al hombre con su CreadorNuestra misión es llevar el evangelio sanador a toda la tierra, para que los hombres oyendo, tengan fe, y reciban el regalo de la vida eterna. Tras la ofrenda del Hijo de Dios en la cruz, y gracias a los que anuncian esas buenas noticias, comienzan a nacer los hijos de la otrora estéril Jerusalén celestial


También dijo Jesús a sus discípulos; "Vosotros sois la luz del mundo", y agregó que la luz no se debe esconder, sino que debe ubicarse en un lugar que ilumine toda la casa, entonces dijo: "así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos". (5:14-16)

La luz prevalece sobre las tinieblasLos hijos de la Luz debemos resplandecer en medio de las tinieblas para que otros también sean iluminados. El Apóstol Pablo, escribiendo a los filipenses, dijo: "Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida..." (Fil 2:14-16).
 
Un hijo de Dios se reconoce por sus frutosJesús, la Luz del mundo, dijo: "...todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis" (Mt 7:17-20).
  
Al respecto, el Apóstol Juan enfatiza que, "ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; no puede seguir pecando, porque ha nacido de Dios" (1Jn 3:9 NVI). Juan, sin embargo, no niega que un creyente pueda pecar; más bien está afirmando que, si alguien peca deliberadamente sin arrepentirse es porque no tiene la simiente de Dios en él. De hecho, el mismo apóstol Juan, reconociendo nuestra debilidad ante el pecado, dice que, si confesamos nuestras faltas al Señor, Él nos perdona. Por su parte, el apóstol Pablo afirmó: "los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros (los creyentes) no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él" (Ro 8:8-9). Son las mismas escrituras las que afirman que, aun habiendo sido regenerados, hay pecado remanente en nuestro cuerpo carnal, el cual siempre estará asechando para que cedamos a las tentaciones, y muchas veces conseguirá hacernos caer; pero también dice que hay algo que diferencia al hombre natural del que ha renacido espiritualmente, y es que el que ha nacido a una nueva vida por la simiente del Espíritu ya no es esclavo de las tinieblas como para que tenga que obedecerle; además, ya no lucha solo contra el pecado, pues, el Espíritu de Cristo, que mora en él, le ayuda a preservarse irreprensible para la venida del Señor, convenciéndole de pecado y dándole poder para ponerlo bajo sujeción. En consecuencia, un verdadero hijo de Dios no sólo tiene el deber, sino también el poder para brillar como luminaria en medio de esta generación en tinieblas.

** Existen religiones que encierran a sus discípulos en claustros para que no sean tentados por las cosas del mundo, o les prohíben participar en actividades seculares, como la política, por ejemplo, porque se reconoce que en tales actividades existe corrupción. Pero la pregunta es: ¿cómo puede un hijo de Dios influir en las cosas del mundo, si no es siendo luz en medio de esas tinieblas? Un hijo de Dios no debe esconderse del mundo, sino evitar ser corrompido por cosas que los del mundo hacen que sabemos son pecado. No tenemos que hacer lo que ellos hacen, sino sólo alumbrar en medio de ellos, para que, viendo nuestra luz, deseen salir de las tinieblas y venir a la VerdadLos hijos de Dios no somos del mundo, pero debemos ser luz en el mundo


El Mesías vino a cumplir la Ley mosaica


Dijo Jesús que todo lo que está escrito en la ley se cumplirá"hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido". También dijo que nadie debe pensar que Él vino a abrogar la ley, pues, Él vino a cumplirla.; y si alguien la quebranta en lo más mínimo, será tenido por muy pequeño en el reino de los cielos. Agregó que, a menos que nuestra justicia supere a la de los maestros de la ley y fariseos, no entraremos al reino de Dios. (5:17-20)

* La Ley de Moisés comprende los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, también conocidos como el Pentateuco, a los que los judíos se refieren como "Torá". Consiste en un conjunto de normas y mandamientos, tanto morales como ceremoniales, que YHWH entregó a Israel. El propósito era instruirles sobre lo que era justo y lo que era abominable ante los ojos del Señor, para que aprendieran a vivir de acuerdo a Su Voluntad. Además, buscaba hacerles entender, de forma rudimentaria, la necesidad que tenían de ser redimidos por la sangre de un sacrificio para expiar su culpa, que era la forma en que su Mesías iba a salvar a Israel, rituales que realizaban periódicamente, aunque es evidente que no comprendían en profundidad su real significado. La ley actuaba como un tutor que guiaba a Israel hacia su Mesías, con el fin de introducirlos en la era de la gracia, para que fueran salvados por la fe y heredaran las promesas hechas al patriarca Abraham. La buena noticia es que la ley cumplió su propósito, ya que Jesús es el Cristo o Mesías, quien, por la fe, nos ha salvado de la ira venidera sobre los pecadores, reconciliándonos con Dios de una vez por todas mediante su sangre, como un cordero inmaculado, otorgándonos así la vida eterna.

La Profundidad de la Ley


* En sus enseñanzas, Jesús se dedicó a esclarecer y profundizar en muchos aspectos de la ley que no se habían comprendido. Nuestra inclinación es a enfocarnos en lo que dice el mandamiento, sin embargo, Jesús enseñó que el mandamiento es más que el enunciado, es decir, que lo que realmente importa es lo guardamos en nuestro corazón, que tiene el potencial de hacernos pecar contra otra persona. Por ejemplo, el mandamiento "no matarás", no sólo involucra el hecho de asesinar a alguien, sino que abarca todos los sentimientos y pensamientos que pueden llevar a una persona a asesinar a otra. Quizás nunca llegaremos al punto de quitarle la vida a alguien, pero Dios ve en nuestro corazón, y no pasará por alto si encuentra en él pensamientos oscuros. 

El espíritu de la Ley mosaica estaba centrado en el amor verdadero; de hecho, la Escritura dice que toda la ley se resume en dos mandamientos: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente" y "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 22:37,39). Entonces no debe extrañarnos que Su Palabra también diga: "Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino, y ustedes saben que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él" (1Jn 3:14-15, RVA 2015). Por tanto, hagamos un autoexamen para saber qué pensamientos albergamos sobre los demás, que no guardan armonía con lo que el Señor manda.

Sobre cuidar el corazón, hay muchos versículos. Entre otros, citamos: 
  • "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras" (Jer 17:9-10); 
  • "Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias" (Mt 15:19); 
  • "No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón" (Mt 6:19-21); 
  • "Por sobre todas las cosas cuida tu corazónporque de él mana la vida" (Pr 4:23 NVI). 
El resto de los mandamientos sobre los cuales habló Jesús tratan de lo mismo; es decir, de que estemos atentos a lo que estamos guardando en nuestro corazón, para no pecar contra Dios.


Entonces, Jesús comenzó diciendo: "Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio." (ver Éx 20:13; Dt 5:17). En seguida, Jesús explicó que quien se enoje con su hermano será sujeto a juicio; si lo insulta llamándolo "necio", podría ser llevado a juicio; y si le llama "fatuo", corre el riesgo de condenación eterna. Así que, si uno va al altar a presentar una ofrenda y recuerda que tiene un conflicto con alguien, debe reconciliarse primero con esa persona. De esta forma, evitará conflictos pendientes y el peligro de ser juzgado y echado a la cárcel, de donde no saldrá hasta que salde toda su deuda. (5:21-26)

* Como dijimos, el segundo mandamiento más importante es "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (ver Mt 22:36-40). Asimismo, Jesús dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame" (Lc 9:23). También enseñó el Señor que "nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos" (Jn 15:13).  
 
Un auténtico hijo de Dios ama como Cristo nos amó, quien "se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2:8), a fin de darnos vida eterna a nosotros que no lo merecíamos. Esto no significa que nosotros debemos literalmente dar nuestra vida por otros, sino que debemos negarnos a nosotros mismos (cargar nuestra cruz) por el bien de los demás.   
 
Cada palabra que sale de nuestra boca tiene efectos sobre quien la recibe, ya sea para edificación o para destrucción. Jesús enseñó que "de la abundancia del corazón habla la boca" (Lc 6:45); por tanto, cuidemos de qué estamos llenando nuestro corazón, porque, dijo el Señor que, "de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio" (Mt 12:36).  
 
La nueva vida en Cristo implica morir al viejo hombre (o mujer) y ser revestidos del nuevo, "creado a imagen de Dios en verdadera justicia y santidad" (Ef 4:24). Esto se logra mediante la "renovación del espíritu de nuestra mente", según lo expresa Pablo en Ef 4:22-32No es meramente una opción, sino un mandato divino para el cual el Espíritu Santo nos ha equipado. Significa que no debemos permitir que nuestra mente siga bajo la influencia de las tendencias de este mundo, sino que, llenándonos de la Palabra de Dios, seamos transformados en nuestro entendimiento para alcanzar la madurez, y ser capaces de discernir entre el bien y el mal. 
 
El amor definido por las Escrituras "es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no es jactanciosono es arroganteNo se porta indecorosamenteno busca lo suyono se irritano toma en cuenta el mal recibido. El amor no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdadTodo lo sufretodo lo creetodo lo esperatodo lo soporta. El amor nunca deja de ser". (1Co 13:4-8 NBLA) 
 

La Ley dice: "No cometerás adulterio" (Ex 20:14; Dt 15:18). Pero Jesús enseña que, cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, dice Jesús:  "si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno". (5:27-30)

* El pecado habita en los miembros de nuestro cuerpo, y domina sin piedad a aquéllos que no han experimentado la regeneración espiritual; pero los que hemos recibido el Espíritu del Señor en nuestro interior, ya no somos esclavos del pecado que reina en nuestra carne, y tenemos poder para someterlo. Ser regenerados significa que fuimos sacados de las tinieblas y trasladados al Reino de Luz, para ser hechos a la imagen del Hijo de Dios, mediante la renovación de nuestro entendimiento. Si bien ahora somos una nueva creación, y, por ende, no estamos sujetos a nuestra naturaleza terrenal, debemos estar alerta ante ella, pues, sigue teniendo influencia, mas no autoridad, en nuestras decisiones.


La Ley permitía al hombre dar carta de divorcio a la mujer, cuando el marido veía en ella algo indeseable (Dt 24:1-4); pero Jesús explica que aquél que repudia a su esposa, excepto por el motivo de que ella haya sido infiel, la expone al adulterio; y quien se case con la mujer rechazada, también comete adulterio. (5:31-32)

* En otra ocasión, los fariseos preguntaron a Jesús por qué Moisés mandó dar carta de divorcio y repudiar a la mujer. El Señor contestó que no siempre fue así, pero que Moisés lo permitió debido a la dureza de corazón del pueblo. Sin embargo, el Señor recuerda a sus discípulos que el mandamiento original para el matrimonio dice: "dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Gn 2:24). Esto quiere decir que, una vez que se ha consumado la unión sexual, son el uno para el otro, inseparables, como si fueran un solo cuerpo.
 
Lamentablemente, por causa del pecado imperante, hoy en día muchos consideran que este mandato está obsoleto, y se pregona la libertad sexual, convirtiendo al sexo en una forma más de entretención. No obstante, aunque los del mundo reclamen el derecho a hacer con su cuerpo lo que ellos estimen, los creyentes, sabiendo que Dios no cambia, ni tampoco sus mandamientos, debemos tener presente que la fornicación, esto es, sexo fuera del matrimonio, siempre ha sido y seguirá siendo pecado. Con mayor razón, debido a que Cristo nos compró con su sangre para Dios, y nos hizo templo del Altísimo. Ya no somos nuestros, sino del Dios; por tanto, no tenemos derecho a contaminar lo que es del Señor.


También Jesús enseñó que, aunque la Ley prohibía jurar en falso (perjurar), y mandaba cumplir los votos hechos a Jehová (Lv 19:12; Nm 30:2; Dt 23:21), nosotros no debemos jurar en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey (Is 66:1; Mt 23:17-22; Sal 48:2; Stg 5:12), ni jurar por nuestra cabeza, pues, no podemos hacer que nuestro cabello se vuelva blanco o negro. "Baste con decir claramente “sí” o “no”. Pues lo que se aparta de esto, es malo" (Mt 5:37 DHH). (5:33-37)

* Ser cristiano significa ser una persona cuya palabra vale. Todo compromiso hecho dentro de la Voluntad de Dios debe ser cumplido; no obstante, cualquier compromiso que viole los mandamientos de Dios debe ser deshecho, porque "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch 5:29). Consecuentemente, es mejor no prometer, que prometer y no cumplir, especialmente, cuando la promesa se hace a Dios.


Continuó Jesús diciendo que la Ley dice: "Ojo por ojo, y diente por diente" (Ex 21:24; Lv 24:20; Dt 19:21). Sin embargo, el Señor manda a no resistir al malo: si nos golpean una mejilla, pongamos la otra; si nos quieren quitar la túnica; entreguemos también la capa; si alguien nos obliga a llevar carga una milla; que la llevemos dos. Dijo que al que nos pida, le demos; y al que quiera tomar prestado, no le rehusemos. (5:38-42)

* La venganza es mía, dijo el Señor; "Yo pagaré". Nosotros no debemos resistir al malo de ninguna manera que no sea con la Palabra de Verdad, y haciendo el bien. Cualquier otro tipo de acción de defensa puede acarrearnos consecuencias indeseables para nuestra vida en este mundo. Sin embargo, si en vez de maldecir o resistir al enemigo, le hablamos en amor; si le dejamos tomar más de lo  que demanda, estaremos llevando a ese corazón en tinieblas tanta luz que querrá saber qué hay en nosotros que él no tiene, y comenzará a buscar.


También dijo que la Ley dice "amarás a tu prójimo" (Lv 19:18), y que debes aborrecer al enemigo; pero Jesús manda a amar a los enemigos, a bendecirlos y no a maldecirlos; a hacer el bien a quienes nos aborrecen; a orar por los que nos ultrajan y persiguen. Porque así actúa el Padre celestial: quien hace salir el sol y que caiga la lluvia sobre justos e injustos. Nosotros somos llamados a ser perfectos, como nuestro Padre que está en los cielos. (5:38-48)

* En los tiempos de Moisés, Israel debía luchar contra las amenazas de los pueblos paganos que enfrentaron en el desierto, y que habitaban la tierra que Dios había prometido darles en herencia, los cuales debían ser destruidos para evitar que el pueblo santo se contaminara con sus perversas costumbres. Esos pueblos  eran politeístas, y no conocían a Jehová, por lo que estaban llenos de maldad. No obstante esto, YHWH no permitía que se maltratara a los extranjeros que lo reconocían a Él como el único Dios viviente, y les dejaba convivir entre los hebreos, si se sometían a todo lo que la Ley mandaba. Sabemos que la Ley mosaica tenía por objetivo educar a Israel a fin de conducirlo hacia su Mesías, pero también buscaba que muchos de los que antes eran pueblos politeístas, viendo a Israel y las maravillas que Dios hacía por su pueblo, reconocieran que sólo hay un Dios Verdadero, YHWH, y quisieran tener lo que Israel teníaFue así cómo, cuando el tiempo se cumplió, y vino el esperado Ungido de Dios, el campo ya estaba preparado para la siega, pues muchos de esos pueblos paganos ahora ansiaban la llegada del Mesías, tanto como Israel. Cuando el llamado al arrepentimiento para vida eterna comenzó a pregonarse, no sólo lo oyeron los hijos de Israel, sino todos los que esperaban la venida del Salvador. 

 
A los incrédulos no debemos considerarlos nuestros enemigos, sino el campo donde sembrar la semilla de la Palabra. Sin embargo, muchos de ellos rechazarán que se les hable de Dios o Jesús, pero al ver el andar en amor y fe de un creyente regenerado por el Espíritu Santo, sin que se les hable, sabrán que en los cristianos hay una esperanza que ellos desconocen, y también querrán tenerla. Dijo Pablo: "si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza" (Ro 12:20), significando con esto que el amor, que seamos capaces de proyectar al prójimo, será suficiente testimonio para encender en ellos el fuego del anhelo de conocer al Autor de nuestra salvación.

sábado, 7 de diciembre de 2019

MATEO I - Las Credenciales del Mesías (Mt 1 - 4:11)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)



DATOS GENERALES



Título del Libro: MATEO (Mt)
N° de Capítulos: 28
Autor : Mateo, Apóstol de Jesucristo
Fecha: Alrededor del 60 al 65 d.C
Clasificación: Primer libro de los denominados Evangelios (Los otros son los libros de Marcos, Lucas y Juan)
Tema: Vida del Hijo de Dios en la tierra, y cumplimiento de las Profecías Mesiánicas



INTRODUCCIÓN


El Nuevo Testamento contiene veintisiete libros; los primeros cuatro de ellos resumen la vida de Jesús en la tierra, y se les identifica como "los evangelios", pero sabemos que todos los libros del Nuevo Testamento están basados en el Evangelio de la salvación por la gracia de Dios.

Mateo es el primer Evangelio que aparece en la Biblia. No sólo eso, es el primer libro del Nuevo Testamento. Los estudiosos atribuyen esta posición, al hecho de que Mateo es el perfecto eslabón que une el Antiguo Testamento con el Nuevo, ya que su autor se preocupa de resaltar, permanentemente, que muchos de los hechos relatados son el cumplimiento de profecías anunciadas en el Antiguo Testamento. Mateo es, además, el más conocido de los cuatro evangelios, quizá porque es el primero, o bien, porque es el que tiene más capítulos, por tanto, cuando leemos Mateo, tenemos un buen panorama general del ministerio del Hijo de Dios en la tierra; sin embargo, la tradición indica que el primer Evangelio en escribirse fue el de Marcos.

Mateo forma parte de los tres evangelios que se conocen con el nombre de sinópticos, porque siguen una línea muy similar en cuanto a su contenido. El más breve es el de Marcos, que probablemente sirvió como base a los otros dos. El tercero es el de Lucas. En tanto que, el Evangelio de Juan tiene su propia correlación y énfasis.

El nombre en hebreo de Mateo es Matityahu, que significa "don de Dios".

Mateo también era conocido con el nombre de Leví, y se unió a los discípulos de Jesús, tras ser llamado directamente por el Maestro. Hasta entonces, él se desempeñaba como publicano, es decir, prestaba servicios al imperio romano, recaudando impuestos para el César. Un publicano era considerado de lo peor entre los judíos, pues se les tildaba de traidores, ya que se enriquecían a costa de los de su propio pueblo, sirviendo a sus opresores. Sin embargo, cuando conoció a Jesús, no lo pensó dos veces, y de una vez y para siempre, abandonó su oficio y su vida de corrupción, para seguir al Señor.

En este Evangelio, su autor presenta las credenciales que certifican que Jesús es el Hijo de David, heredero al Trono eterno, conforme a las Escrituras. 


ESTUDIO


GENEALOGÍA DEL REY


Comienza este primer libro del Nuevo Testamento con la genealogía de los antepasados de Jesús, partiendo por Abraham, siguiendo con su hijo Isaac, luego, Jacob y su hijo Judá, pasando por todos los reyes del reino de Judá, hasta la deportación a Babilonia, llegando hasta Jacob, quien engendró a José, esposo de María, "de la cual nació Jesús, llamado el Cristo". Mateo, al final de este listado, hace la siguiente observación: "todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce". (1:1-17)

Con respecto a estos primeros versículos de este Evangelio, caben los siguientes comentarios: 

* No obstante que Mateo muestra a Jesús como descendiente del rey David, a través de su hijo el rey Salomón, algunos alegan inconsistencia en las Escrituras en cuanto al parentesco de Jesús con aquél a quien Jehová hizo la promesa de que el Mesías vendría de su linajeporque Jesús no fue engendrado por José, descendiente de David, sino por el Espíritu Santo. Por otra parte, si vamos al Evangelio de Lucas, nos encontramos con otra aparente contradicción en las Escrituras, pues, el evangelista dice que Jesús desciende de Natán, otro de los hijos de David. Con todo, Lucas tiene cuidado en aclarar que Jesús era "hijo, según se creía, de José...", para luego continuar con el detalle de la ascendencia de Jesús, hasta llegar a Adán, el primer hombre, a quien señala como "hijo de Dios".

Las genealogías descritas tanto por Lucas como por Mateo son correctas, y probablemente la diferencia está en el énfasis que cada escritor quiso dar a su relato. En el caso de Mateo, él pone énfasis en el linaje real de Jesús por medio de José, su padre adoptivo, pues, siendo Jesús adoptado como hijo legítimo por José, le correspondían todos los derechos legales de primogénito, incluido el linaje real que precedía a los antepasados de José, descendiente de David, padre de Salomón. En cuanto a Lucas, su interés estaba en enfatizar la humanidad de Jesús, aun cuando era el Hijo de Dios. Por esta razón, habría decido dejar por escrito su procedencia según la carne, describiendo la genealogía del Hijo del Hombre que nació de María, quien también era descendiente de David, posiblemente, a través de su hijo Natán. Por tanto, ya sea que se tome la ascendencia de Jesús como hijo adoptivo de José, o como nacido de María, en ambos casos se cumple la promesa que YHWH hizo a David, de que de su descendencia nacería Aquél que le edificaría casa, cuyo trono sería eterno.

Sin perjuicio de lo anterior, no podemos pasar por alto el comentario que, sobre esta controversia, insertó Eusebio, historiador cristiano del tercer siglo, en su obra "Historia de la Iglesia". En el Capítulo 1:7 titulado "La Persona y la Obra de Cristo", Eusebio, citando la carta de otro autor de nombre Africano, dice: "Los nombres en las familias de Israel se enumeraban bien por naturaleza, bien por ley; por naturaleza era en el caso de descendientes genuinos; por ley, cuando otro hombre era padre de hijos en el nombre de un hermano que hubiera muerto sin descendencia". Es decir, la diferencia se produce por la ley de levirato, que mandaba que, cuando un hombre moría sin dejar descendencia, su hermano debía desposar a la viuda, con el fin de engendrar heredero para el difunto. El escritor explica que el bisabuelo de José, por la línea de Salomón, llamado Matán, se casó con Ester, con quien tuvo un hijo llamado Jacob, y luego murió. Ester, habiendo enviudado, se casó con Melqui, que era primo del difunto, descendiente de otro hijo de David, Natán. De la unión de Ester con Melqui, nació Elí. Es decir, Jacob (el primer hijo de la viuda) y Elí eran hermanastros por parte de la madre. Posteriormente, Elí se casó con una mujer con la cual no tuvo descendencia antes de morir; y es entonces que se hace efectiva la ley de levirato, pues, Jacob, el hermanastro, tomó como mujer a la viuda de Elí, de la cual nació José, el padre adoptivo de Jesús. Dicho de otra manera: según esta explicación, José era hijo natural de Jacob, pero hijo de Elí según la ley.

Sin importar cual sea el origen de esta aparente contradicción, lo más relevante es que es indiscutible que Jesús era descendiente de David, tanto por adopción como según la carne, porque era hijo de María, también del linaje de David. 
  
Con todo, lo que más llama la atención tiene que ver con el hombre escogido por cada escritor como punto de partida de esas genealogías: Mateo parte con el nombre de Abraham, el padre de la fe, a quien Jehová hizo las promesas, y no de Adán, el primer ser humano creado del polvo de la tierracomo lo hizo Lucas. En otras palabras, Mateo desea llevar nuestra atención hacia Jesús, el Hijo de Dios en quien se cumple la promesa hecha a Abraham de que en su simiente serían benditas todas las naciones; en tanto que Lucas nos hace mirar hacia Jesús, el Hijo del Hombre ungido por Dios para morir por sus hermanos que, como Él, eran carne y sangre. Porque Jesús, aun cuando su origen es de la eternidad, era un ser humano, nacido en un cuerpo terrenal como el de Adán, pero sin pecado, porque nació de la simiente de Dios. 

** ¿Tiene el comentario de mateo, relativo a los tres grupos de catorce generaciones cada uno, entre que se hizo la promesa a Abraham hasta que nació el Mesías, un fin más profundo que un simple dato anecdótico? La experiencia nos dice que en las Escrituras nada está puesto al azar, y que Dios permitió que estuviera allí por algún motivo. Si multiplicamos el número de 14 generaciones por 3, nos da un total de 42 generaciones. (Como dato extra, agregaremos que desde Adán hasta el nacimiento del Mesías hay sesenta y dos generaciones). El número 42 encierra un misterio, porque aparece en otros textos bíblicos. Por ejemplo, en Ap 11:2-3 dice que el patio del templo fue entregado a los gentiles, quienes hollarán la ciudad santa por 42 meses; pero que el Señor dio a sus dos testigos 1260 días (es decir 42 meses o tres años y medio) para profetizar. En Ap 13:5, dice que el dragón dio autoridad a la bestia para actuar por 42 meses. En otra parte del libro de la revelación, Ap 12: 6, dice que la mujer que dio a luz al varón, al que el dragón escarlata quería devorar, huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para ser sustentada por 1260 días, (es decir 42 meses ó 3 años y medio, los que, creemos, no serían meses como los conocemos, pues para Dios un día es como mil años...). La mujer perseguida es Israel; primero como el Israel terrenal, el de las doce tribus, que dio a luz al Salvador, pero luego de la resurrección del Mesías, como el Israel de la fe, la congregación de los santos, que peregrina por el desierto hasta que reciba la tierra por herencia, conforme a la bendición hecha al patriarca Abraham, el padre de la fe. Por tanto, entre la promesa y el nacimiento del Mesías está el número 42 (seis veces siete generaciones); y entre el nacimiento del Mesías y el regreso de éste en gloria y majestad, vuelve a aparecer el número 42. Quizás en ese juego de números se encuentra el misterio de la profecía de Daniel. No es mi intención, por ahora, comenzar a elaborar una teoría sobre el tema; sólo me limito a poner el tema en relieve.


CONCEPCIÓN DEL HIJO DE DIOS


Mateo nos relata la concepción de Jesús de la siguiente manera: "Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo". Cuando José se enteró de esto, quiso romper el compromiso, pero un ángel se le apareció en sueños, y le dijo que no temiera recibirla como esposa, pues, el Hijo que estaba en su vientre era del Espíritu Santo, y que debía llamar su nombre "Yeshua" (Jesús en español), que significa "Salvador", porque él salvaría a su pueblo de sus pecados. Entonces, Mateo escribe: "todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros". Consecuentemente, José tomó a María como esposa, pero no consumó su matrimonio, sino hasta después de que María dio a luz al Hijo de Dios. (1:18-25)

* En Lc 1:26-35 se relata cómo fue el momento en que el ángel Gabriel, enviado por Dios, fue hasta María, que vivía en Nazaret, ciudad de Galilea, para comunicarle que ella había hallado gracia ante los ojos de Jehová para concebir en su vientre un Hijo, al cual pondría por nombre Jesús, quien sería llamado Hijo del Altísimo, y al que Dios daría el trono de David, para que reinase sobre la casa de Jacob para siempre (ver Is 9:7). María le preguntó cómo podría suceder eso, pues, ella era virgen. El ángel Gabriel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lc 1:35).

** La religión católica niega que María haya consumado su matrimonio con su esposo José, y declaran a "María siempre virgen", lo que contradice la versión original de este evangelio, donde leemos que, luego de que el ángel habló con José para que recibiera a María, quien estaba encinta por obra del Espíritu Santo, éste la tomó como su mujer, “Pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta que dio a luz un hijo, a quien le puso por nombre Jesús” (Mt 1:24-25 NVI). Es decir que, después del nacimiento de Jesús, ellos sí se unieron carnalmente, e incluso concibieron hijos e hijas. Es llamativo que traten de defender la virginidad de María como si fuera pecado que se hubiera unido sexualmente a su marido legítimo, obedeciendo, por lo demás, el mandamiento que dice que, "dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Gn 2:24), o el que manda a Adán y Eva a fructificar, multiplicarse y llenar la tierra. La relación sexual entre marido y mujer no es pecado y, de hecho, el Apóstol Pablo se refiere al tema y, dice a las parejas de casados que no se nieguen el uno al otro, y que cumplan con sus deberes conyugales mutuamente, y está hablando de la intimidad sexual. Lo que es pecado es la fornicación, es decir, relaciones sexuales fuera del vínculo marital.

En los relatos estudiados, vemos en acción el cumplimiento de las siguientes profecías 
 
  • Gn 3:15 , La simiente de la mujer, el Hijo del Hombre que hirió a Satanás en la cabeza, viene al mundo;
  • Is 7:14: El Mesías no sería concebido de simiente humana, sino del Espíritu Santo en una mujer virgen. 
  • 2 Sa 7:12; 1R 8:25; 2 Cr 6:16; 1 Cr 17:11-15: El Mesías vendría del linaje del rey David, y sería conocido como el Hijo de Dios 
  • Gn 49:8-12: El Mesías vendría de la tribu de Judá, y procedería del linaje de los reyes. 
  • Is 9:6-7; Dn 2:44: El reinado del Mesías será eterno. 
  • Sal 130:8: El Salvador redimiría de sus pecados a Israel. 

NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS


Mateo cuenta que, cuando nació Jesús, vinieron desde el oriente unos hombres sabios, que buscaban al rey de los judíos que había nacido, pues habían visto su estrella, y querían adorarle. Cuando el rey Herodes se enteró de que buscaban al pequeño rey de los judíos, se turbó, y reunió a los sacerdotes y escribas para consultarles qué decían las Escrituras sobre el nacimiento del Cristo, y éstos citaron Mi 5:2, que dice: "Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel". Herodes habló con los magos, con el fin de indagar más sobre la estrella, y los envió a Belén, diciéndoles que, a su regreso, pasaran por palacio para informar al rey, de modo que él pudiera ir también a adorarle. Siguiendo la estrella, los magos continuaron su viaje hasta que vieron que ésta se detuvo en una vivienda, donde encontraron a María con el niño, y le adoraron, y abrieron sus tesoros, ofreciéndole presentes: oro, incienso y mirra. A su regreso, no volvieron a Herodes, pues, siendo advertidos en sueños que no lo hicieran, tomaron otro camino. (2:1-12)

Sólo en este evangelio se menciona a estos hombres sabios que venían del oriente, siguiendo una estrella que les señalaba dónde había nacido el nuevo rey de los judíos. Mateo nunca dice que esos magos eran reyes, ni dice cuántos eran, ni mucho menos especifica sus nombres. Por tanto, todo lo que sabemos de ellos fuera de lo mencionado por el autor de este evangelio, no son sino invenciones que se han ido transmitiendo por tradición, de generación en generación.


MATANZA DE LOS NIÑOS


Al darse cuenta Herodes de que había sido burlado por los magos, y ante la amenaza que implicaba a su reinado este pequeño recién nacido, dio orden de matar a todo niño menor de dos años nacido en Belén y alrededores. Pero un ángel advirtió a José con el fin de que tomara al niño y la madre, y los llevara a Egipto, y permanecieran en esa nación hasta después de la muerte del rey. Todo esto ocurrió, dice Mateo, para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta Oseas: "De Egipto llamé a mi Hijo". También la matanza significó el cumplimiento de las palabras de Jeremías, cuando dijo: "Voz fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron." Cuando murió Herodes, un ángel apareció a José en sueños, y le dijo que volviera a tierra de Israel, porque ya no estaban los que procuraban matar al niño. Al saber que Arquelao gobernaba Judea en lugar de su padre, José siguió su camino a Galilea, según le fue revelado en sueños, y habitó en Nazareth, "para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno." (2:13-23)

* El rey Herodes aquí mencionado sería el conocido como Herodes el Grande; un idumeo, es decir, descendiente de Esaú (Edom), el hermano gemelo de Jacob, pero, obviamente, no judío, pues, los judíos son descendientes de Israel (que antes era Jacob). Lo curioso, es que datos históricos prueban que Herodes el Grande murió el año 4 a.C., es decir, ¿murió cuatro años antes de que Jesús naciera? ¿Cómo podría ser, entonces, el autor de las muertes de los infantes?
 
Hay dos posibilidades: el que gobernaba Israel cuando Jesús nació no era Herodes el Grande, sino su hijo Herodes Arquelao, quien gobernó Judea entre el año 4 a.C. y 6 d.C., o hay un error, no bíblico, sino del calendario establecido para contar nuestros días.  
 
De acuerdo con el relato de Mateo, queda claro que no puede ser la primera opción, pues, Herodes Arquelao fue el que sucedió en el trono al rey Herodes que intentó matar al recién nacido Salvador de Israel. Citando las palabras textuales de Mateo, éste escribió: "después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño", y luego agregó: "Pero oyendo (José) que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea" (Mt 2:19-22). Asimismo, descartamos a Herodes Antipas, pues éste no fue gobernante de Judea. Herodes Arquelao y Herodes Antipas eran ambos hijos de Herodes el Grande. Al morir Herodes el Grande, Arquelao asumió el gobierno de Judea, Samaria e Idumea; y el segundo, el gobierno de Galilea y Perea.

Pues, bien, efectivamente, ahora sabemos que Dionisio el Exiguo, en el año 525 d.C. tuvo la misión de establecer el año de nacimiento de Jesús como el año "1" ("Anno Domini" - año del Señor, en latín). El monje, sabiendo por los evangelios, que Jesús había nacido durante el reinado de Herodes el Grande, calculó el nacimiento de Jesús en los últimos años de vida de Herodes, pero, al hacerlo, se equivocó en la fecha de muerte del rey, estimando que éste murió en el año 753 a.u.c.(la sigla a.u.c. es la expresión en latín Ab Urbe Condita, que se refiere a la Fundación de la Ciudad de Roma, que es una de las formas antiguas usadas para contar los años), cuando lo cierto es que murió en el 750 a.u.c., que equivale al año 4 a.C. de nuestro calendario.  
 
En cuanto a cómo determinar la fecha de nacimiento del Señor, hay que considerar que le debe haber tomado algún tiempo al rey Herodes darse cuenta de que había sido burlado por los magos, quienes no volvieron para decirle dónde hallar al pequeño rey de los judíos; lo que nos hace pensar que deben haber pasado entre uno a dos años desde el nacimiento de Jesús, antes de que Herodes ordenara la matanza de los niños, pues, el rey debe haber estimado el tiempo transcurrido entre la venida de los reyes a palacio hasta la fecha en que se encontraba en ese momento, para llegar a la conclusión de que, si mataba a todos los menores de dos años, se aseguraba de dar muerte al pequeño Rey de los judíos que amenazaba su reinado. En el caso más extremo, vamos a suponer que Herodes murió el mismo año en que mandó matar a los niños (aunque lo más probable es que haya sido tiempo después), como mínimo podemos concluir que Jesús había nacido entre cinco a siete años antes del que Dionisio estableció como el año 1 de la era cristiana. Todo lo anterior nos lleva a afirmar, por extraño que suene, que la verdadera fecha de nacimiento de Jesús sería alrededor del año 6 ó 7 antes de Cristo.
 
Pero aún hay más para sorprendernos: de acuerdo con el relato de Lucas, quien usa referencias históricas para contextualizar los hechos de la vida y muerte del Hijo del Hombre, el año en que Jesús fue crucificado fue efectivamente el 33 d.C., por lo tanto, Jesús tenía más de 33 años (¿unos 40 quizás?) cuando dio su vida por nosotros en la cruz.
 
** Raquel era la esposa de Jacob, madre de José y Benjamín, dos de los hijos del patriarca. Se habla del llanto de Raquel por sus hijos, probablemente, debido a que, entre los habitantes de la región de Judea en ese tiempo, muchos eran benjaminitas, es decir, descendientes del hijo menor de Raquel, la tribu que permaneció en el reino de Judá cuando Israel fue dividido en dos reinos, después de la muerte del rey Salomón: Israel al norte, con trono en Samaria, constituido por diez de las doce tribus; y Judá al sur, con trono en Jerusalén, constituida principalmente por las tribus de Judá y Benjamín, (más los sacerdotes y levitas y algunas familias de las diez tribus que salieron del reino del norte).  
 
Cuando estudiamos la vida de las hermanas Lea y Raquel (Estudio de Gn 30:16-24, Blog "Profundizando en la Palabra"), llegamos a la conclusión de que, precisamente, ambas hermanas representaban a Israel dividida; y que Lea simbolizaba al reino del norte, en tanto que Raquel, al reino del sur, de donde proviene el remanente que ahora habitaba esa región en Palestina; que es otro motivo para decir que los niños eran hijos de Raquel.
 
Por último, otra razón sería que, al morir Raquel, sus restos fueron enterrados, precisamente, "en el camino de Efrata, la cual es Belén" (Gn 35:19). 

*** La palabra "rama", "vástago" o "renuevo" en hebreo es "Netzer", de donde viene el término "nazareno". En hebrero Nazaret es Natzeret, y nazareno es "natzri". En la profecía sobre el Mesías, que dice: "Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová" (Is 11:1-2), la palabra hebrea que se traduce como "vástago" o "brote" es "netzer". Por tanto, los estudiosos creen que Mateo estaría haciendo alusión a esta profecía de Isaías o a cualquiera de las que hablan del "renuevo" proveniente de David, por ejemplo: Jer 23:5; 33:15; Zac 3:8; 6:12; Esd 3:8.

Profecías en cumplimiento:
  • Is 9:6-7: Nace el Mesías prometido, cuyo nombre es Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz
  • Os 11:1: El Hijo de Dios fue traído desde Egipto. 
  • Jer 31:15: Matanza de niños descendientes de Raquel.

JUAN BAUTISTA


En seguida, Mateo cambia de escenario, y nos lleva unos treinta años más adelante en el tiempo, hasta Juan Bautista predicando en el desierto de Judea, y llamando al arrepentimiento: "porque el reino de los cielos se ha acercado". El escritor nos dice que "Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dijo: voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas" (Is 40:3). El profeta usaba un vestido de pelo de camello, y un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre (3:1-4).

*El evangelio de Marcos inicia con el ministerio del profeta Juan Bautista, diciendo que éste había venido en cumplimiento de las profecías (de Malaquías e Isaías), que decían: "He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí."; "Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios" (Mr 1:2-3). En cuanto a Jesús, Marcos nos muestra al Señor iniciando su ministerio con un llamado a Israel a arrepentirse y a creer, en los mismos términos que Juan lo hizo. Sus palabras fueron: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio" (Mr 1:15). 

** Charles Spurgeon, el pastor bautista reformado inglés, decía que la fe y el arrepentimiento son inseparables, y tenía razón. No basta con creer, porque, como dijo Santiago, "también los demonios creen, y tiemblan" (Stg 2:19), pero no les sirve para salvación. Lamentablemente, así como los demonios creen en Dios, y temen, dentro de la iglesia hay muchos que aseguran ser salvos, porque creen en Dios, pero como no se han arrepentido de sus obras, continúan estando del lado de aquellos de los cuales habló Jesús, diciendo: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos" (Mt 7:21-23). No pocos versículos en las Escrituras nos llaman al arrepentimiento para salvación.

*** La descripción de la vestimenta de Juan es coincidente con la vestimenta del profeta Elías. Probablemente se hace este énfasis aquí para revelar que, como Jesús dijo, Juan era el Elías que había de venir.

Juan bautizaba en el río Jordán a todos los que llegaban confesando sus pecados. También los fariseos y saduceos llegaban, pero él los reprendía diciéndoles que eran una generación de víboras, y los llamaba a hacer frutos dignos de arrepentimiento. El profeta les recriminaba el que se creyeran especiales, porque eran hijos de Abraham, siendo que Dios podía levantar hijos a Abraham incluso de las piedras. Les dijo que el bautismo que él practicaba era en agua para arrepentimiento, pero que después de él, vendría uno más poderoso que él, quien bautizaría en Espíritu Santo y fuego. Aquél que venía estaba listo para recoger su trigo en su granero, y echar la paja al fuego que no se apaga. (3:5-12)

* Muchísimos pueblos descienden de Abraham, sin embargo, la promesa que Dios hizo al patriarca decía: "tu descendencia se establecerá por medio de Isaac" (Gn 21:12 NVI); pero esto tampoco significa que se es salvo sólo por descender de Isaac, sino por la fe en Jesucristo, que es la simiente de Isaac a la cual se hizo la promesa. El Apóstol Pablo aclara en su carta a los Gálatas que, "a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo" (Ga 3:16).
 
De Abraham nacieron muchos pueblos que se sienten orgullosos de ser descendientes del patriarca, y creen que irán al cielo sólo por ser "hijos de Abraham". Recordemos que su primer hijo Ismael también tuvo hijos que son descendientes de Abraham según la carne, pero si ellos no se han vuelto a Dios por la fe en el Mesías de Israel, no son salvos. Además, Abraham, después de la muerte de Sara, tomó otra mujer por esposa, y tuvo muchos hijos con ella también. Lamentablemente para todos esos orgullosos hijos de Abraham, la salvación no es según la carne, ni siquiera es para todos los descendientes de Isaac o Israel, sino para los que tienen la fe de AbrahamDice la Escritura: "Abraham creyó y le fue contado por justicia" (Gn 15:6); "en tu simiente [Jesússerán benditas todas las naciones, por cuanto obedeciste a mi voz" (Gn 22:18).
 

** Los fariseos y saduceos eran dos grupos políticos y religiosos israelitas, que dominaban en Israel en el tiempo de Jesús. Los fariseos creían en la resurrección, mientras que los saduceos la negaban. Ambos grupos eran poderosos, y muy rígidos en su observancia de la ley mosaica, tanto, que agregaron cientos de nuevos preceptos a la ley, a fin de evitar pecar en lo más mínimo, distorsionando totalmente su sentido más profundo (motivo por el cual muchos se refieren a ellos como "sectas"). Se creían muy puros, pero, como dijo el Señor, no eran más que sepulcros blanqueados, llenos de huesos putrefactos en su interior.

*** El bautismo en Espíritu Santo lo recibimos por la fe en el Hijo de Dios, cuando confesamos con nuestra boca que Jesucristo es el Señor, y creemos que Dios lo levantó de entre los muertos (Ro 10:9-10). El bautizo en agua simboliza la limpieza de nuestra conciencia, y el genuino deseo de mantener esa conciencia libre de contaminación, por eso se llama "bautizo en agua para arrepentimiento", simbolizándose la purificación de todo nuestro ser en la inmersión en agua. Pero sólo cuando ese arrepentimiento es verdadero, la regeneración por medio del Espíritu Santo es posible, de lo contrario, podemos sumergirnos en agua mil veces, pero ninguna transformación se habrá producido. Una vez que el Espíritu Santo hace su morada en el creyente, permanece para siempre. Él es el sello de garantía de que somos salvos de la ira de Dios, y que viviremos eternamente en la tierra nueva, junto a nuestro Señor.

**** ¿Qué es el Bautismo en fuego? Si nos remitimos a las palabras del Apóstol Pablo, cuando dijo: "nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo. Ahora bien, si sobre este fundamento alguien edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada. El fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno. Si permanece la obra de alguien que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa. Si la obra de alguien es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque así como a través del fuego" (1Co 3:11-15 NBLA); concluimos, pues, que el bautismo en fuego son las pruebas que todo creyente debe enfrentar, con el fin de quitar todo lo que estorba a su crecimiento, de modo de ayudarle a despojarse del viejo hombre para ser revestido de Jesucristo.
 
Jehová dijo, a través del profeta Zacarías: "meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro" (Zac 13:9). También por medio de Malaquías, Jehová habló de fuego purificador: "¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia" (Mal 3:2-3). El Apóstol Pedro también se refiere al tema, diciendo: "aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo" (1Pe 1:6-7). Jesús dijo que él es la vid verdadera, y el Padre, el labrador, quien quitará toda rama que no lleve fruto en la vid, y a las ramas que lleven fruto, las podará para que den más frutoDios disciplina a todo el que recibe por hijo, mas, los que son ejercitados en la disciplina de Dios, son fortalecidos en fe, y aprenden a confiar, ya no en sus propias fuerzas, sino en el Dios Todopoderoso, a través de Jesucristo, en quien descansan nuestras almas.

BAUTISMO DE JESÚS EN EL JORDÁN


Llegó el día del bautismo en agua de Jesús, pero Juan se sentía incómodo de bautizar al justo Hijo de Dios, mas Jesús insistió en que lo hiciera, pues era necesario cumplir todo lo establecido. En cuanto salió del agua, los cielos fueron abiertos, y el Espíritu de Dios descendió como paloma sobre Él, y se oyó una voz que decía: "Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia". (Mt 3:13-17)

* Creo que podemos entender la incomodidad que sintió Juan de bautizar al Ungido de Dios, sabiendo que en Él no había pecado, pero Jesús insistió en ser bautizado, porque si no lo hubiera hecho, hubiese desobedecido el mandato que Juan recibió del cielo, de bautizar a los judíos en agua para arrepentimiento. Jesús no vivía al margen de las leyes terrenales, y muchos menos dejaría de observar un mandato dado por Dios. Es más, Jesús enseñó la necesidad de cumplir con las leyes de los hombres, y servir a Dios al mismo tiempo. Él no se excluía de pagar impuestos, por ejemplo, como lo veremos en el relato de Mt 17:24-27. Los apóstoles de Jesús enseñan a los creyentes a someterse a toda institución y autoridad, pagando tributos, respetando las leyes, y siendo excelente en toda obra, respetando las jefaturas aun cuando se trate de personas difíciles de soportar. Ser hijo de Dios conlleva gran responsabilidad y, si es necesario padecer, soportamos con mansedumbre, a fin de que Dios sea glorificado en todo lo que hacemos.

Profecías en cumplimiento:
  • Is 40:3Mal 3:1: Venida de Juan Bautista, antes que el Mesías, para preparar camino al Señor.
  • Mal 4:5: Juan era el profeta Elías, enviado antes de la venida del Señor.
  • Is 42:1-16: Jesús era el siervo de Jehová en quien se complacía. Aquél que venía a establecer justicia en la tierra, y alumbraría el camino al cielo.


SATANÁS TIENTA A JESÚS


Luego de su bautizo en el Jordán, Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu Santo, para ser tentado por el diablo. Llevaba cuarenta días y cuarenta noches de ayuno, y tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan", pero Jesús le respondió citando las Escrituras que dicen que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Dt 8:3). Luego, el diablo lo llevó al pináculo del templo, y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti,  y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra". Mas Jesús volvió a citar las Escrituras, diciendo: "Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios". Finalmente, Satanás tentó a Jesús mostrándole todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y diciendo: "Todo esto te daré, si postrado me adorares". Pero Jesús, citando nuevamente las Escrituras, le respondió: "Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás". Entonces, el diablo lo dejó, y ángeles vinieron hasta Jesús para servirle. (4:1-11)

* Jesús salió de Dios, pero, como dice la epístola a los Filipenses, Él se despojó de su divinidad para hacerse un ser humano como todos nosotrosAlgunos se han preguntado si Jesús podía ser tentado; la respuesta está en estos versículos: "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo" (Mt 4:1). Él no vino como un súper hombre, sino como uno que, como todos nosotros, debió hacer frente a las tentaciones, pero que nunca cedió a ellas. Dios no puede ser tentado, pero, de acuerdo al versículo citado, deducimos que Jesús, en su condición humana, era susceptible de ser tentadoDicen las Escrituras que Jesús debió aprender obediencia; es decir, Jesús gozaba de voluntad propia para escoger a quién obedecer, porque, a diferencia del resto de la humanidad, Jesús no era esclavo del pecado, porque no nació de simiente de hombre, sino de Dios, sin embargo, su obediencia tenía que ser probada: dicen las Escrituras que "Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento" (Is 53:10). La buena noticia es que el bendito Hijo del Hombre salió victorioso, demostrando que amaba más hacer la Voluntad del Padre que a su propia vida, pues, su mirada no estuvo puesta en su sufrimiento, sino en el fruto que aquella aflicción iba a producir: el gozo de llevar a muchos al Reino de Dios.

Jesús es llamado el postrer Adán, pero a diferencia del primer Adán, Satanás no pudo corromper la voluntad de Jesús, quien perseveró hasta cumplir todo aquello para lo cual fue enviado. La férrea obediencia de Jesús al Padre fue la principal derrota de Satanás, pues esa firmeza hizo imposible que la muerte pudiera retenerlo, porque no había pecado en Él, y el pecado es el que lleva a la muerte.

** El Apóstol Juan, en su primera epístola, nos dio un nuevo mandamiento: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo" (1 Jn 2:15-16).
 
Pues, observemos que Satanás tentó, precisamente, en esas áreas al Hijo de Dios: primero, los deseos de la carne. La tendencia del ser humano caído es procurar para sí mismo todo lo que su carne desea, (los descendientes de Adán somos intrínsecamente egoístas), pero la naturaleza de Jesús era sin pecado. Sin dudas, si Jesús hubiese querido transformar piedras en pan, lo hubiese podido hacer, tan fácilmente como que de cinco panes alimentó a una multitud, pero, a pesar de que tenía hambre, Él se mantuvo firme, y cumplió su ayuno hasta el final. 
 
También, Satanás lo puso a prueba a través de los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, mostrándole todos los reinos de la tierra y su esplendor, ofreciéndole dominio sobre ellos a cambio de adorarle a él, pero Jesús, lleno del Espíritu Santo, no podía ser confundido con esas cosas.
 
Pero no sólo lo tentó con lo que entra por los sentidos, sino también quiso probarlo en su carácter, al introducir cada tentación cuestionando su origen divino: "si eres el Hijo de Dios...", quizá esperando despertar en Jesús algún sentimiento de orgullo que le impulsara a querer demostrar, con alguna manifestación extraordinaria, quién era; pero el Hijo de Dios era incorruptible, porque estaba lleno del Espíritu de Dios, y la mansedumbre y humildad fueron su sello durante toda su vida terrenal. Si Satanás hubiera conseguido que cayera en una sola de estas tentaciones, el plan de redención habría fracasado, porque cada una de ella pretendía que Jesús, igual que Adán, desobedeciera la voluntad del Padre.