miércoles, 7 de abril de 2021

MARCOS II - Tener Oídos para Oír (Mr 4 - 5)

 (Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer clic en los enlaces.)


(Comenzar en el Estudio de Marcos I)



EL REINO EN PARÁBOLAS


Nuevamente Jesús comenzó a enseñar junto al mar, y se reunió tanta gente que el Señor decidió entrar en una barca para, desde el mar, hablar a la gente que estaba en la playa. Muchas cosas les enseñaba en parábolas; y entre sus enseñanzas, les contó la historia de un sembrador, diciendo: "El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron junto al camino y las aves llegaron y se las comieron". "Otras cayeron en un terreno rocoso, sin mucha tierra. Pronto germinaron, porque la tierra no era profunda; pero como no tenían raíces, cuando salió el sol ardiente, las marchitó y murieron". "Algunas semillas cayeron entre espinos que, al crecer, ahogaron las plantas y no pudieron dar frutos". "Pero algunas de las semillas cayeron en buena tierra y brotaron, crecieron y produjeron treinta, sesenta y hasta cien semillas por cada una sembrada" (NBV). Concluyó, diciendo: "El que tiene oídos para oír, oiga". (4:1-9)

* Una parábola es una narración que pretende enseñar a través de una ilustración. Jesús contaba historias usando ejemplos terrenales para comunicar un mensaje espiritual; sin embargo, muchos se quedaban sólo con la historia terrenal, porque no tenían el don para comprender su profundidad. Esa comprensión no era común en aquel tiempo, debido a que el Espíritu Santo aún no había sido derramado sobre los santos (apartados para Dios), porque Jesús aún no había sido glorificadoy sólo aquéllos a los que Jesús tenía cerca tendrían el privilegio de entender.  El apóstol Pablo, dijo: "El que no tiene el Espíritu no puede aceptar lo que viene del Espíritu de Dios, pues le parece una locura. No lo puede entender, porque hay que discernirlo con la ayuda del Espíritu" (1Co 2:13-14 NBV)

Gracias a la obra de Jesús en la cruz, ahora es diferente, porque, una vez glorificado por Dios el Padre, Jesucristo nos da de Su Espíritu cuando creemos que Él es nuestro Redentor. Los creyentes ahora sí podemos entender las Escrituras, que es palabra viva, cuando las leemos, porque el Espíritu de Cristo en nosotros es quien nos da oídos para oír (v.9), es decir, la capacidad de entender las cosas espirituales. 

 

Cuando Jesús quedó solo, los doce que Él había escogido y los que estaban cerca de Él le preguntaron qué había querido decir con la parábola, y Él les respondió: "A ustedes se les permite entender el secreto del reino de Dios; pero utilizo parábolas para hablarles a los de afuera, para que se cumplan las Escrituras" (NTV), que dicen (citando a Isaías): "por mucho que vean, no perciban; por mucho que oigan, no entiendan; no sea que se conviertan y sean perdonados" (NVI). En seguida, les explicó la parábola, diciendo: "el sembrador siembra la palabra"; los de junto al camino son aquéllos que oyen la Palabra, pero "tan pronto como la oyen, viene Satanás y les quita la palabra sembrada en ellos". La siembra que cae en terreno pedregoso, son aquéllos que "cuando oyen la palabra, de inmediato la reciben con alegría, pero como no tienen raíz, duran poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, enseguida se apartan de ella". La semilla que cae entre espinos, son los que "oyen la palabra, pero las preocupaciones de esta vida, el engaño de las riquezas y muchos otros malos deseos entran hasta ahogar la palabra, de modo que esta no llega a dar fruto". Pero aquella semilla que cae en buen terreno, son los que "oyen la palabra, la aceptan y producen una cosecha que rinde treinta, sesenta y hasta cien veces más" (NVI). (4:10-20)

* Si leemos bien, podemos concluir que, lamentablemente, la mayoría de los ejemplos no se refieren a incrédulos, sino a personas que creen cuando se les habla la Palabra, sin embargo, por las razones explicadas por el Señor, no todos dan fruto, y terminan perdiéndose. Estas palabras también las dijo Jesús: "muchos son llamados y pocos escogidos" (Mt 22:14). 

Los del camino son como los descritos por Pablo en su segunda epístola a los corintios, cuando dijo: "si todavía nuestro evangelio está velado, para los que se pierden está velado, en los cuales el dios de este mundo (Satanás) ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios" (2Co 4:3 NBLA). 

En cambio, los que fueron sembrados en pedregales y entre espinos, Jesús dijo que recibieron la palabra con gozo, pero evidentemente nunca llegaron a ser salvos, porque la recibieron de manera superficial, y no con un corazón dispuesto a ser transformado por ella. El Apóstol Juan, refiriéndose a algunos que habían apostatado de la fe, escribió: "salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros" (1 Jn 2:19), afirmando con esto que la salvación se tiene o no se tiene, pero no se pierde.

Un ejemplo bíblico, donde queda claro que no basta con creer, es la historia de Simón, el mago de Samaria que, habiendo creído la palabra predicada por Felipe, fue bautizado en el Nombre de Jesús, junto a otros que también creyeron; sin embargo, dice la Escritura, que ninguno de los bautizados había recibido aún el Espíritu Santo, que es el sello de garantía que nos da Dios, que indica que somos suyos; consecuentemente, aunque estaban bautizados, ninguno era salvo todavía. De hecho, cuando Simón vio que, por la imposición de manos de los apóstoles, todos recibían el Espíritu Santo, él quiso comprar ese poder, lo que motivó que Pedro lo reprendiera fuertemente diciéndole: "Tu dinero perezca contigo" (Hch 8:20), y lo exhortó a arrepentirse, y a rogar a Dios por si quizás recibiera perdón por esos pensamientos perversos. Puesto que el Espíritu Santo no había venido a Él, porque su corazón no era recto, es evidente que Simón no estaba arriesgando perder su salvación, ya que, aunque había creído, e incluso fue bautizado, no era salvo. 

** Reflexionando en las palabras de Jesús, cuando dijo que los misterios del reino sólo se dan a conocer a los que creen (v.11), podemos comprender por qué muchos de los incrédulos desechan la Biblia, argumentando que no la entienden. Pero los planes de Dios son perfectos, y ése no es motivo para alguien se pierda, porque, cuando Dios llama, al mismo tiempo que llama, cura la ceguera y sordera del corazón, abriendo el entendimiento para que, el que oye el evangelio, crea y sea movido al arrepentimiento para perdón de pecados. Como dice la Escritura: "Despierta además el oído de ellos para la corrección, y les dice que se conviertan de la iniquidad. Si oyeren, y le sirvieren, acabarán sus días en bienestar, y sus años en dicha. Pero si no oyeren, serán pasados a espada, y perecerán sin sabiduría" (Job 36:10-12). Ahora bien, es cierto que un nuevo creyente va a tener dificultades para entender todo lo que lee en las Escrituras, pero puede estar tranquilo, porque el Espíritu que Dios ha hecho morar en él, no lo dejará estar ocioso, y lo empujará a buscar, y le irá abriendo el entendimiento, de modo que, si el creyente es manso y se deja guiar, perseverando todos los días, con el tiempo se llenará de sabiduría de lo alto y de fe.  

En ese sentido oraba Pablo por los nuevos creyentes, diciendo: "Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos..." (Ef 1:18-19 NBLA); "le ruego (al Padre) que Él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder por Su Espíritu en el hombre interiorde manera que Cristo habite por la fe en sus corazones. También ruego que, arraigados y cimentados en amor, ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios." (Ef 3:16-19 NBLA).


También dijo Jesús:  "¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero?, y añadió: "no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz". Volvió a decir que "Si alguno tiene oídos para oír, oiga". Por último, les dijo que pusieran atención a las palabras que le oían hablar, porque "con la medida con que ustedes midan, se les medirá, y aun más se les dará. Porque al que tiene, se le dará más, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará". (4:21-25)

* Me encanta cómo la Biblia Nueva Traducción Viviente traduce los versículos 24-25, pues, a mi parecer, ése es el significado exacto de los dichos de Jesús: "Cuanto más atentamente escuchen, tanto más entendimiento les será dado, y se les dará aún más. A los que escuchan mis enseñanzas se les dará más entendimiento, pero a los que no escuchan, se les quitará aun lo poco que entiendan" (Mr 4:24-25 NTV). En aquel tiempo, era común que los relatos se hicieran de forma oral, por eso Jesús habla de "escuchar atentamente", pero, en estos tiempos no sólo podemos escuchar la Palabra de Dios, sino leerla. En el fondo, lo que Jesús quiere decir es que, mientras más interés ponga el creyente en buscar las cosas espirituales, más entendimiento le será dado. Por el contrario, la indiferencia producirá sequía del corazón. 

Así dice la Biblia: "Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra" (2Tim 3:16-17 NBLA). Es decir, Dios no nos dio su Palabra para que nos llenemos de conocimiento intelectual, sino para que vivamos según ella, y así sea evidente que somos cristianos. Ése es el significado del versículo que habla de la luz que no se debe esconder, y a eso nos exhorta el Señor, cuando dice: "Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos (los que aún no viven bajo el señorío de Jesucristo) puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos" (Mt 5: 16 NVI).     

También dijo Jesús: "... todo lo que está escondido tarde o temprano se descubrirá y todo secreto saldrá a la luz" (v.22 NTV). Este versículo es muy similar al que dice: "por sus frutos los conoceréis" (ver Mt 7:17-20). Por tanto, si no nos sentimos incómodos cuando actuamos de manera contraria a lo que el Señor nos manda, es motivo de preguntarnos si en verdad somos de Él. Si tenemos dudas, ésta debe ser nuestra oración diariamente: "Examíname, Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Señálame lo que en mí te ofende, y guíame por la senda de la vida eterna" (Sal 139:23-24 NBV).

 

Luego, Jesús explicó: "El reino de Dios es como un agricultor que esparce semilla en la tierra. Día y noche, sea que él esté dormido o despierto, la semilla brota y crece, pero él no entiende cómo sucede. La tierra produce las cosechas por sí sola. Primero aparece una hoja, luego se forma la espiga y finalmente el grano madura. Tan pronto como el grano está listo, el agricultor lo corta con la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha"(NTV). (4:26-29) 

* Cada uno de los creyentes hemos sido llamados a ser sembradores de la semilla de la Palabra, pero Dios es el que da el crecimiento. A veces nos angustiamos cuando vemos que las personas a las que hablamos del Evangelio no parecen haber sido impactadas, pero sólo Dios sabe si la semilla plantada dará fruto. El Señor es el que llama; nosotros somos sus obreros, y no debemos dejar de sembrar, aunque a nuestros ojos pareciera que estuviéramos sembrando en el desierto.  


Y continuó diciendo: "¿Cómo puedo describir el reino de Dios? ¿Qué relato emplearé para ilustrarlo?" (NTV). Entonces comenzó a decir:  "Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra". (4:30-32) 

* A veces, unas pocas palabras que salgan de nuestra boca, que hablen de la cruz, de la fe, de la salvación que tenemos en Jesús, del perdón de pecados, de la vida eterna, serán como pequeñas semillas que quedarán plantadas en el corazón de quienes oyen, las que quizás lleguen a convertirse en un árbol que da mucho fruto para el Reino de los cielos. 


El Señor siempre habló en parábolas para enseñar, usando ejemplos que sus oyentes eran capaces de entender, "Sin parábolas no les hablaba. En cambio, cuando estaba a solas con sus discípulos les explicaba todo." (NBV). (4:33-34)


JESÚS CALMA LA TEMPESTAD

Al llegar la noche, mientras aún estaba en la barca, Jesús propuso a sus discípulos pasar a la otra orilla, así que, habiendo despedido a la gente, salieron en la barca; y otras barcas les seguían.  Durante el trayecto, Jesús se acomodó en la popa, y se durmió sobre el cabezal. De pronto, se inició una gran tempestad de viento, y las olas azotaban la barca, por lo cual comenzaron a anegarse. Los discípulos desesperados, despertaron al Maestro, diciéndole: "¿no tienes cuidado que perecemos?". Entonces Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: "Calla, enmudece", y todo volvió a la calma. Dirigiéndose a los discípulos, les dijo: "¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?". Entonces se llenaron de temor, y se preguntaban unos a otros: "¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?" (4:35-41)

* La fe no nos exime de vivir aflicciones; tener fe significa que, ya sea que estemos bien o en medio de la aflicción, confiamos en la soberanía de nuestro Rey, convencidos de que Él está obrando conforme a sus perfectos propósitos. Las aflicciones del creyente son para santificación; en cambio, los que están en rebelión contra Dios obtienen lo que temen. En otras palabras, si es necesario, los creyentes padeceremos tribulaciones, porque a través de ellas seremos perfeccionados y afirmados en la fe, pero debemos tener la tranquilidad de que ningún padecimiento será en vano, y Dios dará la salida. Quizá no lo comprenderemos en esta vida, pero sin dudas, hay un propósito superior en cada aflicción de un hijo de Dios.

** Jesús vino como un ser humano de carne y sangre, y se cansaba, por eso se durmió profundamente mientras navegaban (v.38); pero también era Dios con nosotros, porque ¿Quién puede tener control sobre la naturaleza, sino su Creador?  Y también sabemos, porque las Escrituras lo dicen, que Jesús es el Logos por medio del cual el Gran Yo Soy creó todo. Nada está fuera del control de Jehová; Él es soberano sobre toda su creación.


UN EJEMPLO DE SALVACIÓN

Viniendo en la barca, llegaron a la región de los gadarenos, donde había un hombre endemoniado que vivía en los sepulcros. De día y de noche recorría los sepulcros y los montes gritando, e hiriéndose con piedras. Cada vez que la gente lo encadenaba, él lograba quitarse las cadenas, y desmenuzar los grillos. Cuando el hombre poseído divisó a Jesús a lo lejos, corrió hacia Él, y se arrodilló diciendo: "¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes", porque Jesús ordenaba al espíritu inmundo salir del hombre. Entonces Jesús le preguntó por su nombre, y el demonio contestó "Legión me llamo; porque somos muchos". Cerca del monte donde se encontraban, había un gran hato de cerdos paciendo; entonces los demonios rogaron a Jesús que no los echase de esa región, y que les permitiera entrar en los cerdos, que eran como dos mil. Jesús les autorizó entrar en los cerdos, y en cuanto lo hicieron, los cerdos se precipitaron al mar, y se ahogaron. Entonces, los que apacentaban a los cerdos, al ver lo sucedido, corrieron a dar aviso a los de la ciudad y los del campo, y les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y los cerdos. Impresionados de ver que el hombre que había estado endemoniado ahora estaba vestido y en juicio cabal, tuvieron miedo, y todos rogaban a Jesús que se fuera. Mas el que había sido sanado, le rogaba al Señor que le permitiese permanecer con Él, pero Jesús le respondió: "Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti". El hombre hizo lo que Jesús le mandó, y todos se maravillaban de escuchar su testimonio. (5:1-20)

* Este evento no es una parábola, sino el relato de uno de los tantos milagros que Jesús realizó, sin embargo, quedó escrito, porque contiene un profundo mensaje espiritual: 

El endemoniado representa el estado de la humanidad antes de tener una relación íntima con el Hijo de Dios. Todos nacimos bajo la potestad de Satanás, dominados por el pecado, y ninguno de nosotros tenía ni la capacidad ni el interés de dejar lo que éramos, hasta que Dios abrió nuestros oídos para que oyéramos su llamado, y nuestros ojos para que viéramos a Jesucristo nuestro Salvador, "el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén" (Ro 9:5).

Quizás, muchas veces en el pasado, sentimos la necesidad de liberarnos de hábitos pecaminosos que nos hacían daño, pero no teníamos el poder para hacerlo, porque Satanás nos mantenía cautivos, y sólo oíamos su voz: estábamos muertos en delitos y pecados, influenciados por las cosas del mundo, que es semejante a vivir en medio de los sepulcros, donde este endemoniado tenía su morada (vv.2-3), pero gracias a Jesucristo, fuimos resucitados de entre los muertos por el pecado, y nos fue dada una nueva vida en el espíritu, mediante la fe.

El hato de cerdos (vv.11-13), de acuerdo a lo que hemos aprendido de las Escrituras, simboliza a aquéllos que no conocen la Verdad, porque, igual que los cerdos, no les incomoda vivir en la inmundicia. Dice la Escritura: "Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo..." (Mt 12:43). Un lugar seco es un lugar donde no está la presencia del Espíritu Santo. Es decir, el o los espíritus inmundos no desaparecen cuando son expulsados, sino que salen a buscar un lugar que les acomode para hacer su morada, como es el corazón de un incrédulo que ama vivir en pecado, tal como los cerdos aman sus porquerizas. 

Otra enseñanza que deja esta historia es que muchos rechazan a Jesús (vv. 14-17), porque no quieren abandonar sus estilos de vida llenos de pecado. Sin embargo, afirmamos con convicción que, dejar una vida de pecado no requiere gran esfuerzo cuando uno ha abierto su corazón a Jesús, porque es el mismo Espíritu Santo, que ha venido a morar en el creyente, el que lo empuja a desechar lo que le hace mal, y a adoptar nuevos hábitos que le harán crecer espiritualmente. Con todo, no somos objetos pasivos en el proceso de santificación, porque es nuestra la responsabilidad de escoger obedecer el consejo de Dios antes que seguir permitiendo ser engañados por las promesas de placer que ofrece el mundo. Además, ya no tenemos justificación para inclinarnos hacia el pecado, porque en Cristo ahora somos libres para escoger lo que nos conviene, pues, ya no somos esclavos de las tinieblas como para que estemos obligados a obedecerlas. Es un hecho que, el que llegó a Cristo con un corazón arrepentido, estará deseoso de abandonar lo que antes lo esclavizaba. En este pasaje, lamentablemente, los que apacentaban a los cerdos, habiendo sido testigos del milagro hecho por Jesús, en vez de dar gracias a Dios, y rogar a Jesús que permaneciera con ellos más tiempo, le pidieron que se fuera, porque mayor que el milagro presenciado, era el dolor de haber perdido a sus cerdos, lo que representa el apego a las cosas mundanas.

Por último, el hombre que fue liberado de los espíritus inmundos deseaba estar donde estuviera Jesús (vv.18-20), pero su misión era quedarse en el mismo lugar, a fin de compartir con los suyos el mensaje de la transformación que Jesús había hecho en él. Todos los que hemos sido justificados en la Sangre de Jesús quisiéramos ir donde está Él, pero, aunque ya no somos del mundo, debemos seguir aquí como sus testigos, porque es necesario que muchos más conozcan el evangelio de la salvación por gracia. Como decía el Apóstol Pablo: "Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Ahora bien, si seguir viviendo en este cuerpo representa para mí un trabajo fructífero, ¿qué escogeré? ¡No lo sé! Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que yo permanezca en este cuerpo" (Fil 1:21-24 NVI). 

Igual como Jesús venció al mundo, nosotros, por su Espíritu, podemos vencerlo también 


TRANSITANDO DEL PACTO MOSAICO AL PACTO DEL ESPÍRITU

Volvieron a la barca, y atravesaron a la otra orilla y, estando junto al mar, se reunió una gran multitud a su alrededor. Entonces, vino hasta Jesús uno de los líderes de la sinagoga, llamado Jairo, quien se postró ante él, rogándole que sanara a su hija que agonizaba, diciendo: "ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá". Mientras se dirigían a casa de Jairo, una gran multitud les seguía y apretujaba. Fue cuando una mujer, que hacía doce años sufría de hemorragias, quien había gastado todo lo que tenía para sanarse, pero sólo había conseguido empeorar su condición, vino por detrás, y tocó el manto de Jesús, pensando para sí: "Si tocare tan solamente su manto, seré salva". Tan pronto tocó a Jesús, la fuente de su flujo se secó, y fue sanada. Jesús, sintiendo que había salido poder de Él, preguntó: "¿Quién ha tocado mis vestidos?". La mujer, muy asustada, confesó que había sido ella, y Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote". Mientras ocurría esto, vinieron de la casa de Jairo para avisarle que su hija había muerto, pero Jesús le dijo: "No temas, cree solamente", y pidió que nadie más los acompañara, excepto Pedro, Juan y Jacobo. Cuando llegaron a casa de Jairo, Jesús vio a los que endechaban, y les mandó dejar de hacer alboroto, porque "la niña no está muerta, sino duerme", les dijo. Todos comenzaron a burlarse, así que los echó fuera, y llevó a la habitación de la niña a sus padres y a los discípulos que lo acompañaban; y tomando la mano de la niña, dijo: "Talita cumi", que quiere decir: "niña, a ti te digo, levántate". Y la niña, que tenía doce años, se levantó, y andaba por todas partes. Jesús les encomendó que no divulgaran este milagro, y les pidió que alimentaran a la niña. (5:21-43)

* Estos dos milagros deben relatarse juntos, porque el Espíritu los usa no sólo para exaltar y recordarnos las maravillas que hizo Jesús durante su ministerio terrenal, confirmando que Él era el Mesías, sino porque también guardan un mensaje espiritual. Si bien es cierto, de ambos milagros podemos extraer hermosas enseñanzas sobre la fe en Jesucristo, que tanto la mujer como el padre de la niña mostraron, por lo cual se les concedieron sus deseos, esta vez, iremos más profundo aún, para ver lo que el Espíritu estaba anunciando a través de ellos. 

Marcos dice que la moribunda hija del líder de la sinagoga tenía doce años (v.42); como doce años también llevaba la mujer padeciendo de hemorragias. En el mundo judío, cuando una niña cumple doce años (en el caso de los varones es a los trece años), ellos celebran el Bat Mitzvá (o Bar Mitzvá), —que significa "hija (o hijo) del mandamiento" — ceremonia que marca el paso de la niñez a la adultez de la joven, tanto en su vida personal como espiritual.  

Por tanto, podemos deducir que, tanto la agonía y posterior muerte de la niña, así como la enfermedad de la mujer, indicaban que había llegado a Israel la hora de madurar. En otras palabras, el tiempo se había cumplido para que Israel transitara del pacto mosaico, —al que no le quedaban muchos días, y estaba próximo a ser reemplazado—, al nuevo y mejor Pacto, anunciado por los profetas, que prometía salvar a Israel no por obras que hubieran hecho, sino por la fe en su Mesías, quien ya se encontraba entre ellos. 

Aquí están los argumentos:

 

No más sacrificios de sangre

El Pacto instituido en el monte Horeb demandaba el constante derramamiento de sangre de animales puros, a fin de expiar los pecados de Israel para ser justificados ante Jehová. Estas ceremonias se realizaban periódicamente, y no podían cesar, porque la sangre de los animales no tiene el poder de purificar para siempre. Para que el sacrificio tuviera valor perpetuo, se demandaba el sacrificio de un hombre perfecto, sin pecado, para que derramara su sangre como sustituto de los pecadores; esto, porque sólo el ser humano fue hecho a imagen y semejanza de Dios 

La mujer con flujo de sangre representa esas ceremonias, las cuales, con la venida del Mesías, llegaban a su fin, lo que se confirma con la sanidad instantánea que experimentó la mujer al tocar a Jesús (vv.28-29). Porque Jehová envió a su Hijo Unigénito para que se ofreciera en sacrificio como el Inmaculado Cordero de Dios, cuya sangre preciosa iba a ser derramada a favor de los pecadores. Ningún otro humano podía hacerlo, porque sólo Jesús fue concebido sin pecado, motivo por el cual sólo Su sangre tiene el poder de expiar de una vez y para siempre los pecados de los descendientes de Abraham según la fe, que no son sólo el remanente de los hijos de Israel, llamados a ser salvos por gracia, sino, como dice la promesa, gente de "todas las naciones de la tierra" (Gn 18:18), que son bendecidas en Abraham, porque creen que Jesús es el Salvador de sus almas, pues, "los verdaderos hijos de Abraham son aquellos que viven por la fe" (Ga 3:7 NVI).  

No más obras, sólo fe

En cuanto a la niña que agonizaba, no se trataba de cualquier niña; era la hija de uno de los principales de la sinagoga; por tanto, la niña representa la doctrina que por siglos se había enseñado a los judíos, de que, si cumplían lo que la Ley mandaba, iban a ser justificados delante de Jehová, y tendrían vida eterna. Pero lo cierto es que "nadie llegará jamás a ser justo ante Dios por hacer lo que la ley manda" (Ro 3:20 NTV), "porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos" (Stg 2:10). Por tanto, puesto que nadie puede cumplir toda la Ley, en vez de salvar, la Ley condena. Pero esto no significa que Dios hubiera fallado en su plan; las Escrituras lo dicen: la Ley mosaica no fue dada para salvar, sino para mostrar "lo pecadores que somos" (Ro 3:20 NTV); "la ley fue nuestra maestra que nos condujo a Cristo, para que fuésemos justificados por medio de la fe" (Ga 3:24 NBV).

De modo que, llegado el tiempo propicio, "Dios hizo lo que la ley no podía hacer. Él envió a su propio Hijo en un cuerpo como el que nosotros los pecadores tenemos; y en ese cuerpo, mediante la entrega de su Hijo como sacrificio por nuestros pecados, Dios declaró el fin del dominio que el pecado tenía sobre nosotros" (Ro 8:3 NTV). Debido a que "era imposible que la muerte lo mantuviera bajo su dominio" (Hch 2:24 NVI), por cuanto, durante toda su vida "Él no cometió ningún pecado ni hubo engaño en su boca" (1Pe 2:22 NVI), a los tres días Dios lo resucitó, y ahora vive, y está "sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos" (He 8:1 NBLA). Por tanto, habiendo muerto y resucitado como nuestro sustituto, Jesús canceló "el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz" (Col 2:14 NBLA), haciéndonos libres, nuevas criaturas, pues, "mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte. De modo que, así como Cristo resucitó por el glorioso poder del Padre, también nosotros andemos en una vida nueva" (Ro 6:4 NVI).

En resumen, el nuevo Pacto se trata de que Dios nos salva por gracia, no por obras; es decir, por la fe, que "es don de Dios" (Ef 2:8)"El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él" (Jn 3:36 NBLA).   

Mientras el pueblo judío no reconozca a Jesús como su Mesías, está en la misma condición de esta niña, quien estuvo muerta hasta que oyó la voz de su Redentor. Pero si se arrepiente de su pecado de incredulidad, también los hijos de Jacob resucitarán a una nueva vida de la mano de Jesucristo 

** Luego de resucitar a la niña, Jesús mandó que le dieran alimento; esto es, porque todo nuevo recién nacido necesita ser alimentado para crecer. El alimento que todos los resucitados en Cristo necesitamos cada día es la enseñanza de la Palabra de Dios, para crecer en el conocimiento de Dios y de Aquél que murió en nuestro lugar; de lo contrario, seremos creyentes desnutridos, fáciles de engañar, y de derribar ante las aflicciones.  "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4:4). Creer es sólo el principio, el crecimiento lo da Dios, y su Palabra es el alimento principal.

*** Para finalizar este capítulo, quiero reflexionar en una pregunta que se escucha frecuentemente en los medios cristianos: ¿Por quién murió Jesús? ¿Sólo por los creyentes o por todo el mundo? 

El Apóstol Juan parece resolver ese dilema al decir que Jesús "es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo" (1Jn 2:2). Sin embargo, no sabemos si al decir "nosotros", hablaba como judío o como cristiano. Si hablaba como judío, "todo el mundo" puede referirse al resto de las naciones; pero si hablaba como cristiano, "todo el mundo" significa "todo el mundo".

Pero, para evitar enredarnos, creo que hay que separar dos conceptos: la ofrenda por los pecados, y la fe que salva. Para ponerlo en palabras simples: si alguien te envía un regalo, pero tú lo rechazas, ya no podrás hacer uso de él; por el contrario, si al ver el regalo, lo estimas invaluable, porque sabes que no lo mereces; lo recibes con humildad y gratitud, postrándote ante quien te lo da, y comienzas a disfrutarlo. 

La sangre derramada por Jesús en la cruz tiene poder para expiar los pecados de toda la humanidad, no obstante, para que nuestros pecados sean perdonados, debemos creer y rendirnos ante Aquél que se ofrendó por nosotros

Hay quienes rechazan el regalo de Jesucristo, y hay quienes lo reciben con júbilo. Esto último es la salvación por fe  
 
Dios envió a su Hijo "para que todo el que crea en él tenga vida eterna" (Jn 3:15)



(Continuar Estudio en Marcos Tercera Parte)



sábado, 13 de marzo de 2021

MARCOS I - La Luz que Disipa las Tinieblas Vino al Mundo (Mr 1 - 3)

 (Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos estudiados (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios hechos por el blogger respecto de esos textos. Los textos en café son citas bíblicas textuales, principalmente de la RVR60; si es otra versión, se especifica con las siglas correspondientes. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer clic en los enlaces.)




DATOS GENERALES



Título del Libro: MARCOS (Mr)
N° de Capítulos: 16
Autor : Juan Marcos
Fecha: Alrededor del 60 al 65 d.C
Clasificación: Nuevo Testamento. Segundo libro de los denominados Evangelios (Los otros son los libros de Mateo, Lucas y Juan)
Tema: Ministerio Terrenal de Jesús, el Siervo de Dios.



INTRODUCCIÓN


Marcos no fue uno de los doce apóstoles de Jesús, y probablemente era un niño o adolescente en el tiempo en que Jesús desarrollaba su ministerio en la tierra.

Juan Marcos —ése es su nombre— aparece mencionado por Lucas en el libro de los Hechos, primero, como hijo de María, en casa de quien se reunían los discípulos. Más adelante, lo menciona como asistente de Saulo (el apóstol Pablo) y de Bernabé (quien era su tío), durante su primer viaje misionero; sin embargo, Juan Marcos desertó de la misión cuando llegaron a Perge, y se devolvió a Jerusalén. Esto provocó gran molestia en Pablo, quien, en su segundo viaje evangelizador, no aceptó que Juan Marcos los acompañara. El desacuerdo entre Bernabé y Pablo fue tan intenso, que decidieron cumplir la misión de fortalecer las iglesias por separado, llevando cada uno a un asistente: Pablo recorrió toda Siria y Cilicia junto a Silas, y Bernabé viajó con Marcos hacia Chipre.

De acuerdo con los antecedentes recopilados en los textos bíblicos, entendemos que Marcos habría sido discipulado por Pedro, pues el Apóstol se refiere a él como "mi hijo" (en la fe), al final de su primera epístola

Sin dudas su inmadurez demostrada al dejar el ministerio en Perge de Panfilia fue corregida al fortalecer su formación cristiana junto a dos grandes como Bernabé y Pedro. Por otra parte, la transformación que el evangelio produjo en Marcos se evidencia en que Pablo cambió su opinión sobre él, de lo cual hay testimonio en la segunda carta dirigida a Timoteo, donde el apóstol, estando en la cárcel, solicita a Timoteo traer a Marcos con él en su próxima visita, pues lo necesitaba para la obra del ministerio.

El Evangelio según San Marcos es el segundo en aparecer en el Nuevo Testamento, y uno de los tres conocidos como "sinópticos" (junto con los libros de Mateo y Lucas), pues la secuencia de los eventos relatados es más o menos la misma.

También se cree que fue el primero en escribirse, obedeciendo a la necesidad de dejar testimonio permanente de lo que hasta entonces habían sido los relatos orales, que se habían transmitido de un discípulo a otro, de las enseñanzas recibidas del Hijo de Dios, basándose en la costumbre judía de transmitir y aprender las enseñanzas sagradas a través de la repetición oral de ellas (Mishnáh): las memorizaban, y traspasaban de generación en generación, para preservarlas. Ese sería el motivo por el cual el evangelio de Marcos es el más corto, pues, con el fin de memorizarlos, se omitían los detalles, y se concentraban en comunicar lo esencial.



ESTUDIO



LA VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO


Marcos inicia el relato del evangelio de Jesucristo haciendo mención del cumplimiento de dos profecías: "He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti" (Mal 3:1); y "Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas" (Is 40:3), las cuales señalaban a Juan, quien bautizaba en el desierto, "predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados". De la región de Judea y de la ciudad de Jerusalén, venía toda la gente al Jordán, confesando sus pecados, para que él los bautizara. "Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre", y predicaba diciendo: "Tras mí viene Uno que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de inclinarme y desatar la correa de Sus sandalias" (NBLA). "Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo", decía. (1:1-8)

* Mi primer comentario es para enfatizar información de gran importancia que proporciona la Escritura, que se pierde en la cita del versículo de Isaías en el Nuevo Testamento (v.3) —lo que también ocurre en las traducciones a lenguajes más actuales del mismo versículo en el Antiguo Testamento— y es que el Mesías es Dios. Si leemos Is 40:3 en la Biblia Textual (BTX), el profeta dijo: "Una voz clama: ¡Preparad en el desierto el camino a YHVH! ¡Allanad en el yermo una calzada a nuestro Dios!" [Is 40:3 BTX]. En otras palabras, Juan el Bautista, (que es a quien está referido este versículo), vino a preparar camino a Dios, quien vino en la persona de Jesús, su Hijo Unigénito, para reconciliar consigo al mundo (2Co 5:19). 
 
Recordemos que YHVH, como lo nombra Isaías, es el tetragrámaton por el que se conoce el Nombre de Dios: YO SOY. Con el tiempo, a estas cuatro letras se le agregaron vocales con el fin de facilitar su pronunciación, quedando como Yahvé o Jehová. Lamentablemente, a mi parecer, el que en las traducciones más actuales de las Escrituras tradujeran el santo Nombre de Dios simplemente como "Señor", contradice el mandato que dio Jehová a Moisés y al pueblo, diciendo que con ese Nombre (YHVH - YO SOY) se le recordará por todos los siglos. Dijo el Señor: "Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Además, dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos" (Ex 3:14-15).

** El segundo comentario que cabe hacer tiene que ver con lo que dice el primer versículo en el original, y lo que fue escrito en algunas versiones posteriores. Aun cuando no se traiciona el sentido de la escritura de Marcos, en la versión RVR60 leemos: "Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios" (Mr 1:1), sin embargo, la expresión "Hijo de Dios" no aparece en los manuscritos más antiguos hallados, por lo cual, se cree que se agregó posteriormente. 

*** Por el evangelio de Lucas, sabemos que Juan Bautista fue "lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre" (Lc 1:15), que se llamaba Elizabet, quien era parienta de María, madre de Jesús. También sabemos, por las palabras de Jesús, que "Juan es el profeta Elías que había de venir" (Mt 11:14 DHH), cumpliéndose así la profecía de Malaquías, quien dijo de parte de Dios: "He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible." (Mal 4:5). De hecho, la descripción del atuendo de Juan (v.6) tendría por finalidad traernos la imagen del profeta Elías, quien, como Juan, "tenía vestido de pelo, y ceñía sus lomos con un cinturón de cuero" (2Re 1:8).

La misión del Bautista era preparar al pueblo para la venida del Mesías, por eso, su llamado a Israel era a reconocer sus pecados, y a arrepentirse de ellos, siendo la inmersión en agua el testimonio de ese profundo deseo de tener una conciencia aprobada por Dios. Pero el bautismo en agua "de arrepentimiento para perdón de pecados" (v.4) es sólo el principio, aunque fundamental para recibir, de parte de Dios, el bautismo en el Espíritu Santo, que es la garantía de nuestra salvación para vida eterna, pues, un corazón que cree, pero no se ha arrepentido sólo acumula "ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras" (Ro 2:5-6).   

En este punto, bueno es recordar que Jesús murió y resucitó a fin de que el Espíritu Santo pudiera ser derramado en los creyentes, cumpliendo Jehová de esta manera la promesa hecha a Abraham, de que todas las familias de la tierra serían bendecidas en su simiente, que es el Santo Hijo de Dios, el descendiente de Isaac según la carne, a quien Dios ungió como heredero de la promesa.  

El que no tiene el Espíritu de Cristo en él no es de Dios, por eso, dice la Escritura que ahora es tiempo de creer y arrepentirse para que los pecados sean perdonados, y para que, por la fe, el Espíritu Santo sea derramado en el que entrega su vida al SeñorSi bien la salvación depende enteramente de Dios, la Escritura dice que el Señor no desprecia un corazón contrito y humillado, que le pide el Espíritu Santo.

 

En aquellos días, Jesús vino proveniente de Nazaret de Galilea, para ser bautizado por Juan en el Jordán. Entonces, cuando Jesús subía del agua, vio los cielos abrirse, y al Espíritu Santo descender sobre Él como una paloma; y se oyó una voz, que dijo: "Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia". (1:9-11)

* Si Jesús nunca había pecado, ¿Necesitaba el bautismo de Juan, que era de arrepentimiento para perdón de pecados? De acuerdo a lo que vemos en el evangelio de Mateo, Juan se habría hecho la misma pregunta, pero Jesús le hizo ver que su santidad no lo eximía del bautismo, sino más bien lo obligaba a cumplirlo, pues, Juan había recibido mandato de Dios para bautizar. Recordemos que Jesús nació bajo el pacto de la Ley. Si Él hubiera omitido ese ritual, habría estado en rebeldía contra Dios, y eso lo hubiera puesto en la misma posición de rebeldía en que cayó Adán en el Edén. Consecuentemente, su vida no hubiese sido ofrenda aprobada para expiación de pecados, por cuanto el pecado hubiera dado paso a la muerte, sin posibilidad de resurrección para vida eterna. Pero ¡bendito es el Hijo de Dios que nunca pecó!, convirtiéndose en el Inmaculado Cordero de Dios que se ofrendó para darnos vida eterna. 


En seguida, desde el Jordán, Jesús fue impulsado por el Espíritu Santo a ir al desierto, donde permaneció por cuarenta días. Allí fue tentado por Satanás, y estaba con las fieras, y los ángeles le servían. (1:12-13)

* La palabra griega traducida como "impulsar" (v.12) es ἐκβάλλω (ekballō), que significa "echar fuera", "expulsar". Es decir, no se trató de una invitación a ir al desierto, sino de un mandato, porque, aunque nunca pecó, Jesús tenía que ser probado en su obediencia a Dios hasta la muerte. Marcos no entra en detalles sobre las tentaciones a las que Jesús fue expuesto, las cuales conocemos por los evangelios de Mateo y Lucas, sin embargo, lo que importa es que, a diferencia de Adán, Jesús fue tentado en todo según su condición humana, pero no pecó.

** Tal como Jesús fue tentado en el desierto, así también nosotros somos probados en nuestra fe cuando venimos a CristoImportante es recalcar que, quien nos tienta o prueba no es Dios, sino Satanás, pero, de acuerdo a lo que aprendemos del libro de Job, Satanás no puede hacer nada que Dios no le permita, ni salirse de los límites que Dios le impone, y cuando Dios autoriza al tentador para que actúe, sólo lo hace por un bien superior, que está más allá de nuestra comprensión, y con el fin de cumplir sus altos propósitos.  

Aun así, debemos poner atención cuando estemos atravesando tiempos difíciles, porque para tentarnos, Satanás se vale de nuestra propia concupiscencia para seducirnos y atraparnos; y si no nos oponemos con firmeza, nuestra debilidad dará a luz el pecado que conduce a la muerte.

Cuando la tormenta arrecie, pidamos sabiduría al cielo para comprender si hay algo en nosotros que debamos eliminar, corregir o mejorar (actitudes, pensamientos, palabras, etc.), que llevaron a Dios a permitir una situación de prueba en nuestra vida, y también para que, durante el proceso, nos dé la fortaleza para resistir firmemente en fe. Con todo, es importante tener presente que la sabiduría no viene sola, hay que procurarla yendo a las Escrituras, pues, el Espíritu se sirve de las Escrituras para ayudarnos en tiempo difíciles, trayendo a la memoria la palabra necesaria para hacer frente a las pruebas y tribulaciones. Miremos a Jesús, quien se defendió de las tentaciones de Satanás citando las Escrituras, porque su corazón estaba lleno de la Palabra de Dios. Tras cada tentación, Él argumentó en contra, diciendo: "escrito está...".  

Las Escrituras dicen que un hijo de Dios con conocimiento de la Verdad será como un árbol bien plantado; y sabemos que un árbol con raíces profunda difícilmente podrá ser derribado. El conocimiento de la Palabra de Dios, y ser hacedores de ella es la mejor forma de resistir al diablo, el cual, no hallando espacio para cumplir sus propósitos, huirá de nosotros.

 

EL REINO DE DIOS EN LA TIERRA


Luego que Juan fue encarcelado, Jesús fue a Galilea predicando el evangelio del Reino de Dios, diciendo: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio". (1:14-15

* Juan había anunciado a sus discípulos: "Es necesario que Él [Jesús] crezca, y que yo disminuya" (Jn 3:30 NBLA). Habiendo cumplido su ministerio de preparar el camino al Mesías anunciado por los profetas, Juan sale de escena (v.14), pues, la hora había llegado para que Aquél al que Dios había ungido con poder del Espíritu Santo iniciara su ministerio terrenal, y se hiciera notorio a los hombres, "haciendo el bien y sanando a todos los que eran oprimidos por el diablo" (Hch 10:38 NBLA). Era el tiempo en que Jesús comenzaba a "deshacer las obras del diablo" (1Jn 3:8), e iniciaba el proceso de anunciar al mundo la reconciliación de la criatura con su Creador por medio de la fe y el perdón de pecados, para dar, a los que creyeran, vida eterna en Él.

** Jesús inicia su ministerio anunciando: "El tiempo se ha cumplido" (v.15).

Para cumplir sus propósitos, Dios tiene su propio calendario. El plan de redención de la humanidad tiene etapas, y cuando Jesús inició su ministerio terrenal, se habían cumplido varias de ellas.

Una de las etapas consistió en dar a Israel una Ley para que se rigiera por ella, pues, por causa de la ignorancia, se cometían muchas transgresiones. Dice la Escritura: Antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado” (Ro 5:13). En otras palabras: “La ley sencillamente nos muestra lo pecadores que somos” (Ga 3:20 NTV). Así lo explica Pablo: “fue la ley la que me mostró mi pecado. Yo nunca hubiera sabido que codiciar es malo si la ley no dijera: «No codicies»” (Ro 7:7 NTV). Sin embargo, la Ley que, para justificar a Israel ante Dios, exigía el cumplimiento de todo lo que en ella se mandabaen vez de ayudar al hombre, lo condenaba, debido a la debilidad del hombre caído, que no quiere ni puede sujetarse a los mandamientos divinosLa buena noticia es que la Ley no fue dada para salvar, sólo “fue nuestra maestra que nos condujo a Cristo, para que fuésemos justificados por medio de la fe” (Ga 3:24 NBV).

Efectivamente, el tiempo que se había cumplido, pues, Israel, habiendo tenido tiempo suficiente para saber cuan grande era su pecado, y las consecuencias de éste, la hora había llegado de que se arrepintiera, a fin de que fuera salvo por la fe en Jesús el Mesías, que ya se hallaba en medio de su pueblo. 

Con todo, Jesús fue enviado por Dios desde el cielo, no sólo para pagar por los pecados de los hijos de Israel, sino de gente de todas las naciones, porque en Jesucristo se cumple la promesa hecha a Abraham, que dice: "por medio de tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra" (Gn 22:18 NVI). 

*** Como podemos ver, Jesús llamó no sólo a creer, sino también a arrepentirse (v.15). Para ser salvo, el que oye el llamado de Cristo, debe venir a Él con un corazón humillado, pidiendo perdón por haber vivido en rebelión contra Dios, anhelando ser limpiado de toda iniquidad. 

Nadie, que no tenga a Cristo, puede hacer las buenas obras que Dios demanda, porque sin Cristo, es imposible hacer la Voluntad de Dios. Para ser transformados conforme a los propósitos divinos, necesitamos la acción del Espíritu Santo en nuestro corazón, el cual no vendrá si no ve un corazón deseoso de seguir las huellas de Cristo. 

 

JESÚS ES LO MÁS IMPORTANTE

Andando junto al mar de Galilea, Jesús vio a Simón y a su hermano Andrés echando la red, porque eran pescadores, y los llamó a unirse a Él, diciendo: "haré que seáis pescadores de hombres". Ellos al instante dejaron las redes, y le siguieron. Poco más adelante, encontró a Juan y a Jacobo, hijos de Zebedeo, quienes remendaban las redes en su barca, y los llamó. Éstos también se le unieron, dejando a su padre en la barca con los jornaleros. (1:16-20)

* Los hermanos Juan y Jacobo dejaron a su padre para seguir a Jesús (vv.19-20) 
 
Cuando las Escrituras hablan del matrimonio, dicen: "dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Gn 2:24). El mismo principio aplica en la relación entre Jesucristo y cada miembro de su iglesia, porque "el que se une al Señor, un espíritu es con él" (1Co 6:17). Jesús dijo: "cualquiera que haya dejado hogar, hermanos, hermanas, padre, madre, esposa, hijos, tierras, por seguirme, recibirá cien veces lo que haya dejado, aparte de recibir la vida eterna" (Mt 19:29 NBV)); y, "El que quiera seguirme tiene que amarme más que a su padre, a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso más que a su propia vida. De lo contrario, no podrá ser mi discípulo" (Lc 14:26 NBV).
 
La iglesia es la novia del Hijo de Dios, "la nueva Jerusalén" (Ap 21:2), que está siendo preparada para ser entregada al novio, el día en que toda la creación sea restaurada, "como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable" (Ef 5:27 NVI). Entonces, cuando hayan dejado de existir "el primer cielo y la primera tierra" (Ap 21:1), y haya "un cielo nuevo y una tierra nueva" (Ap 21:1), se verá la santa ciudad "descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido" (Ap 21:2), y se oirá una gran voz del cielo decir: "He aquí el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. No habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas ya pasaron” (Ap 21:3-4 RVA).
 

LOS DEMONIOS CONOCEN A JESÚS


Estando en Capernaum, Jesús entró en la sinagoga el día de reposo para enseñar, y todos se admiraban de que "enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas". Entre los presentes, había un hombre con espíritu inmundo, que gritaba: "¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios". Entonces, Jesús lo reprendió, diciendo: "¡Cállate, y sal de él!". El espíritu sacudió con violencia al poseído, y lo abandonó en medio de gritos. Todos quedaron sorprendidos, y se preguntaban: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?". Así la fama de Jesús se extendió por toda la región de Galilea. (1:21-28)

* Cuando Santiago quiso explicar por qué la fe que no produce buenas obras es una falsa feargumentó diciendo que "también los demonios creen, y tiemblan" (Stg 2:19). Como podemos ver en estos versos, los demonios reconocían que Jesús era el Santo de Dios, y le temían, sin embargo, creer en Jesús no les significaba que podían ser salvos de la destrucción eterna, porque ellos servían, y sirven, a Satanás. Es muy lamentable tener que decir que, muchos que se creen salvos en las iglesias están en las mismas condiciones que estos demonios, porque no han cambiado de señor, y siguen obedeciendo la voz del enemigo de Dios, a quien aún pertenecen, lo que se evidencia por sus frutos, pues, "el árbol bueno no puede dar fruto malo, ni el árbol malo dar fruto bueno" (Mt 7:18 DHH).
 
Jesús dijo: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt 7:21), y agregó: "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mt 7:22-23).
 
Creer no sirve si no hay un verdadero deseo de ser transformados por el Señor; dicho de otra manera, no hay salvación si no hay arrepentimiento. Como hemos dicho reiteradamente, sólo cuando hay verdadero arrepentimiento, el Espíritu puede venir y hacer morada en el creyente, para iniciar la transformación del viejo hombre, viciado conforme a la naturaleza adánica, a la imagen de CristoPero, como también ya hemos dicho, el que no tiene el Espíritu no es de Cristo, por lo tanto, sigue viviendo en las tinieblas.  
 
 
Aquel día, habiendo salido de la sinagoga, Jesús, Simón (Pedro), Andrés, Juan y Jacobo fueron a casa de Simón y Andrés. Al llegar, encontraron a la suegra de Simón enferma, con fiebre. Jesús se acercó a ella, tomó su mano, y la levantó, y ella inmediatamente sanó, y comenzó a atenderlos. Al ponerse el sol, le trajeron todo tipo de enfermos y endemoniados, y todos se agolpaban a la puerta, y Él los sanó a todos, "y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían", y los echaba fuera. Al día siguiente, antes del amanecer, se levantó y fue a un lugar desierto para orar. Cuando sus discípulos lo encontraron, le dijeron que todo el mundo lo andaba buscando, pero Él respondió que irían a las aldeas vecinas a predicar "porque para esto he venido", dijo. Y así recorrió las sinagogas de toda Galilea predicando, y echando fuera demonios.  (1:29-39)

* Jesús no estaba interesado en obtener popularidad rápida, sino en que el mensaje del evangelio se conociera. Lo que Jesús esperaba era que fueran sus enseñanzas, y las obras que Él hacía las que convencieran a las personas que Él era el Ungido de Dios, y no los demonios. De hecho, dice la Escritura que en Jesús "no había nada hermoso ni majestuoso en su aspecto, nada que nos atrajera hacia él" (Is 53:2 NTV), y que tampoco necesitaba gritar o contender, como para llamar la atención hacia su persona, sino que, como Él mismo dijo: "las obras que el Padre me ha encomendado que lleve a cabo, y que estoy haciendo, son las que testifican que el Padre me ha enviado" (Jn 5:36 NVI). 
 
Que los demonios revelaran la identidad de Jesús podía atraer mucha gente, pero no todos iban a llegar buscando a Jesús como el Salvador de sus almas, sino para "hacerlo rey a la fuerza" (Jn 6:15 NTV), para que liderara una rebelión contra el poderío del imperio romano que los oprimía. Muchos que se acercaban por los motivos equivocados no hacían más que entorpecer la obra que el Señor había venido a hacer para rescatar "a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mt 15:24).
 
Además, no podemos olvidar que, según las Escrituras, saber quién es Jesús es una revelación que el Espíritu Santo pone en el corazón de aquél al que está llamando; tal como cuando Pedro dijo a Jesús: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente", a lo cual Jesús respondió: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos" (Mt 16:15. 17).


LA LEPRA DEL PECADO


Vino hasta Él un leproso que, arrodillándose, le dijo: "Si quieres, puedes limpiarme"; y Jesús, movido a compasión, extendió su mano, y le tocó, diciéndoles: "Quiero, sé limpio". Al instante, la lepra se fue, y quedó sano. Entonces, Jesús le encargó que no lo divulgara, sino que fuera al sacerdote, y ofreciera la ofrenda por la purificación según la ley, pero él no se contuvo, y contó a todos el milagro, y Jesús ya no podía entrar abiertamente a la ciudad, por lo que se quedaba en las afueras, pero la gente venía hasta Él. (1:40-45)

* El milagro del leproso nos representa a todos los que, habiendo oído la Palabra de salvación, creímos y nos arrepentimos de haber vivido en rebelión contra Dios. Porque todos llegamos a Cristo como inmundos leprosos por causa del pecado. Jesús dijo que Él no desprecia a nadie que haya sido enviado por el Padre, y la evidencia de que alguien es enviado por Dios es el corazón contrito y humillado, que reconoce su pecado. Aquí el leproso vino humillado, sabiendo que no era digno, postrándose ante Aquél que creía profundamente era el Único que podía sanarle.

** Dice el salmista: "Suba mi oración delante de ti como el inciensoel don de mis manos como la ofrenda de la tarde" (Sal 141:2). Jesús pidió al leproso no divulgar el milagro de su sanidad, sino ir hasta el sacerdote y ofrecer la ofrenda de purificación correspondiente (v.44). Según la Ley de Moisés, la ofrenda eran animales puros, pero, en la era de la Gracia, la ofrenda somos nosotros mismos, rendidos a los pies de Jesucristo, dando frutos de santificación. Cuando recibimos la salvación, no necesitamos andar divulgando que fuimos regenerados, pues, serán las buenas obras, que el Espíritu nos impulsa a hacer, las que darán testimonio de que ahora somos una nueva criatura de Dios en Cristo.

 

JESÚS VINO PARA QUITAR EL PECADO DEL MUNDO


Algunos días después, de regreso en Capernaum, corrió la voz de que Jesús estaba en casa, y mientras el Señor les predicaba el mensaje, se reunió tanta gente, que no cabían ni aun en la puerta. Entonces llegaron cuatro hombres que cargaban a un paralítico, pero, como no podían entrar a la casa, hicieron una abertura en el techo, por donde introdujeron al enfermo en su camilla. Cuando Jesús vio la fe de ellos, dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados". Entre los presentes, había unos escribas, que pensaban para sí: "¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?". Sabiendo Jesús lo que ellos pensaban, les preguntó: "¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?"; y agregó: "Pues, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados", y dirigiéndose al paralítico, le dijo: "A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa". El paralítico se levantó en seguida, y se fue, dejando a todo el mundo maravillado y glorificaban a Dios, diciendo: "Jamás habíamos visto cosa igual". (2:1-12)

* ¿Por qué nos enfermamos? ¿Son nuestros pecados la causa de nuestras enfermedades? Jesús, de hecho, relacionó lo uno con lo otro, cuando dijo al paralítico: "tus pecados te son perdonados", y "Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa".   
 
Nuestras enfermedades pueden ser el resultado de somatizar lo que hay en nuestra conciencia, y también muchas veces Dios usa nuestras enfermedades para cumplir sus propósitos superiores, como sucedió con el hombre ciego, del cual Juan habla en su evangelio, a quien Jesús devolvió la vista. Cuando preguntaron a Jesús si la ceguera era producto de los pecados de sus padres o del propio ciego, Él respondió: "Ni por su propio pecado ni por el de sus padres; fue más bien para que en él se demuestre lo que Dios puede hacer" (Jn 9:3 DHH). Asimismo, Dios usó la muerte de Lázaro para enseñar que el que cree en Jesús no morirá para siempre, sino que será resucitado en el día postrero, y tendrá vida eterna. Dios siempre tiene un plan, y en cuanto a sus hijos, siempre convertirá una aflicción en algo que obrará a favor del Reino de los cielos. 
 
** El hombre fue creado para vivir eternamente bajo la cobertura de la santidad, pero cuando se rebeló contra Dios, el pecado provocó la corrupción de toda la creación, y lo que fue creado para gloria de Dios, quedó bajo el gobierno del "príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia" (Ef 2:2 LBLA), que es sinónimo de corrupción y muerte. 

El paralítico simboliza la imposibilidad del hombre natural (que no tiene a Cristo) de caminar por las sendas del bien. Cuando Jesús limpia el corazón de un paralítico espiritual, el camino se empareja, y ya nada impide que éste enderece sus pasos, porque es el Espíritu del Señor el que lo pastorea. 

Si bien, igual que Jacob que, habiendo luchado contra Dios, y después de haber sido transformado en Israel, quedó cojeando, nosotros, una vez regenerados por el Espíritu de Dios, seguimos viviendo en nuestro cuerpo pecaminoso, que es nuestra "pierna coja", la cual, de tanto en tanto, nos hace tropezar; pero la buena noticia es que, dentro de nosotros, está el poder que nos ayuda, y nos exhorta cada día a ser transformados, diciendo: "haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado" (He 12:13).


Volvió Jesús a la costa, y toda la gente se le acercaba, y él les enseñaba. De paso vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado donde se cobraban los tributos públicos, y Jesús, le dijo: "Sígueme", y éste se levantó y lo siguió. Luego fueron a casa de Leví, donde había muchos publicanos y pecadores que compartían la mesa con Jesús y sus discípulos, porque lo habían seguido. Entonces los escribas y fariseos dijeron a los discípulos de Jesús: "¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?". Oyendo esto, Jesús les respondió: "Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores". (2:13-17)

* Leví, hijo de Alfeo es el apóstol Mateo, quien escribió el Libro de la Biblia que conocemos como el Evangelio según San Mateo, del cual ya hemos publicado el estudio bíblico completo en este Blog.

** El interés de Jesús no estaba en la opinión de escribas y fariseos, sino en rescatar ovejas extraviadas (vv.16-17)Entre ellas estaban aquéllos que compartían con el Señor en la casa de Mateo; hombres y mujeres considerados lo peor de la sociedad judía. 

Durante su ministerio, para poder rescatar ovejas perdidas, el apóstol Pablo seguía el ejemplo de Jesús, mostrándose cercano a aquéllos que pretendía alcanzar. Escribiendo a los corintios, dijo: "Entre los judíos me volví judío, a fin de ganarlos a ellos. Entre los que viven bajo la Ley me volví como los que están sometidos a ella (aunque yo mismo no vivo bajo la Ley), a fin de ganar a éstos. Entre los que no tienen la Ley me volví como los que están sin Ley (aunque no estoy libre de la Ley de Dios, sino comprometido con la ley de Cristo), a fin de ganar a los que están sin Ley. Entre los débiles me hice débil, a fin de ganar a los débiles. Me hice todo para todos, a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles" (1Co 9:20-22 NVI). 

Nosotros debemos imitar ese ejemplo, y, en vez de juzgar, como hacían los líderes judíos, debemos procurar acercarnos a los que están perdidos, para llevarlos hacia la luz del evangelio, porque Jehová no quiere la muerte del impío, sino que sea salvo el día de la redención final.

*** Jesús fue enviado por Dios para traer de regreso las ovejas descarriadas de la nación de IsraelEn estos versículos vemos a Jesús compartiendo el evangelio con las ovejas perdidas del pueblo judío, sin embargo, aunque la salvación por gracia fue primeramente anunciada a los hijos de Israel, Dios no hace acepción de personas, y consta en las Escrituras que la salvación, desde el principio, fue pensada para todas las naciones (judíos y gentiles), sin importar qué tan extraviados están, pues, los verdaderos "descendientes de Abraham" son todos los de fe, esto es, los que creen y rinden sus vidas a Jesús como el Salvador de sus almas. 

Desde Pablo, apóstol enviado a los gentiles, hasta que Cristo vuelva, es tiempo de anunciar la salvación a los no judíos. En la Biblia leemos que, después que se anunció el evangelio a los descendientes de Jacob, y, para abrir el camino a los gentiles, se dio a los rebeldes hijos de Israel un espíritu de estupor, para que no entiendan ni vean la Verdad, pero se trata de un endurecimiento parcial; es decir, no todos los hijos de Jacob han sido desechados, pues, "aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia" (Ro 11:5 RVC), es decir, que se salvará, igual que los gentiles que están siendo llamados, por la fe en Jesús el Mesías. Y no sólo eso, también dice la Escritura que, "si los israelitas abandonan su incredulidad, Dios tiene el poder para volverlos a injertar al árbol" (Ro 11:23 NBV), esto es, al olivo original del cual fueron desgajados, el mismo al cual los gentiles están siendo injertados.


EL NOVIO PREPARA SUS BODAS

Los discípulos de los fariseos y de Juan Bautista estaban en tiempo de ayuno, y viendo que los discípulos de Jesús no ayunaban, vinieron y preguntaron al Señor por qué no lo hacían. Entonces Jesús les respondió: "¿Acaso pueden ayunar los acompañantes del novio mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar". Y luego dijo: "pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán" (NBLA). Finalmente agregó: "Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar". (2:18-22)

* Jesús vino a poner los cimientos de la Jerusalén celestial, la ciudad destinada a ser templo del Dios Todopoderoso en la tierra. Junto a sus discípulos, Él estaba haciendo los preparativos de lo que conocemos como las "bodas del Cordero", esto es, la unión indestructible entre el Hijo de Dios y su novia, la congregación de los santos destinados a vida eterna, a la cual Jesús llamó mi "ekklesia" (iglesia en griego), que no es otra que la ciudad santa, la Jerusalén celestial, que se está edificando en este tiempo de Gracia (que corre entre la resurrección y la segunda venida del Hijo de Dios), con piedras preciosas, que son los escogidos que oyen el llamado de Dios.
 
La Jerusalén del cielo nace a partir del nuevo Pacto, al cual Pablo se refiere como "la ley del Espíritu de vida" (Ro 8:2), es decir: el pacto por medio del cual Jehová salva gratuitamente a todo el que cree que Jesús es el Salvador, y le da el Espíritu Santo, quien inicia el proceso de santificación en el creyente. La salvación no es un premio por hacer buenas obras, sino que se recibe sólo por la fe, porque nadie es capaz de hacer obras tan sublimes, libres de orgullo o egoísmo, como para ser justificados ante Dios. De hecho, ningún ser humano puede salvarse a sí mismo de la ira de Dios. Si no fuera por la misericordia divina, todos seguiríamos estando bajo condenación. Ése es el motivo por el cual Dios tuvo que enviar a su perfecto Hijo Unigénito a la cruz: para que, tomando nuestro lugar, nos redimiera, pagando nuestra deuda de justicia, "no con cosas corruptibles como oro o plata sino con la sangre preciosa de Cristo como de un cordero sin mancha y sin contaminación" (1Pe 1:18-19 RVA).

** La analogía sobre la inconveniencia de vaciar vino nuevo en odres viejos, o poner en un vestido viejo un remiendo de paño nuevo (vv.21-22habla de lo inútil que es pretender agregar las obras que exige la Ley al pacto de la Gracia. Hacerlo es no entender que Jesucristo, habiendo cumplido toda la Ley, fue suficiente ofrenda para llevarnos a la salvación eterna, porque Él actuó como nuestro sustituto en la cruz, por tanto, no se necesita nada más que creer en lo que Él hizo. 

En cuanto a la ley mosaica, muchas veces hemos dicho en nuestros estudios que ésta sólo tenía por finalidad guiar al pueblo escogido hacia su Mesías, enseñándole a andar en los caminos del Señor; pero, una vez venido el Mesías, y habiendo derramado su sangre en la cruz, se daba por obsoleto el pacto antiguo, y entraba en vigencia el Pacto de la salvación por Gracia, del cual hablaron los profetas, en el que Dios nos salva por fe. 


EL REPOSO DE JEHOVÁ


Siendo día de reposo, mientras pasaban por los sembrados, los discípulos comenzaron a arrancar espigas. Entonces, los fariseos dijeron a Jesús: "¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito?". En respuesta, Jesús les preguntó si acaso habían olvidado lo que hizo el rey David, cuando él y sus hombres tuvieron necesidad y sintieron hambre, de cómo David entró en la casa de Dios y, junto a los que le acompañaban, comió de los panes de proposición, que sólo está permitido comer a los sacerdotes (ver 1S 21:1-6). Y luego les dijo: "El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo". (2:23-28)

* Jehová dio a Israel el día de reposo para que, por un día, descansara de sus propias obras, y dedicara tiempo a deleitarse en el Señor. Por eso Jesús dice que "El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo" (v.27). 
 
También dice que "el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo" (v.28), ¿Por qué? Porque en Jesús nuestras almas descansan. Él nos reconcilia con Dios, y nos salva para vida eterna, no por causa de obras que hayamos hecho, sino sólo por creer en Él. Las obras que la Ley exigía tenían por finalidad enseñar al pueblo apartado por Dios, y conducirlo hasta Jesús el Mesías, para que, una vez estando Él presente, Israel pudiera ser justificado ante Dios por la fe. En otras palabras, en el nuevo pacto, el que cree que Jesús es el Salvador entra al reposo que Dios mandó obedecer.
 
Teniendo en consideración lo antes dicho, podemos entender por qué, en el pasaje que estamos estudiando, los discípulos no necesitaban soportar las cargas de la Ley: ellos ya gozaban de la libertad que traen consigo tener fe, conocer la Verdad y vivir en esperanza, porque convivían a diario junto al Señor del día de Reposo. 
 
Con mayor razón nosotros que, por gracia, tenemos el Espíritu de Cristo morando en nuestro interior, deberíamos vivir cada día disfrutando de un gozoso descanso, porque ya no caminamos solos, sino unidos, por el Espíritu, al Pastor de nuestras almas, quien, con su vara y su cayado, nos guía, protege y da seguridad mientras dura nuestra peregrinación por esta tierra, y hasta que se complete nuestra redención, y seamos introducidos en nuestro hogar definitivo, en la Ciudad Celestial, donde hay muchas moradas preparadas para los santos hijos de Dios adoptados por la fe.


Un sábado, estando en la sinagoga, entre la gente se encontraba un hombre que tenía una mano seca. Los fariseos observaban atentos a ver si Jesús lo sanaba, para acusarle de transgredir el día de reposo. Vino Jesús, y llamó al hombre para que se pusiera en medio, y preguntó a los fariseos: "¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla?", pero guardaron silencio. Jesús, al ver la dureza de sus corazones, se entristeció, y pidió al hombre que extendiera su mano, y lo sanó. Saliendo del lugar, los fariseos comenzaron a tramar, junto a los herodianos, la forma de darle muerte. (3:1-6)

* Como dijimos previamente, Jehová mandó a Israel guardar el día de reposo, para que, como dice la Escrituralo dedicara a deleitarse en el Señor, y dejara de ocuparse, al menos por ese día, de sus negocios, de satisfacer sus propios deseos, o de hablar palabras inútiles. 
 
A los judíos se les mandó guardar un solo día de Reposo: el sábado. Si bien los cristianos dedicamos el domingo a adorar al Señor, porque Cristo Jesús resucitó un domingo, lo cierto es que nuestro deleite en el Señor no debe ser cosa de un solo día, pues, ya no vivimos para nosotros, sino para Aquél que nos rescató y nos reconcilió con Dios. Cada día debemos procurar la llenura del Espíritu, andando en sus caminos, haciendo sus obras, hablando su Palabra, alabando y adorando el santo Nombre del Señor, porque esa es la Voluntad de Dios para sus hijos en Cristo  
 
** La mano seca simboliza la incapacidad del hombre natural para hacer el bien. Como dice la Escritura: "la naturaleza pecaminosa siempre se rebela contra Dios, nunca ha obedecido la ley de Dios y nunca podrá obedecerla" (Ro 8:7 NBV).  
 
El Señor dijo: "Misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos" (Os 6:6). Así como el Señor, estando en día de Reposo, sanaba a quien lo necesitara, los creyentes, habiendo entrado al Reposo de Dios por Cristo Jesús, debemos también tener misericordia de los que están perdidos(v.4), y guiarlos hacia la luz del evangelio, a fin de que sean recreados en Cristo Jesús "para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas" (Ef 2:10 NBLA).
  
 
Entonces Jesús y sus discípulos se dirigieron hacia el mar, y los seguía gente de Galilea, Judea, Jerusalén, Idumea, también del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, atraída por las maravillas que oían sobre Él. Tanta era la gente, que Jesús pidió a sus discípulos que tuvieran lista la barca, a fin de no ser oprimido por la multitud, ya que, muchos de los enfermos, queriendo tocarle para ser sanados, se abalanzaban sobre Él. Aun los espíritus inmundos, al verle, caían ante Él, gritando: "Tú eres el Hijo de Dios", pero Él los reprendía para que no revelaran su identidad. (3:7-12)

* Marcos nos revela en estos versículos el motivo por el cual Jesús, a veces, predicaba desde una barca, y se trataba de un asunto de seguridad, para mantener su integridad física, lo que nos permite ver que Jesús, el Hijo de Dios, era un ser humano igual que nosotros, y no un ser impasible o etéreo, como decían algunos herejes.


ELECCIÓN DE LOS DOCE


Después subió al monte, y escogió a doce discípulos para que permaneciesen con Él, y para enviarlos a predicar; darles autoridad para sanar enfermedades, y echar fuera demonios. Estos fueron: Simón, al que llamó Pedro; Jacobo y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes llamaba "Boanerges", que quiere decir "hijos del trueno"; Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananita, y Judas Iscariote, el que lo entregó. Luego volvieron a casa.  (3:13-19)

* Cuando venimos a Jesús, no lo hacemos, porque nosotros lo hayamos escogido a Él, sino, porque Dios tuvo misericordia de nosotros, y nos llamó. Dice la Palabra que fuimos escogidos desde la fundación del mundo, para ser adoptados como hijos de Dios por medio de la fe, que también es un don que recibimos de Él. Dios escogió las ovejas para su redil, y se las dio al Hijo para que las reuniera en sí mismo; por eso decimos que los creyentes estamos "en Cristo".

** Por otro lado, la elección de Judas Iscariote no fue un error. Él debía formar parte del grupo íntimo del Mesías, a fin de dar cumplimiento a las profecías que hablaban sobre la traición al Hijo de Dios. Judas, como hemos dicho en otros estudios, no fue víctima de Dios, sino escogido precisamente por su corazón entenebrecido, pues, a pesar de haber tenido el privilegio de compartir, al menos, unos tres años con el Salvador del mundo, y de haber sido partícipe de los dones del Espíritu Santola codicia y la envidia lo empujaron a cometer el peor crimen de la historia de la humanidad. Judas no fue incitado a pecar, él hizo lo que su naturaleza inicua le mandó hacer


DESHACIENDO LAS OBRAS DE SATANÁS


Estando Jesús y sus discípulos reunidos en casa, se juntó tal cantidad de gente, que ellos ni siquiera podían comer pan. "Cuando Sus parientes (de Jesús) oyeron esto, fueron para hacerse cargo de Él, porque decían: «Está fuera de Sí»" (NBLA). Por su parte, los escribas, que habían venido de Jerusalén, decían que estaba endemoniado, "y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios". Entonces Jesús los llamó, y les preguntó: "¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?", y en parábola, les explicó que, si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer; de igual manera, si una familia está dividida contra sí misma, no puede permanecer; y agregó: "si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa". Por último, les dijo: "todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias con que blasfemen, pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón, sino que es culpable de pecado eterno»" (NBLA). Esto lo dijo, porque habían dicho que Él tenía un espíritu inmundo. (3:20-30)

* El Apóstol Juan, en su evangelio, nos revela que los hermanos de sangre de Jesús no creían en Él. Quizás esa es la razón por la cual, al producirse el alboroto que relata Marcos en estos versículos, pensaron que su hermano mayor estaba fuera de sí, y decidieron ir por Él (v.21). Sin embargo, su incredulidad no duró para siempre, y probablemente fue transformada en fe cuando lo vieron resucitado, pues, consta que una de las personas a la cual Jesús visitó después de su resurrección fue a su hermano Jacobo, conocido también como el apóstol Santiago, quien llegó a ser líder en la congregación de Jerusalén, y que, según la tradición, es el autor de la epístola "Santiago", donde se presenta como: "Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo" (Stg 1:1). 
 
Asimismo, la tradición también dice que otro de sus hermanos, Judas, también convertido en siervo del Señor, sería el autor de la epístola "Judas", donde se presenta como: "Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo" (Jud 1). En cuanto al resto de sus hermanos y hermanas, en el primer capítulo del libro de Hechos, leemos que los discípulos se reunían en el aposento alto, "entregados de continuo a la oración junto con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con Sus hermanos" (Hch 1:14). En consecuencia, no cabe duda de que todos ellos también llegaron a creer que Jesús, con quien compartieron toda su infancia y juventud como uno más de la familia, era el Mesías profetizado.

** Sabemos que el Hijo de Dios vino a deshacer las obras de Satanás, y que lo despojó de su poder totalitario cuando venció la muerte en la cruz, porque el poder de Satanás sobre la humanidad yace en el pecado que condena a muerte, pero la perfecta vida de Jesús impidió que Satanás llegara a tener poder sobre Él, por tanto, la muerte no pudo retener al Hijo del Hombre. En consecuencia, habiendo sido el cuerpo de Jesús, que no conoció pecado, perfecta ofrenda a favor de la humanidad, su sangre inmaculada que se derramó fue suficiente libación para expiar los pecados de todo el mundo, (pero efectiva sólo para los que creen), y abrió para los creyentes un camino directo al trono de la Majestad en las alturas, que hasta entonces había estado prohibido para el hombre.

*** Para tener un correcto entendimiento de las Escrituras, es necesario tener a la vista no sólo el párrafo que se está leyendo, sino todos los escritos bíblicos que hablan sobre un tema específico. En estos versículos, Jesús dio a entender que, para poder desarmar el poder de Satanás, mencionado como "el hombre fuerte", debía atarlo (v.27).

Aquí cabe una pregunta esencial para llegar a conclusiones correctas sobre los tiempos: ¿cuándo Jesús ata a Satanás? 

En Apocalipsis, leemos que un ángel que descendía del cielo "prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años". En seguida dice que: "lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo". Dicho esto, habla de los renacidos en Cristo, que reinarán con el Señor por mil años; y que "cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión..." (Ver Ap 20:1-15). 

Muchos interpretan de estos versículos, que el reino del milenio comienza después de la segunda venida de Cristo; sin embargo, el Apóstol Pablo, en su carta a los tesalonicenses, dice que "ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene...", de lo cual podemos deducir que es en este tiempo que Satanás está atado de manos. Si bien es cierto, su maldad sigue influenciando al mundo, mientras el Espíritu Santo esté sellando a los escogidosSatanás no tiene libertad para tocar a los redimidos, porque mayor que él es el que está dentro de los que han sido regenerados. El diablo tratará de poner tropiezo a los hijos de Dios, y no escatima esfuerzos para conseguirlo, pero no puede hacer nada que Dios no le permita hacer, y si Dios lo permite, es porque tiene un propósito superior que obrará para bien del reino y de sus escogidos.

En palabras simples, y basándonos en la parábola usada por el Señor, diremos que Jesús vino para desarmar a Satanás, y su golpe definitivo fue cuando resucitó. Entonces le quitó todas las armas en que el diablo confiaba, y ahora lo está despojando de sus bienes, es decir, está trasladando de las tinieblas al reino de luz a todos los que están siendo llamados por fe y para fe. Una vez que la totalidad de los llamados (los hijos de Abraham según la fe) sea introducida al Reino, Jesús vendrá para sacarlos del mundo, y Satanás volverá a ser liberado, y saldrá a engañar a los que queden en la tierra; levantará un falso profeta (probablemente una falsa iglesia), y preparará al mundo para luchar contra el Cordero, quien finalmente, los vencerá con la espada de su boca.


LA FAMILIA DEL HIJO DE DIOS 


Entonces, llegaron la madre y los hermanos de Jesús, y, quedándose fuera, mandaron a llamar al Señor. Los que estaban sentados alrededor de Él le dijeron: "Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan"; y Él respondió:  "¿Quién es mi madre y mis hermanos?", y mirando a los que estaban sentados alrededor, dijo: "He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquél que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre". (3:31-35)

* Muchos se escandalizan al ver la respuesta de Jesús, sin embargo, el Señor no despreciaba a su familia terrenal, pero con sus palabras, estaba enseñando que, en el Reino espiritual, sólo los que hacen la voluntad de Dios son hechos miembros de la familia de Dios. La verdadera familia de Jesús es infinitamente más grande que los pocos que le buscaban en ese momento. Por lo demás, como dijimos previamente, los hijos del matrimonio formado por José y María no creían en Jesús; en consecuencia, no andaban en la Voluntad de Dios, y sólo llegaron a ser hermanos espirituales de Jesús, después de Su resurrección.




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